Diamante de sangre y poder (Diamantes de la Mafia nº 4) Capítulo 1
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Diamante de sangre y poder (Diamantes de la Mafia nº 4)

Diamante de sangre y poder (Diamantes de la Mafia nº 4)

Por Pasha Fiore

© inepub.com

Capítulo 1

Me paso la lengua por los dientes y noto el sabor de la sangre que me impregna la boca; me llueven los derechazos increíblemente rápidos que me está lanzando el chaval que tengo delante, tan grande como un armario empotrado; y noto el escozor del corte que me ha hecho en el labio de abajo, justo en el mismo sitio de la última vez.

La gente grita a nuestro alrededor. Sé que tengo muchas miradas clavándose en mi nuca y un montón de compañeros que están deseando que este tío me deje prácticamente inconsciente.

Los mismos compañeros que se van a quedar con las ganas de que eso pase.

Devuelvo con furia los golpes y más sangre cae en el suelo.

La directora Yulia no va a estar contenta; es la tercera pelea en esta semana…

Lo único positivo es que Nikolai, el que me está poniendo el labio tres tallas más grande, ya no estudia en el centro.

Solo viene a recoger a su hermana Katterina, que es justo la razón por la que nos estamos peleando.

¿Puede que me haya pillado con mi boca en la de ella y las manos en un sitio comprometido? Puede, pero es mi novia.

Desde que sus padres murieron, Katterina me busca sin parar, y su hermano está intentando por todos los medios que eso no ocurra.

¿El por qué? Por lo mismo de siempre: los chicos me temen por mi volubilidad, los hombres me odian porque no agacho la cabeza como debería, y las chicas me adoran.

Supongo que la violencia asusta y atrae a partes iguales.

Dos puñetazos más en sus costillas y me llena la cara de sangre al toser.

—¿No esperabas que pudiera pelear contra ti, verdad, Kosov? —escupo a sus pies y sonrío enseñándole mis dientes ensangrentados.

—Sé que puedes pelear, mocoso. Todos lo saben y por eso no quiero que tu espiral de violencia atrape a mi hermana. ¿Me oyes? Si vuelvo a verte con ella, estás acabado.

La gente se aparta de la puerta del colegio y los gritos que siempre acaban con las peleas llegan a mis oídos.

—¡Señor Volkov! —la señorita Yulia hace una pausa para mirar a Nikolai—. ¿Señor Kosov, no es usted un poco mayor para estar en la puerta de la institución peleando con un menor?

—¡Puedo con él! —le grito, casi sin poder ya abrir uno de mis ojos.

—¡Cállese! No lo expulsé la última vez porque su padre insistió en que esto no volvería a ocurrir, y eso fue ayer, señor Volkov.

Vuelva dentro. Lo quiero en mi despacho en menos de tres minutos.

—se gira hacia Nikolai—. Y usted, señor Kosov, céntrese un poco.

Estos numeritos no le vienen bien a su situación como tutor legal de su hermana.

Márchese antes de que ocurra una desgracia.

Veo a Nikolai Kosov alejarse de la puerta sin apartar la mirada de mí mientras arrastra a Katterina del brazo con él.

No me importa que se la lleve: pienso ir a buscarla esta noche.

La directora me coge de la oreja y me arrastra escaleras arriba.

Me sienta en la silla frente a su mesa y llama a mis padres por teléfono. Genial.

Al cabo de media hora sentado y aburrido en el despacho, escuchando las mil razones de la directora para comportarme mejor, llegan mis padres.

Mi madre me da una mirada cómplice aunque severa y mi padre me da un golpe en la nuca en cuanto pasa por mi lado.

Se sientan a esperar a que la señorita Yulia empiece a hablar.

—No han pasado ni veinticuatro horas, Señores Volkov. Van tres peleas en lo que va de semana y sólo estamos a miércoles. O esto para, o me veré obligada a expulsar a Pavel de manera definitiva de este centro.

—Lo sentimos, señorita Yulia. Haremos de Pavel un hombre de provecho. Esto no ocurrirá de nuevo en la escuela; se lo puedo asegurar. —mi madre no se coge los dedos con promesas tontas sabiendo que no dejaré de pelear.

—Lo mismo dijeron ayer. Espero que de verdad sea la última pelea. —la señorita Yulia me mira directamente a los ojos—. La señorita Kosova no necesita este tipo de comportamiento en su vida ahora mismo, Volkov. Y usted lo sabe.

Agacho la cabeza asintiendo porque en el fondo sé que tiene razón.

La situación de Katty no es la mejor en estos momentos.

Llevamos juntos en el colegio desde que íbamos a infantil.

Siempre ha sido una niña buena, además de mi mejor amiga.

Hasta que murieron sus padres hace dos años, era una chica ejemplar, después de eso, todo ha ido de mal en peor cayendo en picado.

Constantemente se escapaba de la casa de acogida en la que estaba, casi hasta el punto en el que la iban a echar a ella y a su hermano de allí.

Según estuve escuchando un día a escondidas a algunos profesores, los asuntos sociales estaban dispuestos a dejarlos en la calle para ahorrarse un escándalo público con eso de que no pueden controlar a ciertos menores.

Ahora viven los dos solos; no sé cómo. Niko se ocupa de ella, de que no se meta en líos y de que haga las cosas bien.

Lo que por supuesto hace que yo no entre en sus planes.

Después de la bronca en la institución, con la tensión pertinente en el coche, llegamos a casa y mi padre me lleva directamente a la habitación que usa como despacho, con mi madre siguiéndome de cerca para no dejarme a solas con él.

Me hace un gesto con la cabeza para que me siente en la silla y yo obedezco de mala gana porque sé que simplemente es mejor así.

—A partir de ahora irás cada tarde a un deporte diferente.

¿Te gusta pelear? Entonces haz algo productivo.

Aprende a hacerlo bien, pequeña bestia. ¿Quieres que te teman, es eso?

Aprende y vete a peleas clandestinas. Así, cuando mates a alguien y te metan en la cárcel ya no tendré que ocuparme de ti.

Aunque sería menos lío si simplemente te mataran.

—Yuri. —grita mi madre con temor.

—No, Olga. Ya está bien. Si solo sirve para hacer el animal, así será como se le trate.

Irás a boxeo todas las semanas sin faltar ni un solo día.

A ver si así te apalean lo suficiente para que dejes de pegarte con cualquiera en el colegio.

Por supuesto, no esperes ir a un sitio acorde con mi estatus; no quiero que vean lo que eres.

Irás a ese gimnasio de mala muerte de las afueras.

—Tiene que estudiar, Yuri. Tiene que hacer algo de provecho. ¿Qué quieres hacer, mi amor? —me pregunta mi madre haciendo que me encoja de hombros—. Se te dan bien los ordenadores. ¿Quieres ir a informática o algo así?

—Está bien, mamá. Eso me gusta. —eso me dará un respiro con los entrenamientos. Lo que no sabe mi madre es que me gusta meterme en la dark web. Aprender a hackear, programar troyanos que me den la localización de la gente solo por diversión... Ir a esas clases sólo me dará tiempo fuera de casa.

—Bien, cariño. Ve a buscar a tu hermano a su habitación y meteos en la cocina. Enseguida bajo a hacer la merienda.

Obedezco a mi madre y salgo de la oficina dejándola sola con el diablo.

Voy en busca de mi hermano pequeño que acaba de cumplir cuatro años y es un verdadero grano en el culo.

Por el pasillo oigo a mis padres gritar.

Bueno… a mi padre gritándole a mi madre que es una blanda, que me mima demasiado, que necesito hacerme un hombre y que, por supuesto, ella está frenando ese proceso.

No es que odie a mi padre, no me da tiempo con lo poco que nos vemos.

Pero eso sí, cuando está en casa es un infierno.

Quiere controlarlo todo y cuando no lo consigue usa métodos poco ortodoxos para lograr lo que quiere, incluso de manera violenta.

Conmigo ya tiene poco control porque cada vez soy más alto y más consciente de que puedo resistirme a sus manipulaciones y a su manera de tratarnos.

Nos hace sentir como si fuéramos basura, sobre todo a mi madre.

Mi madre, que lo único que hace es darnos amor y ser una buena esposa según lo que oigo en las reuniones que tiene mi padre con sus clientes.

Yuri Volkov trabaja dando órdenes en una fábrica, igual que hace aquí, solo que allí gana mucho dinero y aquí solo molesta.

Cuando era más pequeño, le preguntaba cosas sobre su trabajo, pero la quinta vez que pregunté me dijo: «No son cosas para críos, vete a jugar y deja de molestar».

No tuve más remedio que hacerle caso… Nunca más volví a preguntar.

Ya hace mucho que dejé también de preguntarme por qué mi padre no me quiere, por qué no nos quiere a ninguno.

Dejé de buscar su aprobación, dejé de querer que me quisiera…

Me siento en la mesa de la cocina con Dimitri en las piernas, intentando que se esté quieto de una vez con los lápices mientras oigo los pasos de mi madre acercándose.

Tiene la cara colorada y los ojos brillantes.

La sangre me hierve en las venas y el corazón se me acelera.

Ya no soy un niño; me doy cuenta de las cosas.

—¿Por qué dejas que te trate de esa manera? Dile que se vaya a la mierda. No lo necesitamos. —mi madre abre los ojos como platos y mira hacia atrás como si mi padre pudiera oírme desde aquí.

—¡Pavel! Cuida tu lenguaje. —me riñe y la miro aún más enfadado—. Amor mío, está todo bien. Los matrimonios son así.

—Pues no me casaré nunca. —la hago reírse.

—Oh, no le digas eso a esa pobre chica, ¿quieres? Te dejará plantado en cuanto pestañees. Por cierto, ¿me vas a hablar de ella? —niego con la cabeza y me empuja un poco haciendo que me tenga que reacomodar en la silla—. Pavel, vamos, cuéntamelo.

—Eres insoportable… —vuelve a reír— Se llama Katterina, es la hija de ese matrimonio que murió en el accidente de avión. La pelea de hoy ha sido con su hermano… Nos ha pillado besándonos.

—¿Te gusta? —me pregunta entrecerrando los ojos.

—¿Y yo qué sé? Es guapa y divertida, pero su hermano…