Diana (Tríptico Delbran 2) Capítulo IX Resultados negativos
41%

Capítulo IX Resultados negativos

Cardoso había escrito una frase en la pizarra del despacho.

Negativo no significa concluido.

Víctor la leyó al entrar y se detuvo.

—Doctor, dígame que eso no es su forma de decorar.

—Es mi forma de ahorrar tiempo.

—Prefiero los cuadros de paisajes.

—Los paisajes no son igual de útiles.

El despacho del forense parecía aún más estrecho que la primera vez.

Había tres carpetas nuevas sobre la mesa, dos bandejas con muestras pendientes de envío, una taza de café frío y una pila de informes que amenazaba con deslizarse hacia el suelo.

La luz fluorescente hacía que todo tuviera un tono cansado, incluidos ellos.

Alicia dejó sobre la mesa las bolsas de evidencias de Daniel y la carpeta azul de Lucía.

—Últimas veinticuatro horas de Daniel —dijo—. Síntomas referidos: cefalea, calor, palpitaciones, mareo leve. Bebidas energéticas, café, ibuprofeno cuatrocientos, comida de máquina, tienda veinticuatro horas. Grabación disponible.

Cardoso no pareció sorprendido.

—Toxicología inicial: cafeína presente, compatible con consumo alto pero no letal. Ibuprofeno en rango terapéutico. Sin cocaína, anfetaminas, opioides, benzodiacepinas ni tóxicos habituales en cribado preliminar.

Víctor se sentó sin permiso.

—O sea, no fue la lata.

—No he dicho eso.

—Acaba de decir que no fue la cafeína.

—He dicho que la cafeína no aparece en rango letal. Eso no excluye que contribuyera a una arritmia en un corazón susceptible. Tampoco lo demuestra. La medicina no está obligada a simplificarle la tarde.

—Nunca lo hace.

Alicia abrió la libreta.

—¿Histología?

—Pendiente completa. Lo preliminar no muestra infarto agudo, no muestra miocarditis florida, no muestra una lesión estructural evidente. Hay cambios inespecíficos, pequeños, de esos que sirven para molestar más que para concluir.

—¿Qué cambios?

Cardoso se colocó las gafas.

—Edema intersticial leve en algunas zonas, congestión, signos compatibles con reanimación y agonía breve. Nada que me permita escribir una causa clara sin que mi conciencia me muerda la mano.

—¿Sistema de conducción?

—Se está procesando.

Víctor miró a Alicia.

—Cada vez que preguntes algo con palabras de médico, luego traduces.

—Sistema eléctrico del corazón —dijo ella sin mirarlo.

—Gracias.

Cardoso abrió otra carpeta.

—Carmen Varela. He revisado el informe inicial y las muestras conservadas.

No hay evidencia de exposición ambiental clara en la farmacia.

Nada en la inspección del local, hasta donde he podido ver, sugiere gas, vapores, producto de limpieza o sustancia volátil relevante.

Inventario sin faltantes significativos. Toxicología rutinaria sin sorpresas.

Alicia recordó la trastienda, la cruz verde, Sara diciendo que Carmen no era un dato.

—¿Entonces se explica por antecedentes?

Cardoso la miró.

—Quiere usted llegar a esa respuesta demasiado pronto.

—Quiero saber si la saco de la lista.

—No. Quiere saber si puede dejar de pensar en ella.

Víctor sonrió.

—Eso ha dolido incluso desde aquí.

Alicia no sonrió.

—¿Puede o no puede pertenecer?

—Puede no pertenecer. Esa es la formulación honesta.

Tenía hipertensión, un episodio previo de síncope, tratamiento modificado recientemente y una edad menos incompatible con muerte súbita.

También tuvo calor, cefalea y palpitaciones antes de morir, según su auxiliar.

Esos síntomas pueden significar algo o pueden ser el ruido normal de una mujer hipertensa, perimenopáusica y estresada por su trabajo.

—Qué cómodo.

—La realidad suele ser cómoda para los culpables y molesta para los investigadores.

Alicia anotó: Carmen: posible ruido, no descartar.

Cardoso pasó a la siguiente carpeta.

—Lucía Merino. Informe inicial: muerte súbita de probable origen cardíaco o arrítmico. Sin lesiones traumáticas relevantes. Toxicología rutinaria negativa. No hay hallazgos macroscópicos suficientes. Histología con cambios inespecíficos. No hay explicación fuerte.

—¿Más cerca de Daniel que Carmen?

—Más cerca de no explicar nada. Eso no es lo mismo.

—Pero importa.

—Sí.

Cardoso dijo esa palabra sin ironía. Por eso pesó más.

Víctor dejó de moverse en la silla.

—¿Cuántos de los doce están en esa categoría? Los de no explicar nada.

Cardoso se levantó y fue hacia una segunda pizarra, donde había escrito los nombres en columnas. No estaban ordenados por fecha ni por edad. Alicia tardó un momento en ver el criterio.

Explicación suficiente

Explicación incompleta

Sin explicación útil

En la primera columna había dos nombres y un signo de interrogación. En la segunda, Carmen Varela y otros tres. En la tercera, Daniel Robles, Lucía Merino, Diego Salvatierra, Hugo Sanz y León García. Samir El Amrani estaba entre la segunda y la tercera, unido por una flecha.

—Esto no es definitivo —dijo Cardoso antes de que Alicia preguntara—. Es una herramienta de trabajo. Si alguien cita esta pizarra fuera de esta habitación, negaré que sé escribir.

Víctor se acercó.

—Carmen está en incompleta.

—Carmen es una molestia respetable.

—Lucía, Daniel, Diego, Hugo, León.

Alicia leyó los nombres despacio.

—Cinco.

—Cinco con mala explicación actual —corrigió Cardoso—. No cinco homicidios. No cinco víctimas de una misma causa. No cinco nada. Cinco huecos.

—Y Samir.

—Samir se está moviendo.

—¿Por qué?

—Porque su hermano menciona sensación de ahogo y calor la noche anterior, y porque el informe médico es pobre. Si consigo más datos, lo colocaré en un sitio o en otro.

—¿Mauricio Ibáñez?

—Pendiente. No tengo muestras útiles aún. El certificado es vago y la familia está enfadada, que no es un criterio médico pero sí un criterio para no cerrar los ojos.

Alicia miró la frase de la otra pizarra.

Negativo no significa concluido.

—¿Qué estamos descartando realmente? —preguntó.

Cardoso apoyó la espalda contra la mesa.

—Lo fácil. Sobredosis comunes. Intoxicaciones evidentes. Infarto masivo. Traumatismo. Algunas cardiopatías estructurales groseras. En Daniel, por ahora, nada de eso sostiene el peso.

—¿Y qué queda?

—Electricidad, genética, química rara, infección discreta, autoinmunidad, mala suerte. El cajón donde los médicos metemos lo que todavía no podemos ordenar.

Víctor señaló la pizarra.

—¿Infección?

—No se emocione. No tengo fiebre, no tengo infiltrados llamativos, no tengo lesiones que griten infección. Pero hay agentes que no se esfuerzan por parecerse a una gripe de manual. Y hay muertes cardíacas donde el detonante desaparece antes de que sepamos buscarlo.

Alicia lo observó.

—¿Quiere pedir pruebas infecciosas?

—Quiero pedir muchas cosas y me van a decir que no a la mitad.

—Pídalas.

—Eso es bonito viniendo de alguien que no firma el presupuesto.

—Pídalas igual.

Cardoso sonrió por primera vez. No fue una sonrisa amable.

—Eso pensaba hacer.

El móvil de Alicia vibró. Salcedo.

—Estamos con Cardoso —dijo al contestar.

—Venid a comisaría. Reunión en veinte minutos. Orduña está aquí.

—Estamos revisando resultados.

—Pues traedlos. Y traed una forma de decirlos que no parezca el fin del mundo.

Cardoso, que estaba lo bastante cerca para oír, dijo en voz alta:

—Dígale que el mundo no se acaba con resultados negativos. Solo se vuelve más caro.

Salcedo oyó la frase.

—¿Ese es Cardoso?

—Sí.

—Dile que lo odio.

—Dice que lo odia —transmitió Alicia.

—La reciprocidad es la base de toda relación sana —respondió Cardoso.

Alicia colgó.

La reunión en comisaría empezó con siete minutos de retraso y demasiada gente para una sala pequeña.

Salcedo presidía la mesa con la expresión de quien preferiría estar en cualquier interrogatorio antes que en una reunión de coordinación.

Gabriel Orduña ocupaba una silla a su derecha, sin papeles visibles, con el móvil boca abajo y un bolígrafo colocado paralelo al borde de la mesa.

Había también una inspectora de Científica, un responsable de prensa, una representante de Delegación por videollamada y un mando de seguridad ciudadana que parecía no entender por qué lo habían convocado hasta que alguien pronunció la palabra alarma .

Alicia y Víctor entraron los últimos.

—Resumen —dijo Salcedo.

Alicia dejó la carpeta sobre la mesa.

—Daniel Robles: sin tóxicos habituales relevantes. Cafeína e ibuprofeno en rangos no letales. Sin hallazgos macroscópicos cardíacos que expliquen la muerte. Histología completa pendiente. Síntomas previos referidos por familia y compañeros: cefalea, calor, palpitaciones, mareo leve.

La representante de Delegación frunció el ceño desde la pantalla.

—¿Calor?

—Sensación subjetiva de calor sin fiebre confirmada.

Orduña tomó nota. Solo una palabra.

—¿Eso aparece en otros casos? —preguntó.

Alicia lo miró.

—En varios testimonios preliminares.

—¿Cuántos?

—Tres seguros, dos dudosos, más Daniel. La periodista lo tenía marcado antes que nosotros.

El responsable de prensa se removió en la silla.

—Eso no debería salir.

—No va a salir de nosotros —dijo Alicia.

—La periodista ya lo sabe.

—Y, por lo que hemos visto, no lo ha publicado.

Orduña levantó la vista.

—Eso es relevante.

—Sí —dijo Alicia—. Para bien o para mal, Tellería no está disparando todo lo que tiene.

Salcedo entrecerró los ojos.

—Me niego a estar agradecido.

—No se lo he pedido.

Víctor añadió:

—Tampoco ayudaría mucho a su carácter.

Salcedo lo ignoró.

—¿Carmen Varela?

Alicia abrió otra hoja.

—La farmacia, por ahora, no ofrece indicios de exposición ambiental.

Inventario sin faltantes significativos.

Sin evidencia preliminar de gases, vapores o productos relacionados.

Carmen tenía antecedentes clínicos que podrían explicar una muerte súbita, pero también síntomas compatibles con el pequeño patrón referido en otros casos. No se recomienda excluirla todavía.

Orduña intervino:

—¿“Pequeño patrón” es una expresión técnica?

—No.

—Entonces no la usemos fuera de esta sala.

—No pensaba hacerlo.

—Me alegra.

—Intente que no se le note tanto.

Víctor miró al techo.

La representante de Delegación preguntó:

—¿Hay riesgo para la población?

Nadie contestó de inmediato.

Aquella era la pregunta que todos habían traído y nadie quería sostener demasiado tiempo.

Alicia respondió al fin:

—No tenemos ningún elemento que indique un riesgo general inmediato.

—¿Pero tampoco pueden descartarlo?

Orduña levantó la mano levemente.

—No se puede pedir a una investigación preliminar que descarte universos completos. La formulación pública debe ser proporcional: revisión de casos, prudencia, ausencia de indicios de criminalidad confirmados y colaboración con autoridades sanitarias si fuera necesario.

Alicia lo miró.

Era bueno.

Eso también era irritante.

El responsable de prensa escribió la frase casi literalmente.

—¿Y si nos preguntan si hay una serie? —dijo.

Salcedo miró a Alicia.

Alicia miró los nombres en la carpeta.

Daniel. Lucía. Diego. Hugo. León. Samir quizá. Carmen quizá. Los otros flotando entre explicación y ruido.

—Decimos que hay una revisión conjunta de fallecimientos inicialmente considerados naturales para descartar elementos comunes no detectados.

—Eso no responde —dijo el mando de seguridad ciudadana.

—Precisamente —dijo Orduña.

Víctor murmuró:

—Qué bonito cuando la verdad y la burocracia se dan la mano.

La reunión terminó sin una conclusión útil, pero con varias frases aprobadas. Eso era, en sí mismo, una forma de conclusión institucional.

Cuando todos salieron, Salcedo se quedó con Alicia, Víctor y Orduña en la sala.

—Ahora sin público —dijo—. ¿Qué tenemos?

Alicia cerró la puerta.

—Tenemos negativos.

—Eso ya lo he oído.

—No. Tenemos negativos que importan. Daniel no murió por las explicaciones fáciles.

Carmen no parece haber muerto por la farmacia.

Lucía no se explica. Varios testimonios repiten síntomas pequeños antes del colapso.

Dalia Tellería tiene una lista contaminada, pero trabajada.

Cardoso está clasificando casos por calidad de explicación, no por espectacularidad.

Salcedo se sentó.

—¿Y eso nos acerca a homicidios?

—Nos aleja de cerrar.

—No es lo mismo.

—No.

Orduña, que había permanecido callado, habló entonces:

—¿Cuál es el peor escenario operativo?

Alicia no respondió enseguida.

—Que haya una causa común activa y no sepamos cuál es.

—¿Causa común accidental o intencionada?

—Ambas siguen abiertas.

Salcedo se pasó una mano por la cara.

—Eso era exactamente lo que no quería oír.

—Por eso lo he dicho aquí y no fuera.

Orduña recogió su bolígrafo.

—Necesitamos dos líneas separadas: investigación discreta de posibles conexiones entre fallecidos y revisión sanitaria de variables comunes sin usar lenguaje alarmista.

—¿Sanidad? —preguntó Salcedo.

—Si hay síntomas repetidos y muerte súbita, alguien va a preguntar por salud pública. Mejor que lo hagamos nosotros antes de que lo haga un tertuliano.

Alicia lo estudió.

—¿Va a ayudar o va a filtrar?

Orduña sostuvo su mirada.

—Voy a impedir que cinco instituciones digan cinco cosas distintas mientras ustedes intentan averiguar una.

—Eso no contesta.

—Es la respuesta que tengo.

Por primera vez, Alicia no tuvo claro si le molestaba porque era evasivo o porque era cierto.

Esa noche, al volver a su mesa, encontró un correo de Cardoso.

Asunto: No celebrar aún.

El cuerpo del mensaje tenía tres líneas.

Daniel Robles: sin causa concluyente en preliminares.

Lucía Merino: solicitar ampliación de estudios si quedan muestras.

Carmen Varela: no excluir, pero marcar como explicación clínica plausible.

Debajo, una última frase:

Busquen qué casos comparten ausencia de explicación, no qué víctimas comparten biografía.

Alicia imprimió el correo y lo puso junto a la tabla de Dalia.

Luego escribió en una hoja nueva:

Huecos.

Debajo, empezó a copiar nombres.

No estaba escribiendo una lista.

Todavía no sabía qué era.

Pero ya no podía fingir que era solo ruido.