Diana (Tríptico Delbran 2) Capítulo XXII Evento adverso
87%

Capítulo XXII Evento adverso

La expresión resultado adverso parecía diseñada para no decir muerte.

Alicia la escribió en la parte superior de una hoja y se quedó mirándola unos segundos.

No era una expresión policial. No pertenecía al idioma de los cadáveres, ni al de las familias, ni al de los titulares.

Pertenecía a otro sitio: a los ensayos, a los comités, a los formularios donde una consecuencia se mide antes de convertirse en culpa.

Evento adverso.

Resultado adverso.

Incidencia no esperada.

Hallazgo no atribuible.

Había muchas formas de apartar un cuerpo de una frase.

Cardoso apareció con un archivador y dejó una copia impresa del mensaje de la fuente de Dalia sobre la mesa.

—No me gusta.

Víctor levantó la vista.

—Necesitaríamos una pizarra solo para las cosas que no te gustan.

—No me gusta de una forma nueva.

—Eso ya tiene más valor.

Alicia señaló el mensaje.

—“El primer resultado adverso que ella pidió no notificar como tal.” ¿Eso os suena a ensayo clínico?

Cardoso se quitó las gafas.

—A ensayo, estudio observacional, proyecto preclínico, intervención compasiva, cualquier cosa con comité de ética y alguien interesado en que las palabras parezcan más limpias que los hechos.

—¿Puede haber un resultado adverso en un proyecto que no sea clínico?

—Puede haberlo en cualquier cosa si hay un procedimiento y un daño. La diferencia es cómo se registra, a quién se comunica y cuánto miedo tiene el responsable de comunicarlo.

Dalia estaba sentada al final de la mesa, con el móvil requisado, una libreta prestada y la expresión de quien se ha quedado sin una de sus armas.

Salcedo la había dejado quedarse con una condición: no escribir nada publicable, no llamar a nadie y no discutir la condición durante los primeros diez minutos.

Llevaba nueve callada.

—En la memoria pública no aparece ningún resultado adverso grave —dijo al fin.

Salcedo, desde la puerta, la miró.

—Nueve minutos y cuarenta segundos.

—He tenido contención.

—No abuse.

Alicia abrió la carpeta digital extraída por Prieto en el ordenador aislado. Nada de aquello era todavía prueba válida. Todo podía estar manipulado. Pero incluso los documentos falsos tienen una forma de revelar qué cree alguien que les va a hacer daño.

Buscaron primero por palabras exactas.

Adverso.

EAG.

grave.

notificar.

comité.

interrumpir.

arritmia.

parada.

La máquina devolvió demasiados resultados para unas palabras y ninguno para otras. Hubo correos irrelevantes, notas administrativas, documentos duplicados, fragmentos sin contexto. Prieto iba separando copias, marcando rutas, anotando metadatos que aún no se atrevía a interpretar.

La primera coincidencia útil apareció a las once y veintitrés.

Archivo: Comite_Etica/revision_subproyecto_3_borrador.docx .

Comentario marginal fechado en 2020:

El episodio de síncope y taquiarritmia descrito en participante M-017 debe notificarse como evento adverso grave hasta aclaración causal. No basta con consignarlo como hallazgo coincidente en sujeto con predisposición no diagnosticada.

Iniciales del comentario: E.R.

Víctor leyó en voz alta:

—Participante M-017.

—No es un nombre —dijo Dalia.

—No, pero ya es más que una metáfora.

Prieto abrió las versiones anteriores del documento. La sala se llenó del ruido leve del ventilador, de teclas y de respiraciones mal distribuidas. En una versión posterior, el comentario había desaparecido. En su lugar, el texto principal decía:

Se registra episodio transitorio compatible con respuesta vasovagal/ansiosa en participante M-017, sin criterios suficientes para atribución causal al procedimiento experimental. Se recomienda seguimiento ordinario.

Cardoso se inclinó hacia la pantalla.

—Eso no es lo mismo.

—No —dijo Alicia.

—Ni siquiera se parecen.

Dalia habló más bajo:

—Alguien lo limpió.

—Alguien lo editó —corrigió Prieto—. Lo de limpiar viene después, si confirmamos intención.

Cardoso abrió otra hoja.

—Busque M-017.

Prieto ejecutó la búsqueda.

M-017 apareció en cinco archivos: tabla de participantes, seguimiento de incidencias, un correo de revisión metodológica, una hoja de monitorización y una carpeta comprimida con datos clínicos anonimizados.

Anonimizados a medias.

El identificador se repetía con fecha, edad, sexo, grupo de intervención y una nota clínica abreviada.

M-017. Varón. 31 años. Grupo B. Exposición a plataforma vectorial no replicativa en modelo de modulación neuroinmune. Episodio de calor intenso, palpitaciones, síncope, recuperación espontánea. ECG posterior con taquiarritmia autolimitada. Seguimiento: pendiente.

Alicia sintió que el aire de la sala se volvía más bajo.

Calor intenso.

Palpitaciones.

Síncope.

No muerte.

No todavía.

Víctor dijo:

—Esto es Javier antes de Javier.

Nadie le corrigió.

Cardoso señaló la fecha.

—Tres años antes de la serie.

—¿Murió? —preguntó Salcedo.

Prieto buscó en la carpeta de seguimiento.

El primer documento decía recuperación. El segundo, revisión pendiente. El tercero estaba incompleto. El cuarto era un correo sin adjunto visible.

Asunto: M-017 / seguimiento no presencial .

Texto:

La comunicación familiar posterior informa de fallecimiento extrahospitalario no presenciado, aparentemente no relacionado, tres semanas después del episodio.

Dado que el participante había completado la ventana de intervención y no existían criterios de atribución directa, propongo no reclasificar retrospectivamente el episodio inicial como EAG vinculado al procedimiento.

Evitar reapertura salvo requerimiento del comité.

Firma:

P. Montoya-Prado .

Esta vez nadie dijo nada durante más tiempo.

Dalia cerró los ojos.

Víctor se apartó de la mesa.

Salcedo leyó el correo de pie, con los brazos cruzados y la mandíbula fija.

Cardoso fue el primero en hablar.

—Esto, si es auténtico, es grave.

—¿Legalmente? —preguntó Salcedo.

—Científicamente. Éticamente. Legalmente habrá que ver. Pero si un participante tiene un episodio compatible con lo que ahora estamos viendo, y muere tres semanas después, y alguien decide no reclasificarlo para no reabrir el estudio, eso no es prudencia. Es conveniencia vestida de prudencia.

Alicia miró la firma.

P. Montoya-Prado.

Hasta entonces, Pilar había sido una experta útil con un idioma demasiado cercano al problema. Ahora un documento la colocaba en una decisión: no en el crimen, pero sí en la frontera donde una señal se había convertido en algo que convenía no mirar.

—Necesito el nombre de M-017 —dijo.

Prieto negó con la cabeza antes de que terminara.

—No está en esa tabla. Hay clave separada.

—Búsquela.

—Ya estoy.

—Más rápido.

—Eso no existe en informática forense. Existe bien o existe mal.

Salcedo miró a Alicia.

—Ahora sí llamo a Orduña.

—Llámelo —dijo ella.

La palabra sorprendió a todos menos a Salcedo.

—¿Sin discutir?

—Esto ya no es una intuición técnica. Si es falso, nos están tendiendo una trampa muy concreta. Si es verdadero, hay una muerte anterior vinculada a una línea experimental. En cualquiera de los dos casos, necesitamos cubrirnos.

Salcedo salió al pasillo.

Víctor se acercó a Alicia.

—¿Y Pilar?

—Todavía no.

—Alicia.

—Si la llamamos ahora, vendrá preparada para el documento. Quiero oírla antes.

—¿Como experta?

—Como experta.

Dalia abrió los ojos.

—Eso es cruel.

Alicia la miró.

—No. Cruel fue no llamar a esto por su nombre si sabía lo que era.

La frase dejó a Dalia sin respuesta.

Prieto encontró la tabla de correspondencia doce minutos después.

No estaba en la carpeta principal. Estaba comprimida dentro de un directorio de respaldo, con nombre administrativo: seguimiento_muestras_codificacion_old .

Había sido exportada en CSV y luego guardada como hoja de cálculo.

Las columnas eran simples: código, iniciales, fecha de nacimiento, centro de procedencia, contacto de seguimiento.

M-017 correspondía a:

Mateo Rivas Cuenca .

Treinta y un años.

Natural de Valladolid.

Fallecido en 2020.

Alicia sintió un pequeño desplazamiento en la memoria. El nombre no le decía nada, y precisamente por eso importaba. La primera muerte no había sido noticia. No había autobús, periodista, lista ni alarma. Había sido una línea cerrada en un seguimiento.

—¿Causa de muerte? —preguntó.

Prieto no tenía eso. Cardoso, sí pudo buscarlo en registros forenses y judiciales, con autorización de Salcedo y una llamada que dejó un rastro administrativo lo bastante limpio para que Orduña no pudiera fingir que no existía.

Mateo Rivas Cuenca había muerto en su piso. Hallado por un compañero de trabajo después de no acudir durante dos días. Certificado inicial: muerte súbita probable. Sin autopsia judicial completa. Antecedentes de ansiedad y episodio sincopal reciente. No indicios de violencia.

Alicia cerró los ojos un instante.

La frase era demasiado conocida.

Muerte súbita probable.

Ansiedad.

No violencia.

Nada gritaba.

Nada había gritado entonces.

—¿Familia? —preguntó.

—Madre en Laguna de Duero —dijo Prieto, leyendo el registro—. Padre fallecido. Un hermano en Madrid.

—No contactamos aún —dijo Salcedo desde la puerta. Había vuelto sin que lo notaran—. Orduña quiere estar informado antes de cualquier movimiento externo.

—Orduña puede estar informado después de que no destruyamos a una madre por teléfono —dijo Alicia.

—No he dicho que vayamos a llamarla por teléfono.

Salcedo parecía menos rígido. Eso significaba que la llamada con Orduña no había ido bien o había ido demasiado bien.

—¿Qué ha dicho? —preguntó Cardoso.

—Que esto convierte la investigación en algo que ya no es local.

—Qué sorpresa —dijo Víctor.

—Y que no usemos esa frase fuera de esta sala, porque no quiere oírla en boca de nadie que no pueda sostenerla.

—Eso sí suena a Orduña —dijo Dalia.

Salcedo la miró.

—Usted no debería saber cómo suena nadie.

—Tarde.

Alicia intervino antes de que el comisario decidiera expulsarla.

—Necesitamos hablar con Pilar.

—¿Ahora?

—Ahora.

—¿Con el documento?

—Sin enseñárselo.

Cardoso asintió.

—Preguntémosle por resultados adversos antiguos. Por M-017 si hace falta. Si miente antes de saber que tenemos el correo, ya no estaremos discutiendo solo ciencia.