Capítulo 17
Ania
Tener un acosador no es tan malo como cabría esperar.
De hecho, es bastante entretenido para mí; llevo toda la vida encerrada en esta casa del demonio por el miedo que tiene mi padre a que alguien descubra que soy su hija, y la verdad es que tener a alguien con quien hablar, fuera de mis amigas y de estas cuatro paredes, me hace la vida mucho más amena.
Mi vida antes de Cosi se basaba en estudiar, entrenar bajo supervisión de mi padre y aburrirme.
A los dieciséis me cansé de portarme bien en casa y empecé a estudiar con más detenimiento todo mi alrededor usando las herramientas con las que mi padre y sus hombres me entrenaban.
Empecé a reconocer el terreno, investigar al personal de seguridad, aprender los horarios de los guardias y conocer la mínima tecnología que tenemos.
Desde la primera vez que salí de aquí sin que nadie lo descubriera, hice del escapismo mi estilo de vida.
Cada día de mercado me escapo para comprar fruta fresca de la señora Mancini.
Algunos sábados salgo a hurtadillas para ir al club donde conocí a esas chicas en el baño, y cuando puedo me escapo alguna tarde a pasear; aunque creo que mi padre está empezando a sospechar.
Juraría haber visto a un par de hombres siguiéndome en el mercado desde hace tiempo, y cuando paseo por la tarde, a veces siento una presencia a unos cuantos metros.
Cualquier otra persona no se daría cuenta, pero mi padre me ha entrenado como un soldado.
Un día en el que mi abuela intentaba que fuera más refinada y educada, mi padre se dio cuenta de que eso no era lo que funcionaba conmigo.
Y un poco enfadado, se sentó a la mesa y me preguntó qué es lo que yo quería hacer con mi vida, quería saber qué era lo que me gustaba.
Desde ese día entreno diariamente la lucha cuerpo a cuerpo, pelea con armas blancas, voy al campo de tiro y organizo misiones para los hombres de mi padre.
Viendo que no era una señorita domesticable, mi padre decidió hacerme el hombre al mando bajo su supervisión: el heredero que nunca tuvo.
Así que dentro de esa monotonía, por muy divertida que pueda sonar, me aburro como una ostra…
Por lo que esta nueva aventura del acosador es algo que activa mis sentidos al cien por cien.
No tengo miedo ya que sé de sobra que no soy rastreable y soy perfectamente capaz de defenderme por mi misma.
Mi teléfono está encriptado y cualquiera que quiera meterse en él no podrá.
Respecto a la ubicación, mandará a quien sea a buscarme a no sé qué sitio de Estados Unidos.
Cuando decidí que era momento de tener mi propio teléfono, mi padre me lo negó, pero hice tal berrinche —apuntando al mejor hombre de mi padre con un arma a la cabeza— que no tuvo más remedio que llamar al hacker más reconocido del país para que me pusiera un terminal seguro.
Mi acosador es un tanto sexy al escribirme: esa forma de decirme cómo debo responder o comportarme, esa manera de encontrarme cuando no estoy en casa, la manera de llamarme…
Cualquiera pensaría que es una banderita roja con patas, pero…
mmmm… La verdad es que mi cuerpo ronronea cada vez que leo sus mensajes.
No niego que sea un poco temeraria. Hace unos días cuando estuvo todo el tiempo sin escribir, tenía ganas de meter el brazo por la pantalla y estrangularlo.
¿Cómo se atrevió a ignorarme durante tanto tiempo?
Menos mal que luego lo compensó con ese mensajito amenazante: «Deja de comportarte como una cría, Ania, o te juro que te vas a arrepentir».
Mierda, es recordarlo y se me pone el pelo de punta con el escalofrío que me recorre la columna.
Me giro en la cama y cojo el móvil de la mesita de noche. Son las cuatro de la mañana y no me puedo dormir. Este hombre misterioso no sale de mi mente, y ya que es él el que no me deja dormir, ahora tendrá que acompañarme en el insomnio. Tecleo rápidamente.
Yo: Estaba a punto de dormirme, pero no sé si hacerlo, Cosi… Eres tan malo acosando que no se si de repente vas a intentar entrar por la ventana y vas a tropezarte y abrirte la cabeza, ¿sabes? Eso me está quitando el sueño.
Los cinco minutos que tarda en contestar se me hacen eternos, y todo para que me corte el flujo de aire cuando leo lo que me responde.
Cosi: Tu casa tiene demasiados guardias como para entrar de noche sin un plan bien trazado, Ania Giordano. Y no es que me falten ganas de entrar por tu ventana mientras duermes. Quizá quedarme mirando, quizá besarte o quizá matarte porque ME ESCRIBES A LAS CUATRO PUTAS HORAS DE LA MADRUGADA.
Vale, quizá no soy tan irrastreable como me esperaba.
Sabe dónde vivo y quién soy. Debería estar al menos un poco nerviosa porque tenga tantos datos.
¿Cómo los ha conseguido? Mi padre lleva diecinueve años manteniéndome escondida, me apellido Bianchi de puertas para afuera y nunca me acompaña a nada; para el mundo, mi guardaespaldas, Armando, es mi padre.
Es quien me recogía de la escuela, quien hablaba con mis profesores…
¿Es que tenemos un topo en casa? ¿Debería decírselo a mi padre?
Por un momento tengo el impulso de despertar a mi padre y contárselo todo, pero…
¿y si por contárselo me esconde aún más y dejo de hablar con Cosi?
¿Y si ya no puede encontrarme? ¿Estoy loca por pensar así?
Mierda, ni siquiera sé su nombre ni si es un señor de cincuenta años acosándome…
Yo: No quiero saber cómo tienes tanta información sobre mí. Solo espero que sepas lo que conlleva mi apellido, Cosi. Tengo una vida complicada
Cosi: Tranquila, Tiff. Estás a salvo conmigo.
Cosi: De momento…
Yo: Estoy a salvo contigo, pero… ¿estoy a salvo de ti?
Cosi: Eso lo descubrirás muy ponto. Lo único que tienes que sabes es que, sea cual sea tu apellido, me perteneces.
Mierda, esa frase me ha cogido completamente desprevenida. ¿Ahora que cojones le contesto? Tengo el corazón acelerado, me cuesta tragar y tengo unas ganas inmensas de que realmente entre por mi ventana y me diga esas palabras a la puta cara.
Yo: Oh, Cosi. Dime que no eres un viejo verde…
Cosi: Soy más viejo que tú, pero no un viejo como tu padre. No tienes que saber mucho más. Y te dije que dejaras de llamarme Cosi de una puta vez.
Yo: Oblígame tú. Me voy a dormir, ya tengo lo que quería. Buenas noches
Cosi: ¿Y qué es lo que querías?
Yo: Tener algo con lo que soñar. Buenas noches, Cosi.
Cosi: Buenas noches, Tiffany.