Devlin (Los Policías de King’s County nº 5) 5. Kylie
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5. Kylie

KYLIE

Es el fin de semana siguiente y tarareo para mis adentros mientras echo una pizca de orégano a la salsa boloñesa.

Me llevo la cuchara de madera a la boca y sorbo un poco.

Dejo que la salsa ruede por mi lengua, saboreándola de forma crítica.

Le hace falta más pimienta, así que muelo un poco más y sigo removiendo.

Devlin va a venir a cenar esta noche y quiero que la comida salga perfecta. Solo han pasado dos semanas desde que me sacó por la ventana, pero siento que lo conozco de toda la vida.

Ahora puedo reírme de cómo nos conocimos, y él ha compensado con creces aquel incidente ayudándome a arreglar el jardín y demostrando que, en general, es un buen tipo.

Por supuesto que es un buen tipo. Es policía. Me pregunto qué pensaría mi hermana si supiera que estoy saliendo con un poli.

Golpeo la cuchara de madera contra el borde de la olla. No importa lo que ella piense. Esta es mi nueva vida y yo pongo las reglas.

En algún momento tendré que sincerarme con él sobre mi pasado, pero todavía no.

Dejo que la salsa burbujee a fuego lento y saco una olla para la pasta.

Justo cuando estoy poniendo la pasta a cocer, suena el timbre.

Me limpio las manos con un paño de cocina y me aliso el pelo rápidamente. Las mariposas en mi estómago están dando volteretas de puro nerviosismo mientras abro la puerta.

Las mariposas caen en picado. No es Devlin quien está en el umbral. Es Marty Dalton, el novio de mi hermana y miembro de una de las familias criminales más peligrosas del condado.

—Hola, Kylie —dice arrastrando las palabras.

Se me encoge el estómago. Pensaba que me había librado de su influencia. Pensaba que aquí estaba a salvo. —¿Cómo me has encontrado?

Él levanta las manos. —Tu hermana se está tirando de los pelos de la preocupación. Me rogó que te localizara.

—Iba a enviarle un mensaje en cuanto me instalara del todo.

Las palabras mueren en mis labios y me empiezan a temblar las manos. Pensaba que me había escapado de la familia, pero no sé cómo se las ha apañado para seguirme el rastro.

—Algo huele de maravilla —pasa por mi lado y entra en la casa—. ¿Estás preparando tu famosa boloñesa?

Asiento con la cabeza. Tengo la mente entumecida. —¿Qué quieres, Marty?

Él vuelve a levantar las manos. —Tranquila, Kylie. No voy a hacerte daño.

Mis pulsaciones se calman un poco, pero solo un poco. Sus palabras implican que podría hacerme daño si quisiera. —Mi hermana no te lo perdonaría nunca.

Mira alrededor de la cocina, fijándose en la olla de pasta y en la salsa que borbotea al fuego. —¿Esperas compañía?

Asiento, todavía incapaz de hablar.

—¿Por qué te fuiste así, Kylie? No te teníamos prisionera. No hacía falta que salieras huyendo de aquella manera en mitad de la noche.

Está apoyado contra la encimera, con una apariencia de amabilidad relajada. Pero sé lo rápido que Marty puede volverse violento. Sé de lo que es capaz.

Como quien no quiere la cosa, pongo la mano sobre la encimera, cerca del cuchillo de cocina. Él sigue el movimiento con la mirada y suelta una risita.

—Cielo santo, Kylie, que no voy a hacerte nada.

Suspira. —Mira, si no quieres saber nada de mí ni de mi familia, me parece bien. No te culpo. Pero tu hermana se está volviendo loca. Está muerta de preocupación.

La culpa me invade al pensar en mi hermana.

La de veces que intenté convencerla para que dejara a Marty y se alejara de su familia controladora.

Traté de convencerla de que podíamos empezar de cero en otra parte.

Siempre pensé que tenía demasiado miedo para irse, pero luego me di cuenta de que no era miedo.

Estaba enamorada. Nunca iba a dejar a Marty.

—Sí, la llamaré.

Él asiente. —Bien —me mira de arriba abajo—. ¿Te estás cuidando?

—Tengo trabajo.

Levanta las cejas. —Me alegro por ti.

Se mete la mano en el bolsillo y saca un fajo de billetes. —Toma, quédate con esto.

Niego con la cabeza. Sé de dónde viene ese dinero y no quiero tener nada que ver con él.

—No, gracias.

Levanto la barbilla con aire desafiante.

Él se ríe entre dientes y se encoge de hombros mientras se guarda el dinero en el bolsillo. —Tú misma.

Se da la vuelta para irse y yo suelto un suspiro silencioso de alivio.

—Dile hola a Mel de mi parte y dile que la llamaré pronto, ¿vale?

Se detiene ante la puerta. —Cuídate, Kylie.

Está a punto de abrir cuando suena el timbre. El corazón me da un vuelco en el pecho. No quiero por nada del mundo que Devlin lo vea aquí.

—Parece que tu invitado ya ha llegado —dice Marty con un brillo malicioso en los ojos. Antes de que pueda detenerlo, abre la puerta de un tirón y se encuentra cara a cara con Devlin.