Diamante de sangre y poder (Diamantes de la Mafia nº 4) Capítulo 8
28%

Capítulo 8

Dos semanas después

Estamos celebrando mi cumpleaños en una de las discotecas de la Bratva.

No es de las más famosas, pero al menos no está tan llena como las demás.

Hemos cenado todos juntos en casa con mi madre y mi hermano, incluyendo a Nikolai y Katty.

Llevan tiempo sin salir de la suya y se merecen una noche de respiro.

Supongo que estando con nosotros están más que seguros.

Mi madre conoce a Katty desde que éramos niños.

Se alegró la primera vez que le hablé de ella de una manera un poco más intensa, a los quince años, aunque no recordaba muy bien quién era.

Después de eso, Katty vino a casa unas cuantas veces.

Sin embargo, Nikolai ha tenido su primera experiencia maternal con Olga Volkova esta misma noche, después de muchos años sin familia.

Definitivamente a mi madre no le importa nada una mierda; solo reparte cariño a cualquier persona que meto en casa.

Le da igual si son dos huérfanos, un loco callado o un gigante con el que me pegaba de niño.

Katty me saca de mis pensamientos cuando me pone la mano en la pierna y se acerca a hablarme.

—Gracias por traernos aquí.

—No me des las gracias, Katty. Eres mi mejor amiga y necesito que estés bien. Necesito verte sonreír después de lo que pasó. —ella mira al suelo con una media sonrisa—. ¿Me contarás lo que te hicieron?

Su respiración se acelera; lo veo en sus ojos y en su pecho.

Sus ojos empiezan a brillar y sé que no debería preguntar esta noche, que debería dejarla disfrutar…

pero si no lo hago, nunca me lo contará.

Le acaricio la mejilla para darle ánimos.

Quiero que sea valiente. Ella se acerca más a mí hasta que nos quedamos sentados muy, muy juntos.

Luego se gira un poco y se queda mirándome por un momento, antes de apoyar la barbilla en mi hombro.

Ladeo un poco mi cabeza, acercando mi oreja a su boca y la escucho suspirar.

—Me dijo que me daría un trabajo… y yo tenía tanto miedo por Niko que acepté.

En cuanto me monté en el coche me arrepentí, Pavel, te lo juro.

—su mano empieza a temblar bajo la mía cuando se la sujeto—.

Cerró el coche. Le supliqué que me dejara bajar y forcejeamos, pero me dio un puñetazo y me inyectó algo con lo que caí redonda.

—Ese hijo de puta está muerto, joder. Voy a matarlo. —la ira me consume, pero no quiero joderlo y que deje de hablar. Me callo y le hago un gesto para que siga.

—Cuando desperté, estaba desnuda. Me había… me hizo cosas mientras dormía y luego dejó que mucha gente lo hiciera mientras yo seguía atada. Cada día, hasta que logré escapar. Por favor, no le cuentes nada a Niko. Promételo, Pavel, jamás.

Asiento con la cabeza, prometiendo que jamás le diré a su hermano el infierno por el que pasó.

Todos sabemos cómo acabaría eso. Le paso el pulgar por la mejilla y borro el rastro de unas lágrimas que caían junto a sus recuerdos.

Mi pobre niña, vengaré tus pesadillas. Me besa la sien, borrando ese pensamiento y apartándolo para más tarde. La miro de nuevo y me sonríe.

—Oye, lobito. Esa chica, la rubia de la esquina, lleva haciéndote ojitos un rato. ¿Por qué no te acercas? A lo mejor quiere follar. —levanto las cejas mirándola, llevándome una mano al pecho.

—¿Desde cuándo eres tan sinvergüenza? Mi Katterina jamás diría esas cosas. Este año tendrás que ir el doble de veces a confesarte.

Empezamos a reírnos y me levanto, arqueando las cejas hacia mi mejor amiga, mientras voy en dirección a la chica que no deja de comerme con los ojos.

Katty me levanta los pulgares y me hace gestos con la mano para que me vaya.

Así que me acerco a la rubia y me planto delante de ella.

Enciendo un cigarro y sigo mirándola fijamente.

—Bonita novia. —mueve la cabeza hacia Katty—. ¿Relación de las modernas?

—Uno, yo soy moderno; y dos, no es mi novia. ¿Quieres beber algo? —ella asiente contenta por la información que le acabo de dar.

Nos tomamos un par de copas y bailamos un rato antes de que este torbellino de pelo rubio me arrastre hasta los baños de chicas, que por cierto, están abarrotados.

Supongo que medir uno noventa y siete es terrorífico, porque en cuanto entramos en el baño, todas las chicas salen disparadas con los ojos como platos.

La chica, de la cual no recuerdo el nombre y no me preocupa, me mete en uno de los cubículos y echa el cerrojo.

Se agacha mientras me va desabrochando los pantalones y empieza a chuparme la polla.

Echo la cabeza hacia atrás y me dejo hacer.

La agarro del pelo y hago que se la meta más profundamente en la garganta.

La escucho tener arcadas, pero cuanto más se ahoga, más dura se me pone.

—Eso es, cielo. Sé que puedes meterte mi polla más profundo, vamos. —la chica levanta la mirada mientras sigue metiéndola hasta el fondo de su boca y la embisto sin piedad.

La levanto mientras la sujeto por el pelo, me pongo un condón y le doy la vuelta.

Apoya las manos en el inodoro y se levanta la falda de lentejuelas rosa.

Aparto el tanga y la lleno de una implacable estocada.

Sigo dominando su pelo, tirando hacia atrás para que levante la cabeza.

Los gruñidos salen desde lo más profundo de mi ser, su coño está jodidamente apretado y me está volviendo loco.

La oigo gemir y maldecir, lloriqueando porque se la meta hasta el final, le doy lo que quiere.

Se la meto hasta la empuñadura una y otra vez, notando como me rebotan las pelotas cada vez que empujo duro.

No tardo mucho más en correrme y salir de ella.

Tiro el condón a un lado y me abrocho los pantalones.

Me doy la vuelta para poder quitar el pestillo del baño y salir a fumarme un puto cigarro.

Al ver que doy por terminada la sesión nocturna de sexo, la chica me mira extrañada.

—¿No hay boquita sucia para mí? —se sienta en la cisterna del váter y se abre de piernas, dejándome ver su coño mojado.

—No me malinterpretes, cielo. O sí, no me importa. No pienso poner la boca en ningún sitio donde estén pasando tíos continuamente.

—¿Cómo? —se indigna.

—Acabas de conocerme y hemos follado. Buena follada, por cierto, pero no… no pienso meter mi boca ahí. Gracias por el polvo, guapa. —le guiño un ojo y salgo del baño.

La dejo atrás mientras escucho cómo va llenándome de insultos hasta que la música acalla sus gritos, que después de veinte minutos ya no son de placer, sino de odio.

Un odio que no me hace mella… Me dirijo al reservado que pagué para mis amigos y para mí, pero cuando estoy a medio camino, me doy cuenta de que está vacío.

Me acerco al de seguridad y le pregunto dónde están.

—La chica que os acompañaba bajó a bailar. Un hombre la agarró y forcejearon. Ese gigante rubio que venía con vosotros empezó una pelea y lo echamos. Los demás salieron tras él.

—¿Has dejado fuera a mi hombre por una puta pelea? —digo mientras voy hacia la puerta. Grito. —Ya hablaremos, no va a quedarse así.

Apenas me doy tiempo a terminar la frase y empiezo a correr en zigzag, sorteando gente para llegar lo antes posible a la puerta de la discoteca.

Al salir del local, miro a todas partes, pero solo veo gente borracha, gente besándose y oscuridad.

Empiezo a ponerme nervioso. Me muevo calle abajo llamando a los chicos por teléfono, sin obtener respuesta.

Sigo recorriendo las calles de alrededor hasta que, en uno de los callejones cercanos, oigo jaleo y saco mi arma esperándome lo peor.

Me acerco al grupo de personas del que proviene el ruido.

Al principio no puedo distinguir sus caras por la oscuridad, pero sigo avanzando y le agradezco a un Dios en el que no creo por encontrarme con mi gente.

Nikolai está despeinado, los nudillos llenos de sangre y la boca con un corte. Katty está llorando en el pecho de Alexei y Vova limpiando el arma de Sergei. En cuanto me ve, Katty corre hacia mí y me abraza sin dejar de temblar.

—¿Qué ha pasado? —intento preguntar con tranquilidad, pero no sale nada de suavidad de mi boca. Parece que le doy una orden.

—Ha vuelto. —la oigo llorar mucho más desesperadamente que cuando me tumbaba en su cama de niño—. Ha vuelto a buscarme, Pavel. Kolya ha impedido que me lleve con él y han empezado a pelearse. Sergei le ha disparado, pero sus amigos se lo han llevado.

—Shh. Ya está, se acabó. —le acaricio el pelo—. Mañana intentaré solucionar todo. Tengo algunos asuntos estos días, pero después os vendréis a casa con nosotros hasta que lo solucionemos. Vova, llama a los chicos y haz que alguien cure a Nikolai; que los lleven a casa después. Es hora de cazar.

Nos pasamos la noche entera buscando al cabrón que ha querido llevarse a Katterina sin éxito ninguno.

Llevamos toda la puta noche sin dormir y sin cerrar los ojos desde ayer por la mañana.

Encima, en un par de horas, tenemos entrenamiento con Karsov y luego un secuestro.

Mierda, esta noche pienso acostarme temprano. Estoy muerto.

—No nos da tiempo a dormir un rato, ¿verdad? —parece que Sergei me lee el pensamiento.

—Justo estaba pensando lo mismo, pero no. Tenemos el tiempo justo de quitarnos la peste a sudor y vodka para llegar puntuales al entrenamiento. Ya sabes cómo se pone Karsov con la impuntualidad.

Conduzco de vuelta a casa para que, durante el poco tiempo que dura el trayecto, mis amigos puedan descansar un rato.

Llegamos a casa y nos duchamos lo más rápido que podemos.

Cada uno tiene su propio baño y eso ayuda bastante a economizar el tiempo en ocasiones como esta.

Esa fue una de las cosas fundamentales que le pedimos al de la inmobiliaria para poder vivir juntos.

Solo queríamos en común las zonas de ocio y la cocina; cada uno se limpia su mierda.