4. Devlin
DEVLIN
Ha pasado una semana y estoy de vuelta en casa de Kylie, ayudándola a arreglar unas tablas sueltas de la valla del jardín trasero.
El trabajo ha sido frenético. Estamos estrechando el cerco en torno a la familia Dalton, pero no consigo dar con la pista definitiva que necesito. Ver a Kylie hace que todas esas preocupaciones desaparezcan. Es como un bálsamo reconfortante para mi mente inquieta.
Parece haberme perdonado por la forma en que nos conocimos, pero mi cuerpo no ha olvidado el tacto de su piel bajo la mía.
He aprovechado cada momento libre que he tenido para venir y ayudarla a poner a punto la casa. No ha estado habitada durante meses y hay un montón de pequeñas cosas que necesitan arreglo.
Me hace feliz ayudar si eso significa pasar tiempo con Kylie.
La observo ahora; está arrodillada en el jardín atacando un matorral de malas hierbas. Lleva puestos unos gruesos guantes de jardinería y unos pantalones de chándal viejos, pero eso no oculta la forma de sus curvas.
Se inclina sobre la tierra, elevando el trasero en el aire. Se me abren los ojos de par en par ante la visión de esas dos nalgas perfectas.
Me pregunto qué se sentiría al pasar mis manos por ellas y notar su carne contra la mía. Una gota de sudor me recorre el cuello.
Ella se da la vuelta y yo desvío la mirada para que no me pille mirándole el culo.
Se limpia la frente. —Empieza a hacer calor aquí fuera. ¿Quieres beber algo?
Deseo beber de ella, pero me limito a asentir y la sigo al interior de la casa, ajustándome los pantalones para ocultar la erección épica que tengo solo por estar cerca de ella.
Dentro hace más fresco, pero la sangre me hierve cada vez que estoy a su lado.
—Si consigo quitar esas malas hierbas, plantaré flores —dice mientras saca un par de latas de refresco de la nevera.
Está sonriendo cuando me tiende una y mis dedos rozan los suyos. Hay una descarga instantánea de electricidad entre nosotros que envía una sacudida por mi cuerpo.
Su mirada se encuentra con la mía y estoy seguro de que ella también lo ha sentido.
Dejo el refresco en la encimera y la atraigo hacia mí.
Sus ojos se agrandan y sus pupilas se dilatan. Presiono mis labios contra los suyos y ella jadea cuando mi boca se cierra sobre la suya.
Vacila por un instante. Entonces me rodea con sus brazos, sus labios se entreabren y nos fundimos en un beso lento y sensual.
Mi mente se queda en blanco y todas las preocupaciones del caso en el que estoy trabajando se desvanecen. No existe nada en este momento aparte de esta mujer presionada contra mí.
Suena el timbre y nos separamos de un salto.
Kylie se toca los labios mientras me mira con sorpresa.
Hay un momento incómodo y luego se escabulle junto a mí hacia la puerta. —Será mejor que abra.
Es el repartidor con la tierra que encargó.
El momento se ha esfumado mientras ella le indica dónde dejarla en la parte trasera y se ponen a hablar del jardín.
Paso las siguientes horas ayudándola a extender la tierra y a plantar las flores. No puedo quedarme mucho tiempo, ya que he quedado con unos compañeros de trabajo para tomar algo.
Me muero de ganas de besar a Kylie otra vez, pero tengo la sensación de que se está conteniendo.
Cuando llega el momento de irme, la cojo por la cintura. —¿Cuándo puedo volver a verte?
Sus ojos parecen oscuros bajo la luz del crepúsculo y respira con dificultad. —¿Quieres venir a cenar el próximo fin de semana?
Falta una semana entera. No sé si podré esperar tanto. Pero he sentido que oculta algo. Quizá todo esto vaya demasiado rápido. Así que acepto.
—Claro, pero si necesitas que te deje un poco de azúcar durante la semana, no dudes en pedírmelo.
—Buenas noches, Devlin. Sonríe y me da un beso casto en la mejilla que hace que me arda la piel. Va a ser una semana muy inquieta hasta que vuelva a verla.