Capítulo 12
Han pasado seis meses desde la última vez que la vi.
Estaba paseando por una de las playas de la zona el día antes de volar de vuelta a Palermo.
Llevaba puesta una gorra de fútbol y unas gafas que casi le abarcaban toda la cara.
Está claro que intenta camuflarse y esconderse de alguien.
De mí no puede ocultarse por mucho que se camufle.
Sería capaz de reconocer esos andares y esa sonrisa en cualquier parte.
Después de verla en aquel mercado con su piel dorada bajo el sol, esos rizos y esos ojos…
Mierda, no he dejado de pensar en ella ni un solo día.
No he dejado de pensar en su manera de sonreír, con esos labios por los que mataría sin dudar.
Cada puta noche he fantaseado con ella sobre mí, debajo de mí y de todas las maneras en las que puedo poseerla.
Está claro que hay algo mal en mí, porque ver a una persona cinco minutos y a lo lejos, sin ningún tipo de interacción, no puede dejarme la cabeza tan revuelta…
pero no puedo evitarlo. No puedo evitar pensar en ella de forma constante.
He intentado encontrarla de todas las maneras posibles: reconocimientos faciales, carnets de conducir, fichas policiales…
Y nada, no hay nada sobre ella. ¿Cómo es posible que alguien no aparezca por ninguna parte?
Nadie se me había resistido nunca de esta manera.
Quizá por eso también estoy tan obsesionado.
Es un puto reto que se me resiste y me excita a partes iguales por su dificultad y por todas las cosas que me imagino haciéndole.
De hecho, si no fuera por las putas reuniones de mierda que tengo constantemente por el país, hubiera buscado alguna excusa para volver a buscarla directamente en persona. Mierda, esa es una buena idea.
—¡Kolya! —grito desde el comedor—. ¡Kolya, ven aquí! —mis gritos suenan por toda la casa. Salgo a buscarlo por la cocina. Me meto en el salón y me muevo a la oficina—. Mierda, Kolya. ¿Dónde cojones estás?
—Deja de moverte por todas las malditas habitaciones de la casa, cabrón. ¿A qué viene tanto grito?
—Cancela todas las reuniones del próximo mes. Dile a Sergei que llame a Fabrizio, que le diga que estaremos todo ese tiempo supervisando los envíos desde allí. Haremos vida en Catania hasta nuevo aviso. Busca una casa que alquilar y pon a Vladimir a trabajar con la seguridad.
—¿Te has vuelto loco? Si nos vamos de aquí, esas alimañas que están tratando de jodernos, nos comerán el terreno.
—Vova y Alexei harán viajes de forma recurrente.
Volverán a jugar con ellos y a demostrar quién manda aquí.
De todos modos, no vamos a marcharnos para siempre.
Solo vamos a cerciorarnos de que todo marcha según lo previsto.
—y a buscar a la chica que atormenta y calienta mis sueños a partes iguales.
—Oh, realmente te has vuelto loco. Vova sin Sergei es una jodida bomba de relojería. —empieza a gesticular con las manos en el aire—. ¿Y Alexei? No quiero limpiar más sangre del sótano escuchando la puta opera. No, me niego.
—Primero, es una orden. Segundo, sabes que Alexei tiene su propia manera de gestionar la ira y es la mejor que tiene.
No quieras negarle eso o tu sangre será la próxima en manchar el suelo del sótano.
Vladimir es la persona idónea para mantener a todos estos cerdos a raya.
Dale un poco de C4 frente a todos y verás lo rápido que se calma el ambiente.
—pone los ojos en blanco—. Y deja de hacer tantas tonterías con las manos. ¡Ya pareces un puto italiano!
—Vaffanculo. —sale por la puerta haciendo movimientos deliberadamente exagerados. Maldito idiota.
—¡No más vodka para ti, Nikolai Kosov! A partir de ahora, Grappa. —lo escucho blasfemando en ruso desde el otro lado del pasillo—. ¡Eso no es muy italiano por tu parte! ¡Compórtate!
Una semana después
Todo el equipo se ha movido con bastante facilidad y rapidez.
El único que puso pegas para moverse de casa fue Kolya.
¿La razón? Se está haciendo muy conocido por los clubes y marcharse ahora podría hacer que el público femenino se olvide de él.
Puto gigoló. Vova y Alexei accedieron al instante al plan.
La carta blanca de violencia y juego que les he dado para cuando vuelvan a casa a controlar el ambiente ha influido positivamente.
¿Sergei? A pesar de nuestro comienzo accidentado hace unos años, se ha convertido en uno de mis mejores amigos.
Sé que todos irían a la guerra por mí con los ojos cerrados, pero Sergei es el único que no haría preguntas.
Simplemente iría porque así lo necesito.
No importa cómo ni cuándo. No importa contra quién; si yo apunto, él dispara.
La casa en la que nos quedamos es bastante amplia, moderna y bien situada.
Todo el equipo de seguridad es nuevo; conectado directamente a nuestros teléfonos.
Habitaciones independientes y garaje con espacio suficiente para trabajar.
Hacemos de la sala del servicio nuestra oficina.
Es el único uso que se le va a dar, ya que para un mes, no voy a comerme la cabeza contratando a gente en la que no sé si puedo confiar.
Fabrizio Giordano no está muy contento de tenerme por los alrededores. Sé de sobra que es porque está enfadado por no asociarme con él a escondidas de su padre. Si no hubiera sido tan avaricioso, hubiera entrado al negocio sin pensarlo.
Como ya estamos instalados y las cosas están un poco más organizadas, hemos decidido que esta noche saldremos a beber. No está de más saber qué tipo de ambiente se mueve por esta parte de Sicilia.
El último en bajar, cómo no, es Nikolai.
Vistiendo un puto traje Armani de tres piezas.
¿Cree que vamos a una puta boda? Es una maldita discoteca.
Este hombre me supera. Rápidamente empiezan los comentarios obscenos de Sergei y las miradas silenciosas de Alexei.
Vova se limita a jugar con su navaja y a reírse de los comentarios de su hermano.
Kolya es el único que va en traje. Los demás llevamos una camisa y pantalones oscuros lo bastante arreglados como para no destacar y no tanto como para parecer el muñequito de una tarta de boda, como él.
Para sorpresa de nadie, cuando entramos en la discoteca, al único que miran es al puto Nikolai, que se sube el cuello de la camisa mientras nos hace un gestito con las cejas, nos guiña un ojo y se va a la pista de la mano de la primera tía que abre la boca en cuanto lo ve.
Nosotros cuatro nos dirigimos a la barra, nos ponemos en una esquina y empezamos a beber mientras vemos a un maldito Kolya completamente adaptado entre las mujeres. Sergei resopla.
—Yo podría levantarle a la que quisiera.
—No es una competición, Sergei, cálmate. —Vova se ríe—. Oh, vamos no me mires así. —pone los ojos en blanco.
—¿Crees que esta cara no le da mil vueltas a la de ese gilipollas?
—Genial, acabas de darle una razón a tu hermano para no dejar que nos vayamos a casa hasta que consiga más números de teléfono que Kolya —Alexei le da una colleja a Vova.
—Exacto —Sergei se bebe la copa de un trago y se va a hacerle sombra a nuestro amigo.
No puedo evitar reírme ante lo absurdo de la situación y la facilidad de Sergei para hacer de todo una puta competición.
Aunque si soy sincero, prefiero esta parte de él a la parte rota que vaga por casa con la cara larga y suspiros.
Cuando esa parte sale, es mejor no estar en medio porque su humor tampoco es bueno.
Con todo lo de Mikhaila, ha cambiado mucho y nunca sabes con qué puede salir.
Sigo bebiendo a mi bola en la barra, mirando a todas partes y a ninguna.
Creo verla en cada chica de pelo rizado que pasa por delante de mí.
Me está desgarrando los sesos pensar que no puedo encontrarla.
Joder, he movido a media organización solo por encontrar una puta pista de quién es; por verla de nuevo.
Siento la puta necesidad de grabar en mi mente cómo huele o cómo es el tacto de su piel contra mis manos llenas de callos y cicatrices…
Suspiro enfadado conmigo mismo por mi inutilidad para encontrarla.
Y como si de un deseo se tratara, ella pasa por delante de mis narices riendo a carcajadas con dos chicas más.
El sonido taladra mi mente incluso por encima de la música alta del lugar.
Mi primer instinto es girarme e ir tras ella.
Idea que desecho inmediatamente; se asustaría fácilmente y llamaría la atención de los chicos, y es algo que de momento no estoy dispuesto a explicar.
No me queda más remedio que quedarme aquí sentado y observar a cada puto sitio al que va.
Observo como un degenerado cómo se mueve por la pista, cómo baila, cómo salta y cómo disfruta.
Mi pecho estalla con el corazón desbocado cada vez que un tío se acerca a ella, pensando que pueda tener novio.
Aunque me importaría poco: he decidido que la quiero para mí y nadie va a interponerse, ni siquiera un novio.
Uno de los tíos que se acerca al trío de no bailarinas —bailan las tres igual de mal— se pone pesado y veo cómo mi chica misteriosa se encara con él.
Tiene un par de huevos y me la acaba de poner dura.
No hay nada que me ponga más que una mujer que te ponga en tu sitio.
El puto gilipollas se pone a discutir con ella; se acabó.
Me separo de la barra y me acerco a donde están ellas; la ira me burbujea.
No era así como quería conocerla, y joder, no será así.
Me pongo en modo placaje, como la primera vez que la vi, le meto el hombro en el pecho al tío y lo tumbo a la primera.
Esta vez no disimulo ni un poco. Se lleva el golpe sabiendo que ha sido completamente intencionado y le cuesta unos segundos reaccionar.
Para cuando quiere levantarse, ya tengo a mis cuatro chicos detrás, haciendo que la cara se le descomponga por completo.
Veo brillar bajo la luz de los focos la navaja de Sergei, que apaga por completo la poca ira que a este cabrón le queda en el cuerpo por lo que acaba de pasar.
El terror de tener cinco tíos visiblemente armados delante de sus narices le invade.
Me giro y agarro a la chica por la muñeca, sintiendo hasta mis entrañas cómo me quema el toque de su piel bajo mis dedos.
Casi no soy capaz de contenerme para no acariciar con mi pulgar su suave piel.
Por un momento, no puedo recordar lo que iba a hacer cuando llegué a ella, porque lo recuerdo a él y veo rojo.
Enarco las cejas y endurezco la mirada. Sigo mirándolo con severidad mientras le pregunto a la chica:
—¿Todo bien?
—Sí, estaba controlado —se suelta de mi agarre de mala gana y se gira a mirar a sus amigas—. Vámonos, si mi padre me pilla aquí por culpa de una pelea no me dejará salir ni al balcón. —así que así es como suena su voz…— Me largo.
Mi chica misteriosa empieza a caminar hacia la salida y sus amigas se miran divertidas antes de correr detrás de ella.
—Oh, Ania. Tu padre es un aburrimiento —ella asiente y se gira riendo.
Ania, su nombre es Ania.