Capítulo 11 La Partida #2
Javier gruñía bajo, empujando hacia arriba con las caderas, follándome mientras jugaba sus cartas.
—Más rápido —ordenó sin levantar la voz—. Quiero sentir cómo me aprietas.
Aceleré, rebotando con más fuerza, dejando que su polla entrara y saliera con sonidos húmedos que se mezclaban con las voces de la partida.
Mi coño lo abrazaba, chorreando sobre sus muslos.
El placer crecía rápido, intenso. Javier seguía jugando, apostando, pero su mano libre apretaba mi cadera, guiándome.
De repente, Javier me levantó con facilidad y me sentó sobre la mesa del salón, justo al lado de las cartas y las fichas. Empujó mi espalda contra la madera y me abrió las piernas ampliamente.
—Siéntate bien —dijo con voz ronca—. Te voy a comer ese coño mojado de puta que tienes.
Me senté en el borde de la mesa, las piernas abiertas, el vestido completamente subido.
Javier se inclinó entre mis muslos y hundió su boca en mi coño.
Su lengua recorrió mis labios hinchados, lamiendo la humedad acumulada, succionando mi clítoris con fuerza.
Gemí alto, sin poder contenerme, mientras su boca trabajaba con hambre.
La partida siguió su curso, pero las miradas de los amigos estaban fijas en nosotros.
Javier succionaba, lamía, introducía la lengua dentro de mí, chupando mis jugos con sonidos obscenos.
Mis caderas se movían solas contra su cara, buscando más placer.
El orgasmo llegó rápido y violento. Grité y jadeé sin control, los gemidos llenando el salón mientras me corría en su boca. Mi coño se contrajo, soltando más humedad que Javier tragó con avidez. Siguió lamiendo hasta que los espasmos cesaron, dejando mi clítoris sensible y palpitante.
—Ahora móntame de frente y cabálgame —ordenó, sentándose de nuevo en su silla y sacando su polla dura.
Me coloqué sobre él, de frente, y bajé despacio, dejando que su polla me llenara el coño por completo.
Empecé a cabalgarlo con ritmo fuerte, rebotando sobre su miembro mientras él seguía intentando jugar.
Mis pechos saltaban con cada movimiento.
Javier agarraba mis caderas, empujando hacia arriba, follándome con fuerza.
Los gemidos de ambos se mezclaban con las voces de la partida.
Al cabo de unos minutos, Javier se tensó, empujó profundo y se corrió dentro de mí con un gruñido. Sentí cómo su leche caliente me llenaba el coño, chorro tras chorro. Me quedé sentada sobre él unos segundos más, contrayéndome alrededor de su polla, mientras la partida seguía su curso.
La noche aún era joven. Y yo sabía que esto solo era el principio de lo que Erick esperaba de mí.
La partida siguió su curso con la misma intensidad, pero el ambiente en el salón se había convertido en algo completamente diferente.
Después de que Javier se corriera dentro de mí y yo me quedara sentada sobre su polla unos segundos más, recuperando el aliento, otro de los amigos —Carlos— se levantó de su silla con una sonrisa oscura.
Empujó las cartas a un lado y me miró directamente.
—Ven aquí, Malena. Ponte del revés en la mesa.
Su voz era firme, sin pedir permiso. Me levanté del regazo de Javier, sintiendo cómo su semen empezaba a correr por el interior de mis muslos.
Me acerqué a la mesa y me coloqué como me indicó: rodillas sobre la silla, el torso inclinado hacia delante sobre la mesa, mirando hacia abajo.
Carlos me desnudó completamente, quitándome el vestido negro por la cabeza y dejándolo caer al suelo.
Mis pechos quedaron colgando por encima del respaldo de la silla, pesados y con los pezones duros.
Mi culo y mi coño quedaron completamente expuestos y elevados hacia él.
Carlos pasó la mano por mi espalda, bajando hasta mi culo, y me preguntó con voz ronca pero clara, delante de todos:
— ¿Hay algún problema en que te la meta por el culo?
—No —respondí sin dudar, la voz temblorosa de excitación—. Métemela como quieras. De fuerte.
Carlos sonrió. Me preguntó si quería lubricante. Negué con la cabeza.
—No hace falta.
Me agarré bien al respaldo de la silla, los nudillos blancos.
Carlos se colocó detrás de mí, su polla dura y gruesa rozando mi ano.
Empujó de una sola vez, metiéndomela toda entera.
El ardor fue intenso, profundo, pero el placer lo superó casi inmediatamente.
Sentí cómo me habría por completo, su polla enterrada hasta el fondo en mi culo.
Carlos empujó la cintura hacia delante, clavándola aún más, hasta que sus caderas chocaban con mi culo y no quedó ni un centímetro fuera.
—Joder, qué apretado —gruñó, empezando a moverse.
Las embestidas fueron fuertes desde el principio.
Cada golpe me llenaba por completo, sacando y metiendo su polla con fuerza, golpeando profundo.
Mis pechos se balanceaban sobre la silla, mis gemidos llenaban el salón.
La partida seguía de fondo, pero todos miraban.
Carlos follaba mi culo con ritmo duro, constante, sus manos agarrando mis caderas para tirar de mí hacia él.
El sonido húmedo de su pelvis chocando con mi culo que resonaba con cada embestida.
—Así, toma todo —decía entre dientes, acelerando.
Yo me agarraba fuerte a la silla, empujando hacia atrás, recibiendo cada golpe.
El placer era intenso, salvaje. Mi coño goteaba sobre la silla, mi ano abrazaba su polla con fuerza.
Carlos follaba sin piedad, sacándola casi por completo y volviéndola a clavar de golpe, una y otra vez.
Mis gemidos se volvieron más altos, descontrolados.
La mesa se movía ligeramente con la fuerza de sus embestidas.
Después de varios minutos intensos, Carlos se retiró de mi culo y me giró. Me puso de rodillas frente a él y me metió la polla en la boca.
—Trágatelo todo —ordenó.
Chupé con hambre, succionando, tragando profundo. Carlos se corrió con un gruñido, llenándome la boca de semen caliente. Tragué todo, limpiando su polla con la lengua hasta la última gota.
La partida continuó. Yo me quedé de rodillas, satisfecha, respirando agitada, mi corazón a punto de explotar, sabiendo que la noche aún tenía mucho más.
En ese momento me preguntaba como serían las partidas en las casas de ellos, ¿pasaría lo mismo que en mi casa?, ¿usarían todos a las mujeres de ellos también? O en su caso, llevaban a putas...