Diagnóstico de Amor (City General Series 4) Capítulo 6
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Capítulo 6

CAPÍTULO SEIS

EN LA ACTUALIDAD

Tras salir de la habitación de Jo, Ali necesitaba un descanso.

Desapareció al control de enfermería antes de dirigirse a la siguiente habitación, sirviéndose una taza de café que ya se había quedado frío.

Hablar con Jo, estar cerca de ella… era todo muy surrealista.

Hubo algo de incomodidad al principio, algunas sensaciones extrañas, pero enseguida volvió a sentirse cómoda con ella, más cómoda de lo que se había sentido con nadie en años.

Aun así, le removió recuerdos. Le recordó a quien había sido, a cómo eran antes las cosas.

Los recuerdos escocían, pero también insuflaban aire fresco a Ali.

Hablar con Jo le recordaba cómo era antes de que la vida la hundiera.

Hablar no iba a resolver ni la mitad de sus problemas, pero sentaba condenadamente bien soltarlos todos un rato.

Se bebió de un trago el resto del café, tirando el vaso de papel a la papelera cercana antes de continuar con sus rondas. Su siguiente paciente, en la habitación catorce, no era tan agradable como Jo .

En la habitación catorce se alojaba la señorita Díaz.

Heredera de una empresa de energía, había tenido que operarse para que le extirparan la vesícula después de que se le reventara en un viaje de esquí que hizo con sus amigas.

Claudia era probablemente la persona más difícil con la que Ali había tenido que tratar nunca.

La joven estaba malcriada de nacimiento, y se notaba en cómo se comportaba.

En cuanto Ali entró en la habitación, ya estaba hablando.

—Pensaba que no volverías nunca. Sabes hacer tu trabajo, ¿verdad?

—¿No ha pasado a verla alguna de las otras auxiliares mientras yo no estaba?

—preguntó Ali, acercándose a la cama. Hablaba en voz baja cuando se dirigía a Claudia, sabiendo que lo más probable era que la ignorara o le hablara por encima de todos modos.

Le cogió el brazo a la mujer, mirando para asegurarse de que la vía seguía en su sitio.

Esperaba que no lo estuviera, para poder endosarle a Claudia a otra enfermera.

Claudia resopló.

—Sí, sí que han pasado, pero todas son malísimas en su trabajo. Tú eres la única por aquí que medio sabe lo que hace. ¡Ay! ¿Puedes tener más cuidado? Que acabo de hacerte un cumplido.

—Perdone —masculló Ali, volviéndole a bajar el brazo a Claudia. No estaba segura de qué había hecho para hacerle daño, pero se disculpó de todos modos. Ali se mantuvo en silencio mientras hacía el resto de sus tareas, comprobando las constantes, cambiando el apósito de sus puntos.

Todo el rato, Claudia estuvo charlando.

—En fin, que le dije que estaba completamente equivocada. Gucci no es nada, o sea, hoy en día hasta el típico sin techo tiene dinero para un bolso de Gucci. El punto de partida ahora tiene que ser Hermès e ir subiendo desde ahí. Eso lo sabe todo el mundo, ¿verdad ?

Ali murmuró en señal de acuerdo, aunque nunca podría imaginarse gastándose en un bolso más dinero de lo que costaba el coche de la mayoría de la gente.

Claudia resopló.

—Madre mía, se supone que tienes que estar de acuerdo conmigo de verdad. ¿Me estás prestando atención siquiera? Porque es tu trabajo prestarme atención a mí.

Esta vez, Ali suspiró. No pudo evitarlo.

—Tiene razón, señorita Díaz. Lo siento, estaba pensando en otra cosa. —En otra persona. En otra vida.

—Pues más te vale prestarme atención. No quiero tener que ponerle una demanda por negligencia al hospital, pero lo haré.

—Le aseguro, Claudia, que no va a salir nada mal con sus cuidados.

Puede confiar en mí, ¿verdad? —Ali sabía que sí podía porque, pese a la bravuconería que Claudia lucía constantemente, se había muerto de miedo cuando despertó de la anestesia, y Ali había sido quien le cogió la mano y la ayudó a calmarse.

Claudia se calló entonces, y Ali terminó su trabajo antes de pasar a la siguiente habitación. En un giro extraño, le hacía ilusión su siguiente ronda de visitas. Podría volver a hablar con Jo.

¿Por qué se sentía así?

Que Maddie estuviera fuera de la cama antes del mediodía era algo poco frecuente en un día normal.

¿Maddie fuera de la cama y en el hospital?

Eso bastaba para que Jo creyera que estaba alucinando.

Pero ahí estaba, sentada en el sofá, con toda la pinta del florero de mujer que le gustaba considerarse.

Desde que había entrado en la habitación, un silencio se había apoderado de las dos, la clase de silencio incómodo que compartes con una desconocida, no con tu esposa.

Jo no estaba muy segura de cómo abordar el tema sin que Maddie montara un pollo en mitad del hospital, o sin que se convirtiera en una bronca a voces que les ganara el tipo de atención equivocado.

Maddie miraba fijamente el móvil, con la larga melena rubia echada sobre un hombro. Jo no podía negar lo despampanante que se veía ahí sentada, pero esa belleza no se extendía a su interior.

—Seguro que te preguntas por qué te he pedido que vinieras hoy —empezó tras aclararse la garganta.

Maddie ni siquiera se molestó en alzar la vista.

Jo le dio un momento antes de volver a hablar.

—Maddie, ¿has oído algo de lo que acabo de decir? —preguntó con un suspiro, sabiendo ya la respuesta antes de que la pregunta le saliera de los labios.

Otro momento y Maddie por fin levantó la vista del móvil. Tenía las cejas fruncidas, con la confusión impresa a las claras en la cara.

—Estás preocupada por tu operación de mañana, ¿verdad? ¿De eso querías hablar? Saldrá bien. Ya te lo he dicho.

Jo no podía negar lo muchísimo que le molestaba que su propia esposa se quitara esto de encima como si no fuera nada. Los dedos se le clavaron en la sábana de la cama del hospital, enrollándosela alrededor de la mano y apretando.

—No es eso lo que he dicho.

—Ah. —Su boca formó una perfecta y pequeña «o» y quizá, cuando Jo aún veía su relación de color de rosa, lo habría encontrado adorable. Ahora solo le fastidiaba.

—Tenemos que hablar, Maddie.

Antes de que Maddie pudiera responder, se oyó un golpe en la puerta.

—¡Adelante! —llamó Jo, medio fastidiada por la interrupción y medio aliviada de no tener que lidiar con este tema todavía.

Unos pasos entraron por la puerta y luego Ali dobló la esquina. El fastidio que Jo había sentido por la interrupción se le derritió del cuerpo, superado por el alivio que sintió al ver su cara.

—Bienvenida de nuevo. —Le sonrió de oreja a oreja a Ali—. ¿Lista para la segunda ronda de preguntas?

Ali sonrió, la genuina que a Jo le gustaba ver en su cara. Vio los ojos de Ali echar un vistazo hacia Maddie, pero no llegó a saludarla. Al acercarse a la cama de Jo, Ali respondió.

—En realidad, he pensado que esta vez podría hacerte yo las preguntas.

—¿Ah, sí? Me cambias las reglas del juego. Me apunto. —Jo se incorporó en la cama, ofreciendo el brazo para que Ali le tomara la tensión.

—Muy bien. A ver, ¿todavía puedes comerte un paquete entero de fresas de una sentada?

Jo se rio. La risa fue una distracción agradable mientras el manguito de tensión se le enrollaba alrededor del brazo.

—Hace tiempo que no, pero seguro que aún podría. Siguen siendo mi comida favorita.

Ali murmuró en señal de reconocimiento.

—¿Los programas de entrevistas de la tarde siguen siendo tu tele basura de cabecera?

—Sin duda. Aunque no recuerdo la última vez que me senté a ver alguno.

—Jo notaba los ojos de Maddie clavándosele en el lateral de la cabeza.

Siempre había sido del tipo celoso. No porque fuera posesiva con Jo, sino porque le gustaba ser el centro de atención.

Le gustaba tener todas las miradas puestas en ella y, cuando la dejaban fuera de la ecuación, Maddie siempre parecía saltar.

Jo sabía que iba a pagarlo en cuanto volvieran a estar a solas en la habitación del hospital .

—Bueno es saberlo. ¿Sabes? Aquí tenemos todos esos canales. —Ali le sonrió de oreja a oreja a Jo.

Ver a Ali así, hablando con ella, bromeando con ella… era refrescante. Le devolvía todas aquellas emociones. Ninguna de las malas, solo los momentos felices y despreocupados que habían compartido. Como por arte de magia, Maddie quedó largamente olvidada en la mente de Jo.

—Lo tendré en cuenta —respondió mientras Ali abría el velcro del manguito de tensión, deslizándole el brazo fuera. Anotó la tensión en la tableta antes de volverse de nuevo hacia Jo—. La comida llegará en unos minutos. Recuerda, si necesitas algo, solo pulsa el botón de llamada.

La comida le provocó a Jo un vuelco en la boca del estómago.

Sería la última que comería antes de la operación de mañana.

Hacía que todo le pareciera mucho más real.

Ver a Ali salir de la habitación le provocó un vuelco aún mayor en el estómago, con la angustia acumulándosele por dentro hasta un punto de no retorno.

La dejó a solas con Maddie, lo cual no ayudaba en nada.

Cuando se giró, Maddie seguía en el sofá. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho, y el labio inferior sobresaliéndole en un mohín perfecto. Miró a Jo fijamente a los ojos unos momentos antes de hablar.

—¿Qué ha sido eso? —preguntó a bocajarro.

Sin saber muy bien cómo responder a la pregunta, Jo decidió simplemente contestarla con sinceridad.

—Era Ali.

El solo nombre de Ali pareció desencadenar algo dentro de Maddie. Jo podía ver la rabia hirviendo justo bajo la superficie de la mujer impecable sentada en el sofá.

—¿Ali? —repitió Maddie, con veneno en el tono—. ¿La Ali esa?

La Ali esa significaba la del pasado de Jo.

Aquella de la que todavía se estaba recuperando cuando conoció a Maddie, dos años después de haber tomado caminos separados.

Al principio, Maddie había sido absolutamente comprensiva con los traumas de Jo, con lo recientes que eran las heridas para ella, con lo profundas que eran.

Hizo todo lo posible por ayudarla a superarlo pero, al final, Maddie sencillamente se rindió.

Exigió que Jo la superara porque punto. Ella estaba ahora en la vida de Jo, no Ali.

—Sí. La Ali esa.

—¿Qué hace aquí?

—No lo sé, Maddie. ¿Trabajar? Yo no pedí que estuviera aquí. Simplemente trabaja aquí. —A Jo no le gustaba lo acusatoria que se mostraba Maddie, como si Jo hubiera planeado que Ali trabajara aquí. Volver a ver a Ali nunca estuvo en el plan. Era algo que sencillamente había pasado.

—Ya, ya. —murmuró Maddie. Se levantó, cogió una de las sillas de respaldo recto y la arrastró junto a la cama de Jo. Se sentó justo fuera de su alcance—. ¿De qué querías hablar, Jo?

Maddie estaba enfadada y, cuando estaba de ese humor, era imposible hablar con ella.

Jo sabía que ahora libraba una batalla perdida, pero tenía que plantarle cara a esto.

De lo contrario, iba a perseguirla el resto del día.

Si la única oportunidad que tenía pasaba de largo sin más, no podría dejar de darle vueltas.

Tenía otras cosas de las que preocuparse.

—Maddie, voy a pedirte por última vez que firmes los papeles del divorcio y, si no lo haces, te aviso desde ya.

Le he dado instrucciones a mi abogado para que los presente, alegando adulterio.

Estoy harta. —Jo habló con toda la claridad posible, conteniendo las emociones.

No quedaban muchas ya, porque Jo ya había hecho el duelo por la pérdida de su relación.

Cuando su vida sexual murió, cuando su comunicación cesó, Jo supo que ese era el final.

En la cara de Maddie, numerosas emociones se apoderaron de sus rasgos. Primero, pareció como si acabara de alargar la mano y tocar una vitrocerámica caliente. Conmocionada, dolida. Aquello se desvaneció tan deprisa como había surgido, reemplazándose por fastidio y rabia.

—Solo lo dices porque Ali ha vuelto a aparecer.

¿Cómo había sabido que eso iba a salir? Con un suspiro, Jo negó con la cabeza.

—Los papeles se redactaron hace semanas, antes de que pusiera un pie en el hospital, Maddie. Lo único que tienes que hacer es firmarlos. Si quieres que un abogado los revise, también me parece bien. Creo que lo hice perfectamente justo para las dos. Las dos merecemos ser felices.

Un silencio se apoderó de la habitación.

Uno que Jo no quería romper. Era como la calma antes de la tormenta.

Sabía que, una vez roto ese silencio, se desataría la de Dios es Cristo en la habitación del hospital.

Maddie se recolocó en la silla, mirando a la pared más allá de la cama de Jo, no a Jo misma. Por fin, habló.

—Sé que estás preocupada por tu operación, Jo.

—Maddie —suspiró—. No es…

—Lo entiendo. Es algo importante para ti.

Sé que tienes miedo, y no pasa nada. ¿Qué te parece si aparcamos esta conversación para después de tu operación?

Solo para saber que sales bien de ella y que sigues queriendo seguir adelante con esto.

—Hablaba como si le hablara a una niña, despacio y con sencillez. Jo detestó cada segundo.

También detestó cómo Maddie sacó lo de «si sales bien de ella».

Jo no había tenido ni una sola duda sobre salir bien de la operación.

Era un procedimiento común y estaba en manos del mejor hospital del noreste.

Su cáncer era de fase uno. Muy tratable.

Iba a ponerse bien, pero el solo hecho de oír a su esposa decir algo así empezó a sembrarle la duda por dentro.

—Maddie —volvió a intentarlo, sin querer otra cosa que llegar a Maddie. Solo quería acabar con todo esto .

Maddie no estaba por la labor. Alargando la mano, le dio unas palmaditas cuidadosas en el dorso de la mano a Jo.

—Todo va a ir bien, Jo. Hablaremos de esto después de tu operación si sigues sintiéndote así. Nos vemos entonces. —Le dio unas palmaditas más en la mano a Jo antes de levantarse, coger su bolso y salir de la habitación del hospital.