Diana (Tríptico Delbran 2) Capítulo II Homicidios no investiga infartos #2
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Capítulo II Homicidios no investiga infartos #2

—No hay patrón de edad —dijo—. Veintidós a sesenta y ocho. No hay patrón profesional. No hay barrio común. No hay entorno común. La mayoría son de aquí o llevan media vida aquí. Alguno nació fuera, alguno tiene familia de fuera, pero tampoco eso dibuja nada. No hay vínculo evidente entre ellos.

—Gracias —dijo Víctor—. Me gusta cuando argumentas a mi favor.

Alicia no sonrió.

—Diez hombres. Dos mujeres.

Víctor dejó de moverse.

—¿Eso es un patrón?

—No.

—Qué alivio.

—Pero tampoco es una lista limpia.

—Puede ser estadística cardiovascular básica. Los hombres tienen más papeletas para muchas de estas cosas.

—Sí.

—Puede ser sesgo de selección de Tellería.

—Sí.

—Puede haber mujeres parecidas que no han entrado en la lista porque nadie llamó al periódico.

—También.

—Puede que una de las mujeres, o las dos, no pinten nada.

—Puede.

Víctor la miró con impaciencia.

—Entonces no tenemos nada.

Alicia tocó con el índice la ficha de Carmen Varela. Luego buscó la de Lucía Merino y la separó también. Las dejó juntas, a la derecha de la mesa.

—Tenemos una lista sucia.

—Eso no existe.

—Claro que existe. Una lista limpia no demuestra nada, pero al menos no molesta. Esta molesta.

—Porque quieres que moleste.

—Porque diez de doce es una proporción incómoda cuando lo demás no encaja. Y porque las dos que rompen esa proporción no la rompen de la misma manera.

Salcedo abrió un cajón y sacó unas gafas. Se las puso sin comentar nada. Eso, en él, equivalía a reconocer que la conversación había dejado de ser protocolaria.

—¿Qué propones? —preguntó.

Alicia no respondió de inmediato. Ordenó las fichas por fecha. Luego por edad. Luego volvió a colocarlas en el orden original.

Víctor suspiró.

—Cuando empieza a mover papeles como si fueran fichas de dominó, ya la hemos perdido.

—Necesito los expedientes reales —dijo Alicia—. No esta tabla. Certificados, informes de urgencias, partes de intervención, antecedentes, medicación, últimas llamadas, autopsias si las hay, médico certificante, quién encontró el cuerpo y cuánto tiempo pasó hasta el fallecimiento confirmado.

—Eso lleva tiempo —dijo Salcedo.

—Entonces no quiere una comprobación. Quiere una frase para prensa.

Salcedo aceptó el golpe sin pestañear.

—Quiero las dos cosas.

—La frase para prensa es: “No hay indicios actuales de criminalidad, pero se revisarán los casos para descartar cualquier elemento común no detectado”. Es vaga, aburrida y no compromete nada.

Víctor la miró con admiración fingida.

—Podrías ser comisaria.

—Prefiero dormir.

Salcedo apuntó algo en una libreta.

—¿Y la comprobación?

—Empezamos por Daniel Robles. Es el más reciente, el más joven y el más contaminado mediáticamente, pero también el único en el que todavía podemos llegar a tiempo.

Escena, testigos, mochila, móvil, últimas horas, autopsia.

Después revisamos los tres casos con menos explicación médica. Y hablamos con Cardoso.

—Cardoso no va a estar encantado —dijo Salcedo.

—Nadie está encantado en esta planta.

Víctor cogió las fichas de Carmen y Lucía.

—¿Y ellas?

Alicia miró las dos fotografías. Carmen Varela tenía una expresión seria, de documento oficial, gafas finas y el pelo recogido con una pulcritud casi farmacéutica.

Lucía Merino Salvatierra, en cambio, sonreía ligeramente, como si alguien le hubiera dicho algo desde detrás de la cámara justo antes del disparo.

Dos mujeres. Dos edades. Dos escenarios. Dos formas distintas de no encajar.

—Se quedan aparte.

—¿Por qué?

—Porque todavía no sé si estropean el patrón o si son las únicas que pueden explicarlo.

Salcedo se quitó las gafas.

—No quiero teorías raras.

—No tengo ninguna teoría.

—Mejor.

—Pero quiero acceso a todo antes de que alguien decida archivar por vergüenza.

El comisario se levantó y fue hacia la ventana. Abajo, en la calle, una furgoneta de televisión estaba aparcando en doble fila frente a la comisaría. Salcedo la vio y apretó la mandíbula.

—Tarde —dijo.

Víctor se acercó al cristal.

—¿Ya?

—Ya.

—Tellería trabaja rápido.

—Tellería ha tirado una piedra a un estanque pequeño —dijo Salcedo—. Ahora todos creen haber visto el monstruo.

Alicia recogió las fichas, salvo las de Carmen y Lucía, que mantuvo boca arriba unos segundos más.

—¿Qué hacemos con la periodista?

—De momento, nada —dijo Salcedo.

—Ella tiene fuentes.

—Todos tenemos fuentes.

—Sí, pero las suyas han hablado antes que las nuestras.

Víctor sonrió.

—Eso le duele, jefe.

—Cállate, Olmos.

Alicia guardó la carpeta bajo el brazo.

—Tendremos que hablar con ella.

—No todavía —dijo Salcedo—. Si la llamamos ahora, creerá que dirige la investigación.

—Quizá solo quiera que alguien la haga.

Salcedo la miró con severidad.

—No empieces tú también.

—No estoy defendiendo su artículo. Estoy diciendo que, si ha reunido doce nombres antes que nosotros, conviene saber cómo.

—Primero Cardoso —ordenó el comisario—. Después la familia del chico. Luego la periodista, si sigue haciendo falta.

Víctor se levantó.

—Siempre hace falta. Esa es la desgracia con los periodistas.

Al salir del despacho, Alicia se quedó un momento en el pasillo, revisando de nuevo la ficha de Daniel Robles.

La fotografía que habían incorporado era la de su documento de identidad: fondo blanco, expresión seria, pelo algo más corto que en las imágenes que ya circulaban por redes.

Un chico intentando parecer adulto ante una cámara administrativa.

Veintidós años.

No sonaba a dato policial. Sonaba a reproche.

—No te metas ahí todavía —dijo Víctor.

Alicia no levantó la vista.

—¿Dónde?

—En la cara del muerto.

—Es difícil no hacerlo.

—Con doce, imposible.

Alicia cerró la carpeta.

—Por eso no vamos a mirar doce. Vamos a mirar uno.

—Daniel.

—Daniel.

Bajaron al aparcamiento sin hablar. Víctor conducía porque decía que Alicia manejaba el coche como si estuviera interrogando al embrague.

Ella no discutía esa afirmación porque, en lo esencial, era cierta.

El vehículo oficial olía a café viejo, plástico caliente y ambientador de pino.

En la radio hablaban ya del caso con una mezcla de prudencia y excitación mal disimulada.

“…la Policía Nacional no ha confirmado por ahora la apertura de una investigación formal, aunque fuentes consultadas por esta emisora reconocen preocupación ante la alarma generada…”

Víctor apagó la radio.