Diamante de sangre y poder (Diamantes de la Mafia nº 4) Capítulo 24 #3
67%

Capítulo 24 #3

—Ignóralo. ¿Algún regalo más? —¿alguno que provenga de un hombre? Quiero preguntar, pero me contengo.

—Bueno sí, Sophie me ha regalado un móvil nuevo: el último del mercado. Lleva riéndose de mi tartana desde que nos conocemos y como mi padre no accede nunca a comprar otro… lo ha hecho ella.

Las campanas empiezan a sonar en mi cabeza.

El problema para rastrearla era su puto móvil, más viejo que las sandalias de Jesús y encima encriptado…

Y ahora ya no está. Sigo hablando con ella mientras enciendo el ordenador y meto los datos para proceder a rastrear su número rezando porque me esté hablando desde el teléfono nuevo.

La escucho parlotear sobre lo divertida que es Sophie y lo amargada que está también por culpa de su padre, y que todos los capos son iguales.

¿Es su amiga, entonces, otra princesa de la mafia?

Tomo nota mental para investigarla en cuanto sepa su paradero.

Pasan unos cinco minutos de conversación y por fin respiro con alivio…

En la pantalla de mi portátil aparece su ubicación. Milán.

—Ania. —corto su charla sin fin—. ¿Me dijiste que tu edificio tiene portero, verdad?

—Sí, así es. ¿Por qué me lo preguntas?

—Solo quería asegurarme de que alguien estará al día de tus movimientos a parte de mí. —miento—. Querida, tengo que dejarte. Siento haberme olvidado de tu cumpleaños.

Colgamos unos minutos después y empiezo con mis labores de rastreo.

Llamo a Romanov y le pregunto si tenemos gente en Milán, cómo nos iría si nos mudáramos y cómo quedaría este lugar sin mi presencia.

Son preguntas que debo hacer a alguien que lleva mucho tiempo aquí y que sabe lo que hay, porque pienso mudarme donde pueda verla con frecuencia.

Aunque eso signifique perder dinero por irme de Palermo.

La conversación con Romanov va mejor de lo que esperaba.

Parece ser que el anterior Pakhan de Italia no era muy bueno en su trabajo y Palermo es uno de los lugares donde menos dinero se paga, así que cualquier otro lugar de Italia sería mejor que quedarnos aquí.

Se supone que todo está reflejado en las montañas de papeles que todavía estoy revisando, así que en algún momento habría llegado a esta conclusión y nos habríamos mudado igual.

La cosa es que ahora lo haremos antes. En cuanto arregle un par de cosas, buscaré un lugar en Milán y nos iremos todos, incluyendo Romanov, aunque él tiene su propia casa.

Después de hablar con mi amigo, navego un rato por internet hasta que encuentro lo que quiero; meto los datos y la dirección.

Lo único que me falta es el piso, pero como Ania me ha confirmado que su edificio tiene portero, lo único que tiene que hacer el repartidor es preguntar por ella.

La señorita Ania Bianchi; apellido terrible, por cierto.

En unos treinta o cuarenta minutos recibirá un ramo de veinticuatro rosas color sangre y una fina gargantilla de Cartier, la más bonita que he encontrado en su página web.

Supongo que la mejor opción para ella habría sido comprarle un arma, pero no pienso hacer ganar dinero a ningún hijo de puta que no sea Romanov.

Como es de noche, me ha sido complicado encontrar una tienda que siga abierta y a alguien que me haga el ramo, pero como el dinero todo lo puede…

solo he tenido que pagar un poco más de lo esperado.

Cosa que no me importa porque todo me parece poco para ella.

Juro que cuando la haga mi esposa tendrá absolutamente lo que pida.

No me importa si quiere armas, animales, hijos, casas, equipos de fútbol o incluso una puta mina de diamantes en el Congo.

Solo tiene que pedirlo y yo levantaré la tierra y le daré el mundo.

Solo porque ella lo pida, solo por ella.

Cuando acabo todo lo que quería haber hecho, me voy a la cocina a por algo de comer y me encuentro una nota pegada en el Frigo.

«Hemos ido a llamarte y hemos visto que estabas hablando con Romanov de algo bastante importante. Hemos salido a divertirnos. Si quieres unirte, llámanos y vendremos a por ti».

Pues no, esta noche no me apetece salir y tampoco cocinar…

Así que llamo por teléfono para que me traigan un cubo de albóndigas y dos refrescos tamaño XXL.

Me siento en el salón a esperar mientras busco una peli que poder ver por alguna plataforma.

Media hora después de darle vueltas a la cartelera, mi comida llama al timbre.

Abro la reja desde la app del teléfono y espero a que el repartidor esté en la puerta, con menos paciencia y más hambre de la que esperaba.

Asesino con la mirada al pobre chico que casi se caga al verme ocupando casi todo el espacio de la puerta y me siento en el sofá para ver Rocky por enésima vez.

Justo en la mejor parte de la película, un mensaje de mi chica llega al teléfono.

Ania: Veo que finalmente me has encontrado, maldito acosador. Las rosas son preciosas. Ya huele toda la casa. La gargantilla es increíble, no me la pienso quitar nunca.