Epílogo extra. Maddie
Epílogo extra
Maddie
Cinco años después
Noto la enorme mano de Grayson en el muslo e intento quitarme el antifaz.
—Si miras no va a ser sorpresa, cielo.
Cubro su mano con la mía, la dirijo hacia abajo y abro las piernas.
Su risa entre dientes, que es solo una leve vibración en su pecho, hace que el corazón me lata con fuerza.
—¿Crees que puedes distraerme con eso? —Oigo la diversión en su voz.
Asiento.
—Funciona la mayoría de las veces —aseguro, y me muerdo el labio.
—Todo en ti me distrae, cariño. Pero no te vas a quitar el antifaz. Todavía nos quedan diez minutos de camino. Así que sé buena y haz lo que te he dicho.
Trato de apartarle la mano, pero él me aprieta la carne y me clava los dedos en la piel.
—¿Y si me das una pista? —intento otra vez.
Es como si lo viera poniendo los ojos en blanco.
—No. ¿Te he decepcionado alguna vez?
—Nunca —me apresuro a responder.
Es el amor de mi vida. Yo soy el centro de su mundo. No hay nada que ese hombre no sería capaz de hacer por mí.
Incluso después de llevar casados cinco años, nuestro amor es tan intenso como al principio.
Nada ha cambiado. Ni siquiera tras el nacimiento de Hope y Kai.
Todavía lo saco de quicio constantemente, para que luego me quite la tontería a base de sexo. Así funcionamos. Y no lo cambiaría por nada del mundo.
Oigo el ruido que hace la gravilla al golpear la parte de abajo del coche y eso me acelera el pulso.
—¿Puedo mirar ya?
—Maddie, nunca he conocido a nadie tan insistente como tú. Como sigas así un minuto más, lo primero que vas a hacer es ponerte de rodillas para compensarme por haberte portado tan mal.
Oigo como se quita el cinturón de seguridad y abre la puerta. Después viene a abrir la mía y noto el aire frío.
Chillo cuando me coge para colgarme sobre su hombro. Su mano firme baja por mi muslo y se cuela por debajo del vestido.
—Será mejor que me encuentre que tienes las bragas empapadas para mí, esposa.
Me da un azote en el culo y yo me revuelvo bajo su mano.
—¡Bájame!
Un momento después, mi espalda aterriza sobre un colchón sorprendentemente blando y enseguida noto que apoya su peso sobre mí con un gruñido, cubriéndome entera. Abro despacio un ojo y espero, porque anticipo el fogonazo de luz repentino cuando me quita el antifaz.
—Por fin veo esos preciosos ojos —murmura.
Le pongo las manos en las mejillas y tiro de él para acercarlo y besarlo con fuerza, a la vez que le rodeo la cintura con las piernas.
Él decide llevar la voz cantante en el beso. Yo me quedo sin aliento y noto su erección contra la entrepierna.
—Joder, Grayson. Por favor. —Muevo las caderas, desesperada por tenerlo dentro.
Él me aparta la ropa interior y me introduce dos dedos. No puedo evitar arquear la espalda.
Han pasado dos días desde la última vez que estuvo dentro de mí.
Está muy ocupado con el trabajo, y además están los niños y los preparativos de este viaje.
—Bien, estás mojada para mí, cielo.
Asiento, pestañeando coqueta, y él sonríe. Esos ojos azules están llenos de deseo.
—Yo siempre estoy preparada para ti, señor.
Me quedo con la boca abierta cuando noto que introduce otro dedo.
Le rodeo el cuello con los brazos y me aprieto contra él.
—Fóllame, por favor. Necesito algo más que los dedos. Por favor.
Me acaricia el cuello con la nariz y después me lo chupa, al tiempo que acelera el ritmo de los dedos.
—Te vas a conformar con lo que yo quiera darte. Y ahora mismo necesito sentirte en la lengua.
Me gira y yo suelto un chillido, pero permito que me agarre por las caderas y me levante el culo.
Abro las piernas y entierro la cara en la almohada. Doy un respingo cuando me sopla en el sexo, que no para de latirme.
—Deja de provocarme —me quejo. No puedo aguantar mucho más.
Él se ríe entre dientes y me aferro a las sábanas. Estoy a punto de explotar de la frustración.
Siento un gran alivio cuando me agarra el culo y empieza a darme lametones lentos desde el clítoris hasta mi entrada.
—¿Mejor, cielo? —pregunta, y yo solo puedo ronronear para expresarle mi satisfacción.
—Joder, qué bien, Grayson. Sigue. —Empujo la cadera contra su cara mientras él continúa lamiéndome con habilidad.
Esa combinación de dedos y lengua la domina a la perfección.
—Podría pasarme todo el día con tu sexo en mi cara, Maddie. Todo el puto día.
—Bueno, pues tenemos tres días enteros. No te cortes —replico, y no puedo evitar que se me cierren los ojos.
Me chupa el clítoris y sigue con el movimiento de los dedos. Instintivamente, abro más las piernas.
—Muy bien, nena. Te estás portando muy bien —dice con voz ronca y eso me vuelve loca.
Según me voy acercando a la liberación, con el clímax haciéndome arder el cuerpo, baja el ritmo y empieza a darme besos suaves en el muslo.
—Grayson, ¿qué coño haces?
Se aparta de mí y yo me tumbo bocarriba.
—Como tenga que acabar yo sola, te vas a arrepentir —amenazo con un resoplido de irritación.
Me mira con una de esas sonrisas traviesas y se ajusta la erección dentro de los pantalones.
Yo levanto una ceja y sonrío.
—De eso puedo ocuparme yo —me ofrezco.
—Ese era el plan, cariño, pero quiero enseñarte algo antes. Eso era solo para calentarte un poco. Lo que viene después es lo verdaderamente excitante. —Se humedece los labios y me tiende la mano.
—Más te vale que sea algo bueno. —Contengo la sonrisa como puedo.
Con él siempre es más que bueno.
Me da un azote en el culo y yo doy un brinco. Ignoro el escozor del golpe, que solo sirve para excitarme aún más.
—Cuando antes lo veas, antes podrás correrte.