Diamante de sangre y poder (Diamantes de la Mafia nº 4) Capítulo 7
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Capítulo 7

Después de los latigazos

Mi madre está de pie en la cocina, detrás de Vladimir, intentando curarle la espalda.

A mí aún me tiemblan las manos por lo que Karsov me ha obligado a hacer.

He azotado con un puto látigo trescientas veces las espaldas de mis amigos, intentando no golpear en el mismo sitio muy seguido, pero con tantos latigazos por espalda es difícil no volver a dar en la misma herida.

Aun así, el orgullo llena mi pecho, puesto que ninguno de los tres le ha dado el placer a Gavrel de escucharlos quejarse.

Sergei no puede dejar de mirar con ira la espalda de su hermano pequeño mientras mi madre termina su trabajo.

En estos últimos tiempos se han unido mucho, han convivido en paz y se han conocido mejor.

Supongo que al vivir con alguien como mi madre, que también es la suya ahora, todo se vuelve menos hostil.

Ella los cuida como si fuéramos mi hermano o yo, les riñe y los mira con ojos de amor.

Ellos han hecho que ella olvide los malos años y que Dimitri no note mucho la ausencia de mi padre.

Sobre todo Alexei, que es el que más lo entretiene con sus locuras y juegos.

Él es el último de ellos en sentarse a curar las rajas del látigo.

Lo que no les diré a ninguno es que, después de dejarlos ir, Karsov ha impedido que me fuera y me ha dado un par de puñetazos tan fuertes que juraría que me ha partido una costilla con una amenaza no muy velada: «No vuelvas a retarme, Volkov».

Mi teléfono vibra en el bolsillo, recordando que debo ir a casa de Nikolai para ver a Katty. Respiro como puedo con el dolor de mis costillas y me despido para irme. Ni siquiera me cambio de ropa, tampoco me lavo la sangre de las manos. Tengo demasiada prisa.

—¿No cenas, hijo? — pregunta mi madre.

—Quizá cuando vuelva, mamá. Katty ha vuelto. — sus ojos se agrandan y me hace el gesto con la mano para que me vaya.

Llego en menos de veinte minutos a casa de Nikolai y el guardia que tengo en la calle me da un informe breve antes de subir; nada raro.

Subo las escaleras laterales de la casa y llamo a la puerta.

Oigo los pasos de bailarina de Katty correr al otro lado, alejándose.

Nikolai abre la puerta con cara de pocos amigos.

—Te estábamos esperando.

Algo se mueve detrás de Nikolai y saco el arma apuntando a un pequeño ser de luz al que se le salen los ojos cuando ve el cañón de la pistola apuntando hacia su cabeza.

—Joder, Katty. —se tira encima de mí, cortando el aire de mis pulmones, y empieza a llorar—. ¿Dónde cojones has estado? Te hemos buscado por todas partes.

—Lo sé, lo siento. Lo siento mucho. Yo… no era mi intención irme. —me abraza fuerte y me presiona las costillas, me quejo bajito y ella se suelta.

—Está bien, malysh. Entremos, hace frío en la puerta.

En el momento en el que se aparta de mí, se da cuenta de que acabo de abrazarla con las manos llenas de sangre y la cara también salpicada de ella. Ahora es su aire el que se corta y empiezo a reírme; es jodidamente expresiva con esa cara pecosa que tiene.

—Te dije que no me importaba mancharme las manos de sangre, Katterina. —la observo ladeando la cabeza.

—¿Lo has..?

—Oh no, pero lo haré. Te lo aseguro. Ahora sienta tu culo de niñata caprichosa en esa silla y cuéntame todo lo que ha pasado.

Es la primera vez que le hablo en este tono; se sorprende, pero me sonríe.

Se sienta en el sofá con Nikolai y empieza a contármelo todo.

Cómo ese cabrón le ofreció un trabajo para ayudar a su hermano, que mira al suelo con dolor en los ojos —¿culpabilidad?

—. También me cuenta cómo la llevó a una ciudad de mierda, Dios sabrá dónde, y cómo intentó prostituirla.

Sé que está suavizando las cosas porque Nikolai está delante; puedo verlo en sus ojos.

El dolor y la vergüenza. La maltrató y la hirió sin parar hasta que pudo escapar, le robó algo de dinero y cogió un autobús hasta un pueblo cercano, recorriendo a pie la distancia hasta aquí.

Nikolai está tan rojo que creo que está a punto de estallarle la cabeza.

Llamo a algunos soldados y les doy la descripción del tipo para que lo busquen.

No puedo rastrearlo porque no tengo su número.

Katty dice que cambió todos sus datos en cuanto llegaron a aquel lugar, intentando impedir que lo encontráramos.

Los dos hermanos me miran, me observan. Nikolai empieza a negar con la cabeza.

—¿Ves lo que pasa cuando solo te van los hijos de puta? Uno es un chulo que quiere prostituirte y el otro es de la puta Bratva. Esto es demasiado. —Katty empieza a temblar, sé que está a punto de llorar.

—Que yo sepa, que mi culo sea parte de la Bratva te está beneficiando en este momento, maldito cabrón. Déjame hacer mi trabajo y cállate la puta boca. No estás en las malditas condiciones de hablar. —miro a Katty—. No podrás salir de casa tú sola durante un tiempo, ¿entendido?

Katty asiente, mirando de reojo a su hermano. Sé que no sabe nada sobre la cocaína. Nikolai querrá protegerla incluso de esa verdad. Acabo de sembrar la semilla de la duda entre ellos, ella va a presionarlo y él se lo terminará contando.

Es el primer paso para empezar a ayudarlo. Katty no le permitirá seguir con la vida que ha llevado desde que ella se marchó o, mejor dicho, desde que ese cabrón la engañó y se la llevó.

La chica prepara algo rápido de cena con lo poco que ha traído Nikolai para llenar la nevera. Lo miro y veo cómo él se da cuenta de la mierda de vida que ha estado llevando. Me siento a su lado mientras Katty sigue en la cocina, saco la cartera y le doy dinero para al menos un par de semanas.

—¿Por qué haces esto? —me mira extrañado— ¿Por qué me ayudas después de todas las peleas que hemos tenido?

—Por la misma razón por la que tú buscaste ayuda en mí, por ella.

Nikolai asiente y coge el dinero. Lo guarda en un cajón justo cuando Katty entra en el salón con los sándwiches. Nos mira. Me quedo pensando por un momento y me doy cuenta de que acabo de darle bastante dinero a un adicto a la cocaína… Joder.

—Katterina, acaban de darle a Nikolai la paga de esta semana en el trabajo. Asegúrate mañana de que vayáis a por comida suficiente para llenar esa nevera. Si no podéis salir porque no haya suficientes hombres para acompañaros, haré que alguien lo haga por vosotros.

Nikolai asiente, entendiendo lo que acabo de hacer. Acabo de quitarle la oportunidad de gastar mi dinero en droga. Nos comemos los sándwiches en silencio y, después de un rato, decido que mi cuerpo ya está lo suficientemente cansado por hoy. Necesito descargar tensión y marcharme.

—Bueno, creo que es hora de irse. Llamaré mañana a ver qué tal está la cosa por aquí. Hay dos hombres ahí fuera esta noche. De todas formas, con cualquier cosa que necesitéis, llamadme. —me giro para abrir la puerta.

—Adiós, lobito solitario. —me dice Katty con una sonrisa que no llega a sus ojos. Sé que esconde cosas.

—Hacía mucho que no me llamabas así. —miro a Nikolai—. Hazme el favor y no dejes que me llame así en público. Conseguirá que me maten.

Ahora que ya estoy fuera de la casa, le mando un mensaje rápido a Ivanna y paso por su casa a recogerla.

Llevo muchos años acostándome con ella, incluso cuando veía a diario a Katterina.

Los dos teníamos claro que lo nuestro era más que una amistad, pero que nunca llegaría a una relación; conocía mis escapadas a casa de Ivanna y nunca le importó mientras siguiera visitándola y contándole mis cosas.

En realidad no me apetece meterme en su cama hoy, pero necesito un puto respiro y quiero algo más rápido; algo desenfadado.

Después de haberla recogido, aparco el coche en un descampado cerca de mi casa.

Se queda un poco desconcertada y me mira fijamente, esperando una orden.

Antes era todo más fluido entre nosotros, pero vi como empezaba a sentir cosas por el dinero que yo ganaba…

Así que lo hice más fácil para los dos. Yo dejé de fingir que me importaba ella, e Ivanna empezó a pensar que yo era un cabrón sin sentimientos porque no sucumbo a sus engaños.

¿Por qué seguimos follando? Bueno, según ella, mi polla compensa lo gilipollas que soy y sigo teniendo dinero.

—Baja del coche. —le digo, la veo mirar por la ventana y volver a mí—. Ivanna, baja. Ahora.

La chica obedece un poco desconcertada. Quito la llave del contacto y bajo también.

Me ve rodear mi Mercedes y llegar a ella con las manos algo menos manchadas que antes, pero aún sucias, y la cara salpicada con la sangre de mis hermanos.

Ivanna abre los ojos como platos y empieza a andar hacia atrás, huyendo de mí. Alargo mi brazo y la agarro del cuello.

—¿A dónde coño crees que vas? —le pregunto con la voz tan baja que me retumba en el pecho.

—¿De quién es esa sangre? —su voz tiembla—. ¿Por qué me traes aquí?

—Me cuesta creer que, desde que follamos en el instituto, no te hayas dado cuenta del cambio, princesa. De cómo he pasado de venir en bici a tu casa a buscarte en moto y en coche. ¿Qué me dices de los tatuajes? Ni siquiera eso te ha dado una pista, Ivanna.

—¿De qué estás hablando? —se hace la tonta.

—Crees de verdad que soy tonto, genial. Sé que no te ha importado saber que pertenezco a la Bratva hasta que me has visto lleno de sangre.

¿Te sentías segura porque llenaba tu bonito coño en la protección de tu habitación?

Déjame decirte que solo tengo que apretar un poco más mi mano.

—aprieto su cuello—. No importa el lugar en el que estés si decido matarte, Ivanna.

Pero estate tranquila, solo me interesa follarte.

Le suelto el cuello y la veo respirar más tranquila mientras me sonríe. La muy zorra se ha excitado pensando que iba a asfixiarla. Vuelvo a apretarle el cuello con la mano y mientras la empujo contra el capó, le pongo una mano en el vestido presionando su coño.

—¿Quieres esto? —aprieto el agarre del cuello—. ¿Te gusta que te folle mientras luchas por respirar, Ivanna?