Capítulo 33 #2
La hora de la cena llega y Ania no baja.
Me molesta que prefiera seguir enfadada en su habitación antes que bajar a cenar algo.
Sopeso lo de subir a aporrear su puerta para que baje a comer.
Necesito verla con mis ojos, necesito verla con luz después de estos años en la oscuridad.
Me decido y llamo a su puerta, pero no me contesta.
Llamo de nuevo y me tenso sin su respuesta.
Abro despacio y la veo tumbada en la cama, completamente dormida.
La habitación estaba inundada por un delicioso olor frutal.
Supongo que son de todos esos geles de baño que mandé comprar para ella cuando hice su habitación.
Cierro la puerta y vuelvo a la cocina. Le digo a la cocinera que prepare algo de comida para subirle una bandeja por si despierta en medio de la noche.
Aún no conoce la casa y aunque no dudo que acabaría encontrando la cocina, hoy prefiero facilitarle el trabajo.
Cojo un papel y un boli y escribo una nota.
Cuando estoy a punto de firmarla, me paro, recordando que ella reconocería mi letra en cualquier parte.
Con cada regalo que le hacía le escribía una nota, y esa puta pizarrita blanca de su casa también le mostró toda mi caligrafía.
—Querida. —le digo a la cocinera—. ¿Te importaría escribir una nota por mí?
La misma noche en que Ania llegó a esta casa hace un par de semanas, me desperté en medio de la madrugada para encontrarla sentada en el borde de la piscina mojándose los pies.
Desde entonces, cada noche a la misma hora me asomo al balcón entre las sombras y la veo seguir con su rutina.
Mira entre todos los arbustos sin acercarse demasiado.
Disimula con un paseo nocturno, tantea las rejas y los muros, observa la posición de las cámaras y luego se sienta en la piscina.
Sinceramente, no esperaba que me hiciera caso cuando le dije que no tratara de escapar, que la encontraría.
De día, como es normal, vaga por la casa y se mete en el gimnasio.
La echo de menos y no quiero que se sienta aislada, así que en un intento loco de tener a mi Tiff de vuelta, aviso a toda mi seguridad de que nadie se acerque nunca más a los arbustos de detrás de la caseta de piscina y que, si ven a Ania por allí, no hagan nada.
A las once de la noche, después de la cena, Ania se mete en su habitación dejándome solo con los muchachos.
Ha llegado el momento, me levanto para ir a mi oficina, sacar una cajita del cajón y escribir una nota rápida.
POR FIN TE ENCUENTRO. ECHO DE MENOS LOS SMS.
Cosi
Pego la nota en la cajita del móvil que voy a dejar entre los arbustos. Un móvil por supuesto sin internet y completamente arreglado para que no pueda hacer nada excepto escribir SMS al único teléfono que hay guardado. El mío.
Conozco esta casa como la palma de mi mano y puedo andar completamente a ciegas por ella.
Así que para evitar que ella pueda verme en un despiste, corto la luz unos minutos, dejándolo todo completamente en la penumbra para poder dejar el paquete.
Nadie se altera, ya que avisé de que habría un corte rápido para reactivar unas cámaras y añadirlas al circuito…
Nadie tiene por qué saber la verdad. Dejo el paquete entre el muro y los arbustos, no lo suficientemente escondido como para que Ania pase de largo.
Al volver a casa e intentar llegar a mi habitación, Ania sale de la suya para preguntarme por el corte de luz.
—Estamos investigando qué ha pasado, pero tranquila, tu italiano no nos encontraría aquí. —le miento y me fulmina con la mirada—. Sigue durmiendo.
—Gilipollas… —me insulta y da un portazo.
Ese puto temperamento es lo que me tiene jodidamente loco, Me doy un afeitado rápido y me meto en la cama. Cojo el móvil y escribo un mensaje para que Ania pueda leerlo cuando encuentre su teléfono.
Yo: Han tenido que secuestrarte para poder hablar contigo.
Ya no sabes lo que hacer para llamar mi atención, Tiff.
Llevo mucho tiempo intentando contactar contigo, pero ese don bloqueó todas mis posibilidades con ese hackeo de teléfono que te hizo y todos esos soldados en tu puerta para que no pudiera pasar.
Me enteré de todo lo que pasó y te seguí la pista.
Encontré este punto ciego para nosotros.
Esconde bien este móvil. Solo puedes hablar conmigo y nadie puede rastrear nada. Cosi
Dejo el teléfono en vibración y me duermo un rato mientras espero que llegue su respuesta, porque sé que llegará entre esta noche y mañana.
Todo depende de la credibilidad que tenga el bastardo de Brassi para ella.
Asumo que piensa que desaparecí del mapa porque cuando conseguí quitar el bloqueo de las redes, le escribí y no me creyó…
pero algún día le contaré la historia desde el principio y quizá así me entienda un poco más.
Cierro los ojos lo que parecen minutos, pero en realidad son horas.
Un prrr me despierta. Miro la hora; las tres y media.
Me asomo al balcón y no veo nada. Mi chica ya debe estar en su habitación.
Abro las cámaras y veo todo el proceso nocturno.
Esta vez con sorpresa incluida en el punto ciego que en realidad no lo es tanto.
Veo a Ania leer la nota y abrir la boca con estupefacción.
Mira a todos lados y se mete la cajita debajo de la camiseta de pijama.
La veo apretar el paso hasta la casa y cambio de cámara para ver la grabación de cómo entra en su habitación a toda prisa. Cierro el vídeo y leo el mensaje.
Ania: No sé si creerte, pero si Alessandro logró que no pudieras contactar conmigo, realmente eres un acosador de mierda. ¿Esto es solo para mensajes o también para llamar?
No me lo pienso ni tres segundos. Activo el distorsionador de voz y la llamo. No da ni un tono.
—¿¡Cosi!?
—Hola, preciosa. ¿Me echabas de menos? —le digo divertido por el gritito que acaba de lanzar—. No hables muy alto o te descubrirán…
—Estás loco, ¿cómo se te ocurre meterte en una casa de la Bratva, es que quieres que te maten? O peor aún… ¡que me maten a mí!
—Relájate, nadie va a pillar a nadie. —una verdad como un templo—. No has contestado mi pregunta, Ania.
—¿Quizá porque es una pregunta estúpida? Sabes que sí, he pensado en ti cada noche. Pensé que te habías cansado de mí.
—Eso no va a pasar nunca. Antes me la corto que olvidarte. ¿Por eso dijiste que sí a casarte con él? —la oigo reír—. ¿Te he dicho que me la pone dura escucharte reír?
—No tienes arreglo. ¿Puedes sacarme de aquí?
—No, no puedo. Esto es lo máximo que puedo hacer ahora mismo. Pero te prometo que estoy buscando la forma de poder casarme contigo. —escucho como coge aire con sorpresa; la dejo estar—. Bueno, cuéntame qué has hecho estos meses.