Diario de una amiga sin talento para ligar (Talento para el desastre 3) CAPITULO 20
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CAPITULO 20

El agua sale helada. Apoyo las palmas de las manos en los azulejos, sintiendo su tacto frío y respiro hondo, deseando que la ducha con efecto lluvia se lleve mis recuerdos.

Al salir envuelta en una toalla, me siento en el borde de la cama. El agua aún me gotea por la nuca, deslizándose por la curva de mi espalda. Cojo el teléfono por inercia y veo que tengo un WhatsApp sin leer. ¡De Bruno!

Es una foto de la playa de la Malvarrosa, con el sol del atardecer tiñendo la arena de un tono dorado y, sobre una mesa baja de teca, un vaso de cristal con lo que parece un Martini. Justo al lado, en primer plano, destacan sus gafas de sol, donde se aprecia el reflejo de su sonrisa.

Los recuerdos me invaden provocando que el corazón me de un vuelco y la piel me arda.

La presión de su cuerpo contra el mío, su mano desabrochándose el cinturón, mi boca devorándole…

Se ha ido a Valencia para huir de la bomba que somos cuando estamos a menos de un metro el uno del otro…

Pero sigue aquí, revolucionando mis hormonas a distancia.

Siento cómo la toalla se afloja sobre mi pecho, dejando mi piel expuesta al aire tibio de la habitación. Me pongo en pie, salgo descalza a la terraza y me apoyo en la barandilla de cristal.

La noche ya ha caído sobre Mallorca, transformando el mar en una masa negra y misteriosa. Hago una fotografía capturando el contraste del Mediterráneo oscuro con la luz parpadeante del faro en el acantilado y se la mando.

Lara (21:27): En Mallorca la luz ya se ha apagado, pero la inspiración siempre me ilumina. Ya he cerrado el concepto para la campaña. Vas a tener que esforzarte mucho… en todo.

No pasan ni tres segundos cuando aparece el «Escribiendo...» . Saber que está al otro lado de la pantalla centrado en mí, hace que la toalla se me resbale un poco más.

Bruno (21:27): No me cabe la menor duda de que tu estrategia será brillante, aunque no sé si estás preparada para lo que tengo pensado proponer… para todo.

Lara (21:27) : ¿Ah, sí? Sorpréndeme. ¿De qué se trata?

Bruno (21:28): No se puede hablar por mensaje. Además... tú y yo sabemos que las mejores propuestas se defienden en las distancias cortas. Muy cortas. Mándame una foto de tu habitación. Quiero ver dónde estás.

El pulso se me dispara y la petición descarada me deja sin aire. Empiezo a pensar en todos los posibles sentidos para que quiera ver dónde estoy… imaginando que después quiera saber cómo estoy … Me paso la mano por el cuello húmedo y le respondo, rozando el límite del peligro:

Lara (21:28): Ni de coña. Si tantas ganas tienes de ver dónde estoy, vas a tener que venir a buscarme. Disfruta del Martini, Bruno.

Bruno (21:29): No me tientes… No sabes lo cerca que he estado de sacar un billete a Palma esta tarde solo para terminar lo que dejamos a medias. Disfruta de la noche…

Me aprieto el teléfono contra el pecho, soltando el aire que estaba reteniendo, con los pezones erizados por la brisa nocturna… y las palabras de Bruno. Se ha ido a trescientos kilómetros, pero solo ha bastado un par de mensajes para dejarme temblando y con ganas de más.

Pierdo la vista en el mar, consciente de que, en cuanto crucemos la primera mirada, alguien va a terminar ardiendo.

Me visto con un camisón de raso turquesa y, dispuesta a disfrutar de la terraza, pido la cena al servicio de habitaciones.

Paso de bajar al restaurante del hotel, de tener que arreglarme y, sobre todo, de cruzarme con nadie.

Me traen una ensalada de ventresca y un tartar de salmón y me siento a cenar en la mesa de teca, de cara al mar, disfrutando del lujo de no tener que escuchar a nadie.

La llama rosa de Tinder aparece en mi pantalla, cuando estoy tragando el último bocado.

@GatoNegro: Buenas noches, Tormenta. ¿Qué plan tienes para hoy? Dime que estás quemando la noche mallorquina en alguna discoteca de moda.

Sonrío sola frente a la pantalla. No se ha acercado ni un poquito.

Alargo la mano, cojo el Kindle y lo coloco estratégicamente sobre la mesa de madera, encendiendo la pantalla para que contraste con la oscuridad del acantilado y el reflejo plateado de la luna en el agua. Le hago una foto y se la envío.

@LaTormentaPerfecta: Siento decepcionar tus expectativas, pero mi plan es mil veces mejor. Yo sola, mi terraza frente al mar y mi Kindle. ¿Y el tuyo?

Pasan un par de minutos en los que me imagino a Gato Negro al otro lado de la pantalla, en algún pub de Madrid, riéndose de mi plan muermo cuando esperaba fiesta loca.

De repente, el chat parpadea y me descarga una imagen.

Es una foto hecha sobre una colcha blanca donde se ve un libro cerrado.

Por la parte superior asoma un trozo de papel un poco doblado por las esquinas.

Si amplío la imagen con los dedos, veo que es un ticket del supermercado.

Esta vez me ha ganado, es mas cutre que yo.

@GatoNegro: Mi plan también es maravilloso. Cama, lectura y hablar contigo. No se me ocurre nada mejor.

Me fijo en el trozo de papel que sobresale del libro y se me escapa una sonrisa antes de teclear. No me puedo resistir.

@LaTormentaPerfecta: ¿Eso que asoma por arriba es ticket de supermercado? Dime que no, POR FAVOR.

@GatoNegro: Mmmm… Ahora que lo dices, puede que sí lo sea. ¿Por?

@LaTormentaPerfecta: ¡Menudo sacrilegio! Con la de marcapáginas bonitos que venden en las librerías. Me sangran los ojos.

@GatoNegro: Suelo coger lo primero que pillo… Lo que sea con tal de no perder el hilo.

@GatoNegro: Aunque si te sangran los ojos por eso, entonces mejor no te sigo contando, que me dejas de hablar.

@LaTormentaPerfecta: Ponme a prueba…

@GatoNegro: Ahora, por tu culpa, me da vergüenza…

@LaTormentaPerfecta: Venga ya, tú ni siquiera sabes lo que es eso, suéltalo.

@GatoNegro: Qué imagen tan inmerecida tienes de mí… Soy de los que subrayan los libros. A lápiz, eso sí, pero escribo en los márgenes cuando un párrafo me hace pensar.

Siento una punzada extraña en el estómago; una chispa de complicidad inesperada que me saca una sonrisa.

@LaTormentaPerfecta: No tengo ninguna imagen de ti… Básicamente porque tú no has querido que nos pongamos cara, te recuerdo. Pero tranquilo, que tu honor sigue intacto, yo también subrayo las páginas. Si una frase me remueve, necesito marcarla para que no se me olvide.

@GatoNegro: ¿Ves? En el fondo estamos hechos de la misma pasta. Nos gusta recordar aquello que nos hace sentir demasiado… Y yo prefiero seguir sintiendo contigo antes que dejarnos llevar por los prejuicios. No tengas prisa, no me voy a ir a ningún lado.

El mar ruge con fuerza, estrellándose contra las rocas bajo la terraza y alterando la paz de la noche… igual que él a mí.

@GatoNegro: Te has quedado callada… malo. Llegará el día que nos conozcamos tan bien, que estemos deseando vernos en persona. Pero para eso primero tenemos que descubrir quienes somos… y lo que queremos. ¿Ya has descubierto que quieres tú?

@LaTormentaPerfecta: Montar mi propia empresa de marketing, comprarme un ático de superlujo en Nueva York y adoptar tres Golden más para que le hagan compañía a Torrija.

@GatoNegro: Buen intento, pero te lo digo en serio. ¿Qué quieres tú? Me dijiste que te ibas a Mallorca para coger ideas para la campaña… y descubrir qué querías realmente. No te desvíes de tu objetivo.

Suelto un suspiro, apoyando la espalda en la silla de teca mientras contemplo el horizonte negro de la cala. Respiro hondo, reuniendo el valor para expresarlo en voz alta.

@LaTormentaPerfecta: Quiero conseguir el ascenso, no para demostrarle a Bruno que soy mejor que él, sino porque me gusta lo que hago y me lo merezco.

Quiero exprimir el tiempo que le quede de lucidez a mi tía Carmen, estar ahí para abrazarla y que no se sienta sola cuando el Alzheimer se la lleve del todo.

Quiero poder viajar sin mirar el calendario, cuidar de mi perro, reírme con Nuria hasta que me duelan las costillas y tener la paz de levantarme los domingos sabiendo que mi felicidad no depende de nadie.

Quiero saber que me basto sola. Que el suelo que piso es mío y no se va a hundir si alguien desaparece de mi vida.

El indicador de «Escribiendo...» aparece al otro lado de la pantalla.

Tarda tanto que me descubro mordiéndome las uñas con ansia, inquieta por su respuesta.

Me importa su opinión. Me doy cuenta de cuánto me importa lo que piense de mi un tío al que no le he visto los ojos, pero que es capaz de sostenerme a través de una pantalla mejor que nadie en mucho tiempo.

@GatoNegro: Es una respuesta perfecta. Y tienes toda la razón. Hace unos años, yo era un imbécil. Tardé demasiado tiempo en entender que el amor no rellena los huecos de tu soledad, ni tampoco se merece que te elijan porque te necesitan para no caerse.

Un nudo me aprieta la garganta mientras leo y releo sus palabras.

@GatoNegro: Sigue construyendo tu propio suelo.

Hazte fuerte, viaja a dónde te dé la gana, cuida de Carmen todo lo que puedas y gana ese ascenso.

Yo no quiero que me necesites para respirar.

Quiero que te bastes sola, que seas la tía más independiente y libre de Madrid…

y que, precisamente porque no necesitas a nadie en tu vida, decidas que me deseas en ella.

Buenas noches, Tormenta. Disfruta de tu lectura.

Bloqueo el teléfono despacio y lo dejo caer sobre la mesa, rodeándome las rodillas con los brazos y pegándolas al pecho.

Me había hecho a la idea de que mi relación con él se limitaba a nuestras charlas casi diarias pero ahora, basta que lo haya mencionado, para que me pique la curiosidad.

Empiezo a tener ganas de descubrir quién se esconde detrás de un gato negro…

«Disfruta de tu lectura … »

A buenas horas. Para lecturas estoy yo. A ver quien es la guapa que se concentra ahora.