Diamante de sangre y poder (Diamantes de la Mafia nº 4) Capítulo 3 #2
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Capítulo 3 #2

La noche siguiente llega rápido. Nos bajamos del coche para adentrarnos en una especie de bosquecillo a las afueras donde se encuentra la casa, o mejor dicho, la cabaña del cabrón.

Verifico que no tiene circuito de seguridad muy avanzado así que lo hackeo para que no salte su alarma.

Dejo entonces que Vladimir empiece a colocar su plastilina por los alrededores, debajo del coche y en el garaje.

Más explosivos de los necesarios como era de esperar; Karsov nos va a matar cuando vea todo lo que hemos robado.

Vova se acerca a nosotros con el detonador y justo cuando va a pulsar el botón, Sergei lo para.

—Escucha eso —nos quedamos en silencio y escuchamos.

A lo lejos, dentro de la casa, se escuchan unos gritos profundos.

Se me pone la piel de gallina al escucharlos.

«¡Por favor, para!» suena en el interior.

Hay alguien en problemas. Miro a los chicos y sin decir una palabra, sé que estamos de acuerdo en entrar a sacar a quien sea que ese bastardo esté torturando antes de volarlo todo.

Nos levantamos de los matorrales y nos acercamos a la casa.

Me asomo a la ventana y veo a un chico recibiendo una paliza.

Tengo que reconocer que, aun estando en el suelo, se le ve grande.

Cuando finalizan los golpes y el chico consigue levantarse, me lo confirma; mide al menos dos metros y no parece para nada un niño.

Es moreno, como Vladimir, muy grande y ancho.

En el cuello lleva una especie de collar ancho de algún material duro con…

—¿Eso es un collar de descarga? –—pregunta Vladimir quitándome la pregunta de los labios.

—Justo lo estaba mirando. Tío, ¿eso no es para animales? —le respondo.

—Tenemos que sacarlo de aquí antes de volar esto. ¿Por qué no se lo quita? No tiene las manos atadas.

—Parece que tenga una cerradura… No creo que pueda quitárselo él solo. Hay que buscar cómo quitarle eso antes de irnos.

Empezamos a movernos por los alrededores buscando torpemente como entrar en la casa para no perjudicar más al tío del collar eléctrico.

Sergei desaparece por un momento y vuelve unos minutos después con una especie de cizalla gigante.

Lo miramos con cara extrañada y, devolviéndonos una mirada divertida, nos gesticula con las manos y la boca: «Corta el metal», mientras se encoge de hombros.

Al no ver otra solución, esperamos a que se acuesten.

Por la ventana puedo ver como el sicario se tumba en una cama y el muchacho al que tiene con el collar se sienta en una esquina con una manta y un cojín en el suelo, como si fuera un perro.

De nosotros tres, soy el que ha tenido mejor vida y Vladimir el que peor, pero es Sergei quien más maldice y se enfada con la imagen de maltrato que está viendo.

Los tres nos sentimos directamente atacados con lo que le pasa al del collar.

Oímos un grito desde dentro, una especie de orden, y el chico se levanta rápido. Coge una bolsa de la cocina y se dirige a la puerta. Nosotros nos miramos; es el momento.

Nos movemos hacia la esquina de la puerta sin descubrirnos del todo, nos la jugamos y hacemos ruido para llamar la atención del chico que acaba de salir.

Cuando gira la cabeza para ver de dónde proviene el ruido, no está para nada sorprendido de vernos; su cara no hace ningún movimiento.

Es lo más extraño que he visto. Agarra el pomo de la puerta para entrar.

Parece que va abrir la boca para dar la alarma así que Vova se abalanza sobre él y le pone un arma en la cabeza.

—Más te vale que no estés pensando en delatarnos, chico. Podemos sacarte de esta mierda, pero vas a tener que colaborar.

Él se zarandea e intenta quitarse al mono araña que tiene encima, sin éxito. Le saca como tres cabezas a Vladimir, pero ese cabrón es duro de pelar en el cuerpo a cuerpo. Ha mejorado infinitamente desde que nos conocemos.

—¿Por qué estáis aquí? —dice con esfuerzo. Su voz es profunda, sin vida, sin esperanza—. Si os ve, os matará y me matará a mí después. Es mejor que os vayáis; no hay nada aquí para vosotros.

—¿Por qué no te defiendes? ¿Y por qué tienes ese collar? —agarro a Sergei del brazo para que se calle, no puede aguantar la pregunta.

—Eso no os incumbe. Iros de aquí antes de que sea demasiado tarde para alguno de nosotros. No queréis saber de lo que es capaz. Os aseguro que no estáis preparados para él.

—No pienso irme a ninguna jodida parte. He venido a matar a Valentín Smirnov. Tiene el encargo de matar a mi madre. —digo en respuesta, quizá hable y nos cuente algo valioso si nosotros hablamos primero.

—Oh. ¿Eres el chico peligroso o el inútil? —se ríe—. Supongo que si estás aquí es que eres el peligroso. Mi padre es un sicario adicto al trabajo incluso cuando no lo tiene. No vas a poder con él. No seas iluso y márchate a casa. Márchate lejos, qué sé yo.

—¿Tú padre? ¿Qué cojones les pasa a los padres con sus hijos? No sé en qué puto mundo de mierda vivimos. ¿Qué has hecho para tener puesto ese collar? —Sergei está indignado.

—Sí, muy a mi pesar, es mi padre. Es un sicario. No hay sicario con corazón que se dedique a matar gente por gusto… ¿No crees? Tengo que irme o me meteré en más problemas de los que debería.

Se da la vuelta, suelta la bolsa que traía en la mano en una esquina y camina hacia la puerta de nuevo. Vova le silba antes de que llegue al pomo para abrirla, y se gira.

—¿Cómo te llamas? —le pregunta, el chico tarda en responder, como si se planteara si de verdad vale la pena dar esa información.

—Alexei, me llamo Alexei.

—Bien, Alexei. ¿Quieres ser libre?

Le hago la pregunta metiéndome un cigarro en la boca. La esperanza en los ojos de Alexei aparece y desaparece en la misma fracción de segundo, pero aun así asiente.

—Quiero ser libre, y si no puedo serlo y alguno de vosotros logra escapar hoy… pegadme un tiro. No quiero vivir otros veinte años de dolor. —hace el intento de sonreír, pero ni siquiera sabe hacerlo.

—Busca la llave o lo que sea que controle eso que llevas en el cuello. Vova va a volar esto por los aires.