8. No quiero perderte #3
Amix, no pienses demasiado. Es lógico que alguien como él tenga historia. No con una, sino con varias. Lo que debe importarte es si contigo está construyendo algo distinto.
No te claves en ser la primera de nada.
Mejor fíjate si te trata como alguien que podría ser importante.
Honestamente, ya ni quiero preocuparme. No porque pueda evitarlo, sino porque estoy cansada. Además, eso de ser “la última” me parecería fácil si estuviéramos más grandes, pero a mi corta edad, para nada.
Más bien tengo que enfocarme en divertirme y dejarme de tanta tontería.
—¿Qué haría sin ustedes? ¿Ya les dije que los quiero? —comento, acercándome para abrazar a cada uno de mis amigos.
***
El tráfico está fatal y, con la lluvia, los camiones vienen a reventar. Intento pedir Uber, pero las tarifas dinámicas están como lumbre. Después de probar otras aplicaciones opté por buscar un taxi de calle desocupado y me tomó casi veinte minutos encontrar uno.
La verdad es que ya le he perdido un poco el miedo; lo importante es tener buen ojo, revisar el carro antes de subir y evitar a los choferes que de entrada no me dan buena vibra.
Tengo mucha hambre y espero que Joseán siga aquí porque quiero verlo, aunque sea un ratito.
Al entrar a la cocina me encuentro a Denisse con ropa de gimnasio, sentada en la mesa de madera, platicando con Adri, quien está recargada contra el fregadero, muy arreglada, con un vestido negro escotado y muy corto. Eso sí, comodísima en chanclas.
Me siento decepcionada al ver que Joseán no está. Tal vez, después de todo el desmadre de hoy ya no quiso venir. O se le hizo tarde. Es extraño que no me haya llamado o enviado mensaje para avisarme.
Insisto: no es su obligación. No tiene por qué hacer nada de eso.
Natalia, ya compórtate como una niña normal.
—Qué onda, girlies. ¿Qué hacen? —pregunto al entrar.
—Yo, esperándote, amiga —contesta Denisse.
—Y yo bajé por algo de comer y a lavar mis platos porque tengo un date y me voy de antro —dice Adri, mostrándonos los pies—. Así que las dejo, porque no tarda en llegar y aún me faltan los zapatos.
—Y yo que creí que el nuevo aesthetic era ir al antro con vestido y chanclas enormes de caucho —responde Denisse con su característico tono sarcástico.
Las tres nos reímos.
—Adri, ¿te vas de antro en martes? No sé cómo le haces para levantarte —le comento, asombrada, mientras abro la puerta del refrigerador.
Mis estantes están un poco vacíos porque no compré comida el domingo. Creo que cenaré pan con mermelada.
—Pues mira, si me va bien y todo acaba donde quiero que acabe, mañana me reporto enferma. Si no, pues llegaré un poco cansada y ya —explica Adri, encogiéndose de hombros—. Hay que aprovechar. Al rato vamos a estar grandes y ya no vamos a aguantar las desveladas. Y ustedes dos deberían aprovechar que todavía son unas bebés. Bye.
Adri sale de la cocina.
Meto dos panes integrales en el tostador y volteo a ver a Denisse. Me está observando clínicamente, como esperando que empiece a hablar. Sé que le tengo que contar el desmadre de hoy, si no es que ya lo sabe, pero no dejo de sentirme rara hablando con ella de cosas que pasan con su hermano.
—Josa no pudo venir porque se quedó con mi papá —me informa—. Hablé con él hace rato y estaba súper encabronado.
—Okey —contesto, encogiéndome de hombros para no darle mayor importancia.
El tostador suena y avienta mis panes, indicando que están listos. Me caga que se tuesten de más, pero quedaron perfectos. Ya con mi pobre cena lista, me siento en la mesa y le cuento a Denisse los incidentes del día.
—Algo me comentó Josa, amiga. Y yo creo que por eso me pidió que no dejara de venir. Estaba preocupado por ti —dice Denisse—. A esa vieja la traigo atravesada desde hace mucho. No la soporto. Siempre ha querido andar con Josa, pero él no la pela. Digo… no para eso, obvio.
Mi reacción al escucharla es poner los ojos en blanco. Todo se empeña en recordarme el tipo de relación que Joseán comparte con esa tipa y me enfurece no poder ocultar lo mucho que me molesta.
Denisse aprovecha ese momento para tomarme la mano. Veo preocupación en sus ojos.
—Amiga, yo sé que es incómodo y también sé que mueres por él. No estoy ciega. Pero tengo que ser sincera: si quieres que las cosas se den, vas a tener que aceptarlo con todo lo que trae detrás. Incluido su historial. Y tampoco te estoy diciendo que te avientes sin paracaídas, ¿eh? Es mi hermano y lo amo, pero también sé cómo es.
Ay, en serio no puede ser.
Cuando llegué a esta casa, Denisse casi me quería poner una alerta sísmica cada vez que su hermano se acercaba.
Y ahora, en lugar de pintarle cruces, me está dando consejos para que las cosas funcionen.
Pero si no hay nada que hacer funcionar.
—Denisse, Joseán y yo solo somos amigos. No hay nada más —aclaro.
Denisse se carcajea. Burlona, descarada y sin reservas. Es decir, se ataca de la risa.
—Nat, no mames. A mí no me puedes hacer mensa. Josa jamás en la vida ha tenido una amiga de verdad, y mucho menos novia.
Su expresión cambia de inmediato y se vuelve más suave.
—Eres la primera chava con la que lo veo realmente contento. Desde que entraste en su vida regresó el hermano que extrañé durante años. Está de buen humor. Lo veo más tranquilo. ¡Y es obvio cómo te trata! Cómo te ve, cómo te busca, todo. Me pregunta por ti, sale con nosotras, y Josa jamás en la vida sale conmigo, mucho menos con mis amigas. Hasta toma café, y antes ni le gustaba tanto. En serio no entiendo eso de “somos amigos” si lo que quieren es andar.
¿Es en serio lo que me está diciendo?
¿Tantos cambios… por mí?
No lo creo.
Pero lo que sí sé es que tengo que ser sincera con Denisse. Es mi mejor amiga en esta ciudad y quién mejor que ella para decirme si estoy loca o apoyarme.
—Ay, amiga, no puedo creer que esté hablando contigo de esto —le digo, tapándome la cara con ambas manos de la vergüenza.
Denisse me las quita, sonriendo, invitándome a seguir.
—Hasta ahora no ha pasado nada. En verdad solo somos amigos, pero a cada rato me manda señales cruzadas. Siento que se contiene conmigo, que lucha por no demostrar interés más allá de una amistad, pero sé que algo hay. Y a veces no sé si lanzarme descaradamente y decirle lo que siento o esperar a que dé el primer paso, porque hasta ahora ha sido muy claro con eso de la amistad. Tampoco quiero ser una aventada. No quiero que crea que soy una más.
—Pues no sé, amiga. La neta no tengo idea de qué pase por su mente, pero estoy segura de que quiere contigo. Yo no digo que te le avientes encima, pero sí que le des una señal más clara, porque la neta lo veo muy lento.
Lanzarme.
Deliberada y descaradamente tirarle la onda y ver qué hace.
No creo. Además, no puedo.
¿Y si arruino todo?
La verdad es que me encanta pasar tiempo con él, sin presiones ni ataduras. Si soy honesta conmigo misma, me encanta tener su amistad y sé que aún hay muchas cosas que no conozco de él. Así que no creo que sea buena idea.
Mi decisión está tomada.
Las cosas se van a quedar como están y, si algún día se da algo, pues bien.
Si no, ya conoceré a alguien, ¿no?
Lo digo con seguridad.
Casi me creo.
—Olvídalo, amiga. En serio, si en algún momento se da algo, pues qué padre, pero la neta me gustan las cosas como están y no quiero arruinarlas. Además, mi intención no es tener una relación ahora. Al contrario, quiero estar solterita y divertirme mientras estudio —argumento, aunque no sé si estoy tratando de convencerla a ella o a mí.
—Está bien, ya no te voy a estar jodiendo con eso —responde Denisse—. Pero si te lanzas, aunque me moriría de ganas, a mí no me vengas a contar los detalles porque no podría con las imágenes.
Las dos nos reímos.
—¡Ah! Por cierto, ¿ya tienes todo listo para ir a Acapulco? —me pregunta de pronto.
Ay, el viajecito.
Ya se me había olvidado.