Capítulo 22
CAPÍTULO VEINTIDÓS
Se sentaron juntas a ambos lados de una pequeña mesa de madera compartiendo una jarra de sangría sin alcohol.
La noche se había asentado a su alrededor, con las estrellas brillando en el cielo, haciendo que el lago pareciera completamente negro en lugar del precioso azul que solía ser.
Jo se descubrió incapaz de apartar los ojos de Ali, y sabía que se había metido en un buen lío con todo este asunto. ¿En qué había estado pensando?
Dio un sorbo a su copa, obligándose a apartar los ojos de Ali para mirar hacia el lago.
—¿De verdad te fuiste a Nueva York cuando te marchaste? —No estaba segura de por qué lo sacaba. No era asunto suyo qué hizo Ali cuando la dejó. Era reabrir viejas heridas… pero quizá esas heridas nunca se habían cerrado. Quizá esta sería la mejor forma de cierre para ella.
—Sí. —Ali respondió casi de inmediato. Dio un largo sorbo a su copa—. Hice de regidora en unas cuantas producciones en algunos teatros off Broadway, cosas que deberían haber lanzado mi carrera.
—¿Pero no lo hicieron? —La curiosidad de Jo se despertó .
—Culpa mía. —Ali se quedó callada, alargando la mano por encima de la mesa para servirse más sangría en la copa.
Jo se preguntó si iba a explayarse o si debía presionar para obtener una respuesta pero, tras otro sorbo, Ali volvió a hablar—.
Estuve perdida un tiempo después de llegar a Nueva York.
Supongo que os echaba de menos, y estar sola en una ciudad de ese tamaño puede ser solitario.
—Se encogió de hombros, casi como intentando convencerse de que todo era de hace tanto que no importaba—.
Conseguí un contrato de regiduría trabajando con Stevie Kizney.
Jo no tenía ni idea de quién era Stevie Kizney, y eso debió de ser evidente por su expresión.
—Es directora de escena y una eminencia en el mundo del teatro.
—explicó Ali—. En fin, me había dicho que su matrimonio se había acabado y, como la triste y solitaria idiota que era, la creí.
Resulta que no era así y, no solo eso, sino que su esposa es una gran mecenas de las artes.
Bueno, pues en cuanto se enteró de nuestra aventura, se puso furiosa.
Como puedes imaginar. Pero no culpó a Stevie.
Eligió creer que yo era la que le había hecho daño.
Supongo que lo hice. Después de aquello, ya no importaba quién había hecho qué, porque se lanzó a una misión de arruinarme la carrera.
Nadie me quería ni a un kilómetro a la redonda de Broadway en sus proyectos.
Ali suspiró, bajando la vista hacia sus manos, y Jo se dio cuenta de que estaba perdida en los recuerdos. Esperó, dándole a Ali tiempo de poner en orden sus pensamientos.
—Por lo que deduje después, yo era una más de una larga fila de mujeres que se encontraron convertidas en parias. Era joven y estaba sola, y pagué el precio de mi ingenuidad.
Jo no detectó amargura alguna en la voz de Ali; en su lugar, era resignación y aceptación de malas decisiones.
Su historia le escoció a Jo. No era el hecho de que Ali hubiera estado con otra persona tan pronto después de romper, era el hecho de que ojalá ella hubiera podido estar ahí, para que Ali no hubiera tenido que pasar por aquella angustia.
Había tantísimas cosas que quería decir, tantísimas emociones recorriéndole el cuerpo, pero «Ah» fue lo único que consiguió decir.
—Vine aquí después de aquello, buscando un nuevo comienzo.
Conseguí unos cuantos bolos como ayudante de regiduría pero, cuando el teatro quebró, mi contrato también.
Y luego mi madre enfermó. No tenía seguro y tenía facturas médicas que había que pagar, y Elsie no podía ayudar.
—Se encogió de hombros con resignación—.
Solo necesitaba un trabajo, y una de las que trabajaban a media jornada conmigo en el teatro me metió en El Brahmin como auxiliar.
Me pagaba el alquiler y eso, junto con mis ahorros, pagó el tratamiento de mi madre.
—Ali terminó su copa y Jo se descubrió agradecida de que la sangría no llevara vino añadido.
De lo contrario, estaba segura de que Ali estaría mucho más embargada por sus sentimientos de lo que ya estaba.
—Siento lo de tu madre. —Esa fue la pieza del puzle en la que eligió centrarse.
Cuando Ali habló de Elsie, Jo debería haber supuesto que su madre también había fallecido.
¿Por qué si no habría conseguido Ali la custodia de Scarlett?
Simplemente no quería pensar en eso, sabiendo que probablemente le rompía el corazón a Ali.
—No pasa nada. Solo me alegro de que ya no sufra, ¿sabes?
Era cáncer de páncreas. Todo pasó tan rápido.
Después de que muriera mi madre, Elsie no pudo soportar el dolor.
No era la persona más fuerte ni en un buen día.
Incluso antes de que mi madre enfermara, hubo más de una vez que tuve que sacarla de apuros cuando la detenían por posesión, o los vecinos me llamaban diciéndome que la veían por la ventana, desplomada en el suelo.
A Jo le asombró cómo Ali hablaba de aquella época difícil con un tono neutro.
Sabía cuánto debía de haberle dolido todo esto a Ali, lo estresada que debía de haber estado sin nadie que velara por ella.
Jo se maldijo por no haber estado ahí para ella, aunque no hubiera forma razonable de que lo hubiera sabido.
—Cuando nació Scarlett, mejoró un poco pero, cuando murió mi madre, se hundió en espiral.
Sus vecinos eran estupendos, y yo me quedaba con Scarlett todo lo que podía para ayudar, pero no bastaba.
No estoy segura de que nunca hubiera bastado para impedir que pasara lo que pasó.
—Ali miró fijamente hacia el lago. Jo sabía que ya no eran las vistas lo que miraba.
Su mirada iba más allá de cualquier cosa que se pudiera ver.
Jo no dijo ni una palabra. Simplemente se quedó con ella en silencio.
—Acababa de terminar un turno de noche, y había sido duro.
Habíamos perdido a un paciente esa noche.
Un hombre de veintitantos que sufría convulsiones muy fuertes.
—Negó con la cabeza, pareciendo recordar el dolor de aquella noche—.
Volvía a casa andando bajo la lluvia y recibí una llamada de los vecinos de Elsie.
Recuerdo la frustración que sentí, la rabia al ver su número en el móvil.
Solo significaba que tendría más marrones suyos que resolver.
—Ali hizo una pausa, como si volviera a oír las palabras de aquella llamada en su cabeza.
Jo vio a Ali tragarse parte del dolor que evidentemente sentía.
—Meg, su vecina, tenía a Scarlett. Elsie les había pedido que la cuidaran esa noche, pero nunca la había recogido, lo cual no era raro.
Pero esa mañana su marido había ido a salir para el trabajo y vio la puerta de ella, al otro lado del rellano, entreabierta.
Asomó la cabeza para asegurarse de que estaba bien, y fue entonces cuando la encontró.
Había tenido una sobredosis y luego se había asfixiado con su propio vómito.
Jo soltó un pequeño grito ahogado. La historia la impactó pero, más que nada, la conmovió el estoicismo de Ali.
La vida a menudo era injusta, dura incluso, pero nadie debería tener que soportar cosas así.
Quería tender la mano hacia Ali, pero no estaba segura de poder ofrecerle mucho consuelo.
Sabía que decir «lo siento» no significaba nada.
Una parte de Jo se sintió culpable. Quizá si hubiera peleado más por que Ali se quedara cuando estaban juntas, o si se hubiera mudado a Nueva York con ella, las cosas habrían ido de otra manera.
Lógicamente, sabía que no había nada que hubiera podido hacer para impedir la muerte de la madre de Ali ni de Elsie, pero de verdad parecía que la vida de Ali se había desmoronado en los años posteriores a su separación.
—No hubo tiempo para sentirse enfadada, ni disgustada, ni triste. Scarlett me necesitaba, y las dos éramos lo único que nos quedaba en el mundo, así que hicimos sin más lo que todo el mundo hace cuando pasan desgracias. Te levantas, sigues adelante y vives un día más.
Se quedaron sentadas en silencio un rato, ambas mirando hacia el agua y bebiendo de sus copas.
No era un silencio incómodo. Era solo silencio.
No había palabras que hubieran podido llenar el vacío.
No eran palabras lo que hacía falta. Estar era lo único que importaba.
Jo se quedó en silencio con Ali, contenta con solo estar hasta que Ali tuviera ganas de volver a hablar.
Salvo que eso no ocurrió. Ali terminó el resto de su bebida antes de ponerse de pie.
—Probablemente deberíamos entrar. Es tarde. Tengo que levantarme temprano para llevar a Scarlett al colegio y seguro que tú estás cansada, ya que no dormiste mucho en el hospital.
Jo no se esperaba que su noche terminara tan de repente.
Quería tender la mano hacia Ali, decirle que sentía haberlo sacado todo, suplicarle que se quedara fuera un rato más…
pero tenía razón. Jo necesitaba descansar.
Ali necesitaba descansar. Solo deseaba que su noche no hubiera terminado con la nota con la que lo hizo .
—Ya recojo yo. Ve a descansar —dijo Jo mientras se ponía de pie.
Ella negó con la cabeza rápidamente.
—No. Estoy aquí para cuidarte, ¿recuerdas? Puedo con dos copas y meter una jarra en la nevera. —Le sonrió a Jo. Al instante, hizo que Jo se sintiera un poco mejor, un poco menos culpable por haber sacado unos recuerdos tan dolorosos.
—Si estás segura. —Jo le sonrió. Había tantísimo que se estaba quedando sin decir, pero ahora no era el momento y tenían el día de mañana.
El sueño le llegó a Ali mucho más rápido de lo que había esperado aquella noche. Pensaba que estaría dando vueltas en la cama, preguntándose si había tomado la decisión correcta al pedir la excedencia y mudarse con Jo pero, en lugar de eso, se quedó frita en cuanto la cabeza le tocó la almohada.