Capítulo 20
CAPÍTULO VEINTE
Ante la insistencia de Scarlett, ella y Ali habían vuelto a la habitación de Jo con su comida y se sentaron juntas a charlar y comer.
A Ali le resultaba asombroso lo rápido que Scarlett había congeniado con Jo.
Scarlett no era una niña recelosa con los desconocidos, pero no siempre entraba en confianza de inmediato.
Nunca había congeniado con nadie tan rápido como con Jo.
Durante todo el camino de vuelta de coger la comida, no paró de hablar de lo guay que era Jo.
Aquello le daba a Ali una tranquilidad de espíritu asombrosa mientras trabajaba.
No tenía que preocuparse por si a Scarlett la cuidaban bien o por si era feliz, porque sabía que lo era.
Cada vez que se asomaba a la habitación de Jo en sus rondas, Ali se encontraba a las dos increíblemente felices.
Jo siempre sonreía de oreja a oreja, aquella sonrisa preciosa y de verdad que Ali adoraba.
Scarlett siempre estaba hablando por los codos, consiguiendo que Jo hiciera algo con ella.
Cuando terminó el turno de Ali, entró en la habitación de Jo y se encontró a las dos en el sofá. Scarlett se había acurrucado contra el costado de Jo y se había quedado dormida mientras Jo le leía. Aunque estaba dormida, Jo seguía leyendo. Ali casi se sintió fatal por arruinar el momento.
Se quedó callada, sentándose en uno de los sillones reclinables de enfrente del sofá.
—Parece que habéis tenido un día ajetreado. —Sonrió con suavidad, señalando hacia la mesa de centro, que estaba cubierta de utensilios de colorear, libros de colorear, cuentos y más de la pequeña colección de juguetes de Scarlett.
Jo dejó de leer. Cerró el libro en silencio, pero no hizo ademán de dejarlo en la mesa con el resto. Estaba claro que no quería molestar a Scarlett.
—Es maravillosa —dijo tras un momento—. Ha sido una alegría pasar el día con ella.
—Está claro que tú también le gustas. Antes no paraba de hablar de lo guay que eras.
Aquello le dibujó una sonrisa en la cara a Jo. De oreja a oreja, de verdad y feliz. Estaba bien ver a Jo tan despreocupada y relajada, sobre todo dado todo lo que había pasado las últimas dos semanas.
—¿Sabes? No me importaría cuidarla más a menudo. Incluso después de salir del hospital. Sé que tienes organizado quién la cuida, pero da gusto estar con ella. Sé que a ti te vendría bien un descanso de vez en cuando.
Ali nunca se había planteado que necesitara un descanso. Nunca fue algo que le interesara ni que siquiera imaginara como una posibilidad en su vida. Se había dedicado tantísimo a Scarlett los últimos años.
—Creo que a ella también le gustaría eso. —No sabía qué haría consigo misma si tuviera un descanso de todo.
Jo pareció darle vueltas a algo. Los ojos se le pusieron vidriosos, con la mirada perdida en la distancia. Ya no estaba en el mismo plano que Ali.
—En realidad voy a irme a casa pronto.
—Eso es increíble. Seguro que estás ilusionada .
—Estará bien volver a la normalidad. Maddie se ha mudado del todo.
Lyndsey la dejó entrar y vino con una empresa de mudanzas y se llevó todo lo que quería.
Bajo la supervisión de Lyndsey, obviamente.
Parece que está alquilando un sitio en Westridge, que sin duda me estará costando un dineral, pero no le envidio ni un céntimo si eso nos permite a las dos pasar página y tener un poco de paz.
—Jo pasó los dedos distraídamente por la coleta de Scarlett—.
Tendré la casa para mí sola, de verdad, por primera vez.
Ali quería alegrarse por Jo, y se alegraba.
Le alegraba que estuviera saliendo del hospital, y que pudiera volver a vivir su vida, sana y bien.
Pero estaba triste al mismo tiempo. Que Jo se fuera del hospital significaba que no iba a verla a diario.
No tendría un motivo para tener ganas de sus turnos como lo tenía ahora.
Quería lo mejor para Jo, pero, en su corazón, no quería que se fuera.
Sus crecientes sentimientos hacia Jo estaban mal. El momento para ellos había ido y venido. Ali había tomado su decisión, pero eso no cambiaba cómo se sentía. El silencio de Ali debió de ser demasiado largo, porque Jo pareció notarlo. Curvó una ceja en su dirección.
—¿Todo bien?
—Sí —mintió deprisa, intentando desechar sus sentimientos—. Solo que no sabía qué decir. Seguro que va a ser raro vivir sola, pero también seguro que va a estar bien salir de aquí. —¿Qué más podía decir? No es que pudiera pedirle que no se fuera.
—Va a ser raro —dijo Jo. Ahí estaba, perdida en sus pensamientos de nuevo. Ali quería preguntar en qué pensaba, pero le preocupaba demasiado aquella maldita línea invisible entre las dos—. Pero también estaba pensando en una cosa.
Le tocó a Ali arquear la ceja.
—¿Y qué es ?
—Es arriesgado. Probablemente voy a sonar como una idiota.
—Nunca podrías sonarme como una idiota. Dilo igualmente.
Jo suspiró.
—Voy a necesitar ayuda en la casa. Sobre todo mientras recupero las fuerzas, dado lo mucho que la operación y luego la infección me han dejado hecha polvo.
No hay nadie en quien confíe más para que me ayude que tú.
Has estado genial aquí, Ali. Te confiaría mi vida, algo que nunca pensé que volvería a decir.
En lugar de contratar atención sanitaria a domicilio, ¿y si te contrato a ti?
Scarlett y tú podríais venir a quedaros conmigo mientras me recupero.
Ali estaba segura de que tenía los ojos como platos. Tuvo que asegurarse de que no se le desencajara la mandíbula. No tenía ni idea de qué se suponía que debía decir a eso. Mudarse con Jo, con Scarlett a cuestas, era una decisión importante. En lo único que se le ocurría decir era:
—¿Y mi trabajo?
Sonaba tonto y trivial en ese momento, pero todavía intentaba asimilarlo todo.
—¿Podrías pedir una excedencia? —ofreció—.
Solo unas semanas, el tiempo justo para que todo vuelva a la normalidad para mí.
Te prometo que te pagaré lo suficiente como para cubrir todas tus facturas, tu tiempo y las molestias.
Yo pondré la comida y cualquier otra cosa que Scarlett y tú podáis necesitar.
No hace falta que tomes una decisión esta noche y sé que quizá te esté pidiendo demasiado, pero ¿puedes al menos pensarlo?
—Sus miradas se encontraron y Ali sintió que se le decidía la mente en ese momento.
Sin embargo, no quería lanzarse a esto. Tenía que pensar en Scarlett también. ¿Sería este cambio de entorno lo mejor para ella? ¿Sería capaz de adaptarse? Ali decidió hablarlo con Scarlett por la mañana, y consultarlo con la almohada para asegurarse de que tomaba la decisión correcta.
—Dame tiempo para pensarlo. Te digo algo para mañana. ¿Si te parece bien? Con suerte antes de que te vayas.
Jo tuvo otra noche de sueño intermitente.
Pero, más que el estrés de Maddie o del trabajo lo que perseguía a Jo, eran pensamientos de Ali y Scarlett.
Al principio había una línea entre ellas pero, a medida que pasaba el tiempo, esa línea se había convertido en poco más que un borrón.
Ahora Jo era incapaz de distinguir entre lo que debía y lo que no debía hacer, entre lo que era correcto para su relación y lo que estaba mal.
Era como si el dolor de su pasado se estuviera desvaneciendo a medida que se creaban nuevos recuerdos.
Cuando Jo le pidió a Ali que se mudara con ella, tenía que admitir que no era puramente para que la cuidara.
Era porque estaba disfrutando de ver su cara cada día.
La hacía sentir cosas que no había sentido en años.
Se sentía despierta y viva, y no quería perder eso.
Scarlett era una sorpresa agradable, una parte de la vida que Jo sabía que se estaba perdiendo; solo que no sabía cuánto se estaba perdiendo en realidad.
Con Scarlett daba gusto estar, y Jo quería seguir desarrollando una relación con la niña.
Ya fuera convertirse solo en la tía guay o en algo un poco más para ella, a Jo le parecía bien cualquiera de las dos cosas.
Quizá pedirle a Ali que se mudara era cruzar aquella línea o borrarla por completo de entre ellas.
Pero ¿qué más daba? ¿Seguía siquiera existiendo esa línea entre las dos?
Ahora se instalaba la ansiedad, la preocupación de si Ali se mudaría o no con ella.
Si no lo hacía, ¿volvería Jo a verla alguna vez? ¿Por qué le molestaba tanto esto?
Jo sentía que sabía la respuesta. Solo que no quería admitirlo todavía.
Cuando llegó la mañana, estaba segura de que las ojeras eran las más oscuras que había tenido desde su estancia en el hospital.
Probablemente tenía una pinta de desastre y estaba agotada.
Observó el amanecer sobre la ciudad a través de las cortinas, creando sombras en el suelo de baldosas.
Solo se apartó de la ventana cuando unos pasos suaves resonaron al otro lado.
El corazón le martilleaba. Tenía que ser Ali.
Ali siempre era la primera en la habitación.
Despacio, se giró. Tenía razón, por supuesto.
Ali estaba ahí, vestida con su pijama sanitario azul claro, el pelo oscuro recogido en una coleta.
Jo no lograba descifrar cómo se sentía, no lograba distinguir si tenía las mismas ojeras que ella.
Lo único que sabía era que el corazón le martilleaba en el pecho solo con volver a ver a Ali.
No porque fuera la primera vez del día, sino porque le había prometido una respuesta.
Jo rompió el silencio entre las dos.
—Buenos días. —No quería presionar a Ali por su respuesta. ¿Y si aún no lo había decidido? ¿Y si la respuesta era «no» y Ali estaba demasiado incómoda para decírselo? Madre mía… quería saber cuál era la respuesta.
Ali no la miraba, lo cual alimentaba la creciente ansiedad de Jo. Miraba hacia el monitor que aún tenía conectado. Le tomó la temperatura antes de abrir el manguito de tensión y deslizárselo por el brazo. Por fin, habló.
—Buenos días. —Su voz no era distinta. No sonaba fría ni distante ni siquiera disgustada.
A pesar de eso, Jo seguía sintiéndose incómoda y fuera de lugar. Sentía que quizá lo había arruinado todo entre las dos.
—¿Qué tal la noche? —¿De verdad habían vuelto a la charla trivial? ¿Habría hecho las cosas incómodas al forzarlas demasiado pronto?
—Bien —dijo Ali—. Hablé con Scarlett sobre lo que preguntaste. Le dije que te ibas a ir a casa y que quizá necesitaras algo de ayuda en la casa. Le dije que nos habías pedido que fuéramos a quedarnos contigo para echarte una mano por la casa y que yo pudiera cuidarte.
A Jo se le atascó la respiración en la garganta mientras esperaba a que Ali terminara. Daba golpecitos con los dedos de los pies en el colchón, sin duda haciéndose parecer un manojo de nervios, pero no podía evitarlo.
Ali continuó.
—Sería un gran cambio para nosotras. Le dije a Scarlett que seguiría yendo a su colegio, pero que tendría una habitación distinta y una casa distinta donde quedarse.
La idea pareció gustarle, porque piensa que eres «la más guay».
—Hizo una pausa, mordiéndose el labio inferior.
Parecía tan ansiosa como Jo, y eso pareció decirle a Jo todo lo que necesitaba saber.
Ali iba a decirle que no.
—No sé cuál es la decisión correcta —dijo Ali antes de que Jo pudiera explicar que no pasaría nada si, de hecho, decía que no—. Sé que hay muchas cosas que pueden salir mal si digo que sí. Sé que probablemente arruina cualquier límite entre las dos, pero… —tragó saliva— voy a decir que sí.
Estaba claro que no había sido una decisión fácil para ella. Jo se quedó desconcertada cuando respondió. El silencio se prolongó entre ellas, cada una buscando las palabras adecuadas que decir.
—Agradezco tu respuesta. Agradezco lo que has reflexionado sobre ello. Te prometo que, si en algún momento te sientes incómoda o como si hubieras tomado la decisión equivocada, puedes irte y te pagaré el resto de tu sueldo para que no sufras ningún perjuicio económico.
—No estoy…
—Sé que no te preocupa el dinero. Sé que no estás en esto por el dinero, Ali, pero quiero que sepas que entiendo el sacrificio, los pasos que estás dando por mí. Quiero que sepas que tienes una red de seguridad por si sientes que tomaste la decisión equivocada.
Por primera vez esa mañana, Ali le sonrió y Jo sintió que el corazón se le iba a derretir. Quería que Ali sonriera así cada día.
Ali alargó la mano, tomando la de Jo en la suya.
—Gracias, Jo. Voy a hablar con mi supervisora para pedir la excedencia y te digo qué me dicen.
Había tantísimas palabras no dichas entre las dos.
Jo tenía la dolorosa sensación de que sabía cuáles eran esas palabras, porque ella también las sentía con tanta fuerza pero, hasta que Ali dijera algo, no se atrevería a abrir la boca.
Lo último que quería era incomodarla tras el sacrificio que estaba eligiendo hacer por Jo.