Diagnóstico de Amor (City General Series 4) Capítulo 19
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Capítulo 19

CAPÍTULO DIECINUEVE

Jo estaba un poco nerviosa, ¿o era emoción?

No estaba segura. No estaba segura de en qué se había metido al acceder a cuidar de Scarlett.

Se había pasado casi toda la noche despierta, sin poder dormir, buscando ideas de cómo entretener a una niña de seis años.

Por mucho que a Jo le encantaran los niños, su experiencia con ellos no era muy amplia.

Había sido hija única, igual que Maddie.

No había habido sobrinas ni sobrinos a los que hacer de canguro.

Pero, en cuanto vio a Scarlett, toda aquella preocupación pareció desvanecerse.

Parecía y se comportaba como un ángel, haciéndole caso a Ali.

Aquello le trajo a Jo la siguiente preocupación: ¿le haría caso Scarlett a ella?

No tenía motivos para ello. Jo no era más que una desconocida.

No creía que Ali fuera a criar a una niña revoltosa pero, por otra parte, no tenía ni idea.

Le había prometido a Ali que podía con esto, y estaba decidida a hacerlo. Vio cómo Ali salía, dejándolas a las dos juntas. Se giró a mirar a Scarlett, aspirando hondo.

—Bueno, ¿qué querías hacer hoy?

Scarlett respondió con un encogimiento de hombros .

—No sé. Iba a colorear si estabas dormida —dijo, volviendo a mirar su libro de colorear.

—¿Quieres que coloreemos juntas? —¿Por qué estaba Jo tan nerviosa? Hacer preguntas era algo que apenas la inmutaba. Pero estaba acostumbrada a hacérselas a una sala llena de hombres de negocios con trajes elegantes, no a una niña de seis años con un lazo en el pelo.

La cara de Scarlett pareció iluminarse ante la pregunta.

—¡Sí! —Luego hizo una pausa, arrugándosele la naricilla—. ¿Llevo mis cosas ahí o puedes caminar hasta el sofá?

Jo ahora le estaba increíblemente agradecida a Ali por hacerla caminar de aquí para allá por los pasillos. Se había acostumbrado de nuevo a caminar; estaba mucho más fuerte ahora que los antibióticos habían hecho efecto.

—Puedo ir ahí. Colorear en la mesa será más fácil.

—¡Sí! —Scarlett volvió corriendo al sofá, siguiendo con sacar sus cosas de colorear.

Jo pasó las piernas por el lado de la cama, incorporándose despacio y permitiéndose acostumbrarse a la sensación de estar sentada.

Se puso de pie, y luego caminó despacio hasta el sofá donde estaba Scarlett.

Le costó unos segundos coger el tranquillo de caminar sin que nadie le sujetara el brazo, pero fue pan comido una vez que superó todo aquello.

Se sentó en el extremo del sofá, dándole a Scarlett todo el espacio que necesitaba. La observó con una sonrisa mientras sacaba todas sus cosas de colorear. Tenía tres libros de colorear que reunió en las manos, yendo directa hacia Jo.

—¿Cuál quieres? —preguntó con una sonrisa.

Sus tres opciones eran sirenas, cachorros y uno que parecía estar lleno de dibujos relacionados con el espacio.

—Me quedo con el de las sirenas —decidió Jo—. ¿Te parece bien? —Lo último que quería hacer era ofenderla.

—¡Sí! —Scarlett le tendió el de las sirenas—.

Yo quiero usar el de los cachorros. Mamá dijo que algún día tendremos un perrito.

—Tiró el último libro de colorear sobre la mesa de centro.

Reunió las ceras, los rotuladores y los lápices de colores y los colocó en el sofá, subiéndose para que todo lo que necesitaban quedara entre las dos.

—¿Ah, sí? ¿Tienes un tipo de perro favorito? —Jo abrió el libro de colorear, pasando las páginas para encontrar un dibujo que colorear.

—Me gustan los spaniels. Y los caniches. Me gustan todos los perros —dijo Scarlett, decidiendo ya qué iba a colorear—. Saco libros sobre perros de la biblioteca del cole todo el rato. Mamá me ayuda a leerlos para que aprenda a cuidarlos.

Scarlett era adorable, y muy lista. Estaba intentando aprender a cuidar del perro que aún no tenía. Jo conocía a muchos adultos que ni siquiera hacían eso. Jo encontró lo que iba a colorear y cogió uno de los lápices de colores.

—A mí también me gustan los spaniels. Son monos.

—¿Tienes perro? ¿O alguna mascota?

—No tengo. Estoy un poco demasiado ocupada para uno y no tengo a nadie que me ayude a cuidarlo.

—Claro, Jo podía contratar ayuda para cuidar de cualquier mascota que eligiera, pero no era lo mismo.

Si se hacía con un animal, quería poder dedicarle su tiempo y su cariño, no endosárselo a otra persona.

Esa era otra cosa en la que Maddie y ella discrepaban a menudo.

Maddie no renunciaría a sus exóticas y frecuentes vacaciones para tener la responsabilidad de cuidar de un perro.

—Eso es lo que dice mamá. Ahora mismo estamos demasiado ocupadas para un perro, porque ella trabaja mucho y yo no puedo llevarlo al cole, pero promete que pronto tendremos uno. Para entonces sabré todo lo que necesito saber sobre cómo cuidarlo. —Le sonrió de oreja a oreja a Jo.

—Eso estará genial.

Las dos se quedaron calladas, concentradas en colorear los dibujos que habían elegido.

A Jo le resultaba increíble lo bien que estaba esto y lo relajante que era colorear con Scarlett.

Estaba bien concentrar toda su energía en crear algo.

Hizo todo lo posible por colorear sin salirse de las líneas, por crear algo bonito sin mirar el dibujo de Scarlett.

A los niños les gustaba que las cosas fueran una sorpresa, ¿verdad?

—¡Terminado! —dijo Scarlett al cabo de un rato.

—¿Me lo enseñas? —Jo dejó el lápiz de color que estaba usando para dirigir su atención a Scarlett.

Scarlett giró el libro de colorear para que Jo pudiera verlo. El dibujo era de un dálmata de manchas rosas y moradas con un collar azul claro. A Jo le sorprendió lo bien que se había mantenido dentro de las líneas. Era un dibujo divertido.

—¡Es precioso! —dijo Jo con una sonrisa.

—¿De verdad te gusta? ¿Lo quieres? —Antes de que pudiera responder, Scarlett se puso el libro en el regazo. Tuvo cuidado de rasgar por las líneas perforadas para no romper el papel. Una vez que quedó arrancado limpiamente, se lo tendió a Jo.

—Muchísimas gracias. —Jo casi sintió que estaba al borde de las lágrimas.

Era algo tan puro, tan tierno. Probablemente era el regalo favorito que había recibido en mucho tiempo.

Cogió el trozo de papel con cuidado, alargando la mano para dejarlo en la mesa y que no se estropeara—.

Lo guardaré como un tesoro para siempre.

Scarlett le sonrió antes de empezar con otro dibujo. Aquello le dio a Jo tiempo de terminar su dibujo de la sirena.

—Muy bien. He terminado.

—¿Puedo verlo? —La voz de Scarlett estaba llena de entusiasmo.

Lo giró para que Scarlett pudiera verlo bien. Cuando lo vio, se le iluminaron los ojos.

—¡Me encanta! —Scarlett sonrió de oreja a oreja—. Me gusta su pelo castaño y su top morado. —Pensó un momento, con los ojos castaños mirando hacia arriba, mordiéndose el labio inferior, pensativa—. ¿Me lo puedo quedar?

—¡Claro! —Jo sonrió de oreja a oreja. Usó el mismo cuidado que había tenido Scarlett para arrancar el dibujo del libro de colorear antes de tendérselo. Scarlett lo miró, sonrió y lo puso con sus cosas.

A medida que avanzaba el día, Jo se descubrió disfrutando de verdad de la compañía de Scarlett.

Una parte de ella estaba triste de que fuera esto lo que se estaba perdiendo, de que nunca iba a conocer la alegría de tener una hija propia.

Pero, a la vez, estaba increíblemente feliz.

Le encantó cada momento de pasar tiempo con Scarlett.

Sobre la hora de comer, Ali se pasó.

—Estoy en mi pausa para comer —dijo, mirando hacia Jo y Scarlett, que seguían coloreando. A Jo le asombraba cuánto tiempo se podía pasar solo coloreando—. Scarlett, ¿quieres ir a por algo de comer?

Scarlett alzó la vista.

—¿Puede venir Jo con nosotras?

Con una sonrisa triste, Ali negó con la cabeza.

—Jo todavía no puede salir de la habitación del hospital.

Scarlett frunció el ceño. Era la primera vez que Jo la veía fruncir el ceño desde que estaba en la habitación. Por un momento, pareció que iba a montar una pataleta. No sería impropio de una niña, pero sí parecía impropio de Scarlett.

—Pero yo quiero comer con Jo. —El labio inferior le sobresalió mientras hablaba.

Ali suspiró. Miró hacia arriba, como hacía cuando pensaba en algo, antes de volver a bajar la vista hacia ellas.

—Vale, ¿por qué no vamos a por algo y lo traemos para comer con Jo? Para entonces, probablemente ya habrá llegado su comida. —Le lanzó una mirada a Jo, como preguntándole en silencio si le parecía bien.

Jo estaba demasiado desconcertada por lo mucho que Scarlett quería comer con ella. Le tiró de las fibras del corazón más de lo que quería admitir. Miró de la una a la otra, con una sonrisa en la cara.

—Sí. Me parece perfecto. Id a por algo con mamá y podéis volver a comer conmigo.

Tras pensárselo un momento, Scarlett por fin asintió.

—¡Vale! Podemos hacer eso. —Se bajó del sofá de un salto y caminó hacia Ali, alargando la mano para coger la suya—. Vamos a por la comida. —Cuando Ali asintió con una sonrisa, Scarlett se giró de nuevo a mirar a Jo—. ¡Vuelvo pronto, Jo! Puedes seguir coloreando.

Jo sintió como si el corazón se le derritiera.