Capítulo 21
CAPÍTULO VEINTIUNO
Las manos de Ali agarraban con fuerza el volante mientras se detenía frente a la verja de la casa de Jo.
Estaba más lejos de la ciudad que la casa de Ali, protegida por un alto muro perimetral de piedra, grandes portones de madera y cámaras de seguridad de última generación.
Ali no estaba segura de si fueron los sensores de movimiento o si Jo había detectado su llegada pero, casi en cuanto Ali detuvo el coche, los pesados portones de madera se abrieron despacio, revelando un amplio camino de entrada.
Scarlett daba botes en el asiento trasero.
—¿Aquí es donde vive Jo? —preguntó emocionada, mirando fijamente la mansión que se extendía ante ellas.
Era una casa antigua, construida al estilo victoriano, con ladrillo gris claro autóctono de la zona y un tejado de tejas gris oscuro.
No tenía la forma de la típica mansión, no es que Ali supiera muy bien qué era una mansión «típica».
Se alzaba sobre una pequeña península junto a un lago, con jardines paisajísticos de trazado preciso.
—Aquí es —dijo Ali mientras subía por el sinuoso camino de entrada .
—¡Parece sacada de un cuento de hadas! —La emoción irradiaba de Scarlett. Esta era una oportunidad única en la vida para ella de vivir en un sitio así. Aunque fuera solo por unas semanas.
Ali estaba más nerviosa que emocionada a estas alturas. Jo le había dicho que Maddie se había ido, pero ¿qué pasaría si volvía? Aparcó el coche, apagó el contacto y se bajó. Ayudó a Scarlett a salir del asiento trasero y fue a coger sus bolsas del maletero.
—Haré que alguien te las coja —llamó Jo, de pie junto a la puerta principal.
Ali alzó la vista, incapaz de contener la sonrisa. Jo ya no parecía débil e indefensa con una bata de hospital. Llevaba una camiseta negra de manga larga con botones y vaqueros, con el pelo peinado hacia atrás. Parecía feliz y sana.
—¿Estás segura? —preguntó Ali, todavía junto al maletero.
Scarlett corrió hacia delante, rodeando la cintura de Jo con los brazos. Ali vio a Jo hacer una leve mueca.
—¡Scarlett! —llamó—. Acuérdate de tener cuidado con Jo.
Alzó la vista hacia Jo.
—Perdón —dijo con timidez.
—No te preocupes. —Jo le acarició lo alto de la cabeza—. Sí, estoy segura. Tengo gente aquí asegurándose de que Scarlett y tú tengáis habitaciones cómodas donde quedaros. Creo que lo tenemos todo listo para vosotras.
Ali soltó un suspiro de alivio, aunque no le gustaba la idea de tener «servicio» cerca. Siempre había hecho las cosas por sí misma. No sería capaz de adaptarse a que alguien lo hiciera todo por ella.
—Muy bien, entonces. —Dejó el maletero abierto, caminando hacia donde Jo estaba de pie en los escalones de la entrada. Eran de hormigón, y subían hasta una puerta principal de madera clara .
—Dejad que os enseñe esto —dijo Jo, guiándolas al interior de la casa.
Se quedó desconcertada por lo preciosa que era la casa por dentro.
El recibidor conducía en tres direcciones distintas.
En el centro había una gran mesa con una impresionante marquetería de maderas de distintos colores.
Todo tenía buen gusto, no estaba recargado como cabría esperar en una mansión tan elaborada.
Ali cogió la mano de Scarlett, manteniéndola pegada a su lado mientras Jo las guiaba por la casa.
—A la derecha se va hacia la cocina y el comedor; a la izquierda se va al salón, la biblioteca y mi despacho. —Fueron directas a otro pequeño pasillo con un tramo de escaleras de madera maciza que subían a la planta siguiente.
Ali no pudo evitar fijarse en la falta de fotos familiares en la casa.
Aunque solo eran ella y Scarlett, tenía fotos de bebé de Scarlett, fotos de su familia antes de que la tragedia se cruzara.
La mansión no le daba la sensación de hogar.
Por su tiempo juntas cuando eran más jóvenes, sabía que Jo era una persona sentimental.
Sin duda eso no había cambiado, ¿verdad?
Subieron las escaleras en silencio, Ali y Scarlett asimilando todo lo que pasaban. Jo señaló un baño en lo alto de las escaleras antes de continuar. Se detuvo junto a una puerta cerrada.
—Esta es la habitación de Scarlett. —Jo se apartó, dejando que Scarlett se adelantara—. ¿Quieres hacer los honores de abrirla?
A Scarlett se le iluminaron los ojos.
—¡Sí, porfa! —Ali le soltó la mano y ella se adelantó, girando el pomo dorado de la puerta.
La habitación estaba recién pintada de un amarillo claro.
En el centro de la habitación había una cama de matrimonio, más grande que la individual que Scarlett tenía en casa.
El edredón era de un rosa bebé con dibujos de perros por todas partes.
Había obras de arte en las paredes, en su mayoría de perros con coronas de flores.
Todo estaba montado con buen gusto. Había un pequeño escritorio en el rincón y un baúl de juguetes al lado.
—Por favor, avisadme si hay cualquier otra cosa que necesitéis… o queráis.
Scarlett pareció desconcertada. Entró en la habitación y se le agrandaron los ojos. Se giró a mirar a Ali y a Jo, sin habla.
—¿Es mía? —dijo por fin. Cuando las dos asintieron, sonrió de oreja a oreja—. Mamá, ¡me encanta! Gracias, Jo.
—Me alegra oír eso —dijo Jo—. Hay unos libros de colorear nuevos y ceras en el cajón del escritorio. No compré muchos juguetes porque no estaba segura de qué te gusta, pero me da en la nariz que igual lo averiguo. —Le sonrió a Scarlett.
Scarlett estaba tan embelesada con la habitación que no pareció darse cuenta de lo que Jo había dicho.
—Gracias —dijo por fin, parpadeando despacio. Entró más en la habitación, poniéndose al instante a curiosear alrededor del escritorio.
Con Scarlett distraída, Ali se giró hacia Jo.
—No tenías por qué hacer todo eso —murmuró mientras se alejaban, avanzando por el pasillo.
—Lo sé, pero quería asegurarme de que se sintiera bienvenida aquí —dijo Jo mientras caminaban—. Sé que va a ser un gran cambio para ella.
—Sé que lo agradece. —A Ali la dejó anonadada el cuidado que había puesto Jo para asegurarse de que Scarlett se sintiera cómoda aquí. Era maravillosa con Scarlett—. Es más de lo que tiene en casa.
A la habitación de Scarlett en casa no le faltaba de nada. Tenía todo lo que Ali podía proporcionarle, pero no se comparaba con lo que Jo podía ofrecer. Unas cuantas puertas más allá (y otro baño), Jo se giró hacia otra puerta cerrada .
—Esta es la tuya. —Jo giró el pomo, abriendo la puerta de par en par.
La habitación de Ali era de un blanco impoluto. Había una cama de matrimonio en el centro con un edredón de un blanco reluciente. Había un asiento junto a la ventana que daba al lago de fuera. La habitación estaba decorada con un estilo costero, con suaves verdes y azules realzándolo todo.
—Sé lo mucho que te gusta el agua. —Jo se quedó en el umbral mientras Ali deambulaba por la habitación, asimilándolo todo.
—Es preciosa. —Se giró de nuevo a mirar a Jo—. Gracias, Jo, por todo lo que estás haciendo. —Desde luego se sentía más cómoda aquí de lo que pensaba que estaría. Ni siquiera había pasado una noche y Ali ya estaba segura de que no se arrepentiría de su decisión.
—Soy yo la que debería darte las gracias por todo, Ali. Agradezco lo que estás haciendo, y espero demostrarte cuánto. ¿Por qué no te instalas? Haré que alguien suba con vuestras bolsas dentro de un rato y luego podemos hablar de qué queremos hacer para cenar.
Ali le sonrió, asintiendo despacio.
—Me parece un buen plan.
Scarlett, Ali y Jo disfrutaron de una cena agradable juntas, sentadas alrededor de la gran mesa del comedor.
Jo siempre había pensado que el comedor era demasiado grande; incluso cuando ella y su esposa cenaban juntas, siempre se había sentido sola en él.
Maddie había insistido en que cenaran en la mesa cada noche (cuando no estaba en yoga), y Jo siempre era muy consciente de la distancia entre las dos.
Comer con Scarlett y Ali era distinto. Parecía una familia.
Hablaban y reían y disfrutaban de la comida.
Jo sabía que tenía que dejar de pensar que eran una familia porque, por mucho que una parte de ella lo deseara, no lo eran.
Como mucho eran amigas. Scarlett y Ali eran una familia; Jo no era más que la de fuera.
Después de cenar, Ali se disculpó para preparar a Scarlett para dormir.
Jo recogió los platos mientras ella lo hacía, hurgando entre sus propios pensamientos.
¿En qué estaba pensando al invitar a Ali aquí?
¿Creía que iban a recaer en cómo eran antes?
¿Creía que esto cambiaba de algún modo su pasado?
¿Por qué se molestaba siquiera con ello?
Su tiempo con Ali se había acabado… pero ¿por qué le costaba dejarlo ir?
Terminó de recoger las cosas antes de ir al salón, sentarse en el sofá de cuero marrón y sacar el móvil.
Se pasó Dios sabe cuánto tiempo mirando correos del trabajo, respondiendo y asegurándose de que las cosas iban como debían en la oficina.
Solo alzó la vista del móvil cuando oyó pasos en las escaleras.
Cuando vio a Ali, volvió a guardarse el móvil en el bolsillo de los vaqueros.
—Scarlett se ha dormido enseguida. Pensaba que quizá tendría algún problema para dormir en un entorno nuevo, pero supongo que me equivocaba —dijo con una risa y se sentó en el sofá al lado de Jo.
—Me alegra oír eso. Intenté asegurarme de que vuestras habitaciones fueran todo lo cómodas que pudieran ser para las dos. Quería que esto resultara lo más hogareño posible por el sacrificio que estás haciendo para ayudarme.
Ali negó con la cabeza.
—No es un sacrificio tan grande, Jo. Quería ayudarte.
—Y te lo agradezco. —El silencio se prolongó un momento después de aquello antes de que Jo decidiera probar suerte, o al menos ver qué línea quedaba entre las dos—. ¿Te gustaría sentarte conmigo en la terraza de atrás? Podríamos disfrutar de las vistas juntas…
—Creo que suena a una idea encantadora.
El corazón de Jo dio un vuelco.