Detonate. Disparo al alma (Bajo la máscara 2) Grayson
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Grayson

Le cojo la esbelta mano y le enseño la cabaña. Veo sus ojos iluminarse de felicidad mientras me sonríe de esa forma que siempre me hace perder la cabeza.

Y el tono rojo de sus mejillas me vuelve loco.

La obligo a girarse, la abrazo y la aprieto contra mí.

Es la cabaña más lujosa que he encontrado. Jacuzzi, chimenea de leña, mantas y lo mejor de todo: silencio. No hay nadie en varios kilómetros a la redonda. Solo estamos nosotros en medio del bosque.

Todo serenidad.

—Solo lo mejor para ti, cariño. —Le doy un beso en la cabeza—. Sabes que haría cualquier cosa por ti, ¿verdad? —murmuro contra su pelo rubio y sedoso.

Me recorre los abdominales con la mano y yo sonrío.

—¿Cielo?

—¿Cualquier cosa? —Levanta la vista para mirarme. Veo un brillo en sus ojos.

Le acaricio la mandíbula con el pulgar, agacho la cabeza y la beso despacio, explorando su boca con la lengua mientras ella me desabrocha el cinturón.

—Cualquier cosa, la que sea. Solo quiero hacerte feliz, Maddie.

Sonríe contra mis labios. Tengo el cuerpo ardiendo por ella.

—Quiero otro hijo, Grayson —susurra.

Sabía que me iba a pedir eso. Y mi mujer sabe que le voy a dar todo lo que quiera.

Pero, en este caso, va a tener que ganárselo.

—¿Me estás pidiendo que te haga otro hijo? Ya tenemos a Hope y a Kai. ¿De verdad quieres hacerlo otra vez?

Ella le da vueltas a la alianza que lleva en el dedo. Sus ojos verdes me quitan el aliento.

—Sí. Me encanta ser mamá. ¿Tú no quieres tener más hijos?

Cuando la veo fruncir el ceño, le pongo las manos en las mejillas.

—Nuestra familia lo es todo para mí. Podemos tener todos los hijos que quieras, pero... —Dejo la frase sin terminar y tiro un poco de su labio inferior con el pulgar.

—Pero ¿qué? —pregunta con las cejas levantadas.

—Esta vez tienes que ganártelo, cielo. Si quieres otro hijo, vas a tener que esforzarte.

Contengo la sonrisa al ver la expresión de su cara mientras lo procesa.

—¿Cómo? ¿Así?

Se aparta y se pone de rodillas, pero yo la agarro por el cuello y la hago levantarse.

—Chupármela no te va a dejar embarazada. Vamos, cielo, ya sabes cómo va esto. Ya lo hemos hecho dos veces.

Ella suelta una risita y yo le aprieto un poco más la garganta.

—¿Sexo anal tampoco, entonces? —dice con expresión decepcionada.

Joder, me encanta esta mujer.

—No, cariño. —Me acerco a ella, riendo, y le rozo la oreja con los labios—. Vamos a jugar a algo —susurro, y noto que su piel se calienta al sentir mi cercanía.

—¿A qué? —Me araña los abdominales.

No importa cuántos años llevemos juntos; su contacto me pone a mil.

—Una persecución. Tú sales corriendo y yo voy detrás de ti. Y, cuando te atrape... —me quedo callado unos segundos y le doy un beso en la mejilla—, te voy a follar hasta hacerte ese hijo que quieres. Aunque tendrás que suplicármelo primero.

Me aparto un poco y la observo, divertido, mientras se mira las zapatillas de diseño que lleva.

—¿Me das ventaja?

Echa un vistazo a las puertas dobles ornamentadas, por las que se cuela el olor a leña que llega desde abajo, y al bosque silencioso que hay al otro lado.

Me doy golpecitos con un dedo en la barbilla.

—Vale. Diez segundos.

Niega con la cabeza.

—Ni hablar. Estás entrenado para cazar. Veinte por lo menos —exige, y se cruza de brazos, lo que proyecta hacia arriba sus pechos perfectos.

—Quince. —Me remango y miro el Rolex—. Que empiezan ya.

Me quedo muy quieto, viendo cómo le aumenta la adrenalina cuando sale corriendo hacia las puertas, las abre de un tirón y desaparece.

Yo la sigo despacio. El aire frío me azota la cara cuando me apoyo en el marco, esperando mientras pasan los segundos.

Me da igual si está preparada o no; voy a por ella para darle todo lo que quiere.