Diamante de sangre y poder (Diamantes de la Mafia nº 4) Capítulo 1 #2
3%

Capítulo 1 #2

—Que no te frene ningún matón de turno, Pavel. Eres un Volkov. —mi madre ve mi cara de disgusto ante esa frase—. Tú decides qué tipo de hombre quieres ser, hijo. Solo tienes que luchar por una reputación diferente para tu apellido y el de tu hermano.

Sabe que mi padre no tiene una buena reputación.

Tiene poder y dinero. Recibe el respeto de muchos hombres, pero, definitivamente, no por ser respetable.

Porque, ¿qué clase de respeto merece un hombre que no ama a su familia?

Mi madre quiere que mi hermano tenga un referente y creo que es lo que acaba de pedirme, pero me frustra que no sea mi padre.

Se supone que debe querernos y criarnos, no hacer esto.

—¿Por qué le quieres? —mi madre me mira extrañada—. Hablo de papá.

—Ay, Pavel. La vida a veces es más compleja que eso.

—se acerca a mí y me toca la cara suspirando—.

Era la única forma que tenía para salir de una casa empobrecida y ayudar a la vez a mi familia.

Se suponía que tu padre me amaba, al menos eso decía.

Dijo que ayudaría a mis padres pero, yo solo era una cara bonita e ingenua con 19 años y él era ambicioso.

Accedí por una idea tonta que tenía sobre el amor y la salvación, anhelaba que alguien me amara tanto que quisiera salvarme.

Me creí a tu padre en cuanto me juró la luna y ni siquiera me la mostró después.

Dejé de creer entonces en las dos cosas, hasta que llegasteis tu hermano y tú. —hace una pausa— Prométeme algo, hijo.

Mi mente entra en bloqueo unos segundos por lo que no pensé jamás que mi madre me contaría. ¿Mi padre la engañó solo porque era guapa? ¿La quería de qué, de adorno? Reprimo ese pensamiento, el enfado y el nudo de la garganta para poder contestarle a mi madre.

—Lo que quieras, mamá.

—Prométeme que nunca obligarás a una chica a casarse contigo si no es lo que desea.

Prométeme que tendrá más opciones de las que tuve yo; que para salvar a mi familia me casé con quién pensé que me amaba y no fue así.

Solo cásate si es por la verdad, hijo. No vivas una mentira como la mayoría de la gente con poder.

Conozco tu corazón, Pavel, busca la verdad.

—Te lo prometo.

Dos meses después

Mi padre iba definitivamente en serio con lo de no faltar a los entrenamientos.

Me ha dejado en este gimnasio de barrio cada día después de clase.

Incluso hace unos días, cuando me sacaron una muela, me hizo venir con la cara hinchada y el dolor en la boca.

Entreno todas las tardes y algunas hago incluso trabajo doble cuando tengo las clases de informática.

Los primeros días era un paquete; me pegaban palizas todo el tiempo.

Definitivamente, aquí no se andan con tonterías.

Se aprende a base de golpes, y gracias a Dios, cada vez me dan menos.

Observo, aprendo rápido los puntos débiles de mis compañeros y les ataco donde puedo.

Tengo que reconocer que para ser un “castigo” de mi padre, me siento bastante a gusto aquí. El sitio es serio e incluso un poco cutre, pero respetuoso, y aunque se respira algo peligroso en el ambiente… se siente como una hermandad.

Mi entrenador cada día tiene más puesto el ojo en mí.

Dice que tengo potencial. Karsov es algo mayor que yo, tiene veinticinco años y por lo poco que sé, lleva cinco años encargándose de las clases junior como la mía.

Las otras horas están llenas de tíos gigantes tan llenos de tatuajes que, si mi madre los viera, no me dejaría volver a pisar este gimnasio en la vida.

Solo espero que eso no ocurra porque verdaderamente disfruto viniendo aquí.

—¿Por qué estás aquí tanto tiempo, Volkov? —me pregunta Karsov mientras se acerca a mí desde los vestuarios con una mirada de intriga.

Siempre anda rondando y observando cada cosa que hago, y aunque me ha dado consejos sobre los entrenamientos, nunca ha interactuado o preguntado algo de manera personal conmigo. Hasta ahora.

—Mi padre quiere que aprenda a pelear bien. Es lo único que hago en el colegio y tiene la esperanza de que acabe en la cárcel o muerto para no tener que verme más.

—Mal, chico. Al colegio se va a aprender. Cincuenta flexiones, ahora.

—¿Por qué? —me quejo más alto de lo que supongo que debería. Después de ver la cara terrorífica que me pone, trago con fuerza.

—Cien. ¿Quieres más? —niego y empiezo las series de flexiones. Karsov se agacha a mi lado—. Trabaja la mente, chico. Fija un objetivo y pelea por él.

Esta noche, nada más acabar la cena, me voy a mi cuarto tan solo para descolgarme por la ventana, como cada miércoles, e ir a ver a Katty en mi bici.

En cuanto llego a su calle, empiezo a silbar Over the rainbow, la canción favorita de mi chica, como señal para que sepa que estoy aquí.

En cuanto dejo la bici apoyada en la pared bajo su ventana, ya está asomada a ella.

Trepo por los ladrillos rotos y me agarro a su mano para entrar.

Me sonríe y enseguida me da un beso corto para saludarme.

Me dejo caer en su cama y me quito los zapatos.

Ella se tumba a mi lado relajando su cuerpo contra el mío.

Los sollozos no tardan en aparecer. Cuando vengo a verla, descarga su tristeza y luego me pide perdón por llorar delante mío.

Le he dicho mil veces que no me importa.

Sigue siendo mi mejor amiga y eso es para siempre.

Le beso la sien y dejo que se duerma antes de hacerlo yo también, hasta que amanezca y sea la hora de volver a casa.

Estoy seguro de que algún día Nikolai nos pillará, pero ella necesita esto de mí y nadie va a impedirme ayudarla.

No después de haber presenciado los ataques de ansiedad que sufre con mis propios ojos.