Diamante de sangre y poder (Diamantes de la Mafia nº 4) Capítulo 24 #2
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Capítulo 24 #2

La agarro del pelo y la levanto conmigo.

La pongo contra la pared y vuelvo a hacer que se arrodille.

Le tiro fuerte hasta que se mete mi polla en la boca y empieza a chupármela.

La obligo a ir más profundo; le agarro la cabeza y por un momento, la mantengo quieta con toda mi longitud prácticamente en su garganta.

Está luchando por tragar y cuando empieza a agobiarse tirando de mí hacia atrás, tiro de su pelo en un último empujón profundo y la suelto.

Mi móvil empieza a vibrar en el bolsillo; lo ignoro.

Mi madre querrá decirme que Dimitri ya está en casa.

—Sobre la mesa. —ladro una orden y ella obedece—. Voy a azotarte con el cinturón y cuando te corras de placer, que lo harás, voy a follarte como nunca te han follado en este puticlub de viejos millonarios.

Saco mi cinturón de las trabillas del pantalón y veo cómo su cuerpo se estremece con el sonido del roce del cuero contra la tela.

Mi bolsillo vuelve a vibrar. Doblo el cinturón y, sin previo aviso, lo dejo caer con fuerza sobre la piel de su culo; ella gime.

Golpeo una, dos, tres veces más mientras sigo notando el puto teléfono.

Meto la mano en mi bolsillo trasero y cojo el móvil.

Se me baja la puta erección en un segundo.

Ania: ¡Hola! Llevas todo el día sin hablar. No es propio de ti. ¿Por fin muerto?

Ania: En serio, ¿estás muerto?

Ania: ¿Cosi?

Ania: Bueno, hoy es mi cumpleaños. Esperaba hablar contigo un rato. Llámame cuando puedas, ¿vale?

Nunca he salido tan rápido de un sitio como ahora mismo de este jodido puticlub. Le he pagado a Greta una buena cantidad por el rato que hemos estado juntos y por la ropa que le he roto, sin darle más explicaciones antes de irme.

Los últimos quince minutos han sido como tener un tornado dentro de mi cerebro.

¿Cómo es posible que después de casi tres años detrás de Ania, haya olvidado su puto cumpleaños?

Vale que cuando cumplió diecinueve aún no estábamos hablando, pero eso no es excusa.

Tan solo la semana pasada me dijo como treinta veces todos los putos planes que tenía con su amiga Sophie para celebrarlo.

¿Qué hago yo? Yo me olvido mientras dejo que me la chupe una prostituta.

Le escribo a Ania lo más rápido que puedo mientras me subo al coche y arranco.

Yo: No estoy muerto pero debería. no sé cómo se me ha podido pasar. te llamo en media hora.

feliz cumpleaños, princesa.

Ania: ¿Princesa? ¿Quién eres? ¿Te han lavado el cerebro?

Yo: Eres la primera chica que conozco que prefiere que la llamen como a la novia de Chucky que princesa…

Llego a casa como alma que lleva el diablo; entro sin saludar a nadie y me voy a mi cuarto.

Me meto en la ducha porque de verdad necesito quitarme todos los restos de mi puta ida de olla antes de hablar con ella por teléfono.

¿Por qué me siento como si acabara de serle infiel a alguien?

No sé qué cojones me pasa. Abro el grifo y me quito la ropa mientras espero que el agua tenga una temperatura decente.

En este país el agua sale a la temperatura a la que cuecen la puta pasta.

Entro en la cabina y me lavo al menos cuatro veces el cuerpo y el pelo hasta que me pongo rojo de tanto frotar.

Salgo de la ducha más rápido de lo que debería.

Uno de los pies resbala y pierdo el equilibrio por un momento, pero después de tantos años peleando, mis reflejos hacen que me reequilibre y me ponga de pie sin problema.

Cojo mi teléfono de la encimera del baño, lo reviso para darme cuenta de que no hay respuesta a mi mensaje todavía. Supongo que está enfadada y no la culpo. Marco la tecla de llamada rápida donde tengo su número guardado y espero. Un tono, dos…

—¿De verdad te habías olvidado? —ni un hola—. Menuda mierda.

—Lo sé y lo siento. No es excusa, pero he tenido un problema familiar y luego…

—Luego, ¿qué? —pregunta molesta.

—Luego simplemente he hecho el gilipollas. Mejor no preguntes. —suspiro—. ¿Qué tal te ha ido el día?

—Podría haber ido mejor con una llamada o algún regalo de esos macabros de los tuyos, pero, no me quejo. He ido a comer a un japonés con Sophie y la comida estaba espectacular. Nunca había comido nada igual.

—Eso parece interesante. ¿No tenía cosas raras? —la escucho reírse; bendito sonido—. ¿De qué te ríes?

—Siempre que te hablo de comida se te hacen más interesantes las conversaciones. ¿Pasaste hambre de pequeño o qué?

—La verdad es que no, no pasé hambre, pero sí que me gusta comer y mi madre cocina tremendamente bien. Échale la culpa a ella de nuestros estómagos. —suelto una carcajada. Hablar de comida es mejor que estar escuchando su voz apagada por el enfado.

—A mí también me gusta mucho comer; la de mi abuela es increíble. Un momento… ¿Has dicho nuestros? ¡Tienes hermanos! —mierda—. ¿¡Cuántos!?

—¿Ahora quién intenta sonsacar información a quién? Niñata curiosa… Cinco, tengo cinco hermanos. Pero dejemos de hablar de mí. ¿Te han regalado algo?

—¡Hostia puta!

—Esa boca. Cuidado con tus palabras o tendré que encontrarte y lavarla con jabón. Dime, ¿regalos?

—Aguafiestas… Sí, mi padre me ha enviado un bolso de Louis Vuitton. —su voz no es muy animada ahora que hemos cambiado de conversación.

—No pareces contenta con el bolso. Cualquier otra chica estaría gritando. Es un bolso bastante deseado por las mujeres según tengo entendido.

—Odio la marca y odio que mi padre siga intentando convertirme en una mujercita típica italiana para el matrimonio. Llevo siete años trabajando duro para ser una buena soldado… ¿Qué es lo que no entiende?