Diamante de sangre y poder (Diamantes de la Mafia nº 4) Capítulo 35
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Capítulo 35

Al día siguiente

Estamos en el vuelo de vuelta a casa. Anoche fue una locura.

Empezó con Ania enfadada entrando en una misión en la que todo se torció.

Casi mato a mi hermano cuando salió de la discoteca sin ella.

Durante varias horas estuve buscándola y la di por muerta; yo también quise morir.

Cuando la vi entrar llena de sangre en casa de mi madre, casi me da un infarto.

¿Cómo es posible que haya alguien tan fuerte como ella?

Mató a los soldados, hizo lo que le pidieron a mi hermano y recorrió una gran distancia hasta la casa de mi madre sola.

Se había aprendido el puto camino… Cuando llegamos a casa, nos echamos cosas en cara y en mi mayor momento de desesperación por demostrarle lo jodidamente enamorado que estoy de ella, le dije que si era feliz sin mí, prefería eso a que estuviera muerta en vida a mi lado.

Por suerte me eligió, le pedí que se casara conmigo y aceptó.

Ahora estamos en el jet todos juntos de vuelta a Milán, donde no sé qué cojones nos espera…

Después del tiroteo antes del despegue, Ania se sentó a mi lado y se quedó dormida.

Aprovecho para molestarla un poco. Sé que lleva el móvil así que le escribo como Cosi, indignado porque lo deje por otro hombre.

No se puede tener menos vergüenza que yo, enfadándome por mí mismo…

Yo: No me puedo creer que me estés dando de lado después de todo por un bastardo que te secuestra. Llevo años contigo. Te dije que eras mía. Voy a por ti en cuanto vuelvas a Italia.

Me guardo el teléfono en el bolsillo y me hago el dormido cuando Ania se remueve en su sitio al vibrar el móvil entre las tetas.

Se incorpora y se sienta bien en su asiento, con los ojos entrecerrados veo como mira a su alrededor.

Vigila si hay alguien despierto en el vuelo; todos duermen.

Todos menos yo. Se levanta y se va al baño.

Mi teléfono empieza a vibrar. Me está llamando, pero no puedo jugármela a hablar con ella aquí, así que dejo que salte el contestador.

Tres minutos después, Ania sale del servicio y se acurruca en el asiento de mi lado, poniendo su cabeza en mi hombro.

Sigo haciéndome el dormido y la escucho sollozar un poco.

Mierda, ¿está así porque Cosi no le ha cogido el puto teléfono?

Pensé que lo estábamos dejando atrás… Mi teléfono vibra con la notificación de un mensaje en el buzón de voz.

Espero a que mi chica se duerma para ponerme el teléfono en la oreja y escuchar el mensaje.

—Cosi, soy yo. Ehm… Llevo un tiempo dándole vueltas, ¿sabes?

Pavel no es como Carlo o Alessandro, él me ama de verdad.

No sé, puede que me esté equivocando, pero quiero que esto salga adelante.

Tengo que intentarlo. Necesito que acabemos con esto, yo…

tú fuiste el primer hombre del que me enamoré.

Me enamoré de tu forma de hablar, de tratarme y de consentirme con tantos regalos y cannolis.

Mierda, me enamoré de la idea de que me eligieras a mí por encima de tu trabajo, pero eso jamás ocurrió ni va a ocurrir.

Ya me has roto el corazón muchas veces y es hora de que alguien se ocupe de recomponerlo.

Pavel es ese alguien. Me estoy enamorando de él.

Al principio me recordaba mucho a ti, pero ahora veo que él es diferente.

Me elige siempre… Me ha pedido que me case con él y he dicho que sí.

Esto me entristece mucho; me hiciste feliz cuando la vida solo me ofrecía soledad.

No te voy a olvidar nunca. Te quiero Cosi, te querré siempre. Adiós.

Me quedo un rato con el teléfono en la oreja, intentando comprender qué es lo que acaba de pasar.

Ania jamás ha dejado a Cosi, en ningún momento.

Siempre le daba prioridad, siempre encontraba la manera de seguir en contacto…

hasta hoy. Mi sueño, mi deseo más profundo se ha cumplido.

Me ha elegido por encima de él. He elegido a mi yo de verdad por encima de mi personaje.

Se ha enamorado de mí. Ahora ya no hay nada ni nadie que me frene, llegaré a Milán y arrasaré con todo.

Mataré a Brassi y me quedaré con ella para siempre.

Ya no hay razón para andar con pies de plomo.

Ahora tengo que cerrar como Cosi, ¿pero cómo se hace eso?

Se supone que amenacé a todo el que la tocara, le entregué un puto corazón, le dije que era mía…

¿Cómo cojones lo hago ahora? Una idea loca me salta a la cabeza. Tecleo.

Yo: Te lo advertí, Tiff. Eres solo mía. Y si eso no es así, lo mataré. Es lo único que se interpone entre nosotros. Te encontraré y pondré fin a esta patraña que te has montado con ese hijo de puta.

Satisfecho con mi mensaje, la abrazo con fuerza para que no se mueva, cierro los ojos y me duermo un rato antes de aterrizar.

Un tiempo después, la noche antes de la boda

Ania está preparándose para dormir. Yo llevo todo el día advirtiendo que esta noche tengo póker con los chicos, pero que ella debe descansar para su gran día. Ha sido todo un poco precipitado, pero es la solución para no tener más problemas con el cartel.

En cuanto sale del baño, la abrazo y la beso con ternura.

Mi princesa, mi tormento, la razón de mi existir.

La agarro por las caderas y la llevo a la cama.

La tapo con las mantas y le beso la frente.

Me despido de ella y salgo de la habitación.

Respiro profundamente. Lo que va a pasar esta noche dictará mi futuro.

O sale muy bien o todo se va a la mierda.

Me dirijo a la habitación de Sergei, saco el macuto de debajo de la cama y me meto en el baño.

Me doy una ducha rápida y me visto con la ropa de combate: pantalones, camiseta de manga larga negra, botas y guantes.

Me echo un poco de mi vieja colonia y me pongo el pasamontañas que hice que Vova tuneara con un micro de distorsión de voz.

Abro la ventana y avanzo con cuidado por la cornisa hasta los ventanales de mi habitación. Vuelvo a acosarla, una última vez.

Me meto en el balcón y llamo a la puerta de cristal con los nudillos.

No sale, así qué debe haberse quedado dormida.

Saco la llave de la ventana y la abro sigilosamente.

La luz de la luna y las farolas del jardín bañan la habitación dándome una imagen perfecta de mi futura esposa descansando.

Me acerco a ella y me agacho a su lado. Acerco mi mano a su cara y le acaricio la mejilla con suavidad hasta que empieza a desvelarse como tantas otras veces lo hizo cuando fui a verla.

Sus ojos se abren como platos y abre la boca.

Inmediatamente, se la tapo con la mano para que no grite y alerte a los demás.

Aunque todos saben lo que estoy haciendo, no quiero que grite y no acuda nadie; desvelaría el secreto antes de tiempo.

Con la otra mano le digo que no, me frunce el ceño y me hace reír.

Ella me observa extrañada y ladea la cabeza.

Le quito la mano de la boca despacio y le hago el gesto de silencio llevándome el dedo a los labios.

—¿Qué coño haces aquí? Te dije que se había acabado. Joder, si entra Pavel ahora mismo estás muerto.

—Eso lo dijiste tú, no yo. Yo te dije que vendría a buscarte. —su cara se ilumina cuando hablo, aunque no es mi voz real y ella lo sabe—. ¿Qué, te gusta mi nuevo accesorio?

—No me jodas, Cosi. Me caso mañana, te ruego que no me hagas esto.

—Llevo casi seis años a tu lado, Ania. He matado gente por ti, te he protegido. He amenazado, sobornado y pegado palizas a muchas personas por mantenerme a tu lado. Es lo único que quiero, casarme contigo.

—¿Vas a ir de mártir? Llevo años diciendo que me quieras de verdad, que me digas tu nombre…

Llevo años llorándote por las esquinas, pero nunca fui lo suficientemente buena para que lo dejaras todo por mí.

¿Tienes miedo ahora que hay alguien a quien amo tanto como una vez te amé a ti?

—sus lágrimas ruedan por sus mejillas—. Esto no es justo.

—Recuerda lo que acabas de decir, Ania. Recuerda que me amaste y ahora lo amas a él. —le digo agarrándole la mano.

—Te recordaré de por vida, ya te lo dije. Pero ahora es Pavel quien ocupa tu lugar, mañana será mi marido. Lo amaré para siempre y mataré a quien se interponga en nuestro camino.

Me levanto de donde me he sentado a su lado cuando se ha despertado al tocarle la cara, me aparto un poco de ella y tan solo con la luz que entra por la ventana me quito los guantes.

—¿Lo amas, pase lo que pase? —pregunto tirándole los guantes a la cama.

—Incondicionalmente.

—Espero que sea verdad. —me acerco para besarla, pero ella se retira al ver mi intención—. El último beso, Tiff… Por lo que pueda pasar.

Por si decide que esta mentira es demasiado para ti y decide abandonarme, abandonar a Pavel y abandonar a Cosi.

Ella asiente y yo me subo el pasamontañas un poco.

La beso con suavidad, grabando cómo se sienten sus labios en los míos.

Espero que me perdone por haberla engañado todo este tiempo.

Me retiro de nuevo, suspiro y me quito el pasamontañas.

Dejo que vea mi verdadero yo. Sus ojos se abren y baja de la cama de un salto.

Se aleja de mí sin dejar de mirarme. Su respiración se acelera y sus lágrimas caen con fuerza.

Empieza a llorar y a gritar. Me acerco a ella, pero levanta los brazos para frenarme, no quiere tocarme. Caigo de rodillas a sus pies.

—Lo siento, no sabía cómo hacerlo. —miro al suelo mientras hablo.

—Te has reído de mí todo este puto tiempo. ¿Te has divertido jugando al gato y al ratón? —se aparta de mí—. No sé cómo no me he dado cuenta antes, joder.

—No me he reído de ti, Ania. No sabes cómo empezó todo. Puedo explicarlo, pero tienes que escucharme. Deja de huir de mí.