Capítulo 7 #2
—Me encanta, hazlo ahora.
Empiezo a cortar el suministro de aire de su cuerpo, su cara se sonroja y la veo morderse el labio.
Se sube el vestido y me deja ver que ni siquiera se ha dignado a ponerse unas putas bragas.
Su puto coño está llorando por mí. Me desabrocho los pantalones.
Me saco un condón del bolsillo de atrás y se lo doy.
—Pónmelo, quiero seguir ahorcándote mientras me tocas la polla.
Ivanna me pone el condón y se abre de piernas, dándome total acceso a ella.
Su mirada me ruega y yo obedezco. La follo en el capó del coche, en medio de una noche fría y en medio de un descampado destartalado.
Con cada embestida oigo un gemido. A veces aflojo el agarre de mi mano para que coja algo de aire, pero enseguida se queja.
La muy zumbada quiere que la ahorque duro; nada de control, simplemente quiere no poder respirar.
Lanza una mano hacia mi cara y me araña la mejilla y el cuello.
La ira irrumpe en mí y con la mano que tengo libre doy un puñetazo fuerte al lado de su cabeza, abollando el capó del coche.
Empiezo a embestirla fuerte; castigándola.
—Si vuelves a hacer algo así, tu sangre será la que manche mi ropa la próxima vez, princesa.
—¿Eso es una promesa, Pavel? —me reta con una voz sugerente.
—No, querida. Es una jodida amenaza. —le doy una última embestida brutal y me corro.
Salgo de ella, tiro el condón a un lado y me meto en el coche. Ella enfadada se sube al copiloto dando un portazo. La llevo a su casa y me juro no volver a follar con una mujer que ansía más mi dinero y mi poder que mi bonita cara.
Llegar a casa nunca había tenido tanto sentido para mí.
Me duelen las costillas, estoy de mal humor y tengo una abolladura con la forma de mi puño en el capó de mi puto Mercedes.
Abro la puerta de mi casa y, para ser las dos de la mañana, hay demasiado silencio.
Normalmente, mi madre ya se ha ido a dormir, Dimitri está en el quinto sueño y los chicos están en el salón jugando a la Play Station.
Ahora mismo, el silencio reina en la planta baja.
Solo hay dos opciones: o están demasiado doloridos del castigo con Karsov o están muertos.
Me muevo por la casa hasta que veo luz en la habitación de Sergei.
Llamo a la puerta y abro. Los tres están en la habitación.
Alexei está mirando por la ventana con los brazos cruzados, Sergei sentado en su sillón y Vladimir mirándolo con la mandíbula apretada.
Hay tensión en el ambiente. Entro y cierro la puerta, apoyándome en ella.
—¿Qué ocurre?
—Nada. —corta Sergei.
—Nada no, díselo. —le riñe Vova. Sergei niega—. Es un problema tuyo, hermano, tienes que contárselo tú.
—No va a hacerlo. La quiere demasiado. —Alexei habla desde la ventana sin dejar de mirar a través de ella.
—Es muy tarde para adivinanzas y no tengo los cojones para que me los estéis tocando. Sergei, ¿qué ocurre? —levanta un poco la cabeza y me mira, puedo ver el torrente de sentimientos chocando en su cara. Tristeza y odio—. Es una orden, soldado.
—¿Vas a recurrir al juramento, en serio? Dijiste que jamás lo usarías en tu beneficio. —Sergei se levanta del sillón.
—Si es lo que hace falta para que me cuentes tus problemas… Es una orden, soldado. Informa. —hago que se cuadre delante de mí, aunque sigue negándose a hablar—. ¿No? Está bien. Alexei. Vladimir. Informe, ahora.
Los dos se acercan a mí negando con la cabeza mientras miran a Sergei. Se ponen delante de mí y hablan mirando al frente.
—Hablaré yo. Así no tendrás problemas con tu hermano. —dice Alexei—. Mikhaila ha estado robándole dinero a Sergei. Consume drogas.
—Oh, joder… Otra más no, por Dios. ¿Qué le pasa a la gente con la droga? —suspiro y me paso la mano por la cara—. Mikhaila tiene prohibida la entrada a esta casa a partir de este mismo momento, Sergei. ¿Me has oído?
Sergei me mira con furia y sale de la habitación dando un portazo. Vladimir le da un puñetazo a la pared y Alexei se sienta en el sillón que ocupaba Sergei hace unos minutos.
—¿Qué ha pasado? Quiero saber cómo se ha dado cuenta. —les digo tumbándome en la cama, sin poder evitar un gemido de dolor por mis costillas doloridas.
—La vi el otro día saliendo del prostíbulo que hicimos cerrar cuando matamos al dueño. —lo miro sorprendido—. No… Se ve que no está abandonado. Algunas chicas viven allí escondidas y Mikhaila sigue trabajando. Las está organizando para abrir de nuevo.
—¿Quiere ser la puta madame? —empiezo a reírme— Eso sí que no me lo esperaba. ¿Qué hay del dinero?
—Le tendí una trampa cuando Vova me lo contó. —confiesa Alexei—. Marqué billetes y le di el cambiazo a los de Sergei. Luego se lo dije. Se enfadó muchísimo, pero…
—Lo comprobó. —digo cerrando los ojos, sabiendo la reacción de Sergei al encontrarse esta sorpresa.
—Sí, lo comprobó y ella tenía más de la mitad del dinero marcado.
—¿Cómo no se había dado cuenta antes?
—Es dinero que mi hermano está ahorrando.
Cero movimiento, siempre está parado. Ella lo ha cambiado por billetes falsos —abro los ojos como platos—.
Como él no mueve ese dinero, no se ha enterado.
¿Sabes lo peor? Que aun sabiendo que es una ladrona, que sigue trabajando y que consume, él no va a dejarla.
Es lo único que tiene aparte de nosotros. No entiende que ese amor es mentira.
—Mierda… Tienes razón. Mueve todo el dinero de Sergei a mi caja fuerte y haced un recuento del dinero falso. Ya veré cómo nos las arreglamos para cobrarlo. Me voy a la cama, necesito dormir.
Me levanto como puedo, pero al hacer un mal gesto, mi costilla pincha algo en mi interior.
Es el dolor más intenso que he sentido nunca.
Ni siquiera cuando me han disparado me ha dolido tanto.
Los chicos se abalanzan sobre mí, impidiendo que me caiga.
La sensación es tan aguda que incluso veo manchas blancas.
—¿Qué ha sido eso, qué te pasa? —Alexei me mira con severidad.
—No es nada. Debo haberme hecho daño en algún músculo con el puto látigo. —intento mentir, pero, al enderezarme vuelve a punzar la costilla y, por el propio mareo, tengo que sentarme de nuevo.
—Y una mierda. Te hemos contado lo de Sergei. Es tu turno de ser sincero.
Los miro y me rindo. Sé que no me van a dejar en paz. Me levanto poco a poco la camiseta con todo el esfuerzo que puedo por el dolor. Los dos dan un paso atrás.
—¿Tan feo está? —pregunto acercándome al espejo de la esquina. Veo cómo todo mi costado se ha puesto de un color morado negruzco—. Mierda, sí que está mal.
—¿Qué ha pasado? ¿Otra vez Nikolai? —Vova se frota las manos—. Lo mataré.
—No, no ha sido Nikolai. —los miro y ambos tardan unos segundos en repasar el día. Alexei cierra los ojos y Vova se lleva las manos a la cabeza—. Sí, ha sido Karsov. Una demostración más de poder por mi parte y soy hombre muerto.
No les doy opción a decir nada más sobre lo ocurrido. Estoy demasiado cansado. Me despido de ellos y me voy a mi habitación. Solo espero que mañana todo vaya a mejor. Necesito que todos mis problemas se solucionen de un plumazo.
Puta vida.