Capítulo 5 #3
—Lo ha hecho para obligar a Nicholas a actuar —respondió la abuela—. Cualquier caballero que se precie de serlo no podría permanecer callado ante esas injurias, y Nicholas ha actuado como tal. La señora Lovejoy ha apostado a que lo haría y ha ganado. Es muy lista.
—¿Insinúas que lo ha hecho a propósito para forzar un compromiso entre ellos? —preguntó Samantha, asombrada.
—El compromiso estaba forzado desde el momento en que todos hemos sido testigos del beso —repuso el duque—. Ha sido una funesta casualidad que apareciéramos en el invernadero justo en ese momento.
—Bueno, será mejor que nos vayamos a dormir —terció la duquesa con un suspiro—. Hijo, sé que mañana estarás muy ajetreado ultimando los preparativos para tu viaje, pero tendrás que ir a casa de la señora Lovejoy para hablar con Kathleen.
Nicholas asintió y se despidió de sus padres. Iba a retirarse también a su habitación cuando su hermana lo detuvo poniendo una mano sobre su brazo.
—¿Puedo hacerte una pregunta?
—¿Desde cuándo pides permiso para eso? —bufó él.
—Desde que he encontrado a mi hermano besando de forma apasionada a mi mejor amiga.
—Touché. ¿Qué quieres saber?
—¿Qué sientes por Kathleen? ¿Acaso la amas?
Estaba claro que la muchacha no le era indiferente, pero de ahí a amarla…
—Hacía años que no la veía. Apenas la conozco —respondió Nicholas con sinceridad.
—Pero la besaste.
—No hace falta amar a alguien para desear besarlo.
—Entiendo… No, no lo entiendo —rectificó, moviendo la cabeza para enfatizar la negativa—.
Si solo era un mero entretenimiento, podías haber besado a cualquier otra; pero Kathleen es mi mejor amiga, Nicholas —añadió en tono de reproche—.
No quiero que sufra por esto. Ella… —Samantha dudó un segundo, como buscando las palabras adecuadas—. Siempre te ha apreciado mucho.
Nicholas guardó silencio. Ya era penoso que su hermana de dieciséis años lo reprendiera, y peor aún cuando tenía toda la razón para hacerlo. Su comportamiento era injustificable.
—Lo último que quiero es que Kathleen sufra.
—Bueno, al menos has sido tú. Por un momento, al entrar en el invernadero, he creído que quien la estaba besando era Joshua.
—¿Por qué Joshua? —inquirió Nicholas con rigidez.
—Porque ha sido él quien la ha arrastrado hasta el invernadero.
Aquella revelación preocupó a Nicholas. ¿Y si su hermano menor estaba enamorado de Kathleen y él se había interpuesto en algún plan romántico entre ellos?
***
A la mañana siguiente, lo primero que hizo Nicholas fue ir en busca de Joshua con la intención de aclarar las cosas con él. Por suerte, no tuvo que buscar mucho: lo encontró en la mesa del desayuno.
—¿Dónde te metiste anoche? —preguntó mientras uno de los lacayos le servía.
—Tuve la suerte de escapar de una trampa mortal y me fui a celebrarlo —respondió Joshua con una sonrisa lasciva que permitió a Nicholas intuir que su «celebración» había sido entre las piernas de alguna señorita de las que frecuentaba.
—¿A qué te refieres con «trampa mortal»?
—Anoche me confié y casi caigo en las argucias de la tía de Kathleen —explicó, y Nicholas sintió que se le hacía un nudo en el estómago—.
Al parecer, su tía tenía planeado sorprendernos a solas en el invernadero.
Si ella no me hubiese alertado cuando la llevé allí, posiblemente ahora estaríamos comprometidos.
Nicholas apretó con tanta fuerza el tenedor que estaba sujetando que lo dobló. No podía ser. ¿Kathleen sabía que su tía acabaría apareciendo en el invernadero? ¿Por eso le había pedido que la besara?
Recordó lo que le dijo su padre la noche anterior: «Ha sido una funesta casualidad que apareciéramos en el invernadero justo en ese momento».
¿Y si no había sido casualidad sino un ardid llevado a cabo entre las dos mujeres para emboscarle? ¿Por qué a él y no a Joshua?
La respuesta a esa última pregunta se le hizo evidente al instante: Nicholas poseía un título y era el heredero de un ducado. Era mejor presa para un par de arribistas.
Una oleada de furia lo recorrió entero, hasta transformarse en una emoción fría y oscura. Con una calma que a él mismo le sorprendió, dejó los cubiertos sobre la mesa, se limpió la boca con la servilleta y se puso en pie.
—¿Adónde vas? Apenas has probado bocado —indagó Joshua antes de llevarse a la boca un trozo de bizcocho.
—Voy a darle los buenos días a mi prometida.
—Sí, claro, ¿y desde cuándo tienes prometida? —Por su tono, era evidente que Joshua pensaba que estaba bromeando.
—Desde que anoche nos encontraron a Kathleen y a mí besándonos en el invernadero —reveló Nicholas en tono seco.
Joshua se atragantó y comenzó a toser con violencia.
—Estoy seguro de que hay una explicación —farfulló cuando por fin pudo hablar—. Kathleen no actuaría jamás con esa malicia.
Nicholas quiso creerlo. De hecho, una parte de él lo hacía.
Entonces acudió a su mente el rostro de la señora Lovejoy cuando él anunció que Kathleen había aceptado convertirse en su esposa.
Había sorpresa, sí, pero también un brillo de triunfo en sus ojos.
Recordó también cómo Kathleen le había pedido un beso justo en el lugar perfecto para ser sorprendidos, y la sospecha le hizo apretar los puños.
—Entonces será mejor que me la dé ella —dijo.