Diamante de sangre y poder (Diamantes de la Mafia nº 4) Capítulo 5
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Capítulo 5

Pavel

Tres días después de encontrar a Alexei

Cuando comenzamos esta misión de matar a mi padre hace unos días, jamás pensé que encontraría un nuevo compañero. Sé de sobra que mi padre sabe quién es él; lo que no se espera para nada es que ahora esté de mi parte.

La noche que encontré a Alexei y supe que no tenía a donde ir, le ofrecí mi casa sin pensarlo dos veces.

Incluso los chicos estuvieron de acuerdo en que podría vivir con ellos si a mi madre le parecía mal.

Les dije a mis padres que era un nuevo compañero de las clases de informática, a las que hace meses que no voy porque las cambié por prácticas de tiro, y que sus padres se iban de viaje unas semanas, así que lo había invitado para que no estuviera solo.

Mi madre aceptó a Alexei al momento y lo inundó con ese amor que solo ella tiene corriéndole por las venas.

Mi padre, para sorpresa de todos, simplemente lo consintió.

Creo que pensó que era una treta por parte de Alexei.

A la mañana siguiente de llegar a casa, después de que se lo presentara a mis padres, lo interceptó a solas en el pasillo.

Alexei, efectivamente, le ha hecho creer que esto forma parte del plan de su padre para acabar con nosotros; que se está acercando para que sea más fácil terminar el trabajo…

ya que, supuestamente, soy el más peligroso para él.

Después de eso, la cosa ha estado tranquila por casa.

Hasta hace cinco minutos. Mi padre acaba de darse cuenta de que está en bancarrota; ha dado tantos gritos que creo que los han escuchado hasta en Siberia.

Ha salido por la puerta dando un espectáculo, echando humo por las orejas y vociferando lo que me ha parecido un «voy al banco a ver a esos inútiles y a averiguar qué pasa».

Voy en busca de mi madre. La encuentro en la cocina haciendo cosas, con el cuerpo visiblemente en tensión, mientras Alexei entretiene a Dimitri con las pinturas.

Este niño tiene obsesión por el dibujo y Alexei la tiene con él.

Al final, el deseo de mi madre de que Dimitri tenga un buen referente paterno se está haciendo realidad.

No entiendo cómo, teniendo la vida que ha tenido, Alexei puede albergar tanta paciencia y darle tanto cariño a mi hermano.

—¿Qué pasa, mamá? —pregunto apoyándome en la encimera de la cocina mientras prepara unos blinis.

—Hace unas semanas le pedí el divorcio a tu padre porque tiene una amante.

—Lo sé, sé que lo hiciste. —me confieso—. ¿Cuál es el problema?

—Creo que está escondiendo el dinero y alzando los bienes para no tener que darme nada. Nos va a dejar en la calle… si es que me firma los papeles.

—No está escondiendo nada. He sido yo. —deja los blinis y me mira con ojos sorprendidos—. Ya sabes que no juego limpio, mamá. Soy tu hijo y me conoces.

—Sé lo que haces. Sé quién eres… —hace una pausa— pero no puedo dejar de quererte por eso.

—Estoy entrando en la Bratva poco a poco. —noto cómo, aunque intuye lo que pasa, contiene la respiración sin dejar de mirar la comida a la que tanto ímpetu le pone—. Esta es mi forma de salvarnos; no un matrimonio, no un acuerdo. Dinero y poder, mamá.

—Esto es peligroso, Pavel. No quiero que te maten, por favor… —sus ojos se ponen brillantes y caen las lágrimas.

—Mamá, estaré bien. Te lo prometo. Ahora tienes que escucharme.

Lo que voy a decirte no puede salir de aquí, ¿entiendes?

—mi madre asiente y yo susurro aún más para que Dimitri no llegue a oír nada en absoluto—.

Alexei es el hijo de un sicario que papá contrató para matarnos.

—se gira para mirarme con los ojos muy abiertos poniéndose rígida.

— Maté a su padre y está de nuestra parte, tranquila.

Su padre lo maltrataba y cuando fuimos a matarlo, pudimos sacarlo de allí.

En fin, es una larga historia, pero lo que quiero que tengas claro es que voy a matar a papá. Voy a salvarnos.

Mi madre asiente sin dejar de llorar en silencio; se da la vuelta y sigue cocinando.

Me acerco a la mesa en busca de mi nuevo amigo, mi nuevo descubrimiento.

Alexei, en sus ansias por deshacerse de su verdugo, ha estado aprendiendo de él durante mucho tiempo, así que lo quiero a mi lado, contándome todo con detalle.

Es muy callado y observador; ha aprendido en silencio.

Me ha contado cómo se hacen ciertas cosas considerablemente desagradables y duras que su padre hacía con las víctimas que no mataba en el lugar que le ordenaban.

Había gente con mala suerte que llegaba pidiendo clemencia y luego pedía la muerte.

Como la pidió Alexei cuando lo encontramos.

Sergei y Vladimir están a punto de llegar, de modo que le hago a mi madre y a mi hermano una pequeña maleta.

Porque, aunque aún no se lo haya dicho, van a irse un par de días a casa de los chicos mientras nosotros hacemos nuestro trabajo aquí sin interrupciones.

Ni siquiera iremos a trabajar. Ayer llamé a Karsov para contarle lo que tengo pensado hacer, no para pedirle permiso.

No voy a pedirle permiso a nadie para matar a mi padre, ni siquiera al maldito Gavrel Karsov.

Después de explicarle lo que había pasado, me dio el visto bueno, que no buscaba, con la única condición de que Alexei jurara también a la Bratva cuando lo hiciéramos nosotros en un par de meses.

Ha oído hablar de su padre y piensa que la maldad es algo que se hereda; mucho más si la vives en tus propias carnes.

Alexei aceptó sin pensarlo en cuanto se lo dije.

Las palabras de Gavrel aún retumban en mi cabeza.

«Haz una jodida declaración sangrienta, Volkov.

Muéstrale al mundo de qué estás hecho. Conviértete en un orgullo para la Bratva, conviértete en mi orgullo.

» Si la Bratva quiere sangre, sangre tendrá.

Si Karsov quiere un recordatorio macabro para el mundo de que soy su mejor mano ejecutora, se lo daré.

Mi padre morirá y lo sabrán todos; haré que no lo olviden jamás.

El dúo psicópata Sergei-Vladimir llega por fin y tras varios intentos fallidos, logro convencer a mi madre para que se vaya a la otra casa, prometiendo que todo estará en orden aquí cuando vuelvan.

Alexei los lleva mientras nosotros hacemos un registro exhaustivo en busca de armas que mi padre pueda tener escondidas, ya que no podemos dejar nada al azar.

No podemos dejar que nada pueda jodernos el plan.

Estamos en medio de su oficina rebuscando todos los cajones cuando mi padre, que no ha hecho nada de ruido al entrar, nos sorprende a los tres.

—¡¿Qué creéis que estáis haciendo con mis cosas?! Salid de aquí ahora mismo. —está intentando contener los gritos, sé que me tiene miedo—. No estoy de humor para vuestra mierda adolescente.

—¿Qué pasa? ¿No encuentras tu dinerito, papá? —ladeo la cabeza, delatando lo que hice la otra noche—. Intenta llegar más rápido a la conclusión; es aburrido esperar a que entiendas las cosas por ti mismo.

—¿Has sido tú, pequeño ratero? —se acerca a mí, demasiado amenazante para su propio bien.

—Ese dinero ya no es tuyo. Ahora es mío. Tú ya no tienes nada entre tus manos, ni siquiera tu miserable vida. Todo me pertenece ahora.

—¿Y tu madre? Quizá ya esté muerta. ¿No te he dicho que he ordenado matarla, no te lo dijo tu nuevo amigo? —se ríe como si tuviera algún tipo de control.

—¿Quién, Alexei Smirnov? Lo salvé de su padre cuando fui a matarlo.

Sé que lo que quieres es deshacerte de nosotros.

¿Y sabes qué? Enemigo equivocado. —saco un cuchillo de mi bolsillo, me acerco rápidamente a él y se lo clavo, dando en el centro de su pierna.

Comienza a gritar—. No grites tan pronto. Aún nos queda mucho tiempo por delante.

Mi padre cae al suelo quejándose. Nop, parece que no va a aguantar mucho.

Que sea rápido entonces, pero que sea brutal.

Le quito la camisa y empieza a rogar perdón.

¿Tan débil es en realidad? ¿Tan tonto cree que soy que pide clemencia después de decirme que nos quiere muertos?

¿Cree que voy a soltarlo? Pobre imbécil…

¿Cómo puedes confiar en alguien que le falla de tal manera a su propia familia?

Si no puedes confiar en tu gente, no hay nada en esta vida.

Lo dejo retorcerse de dolor por el mini apuñalamiento de su pierna y me pongo a sacar todo lo necesario para lo que quiero hacerle.

Extiendo delante de sus narices unas cuantas armas, cuchillos y cierto material interesante, cortesía de la mente macabra de Alexei.

Mi móvil me alerta con un pitido de mensaje. Lo saco del bolsillo y miro la pantalla; un número que no tengo guardado. Desbloqueo y veo de lo que se trata.

Número desconocido: Soy Nikolai. Katty se ha ido con un hijo de puta de una banda. Sé lo que haces, encuéntrala y te deberé la vida.

¿Se ha ido con el tío al que le dije que no me importaría matar?

Mierda, el otro día tenía que haber pasado de Karsov y haberla seguido hasta dar con ese cabrón de mierda.

Voy a buscarla, voy a encontrarla y la voy a encerrar en su casa.

Respecto a ese hijo de puta, cuando lo pille…

está muerto. Tecleo rápidamente, notando cómo me lleno aún más de ira por el momento, y contesto a Nikolai.

Yo: Dame una hora, rastrearé su teléfono. Confío en tu discreción.

Dejo el teléfono en la mesa y me dispongo de nuevo a toquetear todas las armas hasta que pueda decidirme por la que usar primero. Me llega su respuesta en menos de un minuto.

Nikolai: Descarta el teléfono, no es tonta.

Pensé que se había escapado de nuevo con sus amigas, pero lleva ya tres días fuera.

Rebuscando en su habitación he encontrado el móvil debajo de la cama, lo ha dejado a posta.

Llevo meses viendo cómo le ronda… semanas diciéndole que no se acerque.

Se la ha llevado y lo quiero muerto, Volkov.