Capítulo 4
Katty Kosov
Cada día veo a Niko más angustiado por lo justos que vamos de dinero.
La vergüenza asoma en sus ojos cuando Pavel llega por las mañanas a recogerme y no hay comida en la mesa.
Esa es una de las razones por las que he querido alejar a Pavel de mi vida.
No quiero que Niko caiga en las garras de la Bratva como hizo mi mejor amigo.
Eso, y que hay un chico con el que llevo unos meses hablando; me manda mensajes y me viene a buscar por las noches cuando Pavel no lo hace.
Las visitas nocturnas nos han costado un par de peleas con mi hermano, que tiene a Ilenko en la misma estima que a Pavel.
Hace una hora que mi hermano se acostó. Estoy sentada en la ventana viendo como Ilenko escala por la misma celosía y ladrillos rotos que Pavel, y aunque el corazón me va a cien, no late tan fuerte como cuando él era quien trepaba.
—Hola, gatita. Échate a un lado para que pueda entrar.
Le echo una mano mientras me aparto y lo ayudo a entrar por la ventana. Mi pecho se llena de una extraña sensación. ¿Esto está mal?
—¿A qué viene esa cara? —me pregunta agarrándome por la barbilla. Me encojo de hombros mirando la cicatriz de su ceja—. Vamos, gatita. Cuéntame que pasa.
—Creo que Niko se está planteando entrar en la Bratva. —Ilenko traga con esfuerzo y me observa esperando más información—. Sé que está muy agobiado con el dinero y recuerdo cómo miraba a Pavel cuando venía por las mañanas.
—No podemos dejar que lo haga, ¿verdad?— me sonríe con nerviosismo. ¿Qué le ocurre?— ¿Por qué no trabajas para ayudarlo? Tengo un amigo que busca chicas para bailar en una discoteca.
—¿Trabajar? No sé si Niko estará de acuerdo con eso…
—Pues no se lo digas. Es un trabajo nocturno, así que no se enterará de cuando sales y cuando entras. ¿Fácil, no? Eres guapa y eso atraerá a los tíos. Cuantos más clientes, más dinero.
—¿No le importará a tu amigo que sea menor de edad?— Ilenko niega con una sonrisa que no sé cómo descifrar—. A la mierda, ¿cuándo puedo ir?
Él saca su teléfono y escribe rápido durante unos minutos, sonriéndole a la pantalla. Este trabajo no me convence mucho, pero voy a ver qué es lo que tiene para ofrecerme su amigo. Si no me siento a gusto, no vuelvo a ir y ya está.
—Listo, gatita. Empiezas hoy. Vamos, tengo el coche justo abajo.
—me asombro con la rapidez con la que han ocurrido las cosas, me levanto de la cama y cojo mis cosas—.
No, cariño. No hace falta que lleves nada.
Allí te darán la ropa. Puedes dejar el móvil aquí, no te hace falta y yo voy a estar contigo en todo momento.
Asiento y salgo por la ventana detrás de Ilenko. No puedo arriesgarme a que Niko se despierte y eche mi plan a perder; necesitamos el dinero. Una noche de prueba y mañana decido si seguir o no.
Salto el último cacho de celosía y me acerco al coche.
Ilenko me abre la puerta del copiloto y me hace un gesto amable para que entre.
Cierra la puerta detrás de mí y rodea la parte delantera del coche para subirse.
En cuanto entra, cierra la puerta y las bloquea.
Mi cuerpo da un respingo con el sonido y, en cuanto lo miro y veo su cara, con esos ojos bien abiertos mirándome con perversión, sé que me arrepentiré de haber aceptado este trabajo.
Forcejeo con la manilla de la puerta para intentar salir, pero no solo no puedo, sino que eso enfada a Ilenko, que me agarra la pierna con fuerza y me habla forzando una sonrisa.
—No te valdrá de nada. Están cerradas por dentro y por fuera. Ahora es completamente imposible entrar o salir de este coche. —mi respiración se agita—. Oh, gatita no te asustes.
—Déjame salir, por favor. He cambiado de opinión; no quiero trabajar. Niko se las arreglará. ¡Ábreme, Ilenko! —su risa reverbera en el coche mientras pisa el acelerador—. ¿Dónde me llevas?
—Justo donde te dije, al club.
—¿A la discoteca? —mi voz suena temblorosa.
—¿Eso pensaste? Quizá fue lo que dije, fallo mío. No, no vamos a una discoteca. Podrás bailar si eso es lo que quieres. Menear ese dulce culito… cuando el cliente te lo diga. Harás todo lo que se te diga, Katterina. ¿Me has oído? O te aseguro que las cosas irán muy, muy, mal para tu hermano.
Todos los pelos de mi cuerpo se erizan y la musculatura se tensa.
El aire entra a borbotones en mis pulmones para salir en forma de gritos.
Peleo con Ilenko mientras el coche se pone en marche: golpeo su cara desde mi asiento, grito y lloro.
Aporreo la ventanilla y pateo la luna delantera, intentando romperla para salir por donde pueda.
Ilenko controla el coche después del bandazo que ha dado cuando le he pegado y, con la mano izquierda, me da un derechazo que me noquea por los segundos suficientes para sacar de la guantera una pequeña funda.
Empiezo a recobrar un poco el sentido después de ese puñetazo, justo para ver cómo mi captor saca de la funda una jeringuilla.
Empiezo a retroceder y a pegarme a la puerta.
Intento darle patadas a Ilenko, que me agarra y me clava una aguja en la pierna.
Sigo gritando. No puede estar pasando esto.
He dejado las cosas en casa… ¿Me buscará Niko o pensará que me he ido por voluntad propia? ¿Y Pavel?
Mis ojos empiezan a notarse pesados y mi respiración se ralentiza al igual que mi corazón. Los párpados empiezan a caer hasta que se cierran por completo y lo único que escucho es la voz de Ilenko cada vez más lejana.
—Me vas a costar más de un disgusto, gatita… pero te domaré hasta que dejes de ser tan salvaje. Estoy loco por arrebatarte esa valentía.
El frío me cala en los huesos. Algo húmedo moja mi cara.
¿Estoy llorando? Me duelen las muñecas. Intento frotar mis manos en ellas, pero algo me lo impide.
¿Estoy atada? Mis párpados siguen pesando y apenas puedo abrir los ojos.
Mi cabeza está aturdida, pero poco a poco voy recordando todo lo que ha pasado.
Ilenko me ha secuestrado y sedado. Los nervios vuelven a apoderarse de mí.
Abro los ojos lentamente y miro a mi alrededor.
Solo veo una tenue luz que entra por una rendija.
Creo que es una puerta. El olor aquí es nauseabundo; una mezcla de sudor y humedad.
Escucho unas voces y unos pasos que se acercan.
La puerta se abre de golpe y la luz entra a raudales.
Veo dos siluetas oscuras hasta que poco a poco mis ojos se adaptan a la nueva luz para ver a Ilenko con otro hombre.
Un hombre bajito y gordo que me mira lascivamente.
Miro hacia abajo y me veo completamente desnuda en una cama mojada.
—Buenos días, gatita. Te presento a tu primer cliente. Ya te conoce. Ha visto cómo te follaba inconsciente. No le gustan las vírgenes así que me he ocupado de ese detalle.
—¡Que te jodan, Ilenko! Mi hermano me buscará, Pavel te encontrará, y que te mate cualquiera de los dos me valdrá. —escupo al suelo.
—Shhh, no malgastes tus fuerzas en mí. A Popov le gusta que las putas se resistan así que gasta tu energía en tenerlo contento, ¿entendido? —mi secuestrador mira al hombre gordo y sonríe—. Disfruta de cada puto agujero, Popov.
El hombre sonríe y avanza hacia mí. Empiezo a gritar en cuanto Ilenko sale de la habitación dejándome a solas con el viejo nauseabundo.
Se saca la polla y empieza a bombearla mientras me mira y pone una mano en uno de mis pechos sin haberse quitado ni una sola prenda de ropa.
Grito y pataleo todo lo que puedo intentando darle con las rodillas en las pelotas.
—Cuanto más gritas, más me pones, puta. Abre la boca.
Meneo la cabeza hacia los lados intentando impedir que meta su sucia cosa en mi boca.
Cierro con fuerza la mandíbula, pero solo me gano un puñetazo.
Noto la sangre salir de mi nariz, casi ahogándome, obligándome a abrir la boca para respirar.
Él cabrón aprovecha para meter su mano en mi boca e impedir que la vuelva a cerrar. Ruego como puedo.
—Por favor, no…