Capítulo 14
Llevo al menos dos días intentando acceder de todas las maneras posibles al teléfono de Ania, pero ya me doy por vencido.
No sé qué coño pasa pero es imposible. No puedo ver su ubicación real.
Me manda a la puta América y tampoco puedo acceder al sistema operativo del terminal.
Lo único que he podido conseguir es que su verdadera ubicación se active cuando estemos en la misma zona de antenas telefónicas.
Entrará un aviso a mi móvil cuando estemos a unos cientos de metros el uno del otro y solo entonces podré acceder a la ubicación.
No sé quién es, pero su móvil está jodidamente protegido, al igual que su identidad; puede que pertenezca a alguna organización o sea la hija de alguien importante.
No me queda otro remedio que saber de ella de manera arcaica.
Seré su acosador. Y como Vova me dio una perdida desde su teléfono, abro la aplicación de mensajes y tecleo.
Yo: ¿Por qué eres tan difícil de encontrar, Tiffany?
Son las tres y media de la madrugada así que no espero que conteste.
Me imagino que está durmiendo. Suelto el móvil en la mesita de noche y me echo en la cama apoyando la cabeza en los brazos.
Mirar el techo es la única solución que encuentro para mi insomnio y los pensamientos que acuden a mi cabeza sobre ella.
Ella sobre mí, ella odiándome por querer invadir su espacio, ella debajo de mí, ella negándose a verme, ella besándome…
Mierda, el recuerdo de su piel bajo mis ásperas manos me inunda haciendo erizar todos los vellos de mi cuerpo.
Daría todo lo que tengo por tocarla de nuevo y poder averiguar a qué huele.
La vibración de mi teléfono contra la madera me saca de mi fantasía casta y pura. Cojo el teléfono y veo un mensaje de Ania. ¿Qué cojones hace despierta? ¿La he despertado o es que está en la discoteca otra vez? Me siento en la cama y abro el mensaje ya cabreado.
Ania: Te has equivocado de número. Aquí no hay ninguna Tiffany.
Me río porque la respuesta era de esperar. Tecleo explicándole por qué me parece bien llamarla así.
Yo: Sé quién eres, Ania. Pero me parece correcto llamarte como la novia de Chucky. Te llevo observando un tiempo y eres igual de peligrosa, Tiffany.
Me recorre un escalofrío pensando en ella con un cuchillo intentando matarme. Mi polla salta en los pantalones.
Ania: ¿Quién eres y por qué tienes mi número? ¿Eres el tío de antes? No sé quién te ha dado mi teléfono pero bórralo.
Por un momento me quedo rígido pensando en la parte de «el tío de antes». Hace días que no la veo. No puede referirse a mí porque tampoco sabe de mi existencia y eso solo puede significar una cosa; que ha salido. Tecleo con fuerza.
Yo: No sé de qué tío hablas, pero más vale que no te escriba si no quiere perder todos los putos dedos. ¿No deberías estar durmiendo?
Veo que tarda en escribir y me impaciento más de lo que me gustaría porque no sé dónde cojones está.
Estoy enfermo. Enfermo porque una mujer que no conozco de nada puede generar esta mierda de confusos sentimientos en mí.
La opresión que tengo en el pecho me mosquea, y esa jodida niña sigue sin contestar cinco minutos después.
No sé si se ha acostado o simplemente me está ignorando. Tampoco pienso quedarme esperando.
Doy un salto y salgo de la cama. Me pongo una camisa que está tirada en el sillón, unos pantalones negros y me meto la pistola en la espalda. Salgo de mi habitación y llamo a la única persona que sé que tiene tanto insomnio como yo, Sergei.
Para mi sorpresa, cuando abre la puerta están todos en su habitación jugando al póker. Los miro uno a uno.
—No sé qué me ofende más, que enseñarais a mi hermano pequeño a jugar o que no me hayáis llamado.
—No te ofendas por ninguna. Dima te da mil vueltas. Eres jodidamente malo jugando. Oféndete por eso. —Vova me mira de arriba a abajo—. ¿Dónde vas a las cuatro de la mañana así vestido?
—A buscarla —resoplo—. No sé dónde está y ha dejado de responder los mensajes. Como no tengo la puta ubicación, tengo que ir a la discoteca a ver si me salta la alarma de que esté allí.
—¿Qué pasa si no está? —Alexei pregunta sin mirarme tirando unas fichas al centro de la mesa.
—Si no está, le quemaré el teléfono a base de llamadas hasta que me conteste y me diga dónde está. ¿Venís o me largo?
—Mierda, estábamos en lo mejor. Danos un momento. No queremos que mates a nadie en el transcurso de la noche. —Sergei se queja mientras se levanta.
Los cinco nos metemos en el coche para dirigirnos a la discoteca de la última vez.
En cuanto estoy en la puerta y abro la aplicación de búsqueda de su teléfono...
Bingo. La tengo. Esta es la discoteca. Es la única dentro del radio de distancia que pude establecer para saber en qué zona está.
Respiro aliviado por haber dado con ella, pero a la vez, estoy jodidamente enfurecido y ni siquiera sé por qué.
Está en edad de divertirse y nunca le diría que no saliera, pero joder, con alguien que la proteja.
¿Qué hubiera pasado si la última vez no hubiera estado yo para quitarle a ese cabrón de encima?
Estaba dispuesta a arrancarle a ese idiota la cabeza, pero ¿hubiera podido?
Le pago al portero una buena cantidad de dinero por un reservado y entramos.
Desde que pongo un pie en el sitio, empiezo a buscarla con la mirada.
No importan los barridos que hago, no la veo.
Así que vuelvo a abrir la aplicación que, gracias a Dios, cuando estamos a menos de cincuenta metros, me da la localización, y me dice que está a treinta metros a la derecha. Busco y rebusco hasta que doy con ella.
La veo con unos pantalones blancos. La camiseta escotada hasta más abajo de lo que me gustaría y una cola alta agarrando su maravilloso pelo rizado.
Me meto en el reservado sin dejar de observarla y me siento.
En cuanto estamos todos, nos sirven una botella de champán y cigarros.
Los chicos empiezan a beber y yo sigo mirándola, menos cuando gira la cabeza que para no descubrirme, giro yo también la mía.
Les digo a los chicos dónde está para que la vean, que sepan quién es exactamente y qué ropa lleva, por si la pierdo de vista en algún momento. Saco mi teléfono y vuelvo a escribirle.
Yo: ¿Demasiado ocupada bailando o es que intentas ignorarme?
Dejo el móvil en la mesa y sigo mirándola mientras me bebo mi copa.
Veo cómo se saca el teléfono del sujetador.
Lee mi mensaje y levanta la cabeza para mirar a todas partes.
Disimulo un poco para que no note que la estoy observando.
Mi pantalla se enciende, pero no lo cojo.
No quiero descubrirme tan fácilmente. Espero unos minutos y vuelvo a mirar hacia ella.
Cuando veo que sigue bailando con sus amigas, cojo mi móvil y leo el mensaje.
Ania: ¿Tu madre no te ha enseñado a no molestar a la gente que no tiene interés en ti?
No puedo evitar reírme, maldita sea. Los tiene bien puestos para hablarle así a alguien que no conoce. Con cada puta letra que me manda, me la pone más dura. ¿Le gusta el peligro? Oigo el murmullo de los chicos de fondo, pero sigo a lo mío y contesto el mensaje después de darle un par de vueltas.
Yo: Lo único que debe importarte sobre lo que mi madre me ha enseñado, es que siempre puedo tener lo que quiero, Tiffany. Y en este momento lo que quiero, es a ti.
Me apoyo el móvil en la pierna y bebo otro sorbo mientras la observo leer el mensaje de este tira y afloja que nos traemos.
La veo leer y… ¿sonreír? Le gusta este jueguecito de cazador y presa, porque eso es lo que es: mi puta presa.
Desde que la vi por primera vez, supe que necesitaba conocerla.
Sentir su piel bajo mi tacto me volvió loco…
pero que sea una pirada que le guste que la vigilen es el colmo.
Es la gota que colma el vaso de mi obsesión.
Es la única razón que me faltaba para cerrar mis fauces alrededor de su cuello como un lobo y jamás soltarla.
Ya no hay marcha atrás. Teclea rápido. Mi móvil se vuelve a encender.
Sergei y Alexei me dicen algo, pero no presto atención. Leo su mensaje.
Ania: Es bueno que las madres fomenten la confianza en sus hijos, pero también hay veces que hay que enseñarles que no están a la altura de algunos deseos. Suerte para la próxima.
Cuánta osadía para alguien que no sabe quién le acecha al otro lado.
Sonrío y tecleo. La respuesta es una promesa de caza, aunque estoy en duda de si correrá cuando la persiga o simplemente dará vueltas en círculo para marearme hasta que finalmente me haga creer que la he atrapado, cuando en realidad se ha dejado atrapar.
Yo: Reto aceptado, Tiff.
Su cara cambia cuando le llega el último mensaje.
Agarra a sus amigas y les dice algo al oído.
Genial, su ego se ha desinflado. Se dan la vuelta, van esquivando gente y salen por la puerta.
Me levanto para ir tras ella y ver por fin dónde puedo encontrarla siempre que quiera.
Quiero saber dónde vive, pero en cuanto me levanto, Vova me agarra del brazo y tira de mí para sentarme de nuevo.
—No he venido hasta aquí para beber solo una hora. Ya tienes su número y te responde los mensajes, así que no me obligues… Bebe, cabrón. Olvídala por un rato.
Intento zafarme de su agarre, pero él lo intensifica. Si estuviéramos entrenando en la lona, lo tumbaría; pero aquí hay demasiada gente para nuestros jueguecitos violentos. Después de un par de tirones, me suelta el brazo y lo fulmino con la mirada.
—Si le pasa algo volviendo a donde quiera que viva, te mataré.
—Ha sobrevivido toda una vida sin ti, por el amor de Dios. —pone los ojos en blanco—. Déjala intentarlo un par de noches más hasta que seguramente te vuelvas loco y la secuestres, ¿quieres? Vive un poco sin ese palo que llevas metido en el culo últimamente.
Prefiero hacer caso omiso al plan que sabe que ronda en mi cabeza y sigo bebiendo con mis amigos. Vladimir tiene razón. Lleva toda la vida sin mí protección y ha sobrevivido, pero no sé qué pasará a partir de ahora y tampoco quiero investigarlo.
Una semana después
Llevo una semana hablando cada día con mi chica misteriosa y ni una vez se ha interesado en saber mi nombre; tampoco me ha contado nada de ella.
Al principio no contestaba tanto y siempre eran respuestas bordes o cortantes.
Poco a poco he conseguido que las conversaciones sean menos tajantes.
Es un continuo tira y afloja. Una demostración de poder.
Un desafío hacía mi persona. No sé mucho de ella, pero en cada palabra siento seguridad, curiosidad,; siento que calla y esconde más de lo que me gustaría.
Estoy de camino a una reunión con Romanov. En unos días tenemos un gran envío de armamento y quiero cerciorarme de que todo está bien. En un par de noches habrá un recuento de armas en una de mis propiedades antes de meterlas en las cajas y cargarlo todo en los camiones.
Son las cinco de la tarde y llevo un día de locos, por no decir toda la semana.
Fabrizio me ha estado tocando los cojones otra vez con los precios de los envíos.
No sé quién quiere pagarle el doble por quitarme las rutas.
Creo que es un farol para apretarme las tuercas que, evidentemente, no tengo, y no parece darse cuenta.
Me bajo del coche y entro en el bar donde me espera Romanov. Me siento a la mesa con Sergei a mi lado. Mi móvil vibra en el bolsillo y no me hace falta mirarlo para saber quién es. Sé que es ella. Joder, me he olvidado de Ania durante todo el día.
Ania: Normalmente eres muy pesadito y hoy estás demasiado callado. ¿Estás por fin acosando a otra y me vas a dejar en paz? ¿O es que tengo la suerte de que te hayas muerto de una puta vez?
No puedo evitar reírme con el mensaje. Es una sinvergüenza.
No sabe cómo hacer para que le escriba. Sé que en el fondo le gusta que la atosigue con mensajes, pero no lo quiere admitir.
Prefiere actuar como una borde y enviarme este tipo de frases amor-odio para que siga siendo su acosador de confianza.
Yo: Ni acoso a otra ni me he muerto. Solo estoy intentando acabar un trabajo. Te recomiendo que te escondas bien, Ania, porque cuando acabe iré a por ti y te lavaré esa boca sucia y malhablada que tienes. No pienso besarte con esas groserías saliendo de tu boca.
Romanov y Sergei me miran al gruñir bajito, pensando en mis dientes arrancando un hilo de sangre de sus labios como castigando a su rebeldía. Los fulmino con la mirada y antes de que pueda guardar el teléfono, me llega su respuesta. Resoplo.
Ania: Si crees que voy a dejar que un puto acosador me bese, estás jodidamente loco. Búscate un hobbie y deja de mandarme mensajes de una puta vez. Madura, Cosi.
Empiezo a teclear, pero Romanov me corta en el acto y Sergei me quita el móvil de las manos.
—No tengo todo el puto día para arreglar los papeles, Pavel. —me dice Romanov. Luego mira a Sergei— ¿Se puede saber qué coño le pasa?
—¿Quieres la respuesta larga o la corta? —Le doy un codazo para que se calle—. Que sea la corta entonces. Está intentando que una pobre chica caiga a sus pies.
—Jesús, pobre chica. —Romanov se ríe—. Vamos al grano. Tengo que irme en un rato a entregar todos los permisos de aduana.
Terminamos la reunión atando cada uno de los detalles y minucias de la mejor manera posible para que no haya opción a fallos. Nos despedimos de nuestro amigo y socio y volvemos al coche.
Sergei recibe una llamada de Niko para que vayamos a uno de los almacenes a controlar una pequeña agitación de hombres por no sé qué mierda de dinero. ¿Por qué están dando por culo? Evidentemente, Fabrizio tiene algo que ver. En cuanto hagamos este envío, lo mataré.
Saco el móvil y contesto el mensaje de Ania de cuando me reuní con Romanov. Las cosas se han liado un poco después de eso y, la verdad, no sabía ni dónde tenía el teléfono. Tengo dos mensajes más.
Ania: ¿No te ha gustado el mote? Podrías decirme cómo te llamas y te lo cambio.
Ania: Cinco horas sin dar señales. Eres el peor puto acosador de la historia, Cosi. Qué decepción.
Empiezo a reírme y a soltar toda la tensión que he acumulado en estas últimas veinticuatro horas organizando todo. Me siento en la silla de la cocina a comerme un filete con patatas y verduras mientras pienso bien qué decirle. Cinco minutos después, y un plato vacío, le respondo.
Yo: Estoy asombrado por el ínfimo tiempo que te ha costado acostumbrarte a mi presencia a distancia, Tiffany. ¿Quién acosa a quién ahora? Deja de llamarme Cosi, por cierto.
Y, como si estuviera pegada al teléfono esperando un mensaje, me contesta en un tono que no puedo escuchar, pero sí leer. Un tono enfadado. Pronto empezamos.
Ania: Eres un acosador de mierda. Deja de escribirme.
Ania: Cosi.
Yo: Deja de portarte como una cría, Ania, o te juro que te vas a arrepentir.
Ania: Oh, qué miedo me das. Ven a buscarme, Cosi. Estoy deseando patear tu estúpido culo