Epílogo. Grayson
Epílogo
Grayson
Tres semanas después
Tengo la frente cubierta de sudor mientras observo la entrada del granero.
En solo tres semanas Maddie ha logrado organizar esta obra de arte.
Reservó un granero, que ha llenado hasta arriba de flores de todos los tonos de rosa imaginables que lo cubren todo, hasta las vigas del techo.
Y hay unas lucecitas asomando entre las flores.
Mis padrinos (Keller y Luca) están a mi lado.
Fuera hace frío, pero yo estoy ardiendo. No sé por qué me siento tan nervioso. Sé que la luz de mi vida va a cruzar esas puertas dentro de unos minutos. Me apostaría la vida.
Queríamos hacer algo pequeño e íntimo, pero también deseaba darle a Maddie la boda lujosa de princesa con la que siempre soñó. Eso no era negociable. La señora Russo tiene en brazos a Darcy, y Keller no les quita ojo. Solo espero ser la mitad de buen padre que es él con esa pequeñaja.
Joder, incluso mis padres han conseguido venir.
Se quedaron bastante sorprendidos cuando los llamé para darles las noticias.
Nunca he tenido una relación muy cercana con ellos, al menos desde que me enviaron lejos cuando era adolescente.
Creo que nunca vamos a recuperar la confianza, pero quiero darles la oportunidad de conocer a su único nieto. Así que quién sabe lo que pasará.
La madre de Maddie me mira con el ceño fruncido desde el otro extremo de la sala.
La hemos sentado al fondo para que no la vea cuando pronuncie mis votos.
Si fuera por mí, no la habría invitado. Pero se ha disculpado con Maddie.
Tiene suerte de que su marido, Robert, sea un buen hombre.
A él lo tolero. Además, quiere a Maddie incondicionalmente.
Pero juro por Dios que, como su madre haga llorar a mi mujer otra vez, la echo.
Se abren las puertas y yo inspiro hecho un flan. Todas las cabezas se giran. Y entra Frankie, tan arreglado como siempre.
—Perdón, tenía que hacer unas cosas de camino —dice disculpándose, y se sienta en la primera silla que ve libre.
Lo fulmino con la mirada y Luca se ríe detrás de mí.
Sí, el tío que secuestró a la que está a punto de convertirse en mi esposa también está aquí.
Resulta que Maddie y él entablaron amistad y, técnicamente, además, supongo que también es mi jefe, desde que Luca y él unieron fuerzas y empezaron a planear cómo dominar el mundo juntos.
Así que ahora no puedo matarlo. Pero sabe lo que pienso de él.
No estoy convencido del acuerdo al que ha llegado con Luca.
Estaré ahí para recoger los pedazos si las cosas salen mal.
Pero ahora tengo otras cosas en las que concentrarme, mucho más importantes que todo eso.
La sala se queda en silencio cuando empieza a sonar If I Ain’t Got You de Alicia Keys.
Se me llenan los ojos de lágrimas. Sienna, con una sonrisa de oreja a oreja, un vestido largo de color rosa fuerte y un ramo a juego en la mano, comienza a recorrer el pasillo.
Oigo a Keller murmurar algo detrás de mí.
Sonrío. Ella no aparta la vista de su marido.
En cuanto Maddie cruza la puerta, es como si me hubieran dado un puñetazo en el estómago. No podría dejar de mirarla aunque quisiera. El pelo rubio, peinado con ondas, le cae sobre los hombros.
Es la mujer más hermosa que he visto en mi vida.
El vestido blanco hasta el suelo se ciñe a su figura, que no para de cambiar. Le marca la tripita que ya tiene y luce un escote profundo que me hace humedecerme los labios al ver cómo le queda sobre los pechos, ahora algo más grandes. La Maddie embarazada me deja sin palabras. Es perfecta, joder.
Tiene puesto el resplandeciente colgante en forma de sol.
A juego con el tatuaje de un sol que me he hecho detrás de la oreja.
Me lo hice a la vez que el tatuaje de la alianza: tengo en el anular una banda gruesa permanente, con una M encima.
Quiero que el todo el mundo sepa que soy suyo para siempre.
Me mira con una gran sonrisa. A mí me caen lágrimas por las mejillas, que me limpio con el dorso de la mano.
Ella avanza por el pasillo, repartiendo sonrisas a amigos y familiares.
Le hace un gesto con la cabeza a Frankie y él responde con una sonrisa.
Cuando llega a la última parte del pasillo, me dedica una sonrisilla traviesa, se levanta un poco el vestido, viene corriendo hacia mí y se lanza a mis brazos.
Yo le rodeo la cintura y Maddie me envuelve el cuello.
Toda la sala se echa a reír.
—No podías esperar treinta segundos más —bromeo.
Ella acerca su nariz a la mía. En sus ojos solo veo amor.
—Ni un solo segundo.
—Te quiero —murmuro—. Vamos a convertirte en mi esposa —añado con voz grave.
Baja pegada a mi cuerpo. Yo la poso en el suelo y le doy un beso en la mejilla.
El oficiante carraspea y se sube las gafas por la nariz. Sienna se acerca y le coge el descomunal ramo a Maddie.
Nunca en mi vida he estado tan preparado para lo que está por venir.
Por fin puedo ser la persona que estoy hecho para ser.
Se acabó lo de esconderse.
La fiesta posterior a la boda está en pleno apogeo. Maddie ha puesto una carpa en el exterior, decorada por todas partes con flores, lucecitas y faroles colgados del techo. Y no podía faltar la pista de baile resplandeciente en el centro.
Todos están sentados a sus mesas.
Miro a Maddie, que echa un vistazo a la sala y sonríe para sí. Al anillo de compromiso que llevaba, ahora lo acompaña una alianza a juego, con diamantes negros y plateados engarzados.
Mi esposa, joder.
—¿Cuánto tiempo tenemos que quedarnos? Me muero de ganas de arrancarle ese vestido a mi esposa y follármela. Ya he esperado mucho, me he portado muy bien.
—Una hora más.
Puedo aguantarlo.
Me sube la mano por el muslo bajo la mesa.
—Pero en el campo hay unos cuantos sitios bastante aislados. Se me ocurren unas cuantas maneras de ayudarte a pasar esa hora. —Se muerde el labio y veo un brillo en sus ojos.
Le doy la mano y me levanto. Ella suelta una risita y viene conmigo. Soy un hombre con una misión.
—¡Grayson! ¡Maddie! ¡Venid! —grita Luca.
—Joder, ¿ahora qué? —farfullo, y Maddie se ríe.
A regañadientes voy hasta su mesa. Sienna, Keller, Luca, Frankie y Enzo están en silencio, observándonos. Keller tiene una expresión especialmente gélida. Lo miro con una ceja levantada, y él niega con la cabeza.
Luca se pone de pie cuando llegamos a la mesa. Yo apoyo la mano en el respaldo de la silla de Sienna.
Pero Keller habla primero.
—Anda, toma tus diez mil dólares y cállate ya. —Le tira un fajo grande de billetes a Luca. Capullos.
—Gracias, hermano. Y felicidades. Una boda preciosa y una novia guapísima. —Le sonríe a Maddie.
Mete la mano en el bolsillo de la chaqueta y saca unas tarjetas blancas, que lanza al centro de la mesa.
Abro los ojos como platos cuando leo:
Reserven esta fecha.
Por la presente les invitamos a la boda de Luca Russo y Maria Capri.
Está escrito con letras negras y hay unas alianzas dibujadas debajo.
—Eres un puto idiota —dice Keller, y tira la invitación en la mesa.
Maddie me la quita de la mano, suelta una exclamación e intercambia miradas con Sienna.
Yo tengo la vista fija en Luca, con cara de incomprensión.
No puedo evitar la culpa que siento. Este debe de ser el acuerdo al que llegó con los Capri a cambio de que buscaran a Sienna por Europa.
Miro a Frankie, que está sonriendo al ver las reacciones de todos.
—No tienes por qué hacerlo, Luca. Encontraremos otra forma. ¿Y qué pasa con Rosa?
Sé que le ha dolido tener que dejarla.
Luca sacude la cabeza.
—Necesito una copa. —Es lo único que dice, y se va hacia la barra.
Joder.
Este juego en el que se ha metido es peligroso.
Menos mal que estamos preparados.