Devlin (Los Policías de King’s County nº 5) 6. Devlin
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6. Devlin

DEVLIN

La impresión es como un puñetazo en el estómago. Este mismo rostro me ha estado observando desde el tablón de anuncios de la oficina. Y ahora, aquí está, de pie frente a mí.

Marty Dalton, una de las dos mitades de los famosos hermanos Dalton. La familia criminal más escurridiza del condado de King.

Sabemos que son los responsables de traer la mayor parte de la droga al condado, pero nunca hemos sido capaces de imputarles nada. Son escurridizos como demonios y listos, y cuentan con un abogado excelente.

Instintivamente, me echo la mano al cinturón, pero no llevo la pistola encima.

Mi mirada se dirige a Kylie, que parece asombrada y conmocionada, pero no aterrorizada. No parece que él haya entrado a la fuerza. — ¿Qué está pasando?

Marty sonríe, una sonrisa dura que no le llega a los ojos. —Tú debes de ser el nuevo novio de Kylie.

Noto la forma en que pronuncia su nombre y odio cómo suena al salir de su boca: brusco y malintencionado. — ¿Qué haces aquí?

—Solo estaba visitando a una vieja amiga. Pero ya me marcho. Intenta pasar a mi lado, pero apoyo el brazo en el marco de la puerta, bloqueándole el paso.

Me encantaría arrestarlo por todas las vidas que ha destruido. Meterlo en una celda y tirar la llave.

Llevamos meses con un equipo trabajando en esto, reuniendo pruebas suficientes para acabar con toda la familia de una vez por todas. Estamos así de cerca. Y ahora está aquí frente a mí, en la cocina de Kylie.

La sangre me hierve y una vena del cuello empieza a latirme con fuerza. — ¿Conoces a este tipo?

Miro a Kylie y ella asiente levemente. —Está saliendo con mi hermana.

Me quedo sin aliento. Kylie está relacionada con la familia Dalton. La mujer con la que he estado soñando durante las últimas dos semanas tiene un vínculo con los Dalton.

Me encorvo por la impresión y Marty se escabulle a mi lado.

—Os dejo con vuestra cena —me da una palmadita en la espalda al pasar—. Te vas a dar un festín con esa boloñesa.

Lo observo bajar los escalones y subirse a un coche de cristales tintados aparcado en la calle. Tomo nota mental del número de matrícula, aunque supongo que estará limpio.

Cuando me vuelvo hacia Kylie, se está mordiendo las uñas.

Estoy furioso. Lo he tenido así de cerca y no he podido hacer nada al respecto. Y no puedo creer que Kylie esté relacionada con esa familia.

—¿Quieres empezar a hablar y contarme qué demonios está pasando?