Detrás de un sueño 10. Feliz Cumpleaños #3
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10. Feliz Cumpleaños #3

—Sabes que me encantas, ¿verdad? —pregunta sin alzar la cabeza, sin mirarme a los ojos.

A mí más, quisiera decirle.

No me da oportunidad de contestar.

No era su intención.

Cuando se pone así, ya sé que viene un monólogo y lo tengo que escuchar sin interrupciones.

—Más de lo que te imaginas.

Se frota la cara con ambas manos antes de seguir.

—Y cada día que pasa, cada vez que te veo, que paso tiempo contigo, tengo que contener mis pensamientos porque siempre acaban en el mismo pinche lugar. No quiero que sea así contigo. Porque no te convengo. Porque no puedo darte lo que necesitas. Porque solo sería un obstáculo en tu vida.

¡Claro que no!

Yo sí te quiero en mi vida.

—Soy casi seis años mayor que tú. Sé que no es un abismo como tal, pero ahorita sí lo es. Tú estás empezando a vivir, iniciaste tu carrera, conociendo gente en un lugar nuevo. Hay miles de experiencias esperándote y, si estás conmigo, a la larga te vas a arrepentir. Lo vas a resentir. Soy un cabrón posesivo, intenso, tengo mil pedos en mi casa con mi papá, sigo viviendo ahí, realmente no hago algo productivo con mi vida y encima está la depresión de mi jefa y… y las…

—Tus amigas —lo interrumpo, porque sé perfecto por dónde va la cosa.

—Sí —admite—. Nunca he tenido novia y jamás he entablado una amistad con una morra sin la intención de acostarme con ella. Incluida tú, al principio. El día que te vi por primera vez en casa de mi abuela, por supuesto que fue lo primero que pensé. Y después me di cuenta de que Nisi hablaba en serio, que en poco tiempo te convertiste en una hermana para ella. Cuando te cargué cuando llegamos a mi casa el día que te pusiste hasta la madre, me desarmó tu comentario. Sé que no lo recuerdas y crees que dijiste una pendejada, pero no.

Sonríe apenas.

—“Un ángel tan bello e imperfecto”. Eso me dijiste. Me abrazaste, me diste un beso súper inocente y caíste como piedra en la cama.

No manches.

No me acuerdo.

Le di un besito.

¡Qué pena!

Levantó la mirada y pude ver la tormenta interna reflejada en sus ojos.

Que termine de una vez, porque el resto de sus palabras son como navajas que poco a poco me van cortando la piel.

—Por eso, al día siguiente me levanté a correr. Por eso estaba de buen humor. Porque quería verte cuando despertaras. Porque decidí que, con todos mis defectos, quería formar parte de tu vida. Y luego ese mismo día te lastimé, te corrí de mi casa, te tocó ver algo que ni a mi peor enemigo le deseo y, aun así, te quedaste en nuestras vidas. Apoyaste a mi hermana y aceptaste mi extraña amistad.

Respira profundo y se pasa las manos por el cabello.

—Es evidente que no te mereces un wey que, a la primera de cambios, permita que experimentes por primera vez algo importante, algo íntimo, aquí, donde cualquiera pudo vernos.

—Y sí —continúa—, salgo seguido con diferentes chavas y ellas saben perfecto a qué van. Ninguna me interesa para algo serio. Cero complicaciones, cero ataduras. Pero lo que acabo de hacer contigo aquí y ahora no deja de ser diferente, porque solo somos amigos, porque eres una niña sin experiencia, porque confías en mí y porque sería muy fácil aprovecharme. Créeme cuando te digo que lo menos conveniente para ti es estar con alguien como yo.

Yo lo ahorco.

No puedo creer que en serio se considere tan poca cosa y encima decida por mí.

—¿Ya terminaste? ¿Ya acabaste con tu discurso de autocompasión? Porque no sé en qué momento se te ocurrió que puedes tomar decisiones por mí. Que puedes decidir qué quiero, qué necesito o a quién dejo entrar en mi vida. La última vez que revisé, mi vida es mía y de nadie más.

Me pongo de pie, apretando la toalla contra mi cuerpo.

—Lo que acaba de pasar para mí fue perfecto. No lo cambiaría por nada y me vale madres si estábamos en el parque, en tu carro, en un hotel o en la pinche alberca. Si quiero estar contigo es porque te quiero a ti. El físico ayuda, sí, pero me encanta todo lo que eres: con imperfecciones y sin ellas. Como sea.

No aparta la vista de mí.

—Eres un hombre hecho y derecho. Las decisiones que has tomado han sido por amor a tu familia y tal vez no has encontrado tu camino, pero eso no te vuelve poca cosa. Estás hundido en el miedo a luchar por lo que quieres y prefieres hacer a un lado tus sueños. No sé si no quieres tener una relación porque de verdad quieres protegerme o porque te da miedo salir de lo que ya conoces, y el hecho de que me digas que no me convienes, que prefieres mantenerte alejado aun cuando lo que realmente quieres es todo lo contrario, me dice mucho de ti. Bueno y malo a la vez.

Trago saliva.

—Así que cuando tengas los suficientes huevos para aceptar que tú y yo no podemos ser amigos, me avisas.

Sin mayor preámbulo, tomo mis cosas, me levanto y camino en dirección al edificio. Vengo aguantando las ganas de voltear a verlo, pero no lo voy a hacer.

La verdad es que estoy que echo chispas.

Esto fue abrumador. Necesito reagrupar mis ideas, calmarme y asimilar lo que acaba de pasar.

Niña sin experiencia, mis ovarios.

No manches.

Las puertas del elevador se cierran muy lento.

Espero poder dormir después de darme un baño.