Capítulo 7
CAPÍTULO SIETE
Ali estaba en el control de enfermería, poniendo a Sarah al día de sus rondas.
—El señor Collins se está recuperando bien de la operación. El doctor Abraham ha pasado, y cree que estamos hablando de un traslado a una residencia para el viernes.
Ali se detuvo, consciente de que había alguien de pie delante de ellas.
Era la misma rubia alta que había estado en la habitación de Jo.
Ali había sabido desde el minuto en que la vio que era la esposa de Jo.
Sus rasgos eran más de modelo que los de Sarah.
Parecía recién salida de la portada de una revista.
Llevaba las uñas recién hechas, de un rosa claro.
Tamborileaba con los dedos en el mostrador que tenía delante mientras esperaba a que la atendieran.
Ali no tenía ni idea de cómo Sarah mantuvo la sonrisa en la cara al girarse a mirarla.
—¿En qué puedo ayudarla? —preguntó.
—Sí, la verdad. Necesito hablar de la atención que ha estado recibiendo mi esposa en este centro.
—¿Ah, sí? —Sarah prestó atención de inmediato. Se remontaba a lo mucho que en general le importaban los pacientes, y la reputación del hospital—. ¿Y quién es su esposa?
La mujer suspiró con dramatismo, como si Sarah debiera haber sabido la respuesta de inmediato.
—Jo. Jo Shaw. Soy Maddie. Su esposa. —Maddie miró a Ali directamente a los ojos. Le temblaba la mandíbula por la tensión—. Está en la habitación doce.
—Ah, sí. —Sarah se inclinó sobre el ordenador, abriendo los datos de Jo. Los repasó rápidamente antes de alzar la vista hacia Maddie—. ¿Y cuál es el problema, señora Shaw?
Maddie parpadeó unas cuantas veces antes de devolver la mirada directamente hacia Ali.
—Ella —señaló con la cabeza hacia Ali— está incomodando a mi esposa. No desea que ella la siga atendiendo.
Ali se quedó impactada. Estaba casi segura de que la mandíbula se le desencajó un poco ante la acusación.
¿Cómo estaba incomodando a Jo? Pensaba que las bromas entre las dos eran mutuas.
Pensaba que se estaban llevando estupendamente, dado el pasado que compartían.
¿Se había equivocado, o había sido inapropiada?
Sarah parecía tan impactada como Ali. Ali era una empleada leal. Nunca habían tenido ni una sola queja sobre ella, ni siquiera al principio. Es más, la gente la adoraba. Era muy trabajadora y amable con todos sus pacientes.
—Siento oír eso —dijo Sarah, volviendo a mirar a Ali con la confusión grabada en la cara—. ¿Hay algo que debiéramos saber que haya incomodado a la señora Shaw?
Maddie negó con la cabeza.
—No. No hay nada en particular. Jo simplemente ya no se siente cómoda teniéndola cerca y preferiría que no estuviera. ¿Eso es factible o tiene que cambiar de hospital?
Sarah negó con la cabeza rápidamente.
—Eso es del todo factible, señora Shaw. Anotaré que Ali no puede atender a su esposa. Siento oír lo del problema. ¿Hay algo más que pueda hacer?
—No. Eso es todo. —Maddie tenía una expresión de suficiencia, satisfecha, en la cara. Se desvaneció deprisa, pero duró lo suficiente como para que Ali la pillara.
Quizá solo se estaba imaginando cosas. Quizá de verdad estaba incomodando a Jo con las bromas entre las dos. Quizá se había pasado de la raya. Quizá solo quería creerse que ella era la víctima aquí.
—Muy bien. Que tenga un buen día, señora Shaw —dijo Sarah antes de que Maddie se girara y se alejara por el pasillo, con los tacones de diseño repiqueteando contra el suelo de baldosas.
Sarah se dio la vuelta de nuevo para mirar a Ali, con el desconcierto otra vez grabado en la cara.
—¿Tienes idea de a qué ha venido eso? —preguntó.
Ali seguía en shock. Intentaba averiguar en qué se había equivocado, qué había hecho mal. No lograba entenderlo. Vio a Maddie desaparecer antes de volver a girar la mirada hacia Sarah, negando con la cabeza.
—No tengo ni la menor idea. No creo haber hecho nada fuera de lugar. De verdad que no.
Ahora estaba preocupada. ¿Y si Maddie acababa de costarle este trabajo? ¿Cómo iba a mantenerse a sí misma y a Scarlett ahora?
Sarah alargó la mano, poniéndosela en el hombro a Ali.
—Respira, Ali. ¿Por qué no vas a comer? Yo investigaré esto y me encargaré de que se solucione todo. Te lo prometo.
Maddie había dejado a Jo con dolor de cabeza y un ataque de ansiedad.
No había pensado en el desenlace de su operación ni una sola vez pero, ahora que su esposa le había metido eso en la cabeza, era lo único en lo que podía pensar.
Racionalmente, sabía que saldría bien pero ¿emocionalmente?
Era demasiado joven para morir. Tenía muchísimas más cosas que quería hacer.
Estaba atrapada dentro de sus propios pensamientos, retorciendo y desretorciendo las sábanas de la cama, cuando se oyó un golpe en la puerta.
Esperaba que fuera Ali. Una cara amiga que la distrajera. Le mantenía la mente alejada de los agobios del momento y le daba la oportunidad de recordar una época en que las cosas eran distintas. Mejores. En lugar de eso, otra rubia entró en la habitación.
Jo la había visto una vez antes, pero no era una de las enfermeras habituales que pasaban a verla cada hora.
La mujer caminaba como si estuviera en una misión, con los labios apretados en una línea como si algo le rondara la mente.
Aquello no hizo más que amplificarle la ansiedad.
¿Pasaba algo con alguno de los análisis de sangre?
¿Iban a tener que retrasar la operación?
—Hola. ¿Señora Shaw? —Le sonrió a Jo. Las sonrisas eran algo bueno. La gente no solía sonreír al dar malas noticias, ¿verdad?
Jo detestaba sentirse así. Ella no era así. Era segura de sí misma y decidida. Nunca en la vida había tenido tanta ansiedad. Maldita Maddie. Tragó saliva con fuerza, intentando asegurarse de que la voz le saliera clara al hablar con la enfermera.
—¿Sí?
—Soy Sarah, la enfermera supervisora de esta planta.
Antes de nada, quiero disculparme por cualquier cosa que le haya hecho sentir que este centro no era para usted, o cualquier cosa que se haya hecho que la haya incomodado.
Lo último que querríamos hacer nunca es incomodarla.
—Hablaba con elocuencia, usando las manos para gesticular mientras lo hacía.
Jo ya había visto esto antes. Esta mujer estaba nerviosa. Eso la puso a ella aún más nerviosa.
Las cejas se le arrugaron mientras alzaba la vista hacia la nerviosa enfermera que tenía delante. Jo se movió un poco en la cama.
—Yo… no estoy segura de a qué se refiere. Nunca me he sentido incómoda aquí. De hecho, ha sido una estancia estupenda hasta ahora, dadas las circunstancias. Su personal ha sido de primera categoría.
Quizá esto era algo por lo que pasaban con cada paciente. Algunas personas con el tipo de dinero de Jo demandarían encantadas a una organización a las primeras de cambio.
Vio cómo el nerviosismo pareció derretírsele a la enfermera. Pasó de aliviada a completamente confundida. Echó un vistazo hacia la puerta como si se preguntara si estaba o no en la habitación correcta.
—Lo siento. Se nos deben de haber cruzado los mensajes. Su esposa acaba de decirme que se siente incómoda con una de nuestras auxiliares y…
Cualquier otra cosa que estuviera diciendo le entró por un oído y le salió por el otro mientras Jo caía en la cuenta. Maddie debía de haberse quejado de Ali. Maldita fuera.
—Le pido disculpas por ella. Mi esposa a veces se precipita en sus conclusiones. En realidad, le estaba diciendo lo cómoda que estaba con Ali. Supongo que es de quien se estaba quejando. Ali ha sido de lo mejor de mi estancia.
El alivio le inundó los rasgos a Sarah aún más al oír aquello. Jo se imaginó que, en un entorno menos profesional, estaría diciendo «gracias a Dios» en voz alta. Sabía que Sarah lo estaba diciendo por dentro.
—Bueno, eso es un alivio —dijo, sonriendo—. Me alegra muchísimo oír que está cómoda con su estancia aquí, señora Shaw. ¿Hay algo que pueda hacer por usted mientras estoy aquí ?
Jo negó con la cabeza.
—No, estoy bien. Gracias por comprobarlo. Por favor, hágale saber a Ali que Maddie debe de haberse equivocado. Seguro que, si se entera de todo esto, está profundamente confundida.
Sarah mantuvo la sonrisa en la cara. A Jo le dio la impresión de que Ali le caía bien y no quería tener que amonestarla sin motivo.
—Lo haré. Avísenos si necesita algo. —Y con eso, salió de la habitación, caminando con determinación.
Dejó a Jo echando humo. No debería haber descartado que Maddie hiciera algo así, pero era pasarse de la raya.
Estaba metiéndose con el sustento de alguien sin ningún motivo.
Maddie no era precisamente posesiva con Jo, pero era del tipo que haría cualquier cosa por evitar que nadie más se llevara un céntimo.
Necesitaba compensar a Ali por esto, que era una espectadora inocente en el circo de mierda que era su vida.
Ali no había comido nada durante su pausa para comer.
Fue incapaz. La ansiedad, la confusión y la preocupación se habían apoderado de sus pensamientos.
¿Qué había hecho mal al interactuar con Jo?
Pensaba que estaban en la misma sintonía en lo tocante a bromear la una con la otra. Pensaba que les iba bien.
¿Se había equivocado? ¿Había estado Jo solo fingiendo aquella normalidad entre las dos? ¿Simplemente estaba incómoda con la presencia de Ali? ¿Le removía demasiados recuerdos de su pasado? ¿La estresaba demasiado antes de su operación?
No podía dejar de obsesionarse con en qué se había equivocado .
Se resistía incluso a volver al trabajo, con esa sensación paranoica en la boca del estómago diciéndole que algo iba a salir mal.
Como si fuera a volver a la planta y la supervisora fuera a estar allí, gritándole por algo que Ali no sabía que había hecho.
¿Y si pierdo el trabajo? ¿Y si ya no puedo permitirme cuidar de Scarlett?
Cuando el ascensor se abrió con un tintineo, Ali dudó incluso de salir. Aspiró hondo, preparándose para lo que fuera a pasar. Dobló la esquina, y el control de enfermería volvió a aparecer a la vista. Sarah estaba en el ordenador, pero no parecía disgustada.
Eso tenía que ser buena señal, ¿verdad?
Aspiró hondo una vez más al acercarse al control de enfermería. Se quedó de pie delante, esperando a que Sarah reparara en su presencia. Cuando alzó la vista hacia Ali, sonrió.
—Bueno, tengo buenas noticias. La esposa de la señora Shaw estaba completamente equivocada con lo de que la incomodabas. Cuando hablé con ella, dijo que su esposa debía de haberse confundido. Decía que la haces sentir cómoda y que disfruta de tus rondas. Así que puedes relajarte.
Fue como si le quitaran un peso de encima a Ali. Soltó otro suspiro hondo. Este liberó todo el estrés, la preocupación y la confusión que se le habían asentado dentro durante el rato de espera.
—Ah —fue lo único que consiguió decir por un momento. Después de procesar del todo lo que había pasado, dijo—: Gracias a Dios. Estaba tan confundida. No tenía ni idea de qué podría haber hecho. —Se rio con nerviosismo.
—Ah, yo también. Nunca hemos tenido ni una sola queja sobre ti, y no podría imaginarte haciendo nada que incomodara a alguien. Se te da bien tu trabajo, Ali. Siento que hayas tenido que pasarte la última hora preocupándote por lo que sea que acaba de pasar .
Ali negó con la cabeza, sonriéndole a Sarah.
—No te preocupes. Solo me alegro de que resultara ser un malentendido. —Pero no era un malentendido, y ella lo sabía. La esposa de Jo debía de saber quién era. Debía de haber querido separarlas porque la presencia de Ali en la vida de Jo la intimidaba.
Ali podría ser muchas cosas, pero no era una destrozahogares. No iba a arruinar su matrimonio para beneficio egoísta. Ya había tenido su oportunidad con Jo. Eso era cosa del pasado.