Diana (Tríptico Delbran 2) Capítulo XXII Evento adverso #2
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Capítulo XXII Evento adverso #2

Salcedo miró la pantalla.

—De acuerdo. Pero entro yo.

Alicia negó.

—Si entra usted, sabrá que es interrogatorio.

—Es interrogatorio.

—Queremos que crea que todavía es consulta.

—No me gusta.

—A nadie.

—Eso empieza a ser un lema.

Pilar llegó cuarenta minutos después al Instituto de Medicina Legal. Alicia la citó con una excusa técnica: revisar la priorización de muestras de Javier y Lucía a la luz de los análisis preliminares. Era una excusa suficiente porque era verdad. Casi todas las buenas excusas lo son a medias.

Pilar entró en la sala con el portátil, una carpeta y la mirada impaciente.

—Tengo poco tiempo.

—Nosotros también —dijo Alicia.

Cardoso estaba sentado a un lado. Víctor permanecía de pie junto a la pared. Néstor Ayala estaba conectado en pantalla, pero con el micrófono silenciado. Elena no fue convocada; Alicia no quería usarla en una conversación que empezaba a parecerse demasiado a una trampa.

Pilar abrió su carpeta.

—He revisado los fragmentos de ARN de Javier. No hay base suficiente para hablar de agente. Puede ser ruido técnico. Necesito más lectura, extracción independiente y controles.

—Haremos eso —dijo Alicia.

—Entonces ¿por qué me han llamado?

—Por antecedentes.

Pilar levantó la vista.

—¿Antecedentes de qué?

—De la línea de modulación neuroinmune. Queremos saber si hubo episodios clínicos relevantes antes de los casos actuales. Síncopes, arritmias, abandonos de participantes, resultados no esperados.

Pilar no cambió de cara.

Alicia registró que la cara no había cambiado.

—Esa línea tuvo varios proyectos —dijo—. La mayoría no eran clínicos. Hubo cultivos, modelos celulares, análisis de marcadores, alguna intervención de baja intensidad en cohortes seleccionadas. Tendría que revisar.

—Revise de memoria.

—La memoria no es un archivo fiable.

—Pero a veces dice qué archivo quiere evitarse.

Cardoso miró a Alicia.

Pilar también.

—No sé qué cree que está preguntando —dijo la viróloga.

—Episodios adversos.

—En cualquier estudio los hay.

—Graves.

—No recuerdo ninguno atribuible al procedimiento.

Alicia dejó pasar el adjetivo.

—¿No atribuible o no notificado como atribuible?

Pilar cerró la carpeta despacio.

—Eso es una pregunta muy concreta para alguien que no sabe lo que está buscando.

—Quizá ya no sabemos tan poco.

—O quizá alguien les está dando palabras que no entienden.

Víctor se movió apenas junto a la pared.

Pilar lo vio.

Alicia también.

—M-017 —dijo.

Esta vez la cara de Pilar sí cambió.

No mucho.

Lo suficiente.

—¿De dónde han sacado ese código? —preguntó.

Alicia sintió que la respuesta era mejor que cualquier negación.

—¿Lo recuerda?

—Recuerdo muchos códigos.

—Ese en particular.

Pilar guardó silencio.

Cardoso intervino:

—Mateo Rivas Cuenca.

La viróloga miró a Cardoso con una dureza nueva.

—No deberían tener ese nombre.

—Pero lo tenemos —dijo Alicia—. Y queremos saber por qué un episodio de calor, palpitaciones, síncope y taquiarritmia no se notificó como evento adverso grave vinculado al procedimiento antes de que Mateo Rivas muriera tres semanas después de muerte súbita probable.

Pilar apoyó ambas manos sobre la mesa.

—Porque no había base causal.

La frase salió demasiado rápido.

—¿Quién lo decidió?

—El equipo.

—Pregunto quién lo escribió.

—No tengo esos documentos delante.

—Pero recuerda que no había base causal.

—Recuerdo la discusión.

—Entonces recuerde mejor.

Pilar la miró.

Durante unos segundos, Alicia vio a la experta desaparecer un poco. No del todo. Detrás quedaba otra cosa: una inteligencia defensiva, rápida, calculando qué podía reconocer sin entregarse.

—Mateo Rivas tenía antecedentes de ansiedad y episodios vagales previos. El evento ocurrió fuera de la ventana principal de observación y no hubo evidencia de daño estructural. Su muerte posterior fue trágica, pero no demostraba atribución causal.

—Eso suena a informe.

—Porque es la forma correcta de decirlo.

—¿Y la forma incorrecta?

Pilar no respondió.

Víctor habló desde la pared:

—Que fue el primero.

La frase golpeó la sala.

Pilar giró la cabeza hacia él.

—No sabe de qué habla.

—Probablemente no. Pero usted sí.

Alicia no le interrumpió.

Pilar volvió a ella.

—Si están insinuando que una línea experimental de hace años causó las muertes actuales, necesitan más que un código filtrado y una tragedia retrospectiva.

—Nadie ha dicho filtrado.

—No me insulte, inspectora.

Alicia sostuvo su mirada.

—No hace falta.

Cardoso se levantó.

—Pilar, esto puede manejarse como una revisión técnica o como una investigación sobre ocultación de información. Elija la versión que todavía le permite ayudarnos.

La frase pareció dolerle más viniendo de él.

Pilar bajó la vista un segundo.

—No ocultamos una muerte.

Alicia escuchó el plural.

—¿Qué ocultaron?

Pilar levantó la cabeza.

—Un error de interpretación. Al principio.

El silencio volvió a cambiar.

No era una confesión, pero ya no sonaba a defensa pura.

—Siga —dijo Alicia.

—Mateo Rivas no murió durante el procedimiento. Tuvo un episodio. Se recuperó. Los datos no permitían atribuirlo. Cuando murió después, el comité podía haber reabierto la valoración. No lo hizo.

—¿Por decisión suya?

—Por decisión de varios.

—¿A propuesta suya?

—A propuesta técnica mía, sí.

La palabra técnica intentó levantar una pared. Alicia la dejó donde estaba.

—¿Por qué?

Pilar tardó.

—Porque, en aquel momento, creí que reabrirlo habría destruido una línea de investigación por una asociación no demostrada.

—Y ahora.

—Ahora no sé si fue solo una asociación.

Cardoso cerró los ojos un instante.

Víctor miró a Alicia.

Alicia no se movió.

—¿Cuándo dejó de no saberlo? —preguntó.

Pilar no contestó.

Y esa falta de respuesta fue, por primera vez, más fuerte que cualquier documento.

La puerta se abrió.

Salcedo entró sin pedir permiso.

—Doctora Montoya-Prado —dijo—. A partir de ahora esta conversación continúa en comisaría.

Pilar se volvió hacia él.

No pareció sorprendida.

Eso también lo registró Alicia.

—¿Estoy detenida? —preguntó.

Salcedo miró a Alicia antes de responder.

—Todavía no.

Pilar recogió su portátil.

—Entonces iré con mi abogada.

—Por supuesto.

Víctor se apartó de la pared.

Pilar se detuvo junto a la puerta y miró a Alicia.

—Está cometiendo un error si cree que entiende lo que buscábamos.

Alicia pensó en Daniel, en Javier, en Lucía, en Mateo Rivas, en una lista que había aprendido a leerse desde dentro.

—Puede ser —dijo—. Pero ya no es usted quien decide qué errores se notifican.

Pilar no respondió.

Salió con Salcedo.

Cuando la puerta se cerró, la sala quedó extrañamente vacía. Néstor seguía en la pantalla, sin haber dicho una palabra en varios minutos. Cardoso estaba de pie, con una mano apoyada en el respaldo de una silla. Víctor miraba el sitio donde Pilar había estado.

—Bueno —dijo al fin—. Ya no es solo experta.

Alicia recogió la copia del correo de M-017 y la guardó en una carpeta.

No sintió alivio.

Solo la impresión de que acababan de encontrar una puerta y, al abrirla, habían visto un pasillo y al fondo, todavía lejos, el primer muerto esperaba a que alguien le devolviera su nombre completo.