Diamante de sangre y poder (Diamantes de la Mafia nº 4) Capítulo 3 #3
14%

Capítulo 3 #3

Alexei entra en la casa pero vuelve a salir al momento con la cara absolutamente pálida.

No le da tiempo a articular ni una palabra porque comienza a convulsionar violentamente y cae de rodillas gritando de dolor.

Está sufriendo una descarga. Me mira fijamente con los ojos rojos y la cara tensa a la vez que mueve la boca para gesticular un «corre».

Grito a los chicos y empezamos a movernos mientras los disparos empiezan a volar entre nosotros.

Cometemos el error de escondernos por separado, aunque podemos vernos.

—¡Venid aquí, niñatos hijos de puta! Estáis en mi propiedad. —escuchamos un grito ahogado de Alexei. Otra descarga—. Veo que mi perro guardián os ha permitido estar aquí, pero no os preocupéis, pagará por ello.

Suenan dos tiros más y los arbustos de al lado se mueven; Sergei y Vladimir se meten conmigo detrás de las ramas. El primero ya está temblando, le pasa cuando se enfada demasiado.

—Escucha. Si sigue dándole descargas, voy a meterle el collar por el culo. Voy a hacerle un puto placaje. Cuando lo tumbe, le quitáis el mando. No sé el alcance que tiene y tampoco vamos a jugárnosla con las descargas a distancia.

—Es un móvil. —Vova se fija bien. Otro grito.— Joder, eso no debe ser bueno.

—¿Un móvil? Puedo entrar con el mío y desactivarlo. —saco mi teléfono y empiezo a buscar. Doy con seis señales en los alrededores—. Hay muchos móviles aquí. No tengo tiempo para averiguar de quién es cada uno. A la mierda, todos fuera.

Apago todos los móviles que tengo al alcance.

Dos minutos después, escucho al sicario gritar.

Sergei sale corriendo en zigzag de los arbustos para no comerse una bala y yo salgo corriendo en dirección a Alexei.

El sicario empieza a moverse en mi dirección, me apunta con el arma y dispara.

En un segundo estoy cayendo al suelo con Alexei encima; me ha tirado para que no me atraviese la bala.

Miro hacia el sicario y lo veo en el suelo forcejeando con Sergei, que nos grita.

—¡¿Estáis bien?! —nos miro a ambos. Sin agujeros.

—Sí. —le respondo de vuelta y miro a Alexei—. ¿Por qué has hecho eso? ¿Acabas de conocerme y te interpones entre una bala y yo?

—Tú has querido salvar mi vida primero. Estamos en paz, chico.

Asiento levantándome del suelo, le doy la mano y avanzo hasta donde Sergei y Vladimir tienen al sicario en el suelo con un cuchillo en la garganta. Lo paro.

—Alexei, ¿quieres hacerlo tú? —él niega con la cabeza, escupe en la cara de su padre y lo mira fijamente.

—Espero que sufras. –—sentencia—. Corta, chico.

—Oh, sufrirá. Eso puedo prometerlo, no voy a darle una muerte rápida a quien no se la merece. Sufrirá la agonía de desangrarse durante horas, de ahogarse en su propia sangre. —dice mientras le dibuja una sonrisa en el cuello con su cuchillo favorito.

El sicario empieza a patalear y Sergei cumple su promesa.

Lo dejamos tirado en el suelo, manchándose y ahogándose con su propia sangre mientras nosotros buscamos y buscamos la llave que abre el collar.

Está desactivado y no puede recibir descargas, pero necesitamos quitárselo como sea; no podemos sacarlo de este recinto como si fuera un animal.

Tras mucho tiempo buscando la llave sin éxito, a Sergei se le ocurre la descabellada idea de usar la cizalla que encontró antes.

Después de varios intentos fallidos, conseguimos cortar de mala manera el collar y algo de carne de la nuca de Alexei.

Orgullo cero - Cizallas uno. Cuando estamos lo suficientemente lejos, Vova juega a las plastilinas y vuela toda la propiedad. Nos miramos unos a otros.

—¿Tienes a donde ir, Alexei?

Le pregunto mientras nos damos la vuelta para irnos y alejarnos del olor a humo y cenizas. Él agacha la cabeza y niega; sus hombros menos pesados y la carga de su pecho aliviada.

—Solo estábamos él y yo.

Le doy una palmada en la espalda a modo de acogida y apoyo al tío que me saca dos cabezas.

Yo iba a arriesgarme para salvarle, pero él se interpuso en mi camino para que no me diera una bala.

Voy a hacer lo que se merece: ofrecerle una nueva vida.

Sé que mi madre lo acogerá sin problema o que los chicos le darán una buena acogida.

Ya veremos cómo lo hacemos, pero se viene con nosotros.

— Entonces, bienvenido a casa.

Estoy jodidamente cansado después de la aventura explosiva de anoche, pero, no podía faltar a este momento.

Miro el reloj: son las cuatro y media; es la hora de salir de la escuela y no veo a Katty por ningún lado.

Estoy escondido dos calles más abajo en dirección a su casa.

Quiero ver si de verdad tiene a otro tío que la está rondando, como dice, o si iba de puto farol.

Espero al menos diez minutos más hasta que logro distinguir su silueta y veo que va de la mano de alguien cuyo rostro no alcanzo a ver. Quiero acercarme más y verle la cara al puto cabrón que toca a mi dulce e inocente Katterina.

Avanzo unos metros, y justo cuando voy a ver la cara de ese hijo de puta, mi móvil vibra en el bolsillo. Lo saco y veo que Karsov me está llamando. Joder, había olvidado por completo que tenía que ir al gimnasio.