Detrás de un sueño 11 . Imparable #4
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11 . Imparable #4

Es inútil decirle que ya no quiero más. Insiste y, cinco minutos después, tengo un shot frente a mí.

No quiero ser grosera.

En verdad estoy intentando tolerarlo, pero no me siento cómoda con él tan cerca.

No me interesa platicar y, además, no le entiendo ni a la mitad de lo que me está diciendo.

Se acerca más a mí.

Con una mano toma un mechón de mi cabello y empieza a jugar con él, pasándolo entre sus dedos.

El gesto es muy íntimo. Bastante incómodo.

Busco a Joseán de reojo. Nos está observando y empieza a dirigirse hacia nosotros.

Me salva la campana porque escucho mi nombre. En ese instante toda la mesa se anima y empiezan a silbar, aplaudir y gritar. Por más que niego con la cabeza, no me van a dejar en paz.

Tengo que pararme a cantar.

Solo espero que el nivel de peda que traigo sea suficiente para superar mi pánico escénico.

Le pido la canción al encargado: “Imparable”, de Tommy Torres con Jesse simplemente no es algo que me guste hacer en público.

Los demás me felicitan y decretan que tan impresionante desempeño amerita dos shots en lugar de uno. No creo que sea buena idea porque voy a terminar como araña fumigada, así que estoy a punto de decir que definitivamente paso cuando veo a Joseán acercarse con mucha determinación.

—No le des nada, wey —le dice a Sergio, serio de golpe.

Pues este qué se cree. Ni que fuera mi papá.

—¿Y a ti qué te importa si me echo los shots o no? —irrumpí, molesta, antes de que Sergio pudiera contestar.

—Ya tomaste demasiado.

—Yo mejor no me meto —comenta Sergio, mientras deja los dos caballitos en la mesa—. Ahí están si los quieres.

Inmediatamente distrae a los demás, proponiendo que vayan pidiendo la cuenta para irnos al otro antro.

Aprovecho el momento para tomar uno de los caballitos en mi mano.

—No te lo tomes.

Logro notar cómo al decir eso se está conteniendo para no arrebatármelo o tirarlo de mi mano.

Me lo llevo a la boca y trago el líquido de golpe.

Siento calor y la forma en que me quema la garganta es casi agonizante, pero me aguanto y trato de no mostrar la molestia que me causa.

Inmediatamente tomo el otro caballito y repito el proceso.

Joseán solo me mira serio. Se ve enfadado, pero no dice nada. Únicamente se da media vuelta y me deja ahí.

Lo veo alejarse un poco e incorporarse con los demás hombres para saldar la cuenta, que ya están revisando y dividiendo.

Denisse se acerca a mí, preocupada.

Notó el intercambio y quiere saber si estoy muy jarra, a lo que le contesto que no, que estoy bien, aunque un poco mareada.

No es cierto.

Estoy algo borracha y necesito sacar las chanclas de mi bolsa porque no podré caminar al otro antro en estos tacones.

Denisse se va a ir saliendo de aquí. No quiero pensar en eso porque estoy realmente preocupada por ella. Solo espero que después de esto se sienta bien y que no sufra, porque las mujeres en general no podemos evitar involucrar los sentimientos, y su pobre corazón está de por medio. Si las cosas no salen bien, por lo menos aquí estaré para ayudarla a recoger los pedacitos e intentar pegarlos de nuevo.

Antes de irse, Denisse me aprieta la mano y me mira con esa mezcla de emoción y miedo que me deja intranquila.