Diamante de sangre y poder (Diamantes de la Mafia nº 4) Capítulo 8 #3
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Capítulo 8 #3

—Nikolai, tienes que venir a casa. Nikolai, ¿me estás escuchando? Mierda, joder… ¡Sergei, Vladimir! Sabéis de sobra dónde está. Id a por él.

Respiro profundamente mientras el aroma a carne quemada se impregna en cada milímetro de mi nariz, mi garganta y mis pulmones.

Reprimo las lágrimas y toco la mano destrozada de Katty.

Mi dulce Katty, quemada como si no fuera más que basura.

Quiero romperlo todo, quiero destrozar este mundo de mierda, acabar con ese cabrón y exterminar a su puta banda de bastardos hijos de puta.

Mi corazón va a mil por hora; está completamente desbocado.

Me miro las manos, negras y llenas de ceniza por tocar su carne calcinada.

¿Cuánto tiempo ha estado ardiendo hasta que alguien se ha dado cuenta?

¿Cuánto ha sufrido mientras ardía? En mi mente suena su risa, sus gritos de alegría, su llanto en las noches que la visitaba.

Pasan por mi mente todas las veces que sus labios perfectos me besaban y me agradecían por ser su amigo.

Mi pobre corazón… La abrazo y tarareo nuestra canción sintiendo pesado mi pecho.

Mis pantalones grises de chándal están completamente sucios de los restos de sangre y polvo que cubren el suelo.

El animal violento que vive dentro de mí empieza a empujar pecho arriba, a salir a través de mi garganta y mis venas.

Me arde cada respiración. Me queman los ojos al ver lo que queda de la persona más inocente de este mundo.

Me levanto despacio, me quito la sudadera que me puse al subir al coche y se la echo por encima intentando darle un poco de dignidad y privacidad.

La poca que pueda quedar después de este acto de salvajismo.

Me giro despacio y miro a mis hombres fijamente a los ojos, uno por uno.

—¿Quién estaba de guardia hoy? —pregunto con severidad. Ninguno de ellos me responde. Les veo el terror en los ojos.

—¡El jefe ha hecho una pregunta, hijos de puta! Responded o morid. —Alexei sale de entre las sombras con la pistola en alto.

—Morirán igual. Solo tienen que elegir si morirá el que estaba de guardia o todos por ocultar la identidad del culpable.

—Yo estaba de guardia, señor. —uno de los soldados da un paso al frente y al ver que nadie más habla, se gira y mira a los compañeros con indignación.

Me acerco a ellos y empiezo a pegarles puñetazos y patadas mientras los amenazo para que no se inmuten.

Saco mi cuchillo y los veo temblar, suplican por su vida, pero no me importa.

Mi mejor amiga está ahí tirada y ellos van a pagar su muerte.

Apuñalo al que estaba de guardia. Sus gritos llenan la noche y mis oídos, pero mi corazón no se deshace de esa capa de horror.

Lo dejo moribundo en el suelo y paso al siguiente, y al siguiente, y al siguiente. El último suplica como ninguno.

—Por favor, por favor. Yo no tengo la culpa, lo siento. No me mate, señor.

—No me importa. No quiero inútiles ni ratas mentirosas en mis filas. ¿La oíste gritar? ¿Dónde cojones estabas? Puto bastardo, te mereces algo peor que esto.

Con esas palabras, les disparo a los cinco hombres que tengo a mis pies. Una puta bala en cada maldita puta cabeza y mi pecho sigue ardiendo en dolor. Me enciendo un cigarro y empiezo a buscar en mi teléfono las grabaciones de los alrededores hasta que doy con el peor vídeo que podría encontrar.

Las luces de coche a lo lejos me sacan del bucle de destrucción en el que estoy entrando y veo llegar el G-Wagon; ya sé que esta pesadilla solo acaba de empezar.

Nikolai baja del coche a duras penas. Sergei lo agarra por los hombros.

Ambos me miran. Por un momento agacho la cabeza, intentando no sentirme peor de lo que ya me siento.

Se aproximan a mí mientras sigo apoyado en el capó, fumándome un cigarro sin dejar de temblar y con mi móvil en una mano.

Niko se acerca sin saber muy bien qué pasa.

—¿Qué haces aquí, Volkov? —su voz es espesa.

—Siéntate aquí conmigo. Tenemos que hablar un momento.

Intento tranquilizarme por los dos, respiro. Para cuando creo que puedo hablar, Nikolai mira a un lado un solo segundo visualizando la peor imagen de su vida. Se paraliza por completo mirándome con una pregunta en los ojos, una pregunta que yo no quiero responder.

Se acerca a ella, se agacha quitándole mi sudadera de encima y le toca el pelo; o al menos lo que queda de él.

Un grito desgarrador que jamás olvidaré sale de lo más profundo de su cuerpo.

Se tira encima de ella intentando agarrarla sin saber cómo hacerlo, temiendo hacerle daño a un cuerpo que ya no siente.

Lo veo llorar, gritar, maldecir y volver a llorar meciendo a su hermana sobre su pecho.

La imagen que tengo ante mis ojos me está matando.

La imagen que inundará las pesadillas de todos durante mucho tiempo, la peor pesadilla hecha realidad.

Grabada en mi alma para siempre. Sergei se acerca a mí y me apoya la mano en el hombro.

—Lo siento.

—No es mi hermana la que ha muerto. —corto la conversación.

—No, no lo es. Pero es tu mejor amiga, tu novia de la adolescencia y tu ojo derecho. Llevo un par de años mirando, hermano. Veo las cosas; no soy ciego. Vi cómo os hablabais, vi cómo la tratabas y he visto cómo se te ha partido la vida tocando su mano.

Cierro los ojos y me contengo por un momento para no darle un puñetazo a mi mejor amigo, que acaba de sacar mi mierda a la luz. Me alejo de él. No queriendo hablar más del tema. Me arrodillo al lado de Nikolai y le doy lo que creo que necesita. Un arma.

—Lo mataremos. Lo haremos sufrir, Niko. Es un juramento.

—No, Volkov. Tú lo encontrarás para mí y yo lo mataré. Gritará como jamás nadie lo ha hecho —le da un beso a su hermana y la deja en el suelo suavemente—. No estoy muy lúcido, pero quiero saber qué ha pasado. ¿Lo sabes?

—Acabo de mirar las cámaras de los alrededores. Está todo grabado. ¿Estás seguro? Nadie debería ver algo así. —intento disuadirlo de ver la mayor pesadilla que tendrá en su vida.

—Es mi hermana; tengo que hacerlo.

Le doy el móvil y empieza a reproducir el vídeo en el que aparece su hermana luchando con una fiereza descomunal contra su asesino en la puerta de casa.

Pelean y pelean. Él puede con ella, golpeándola repetidas veces hasta dejarla inconsciente.

Saca un bote de algún tipo de líquido acelerante de su coche y la rocía hasta empaparla.

Saca un mechero del bolsillo y el resto… El resto ya es historia. Niko me mira.

—Esta vez no ha desconectado las cámaras. —Niko me devuelve el teléfono con la mano temblorosa.

—No, quería que lo viéramos… —le pongo la mano en el hombro.

—Encuéntralo y trabajaré para ti hasta el día en que me muera.

—Trabajarás para mí, Kosov. No porque me lo pidas, sino porque te quiero cerca para encontrar a ese cabrón y porque te quiero limpio.

—¿Qué te importa eso? —me espeta.

—A ella le importaría y no hay mayor razón para mí que esa. —le doy una media sonrisa forzada—. Bienvenido a la Bratva, Kolya.