Diamante de sangre y poder (Diamantes de la Mafia nº 4) ​​Capítulo 13
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​​Capítulo 13

Los siguientes días al encuentro con Ania en la discoteca han sido de todo menos tranquilos.

Vova y Alexei han tenido que irse a Palermo a relajar un poco el ambiente que se ha creado entre las bandas de la zona.

Gracias a Dios, con su presencia es suficiente, porque en el momento en el que yo tenga que intervenir será la guerra y todos lo saben.

Los italianos y los rumanos están peleando por el control de un barrio cercano a donde tenemos nuestra residencia y Sergei ha oído que querían hacer de nuestra casa un objetivo para agrandar su zona de control.

Sobre mi cadáver. ¿La reacción de Vova? Tres bombas en las sedes de los rumanos.

¿La reacción de Alexei? Comprar litros de lejía.

Mierda, mi sótano debe apestar a sangre rumana.

El resumen de todo esto es que la casa sigue intacta y ahora somos nosotros los dueños del barrio por el que peleaban las bandas; pan comido y sin moverme de casa.

Estoy sentado en la oficina improvisada de la casa y noto la mirada de Sergei clavada en mi sien. Resopla al ver que no le hago caso. Sigo mirando mi teléfono y ordenador. Vuelve a resoplar y a murmurar por lo bajo.

—¿Qué? —pregunto sin mirarlo—. Eres peor que un viejo enfadado.

—Me ocultas cosas. —dejo de mover la pierna nerviosamente por un momento y lo miro con la cara más sorprendida que se poner—. Vamos, no te hagas el tonto. ¿Acaso crees que no te conozco? Te comportas raro desde que hicimos negocios en esta puta ciudad.

—No tengo nada que ocultar, hermano. —maldito sea con sus observaciones de mierda. Vuelvo a mirar al ordenador—. Solo quiero asegurarme que mi dinero va como debe.

—Pues no va. Fabrizio ha pedido una reunión y no parece contento, así que supongo que estamos jodidos. Y no me digas que no tienes nada que ocultarme. Reconozco un cuelgue cuando lo veo. ¿Cómo se llama?

Supongo que cuatro ojos ven más que dos.

Y como esos dos ojos que se van a unir a los míos son unos cotillas…

pronto serán diez ojos los que busquen a mi preciosa matoncilla.

Sergei no sabe callarse nada que no sea suyo y aunque normalmente me parece bien, ahora me toca los cojones que sea tan avispado.

Es un puto cabezón y sé que no va a dejarlo estar hasta que se lo cuente, así que es mejor que me rinda ahora. Me recuesto en la silla y suspiro.

—Eres imposible.

—Eso dicen. —se encoje de hombros—. Escúpelo.

—Ania, se llama Ania. —levanta las cejas pidiendo más información—. Joder, no sé nada de ella. ¿Qué quieres que te diga? Me tiene intrigado. No la encuentro por ningún lado. No puedo hackear nada porque es invisible.

—¿Dónde la has conocido?

—Ni siquiera la conozco. La vi de lejos un día en el mercado cuando vinimos a ver a Giordano para el negocio. —me paso las manos por el pelo recién rapado.

—El placaje a los gorilas del mercado… —dice más para él que para mí—. Mierda, ¿lo de la otra noche?

—Sí, era ella. No sabía que estaría allí y ese tío empezó a molestarla. No quería interactuar con ella aún, pero empecé a verlo todo rojo…

—Estás jodido. Solo sabes su nombre y ya quieres matar a todos los hijos de puta que se le acercan.

—Por eso estamos aquí. Quiero conocerla y llevarla a Palermo —abre los ojos como platos—. Sí, sí, he movido a todo el equipo por una tía. Olvídame.

—Kolya te va a matar. Ha dejado a todos sus coños por tu puto negocio y resulta que el negocio es tu propio coño.

Increíble giro de los acontecimientos… Recuérdame que me haga unas palomitas cuando se lo cuente porque va a matarte.

—pongo los ojos en blanco y resoplo—. Ya en serio, Pavel.

Si vas a por ella, yo voy a por ella… Pero me jode que no me lo hayas contado. Los demás también pensarán igual.

—No sabía que iba en serio hasta la otra noche. Solo estaba intrigado y tentado, pero… no sé qué me pasa por la cabeza. Desde el otro día, pienso en ella con otro hombre y te juro que lo despellejaría vivo. Lo haría sufrir tanto que lo de mi padre se quedaría en un juego de niños.

—La encontraremos. Ahora céntrate y vayamos a ver al puto Giordano. A lo mejor tenemos suerte y podemos despellejarlo a él.

Asiento y me levanto para prepararme para la reunión. No puedo ir en ropa de entrenamiento aunque sí que iré con el olor a pólvora. Eso siempre pone nerviosa a la gente.

Tardo un rato en bajar y meterme en el coche para irnos. Los dos hombres de confianza que me quedan en este lado de Sicilia están montados conmigo y un silencio sospechoso inunda el espacio. Miro a Sergei que enseguida aparta la mirada y se ríe. Kolya me mira con ojos acusadores. Genial.

—Chivato —le doy un codazo a Sergei.

El corto camino a casa de Fabrizio está lleno de risas, reproches y amenazas sin fundamento por parte de Nikolai…

pero en cuanto cruzamos la cancela de la propiedad, nuestras caras cambian por completo a las letales de siempre.

La seriedad y la violencia inundan nuestros cuerpos mientras salimos del coche y avanzamos hacia la casa.

La tensión es palpable en todo el lugar.

Me espero un Fabrizio al borde del colapso, pero en cambio, me lo encuentro fumando un puro completamente relajado en el sillón del escritorio de la oficina.

Quizá la botella medio vacía de whisky que tiene al lado ayuda a su estado de ánimo.

En cuanto me ve entrar, se endereza y me sonríe con nerviosismo.

Les hace un gesto con la cabeza a Nikolai y Sergei, que esta vez han entrado conmigo.

He traído suficientes hombres como para echar la casa abajo, así que no importa que no estén fuera.

Fabrizio me hace un gesto con la mano para que tome asiento.

—No tengo tiempo para estas reuniones, Fabrizio. Déjate de cortesía y ve al grano. —mi voz cortante lo hace tensarse.

—Creemos que las rutas de envío de armas son más valiosas de lo que parecen a simple vista, así que voy a subirte el precio.

Levanto un poco las cejas haciéndome el sorprendido con esta información que ya sabíamos. Empiezo a reírme mirando hacia atrás, donde Sergei y Kolya me miran fijamente. Me giro de nuevo en la silla hacia Fabrizio y me echo hacia delante hasta que me apoyo en la mesa y dejo de reír en el acto.

—Me importa un carajo lo que creas o dejes de creer sobre lo que cuestan o no las rutas.

Hay muchos millones invertidos en este negocio.

Mucha gente y muchos socios que se quedarían con la imagen de mí que tú estás forzando cuando haces esto.

Sé que estás buscando quitarme las rutas subiéndome el precio.

¿Es cosa tuya o de tu padre? Por tu cara veo que es cosa tuya.

Bien. Mantengamos un poco más el secretito de la escoria que eres haciendo cosas a espaldas de tu capo.

Si me jodes o lo intentas de nuevo, te mataré y volaré tu casa.

Luego haré creer a todo el mundo que fue un accidente con la conexión de gas y pondré el titulito de capo de tu padre a disposición de quien me plazca.

Alguien competente… para variar. —me levanto de la silla ante la mirada perpleja de Fabrizio.

—¿Quién mierda te crees para hablarme así en mi propia casa? No tienes ni idea de quién soy, Pavel Volkov.

Me giro lentamente ante el sonido de mi nombre saliendo de su boca, cojo el abrecartas de su mesa y le apuñalo la mano derecha en cuestión de segundos.

Le sonrió mientras oigo sus gritos de dolor contenidos.

Supongo que es por no alertar a su padre, que ni siquiera sabrá que estamos aquí.

Me doy la vuelta y salgo por la puerta dejándolo con la mano enganchada al reposabrazos de su silla.

—Sé que eres basura, y te hablo como tal. No vuelvas a joderme o le destapo tus mentiras a tu padre antes de matarte.

Llevo unas semanas en Catania y aún me quedan un par hasta la fecha límite en la que dije que volvería a Palermo.

He tenido bastantes cosas que hacer y apenas he salido de la oficina, pero después de meses a la espera, por fin vuelvo al mercado donde vi por primera vez a mi chica, con la esperanza de volver a encontrarla aquí, esperando que ella tenga costumbre de venir siempre el mismo día.

Tengo a los chicos posicionados en cada esquina buscándola.

Todos saben quién es, porque para sorpresa de nadie, todos vieron mi reacción aquella noche en la discoteca y sospecharon cosas.

Todos se fijaron en ella. Es un alivio tener a alguien más que la busque.

A la vez que me cabrea que todos se fijaran en la chica que, sin ella saberlo, me pertenece.

Llevo horas dando vueltas sin encontrarla; ninguno la hemos visto.

Me dispongo a irme cuando Sergei me hace una seña.

Miro hacia donde me indica y veo a los dos matones de la última vez de nuevo al acecho, vigilando atentamente.

Entonces ocurre lo que tanto estaba deseando.

En el mismo puesto, sonriendo de igual manera a la señora de la última vez, está ella.

Vova es quien está más cerca. Marco su teléfono y lo llamo. Lo coge al segundo toque.

—Acércate y conecta el aparato. Si tiene móvil encima, se enganchará enseguida.

—Oído —escucho los botones del aparato dando error—. Mierda, no conecta. Pero puedo ver en el bolsillo de su pantalón que lleva teléfono. ¿Qué cojones pasa?

—Espero que ese bolsillo al que te refieres no sea el trasero porque voy a sacarte los ojos, puto bastardo. Haz lo que sabes hacer. Róbalo, hazme una perdida y devuélveselo, a ser posible, sin que se entere. Yo distraigo a los matones.

—Oído.

Termino la llamada y miro a Sergei que, sin necesidad de palabras, sabe lo que voy a hacer.

Kolya y Alexei se unen a nosotros. Nos acercamos a los gorilas que la siguen a todas partes y empezamos a montar un poco de jaleo para distraerlos y que Vova pueda hacer lo que le toca.

Los dos se empiezan a poner nerviosos y rojos.

Se están enfadando ante nuestra actitud de turista ruidoso y molesto.

Nos disponemos a llevarlo a otro nivel justo cuando mi bolsillo vibra y, segundos después, Vova silba a lo lejos.

Está hecho. La tengo.