Capítulo 18
CAPÍTULO DIECIOCHO
Scarlett estaba emocionadísima de no tener que ir al colegio.
Por mucho que le encantara el colegio y ver a sus amigos, era como cualquier niña, y un día sin cole era un placer.
Ali la despertó temprano para prepararla y que fuera al trabajo con ella.
Le recogió el pelo oscuro a Scarlett en una coleta y la vistió con su conjunto favorito de vaqueros rosas y camiseta blanca.
—Vamos a tu hospital, ¿verdad? ¿Qué hago yo mientras trabajas? —preguntó Scarlett, mientras Ali la llevaba al coche.
—Sí. Bueno, no es mi hospital, pero es donde trabajo, sí —dijo Ali, abrochándole el cinturón a Scarlett.
Colocó la bolsa de tela que había preparado con los libros y juguetes de Scarlett en el asiento de al lado—.
Vas a quedarte con mi amiga en su habitación mientras yo trabajo hoy. ¿Te parece bien?
—¡Sí! —respondió deprisa. Hubo una breve pausa antes de que Scarlett preguntara—: ¿He conocido antes a tu amiga? ¿Es maja?
Scarlett no había conocido a muchos amigos de Ali antes, porque Ali no tenía muchos. Su mundo entero giraba en torno a Scarlett y el trabajo. Aparte de eso, no era más que un cascarón de la mariposa social que había sido.
—No la has conocido. Pero es muy maja. Tiene ganas de jugar contigo hoy.
—¡Genial! —Scarlett se rio antes de que condujeran en silencio hasta el hospital.
Ali le cogió la mano a Scarlett mientras la llevaba al interior del hospital y al ascensor.
La niña de seis años daba botes sobre los talones, claramente emocionada por la nueva experiencia.
Cuando salieron del ascensor, Scarlett giraba la cabeza y miraba alrededor, asimilándolo todo.
Todos los cuadros relajantes de la pared, las puertas cerradas que quedaban bloqueadas sin una tarjeta de identificación. Estaba ansiosa por empaparse de todo.
Ali le mantuvo la mano bien agarrada, asegurándose de que estuviera bien pegada a su lado.
Iba con la cabeza gacha mientras caminaban.
No estaba segura de si alguien sabía que traía a Scarlett, y no quería llamar la atención.
Una parte de ella todavía no estaba del todo cómoda con la situación.
Nunca había mezclado su vida laboral y personal antes, y ahora no le parecía el momento adecuado para empezar.
Pero Jo había insistido, y esto la ayudaba de verdad.
Mientras caminaban, Scarlett intentaba asomarse a cada habitación por la que pasaban. Simple curiosidad infantil, que habría estado bien en cualquier otra situación, solo que no en esta. Ali le dio un tironcito de la mano, atrayéndola un poco más cerca.
—Eso no lo hagamos, Scarlett.
—¿Por qué no?
—Porque algunas personas de esas habitaciones están muy enfermas y solo quieren descansar. Así que tenemos que dejarlas descansar, ¿vale?
Scarlett asintió en respuesta. Ali estaba bendecida con lo comprensiva que era Scarlett.
Seguía siendo una niña que tenía arranques aleatorios de energía y que a veces se portaba mal, pero en su mayor parte era una niña feliz y que se portaba bien.
Esa era la razón principal por la que no se sentía mal dejándola con Jo.
—Vale, pues mi amiga quizá siga dormida.
Si lo está, quiero que te sientes en el sofá con tus cosas de colorear y estés calladita.
¿Vale? Se despertará dentro de poco y entonces podréis jugar las dos.
—Si Jo quería, claro. Ali no recordaba haberla visto nunca interactuar con una niña; solo sabía que le encantaban.
—¡Vale! —Scarlett sonrió de oreja a oreja.
Aspirando hondo, Ali la llevó a la habitación doce. La habitación estaba casi a oscuras, salvo por el resplandor de la tele y la lucecita nocturna de encima de la cama. Ali señaló a Scarlett hacia el sofá y ella fue al instante, llevándose la bolsa de tela consigo.
Ali echó un vistazo hacia la cama, captando el familiar resplandor de la pantalla de un móvil. Suspiró, negando con la cabeza. Acercándose a la cama de Jo, chascó la lengua.
—¿Es que no duermes nunca?
—Duermo lo suficiente. Es bastante difícil cuando la gente entra y sale de tu habitación toda la noche, cada noche.
Entiendo por qué, pero es difícil dormir bien —dijo Jo, dejando el móvil.
Se giró apartándose de Ali para poder mirar hacia Scarlett, que estaba sentada en el sofá, sacando sus cosas—. ¿Es esa mi compañía del día?
—Lo es. —Ali sonrió—. Scarlett, ven un momento. —Scarlett alzó la vista al oír su nombre, dejando caer el libro de colorear en la mesa de centro antes de bajarse de un salto del sofá y correr hasta donde estaba Ali—. Scarlett, esta es mi amiga Jo.
Scarlett alzó la vista hacia la cama, sonriendo al instante al ver la cara de Jo .
—Me gustan tus gafas.
La sonrisa de la cara de Jo fue una que Ali guardaría en la memoria. Era de auténtica felicidad.
—Gracias, Scarlett. A mí me gusta tu lazo —dijo, señalando hacia el lazo rosa de lo alto de su coleta.
—¡Gracias! Me lo eligió mamá.
Ali había estado nerviosa por que Scarlett la llamara «mamá».
Quería que Scarlett supiera la verdad. Nunca quiso que se olvidara a Elsie, pero sí quería asegurarse de que Scarlett tuviera una buena vida.
Pensaba en Scarlett como en su hija y la trataba como imaginaba que trataría a su propia hija, porque eso era lo que Scarlett era para ella.
—Ah. Bueno, pues tiene buen gusto. —Jo le sonrió de oreja a oreja—. Nos vamos a apañar bien. Tú trabaja hoy y no te preocupes. Seguro que te pasarás a verla a lo largo del día, ¿no? —Ali asintió—. Muy bien. No te preocupes. Yo me encargo.
Y Ali sabía que así era. Confiaba en Jo.