Detonate. Disparo al alma (Bajo la máscara 2) 53. Maddie
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53. Maddie

Maddie

En cuanto se cierran las puertas del ascensor, me encierra entre sus brazos y su cuerpo musculoso.

Aprieto las piernas. No recuerdo cuándo fue la última vez que pasé tanto tiempo sin sexo.

Se acerca a mí. Los cuerpos de los dos arden.

Su erección me roza la cadera. Me muerdo el labio y lo miro.

Le acaricio por encima de los vaqueros toda la zona hasta que poso la mano sobre el bulto de su pene. Gruñe y echa la cabeza atrás.

—Joder, tengo la polla a punto de explotar.

Me quedo muy quieta cuando recuerdo cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que estuvimos juntos. Mierda, creyó que quería romper con él. «¿Y si...?».

—No podía permitir que nadie me tocara. Soy tuyo y lo voy a ser siempre.

—Pero te dejé. Lo entendería.

—Cariño, mírame. —Levanto la cabeza para hacerlo—. Nunca me creí que me hubieras abandonado. Ni consideré que hubiéramos roto. Durante las últimas seis semanas solo he estado centrado en encontrarte.

El ascensor pita y se abre para dejarnos entrar en la misma suite en la que estuvimos la última vez. Mi equipaje sigue junto a la cama, donde lo puse antes, cuando me registré. Me he tirado la mayor parte de la tarde metida en esa bañera independiente con vista a la ciudad. Dios, ha sido perfecto.

Él se aparta de la pared que tengo detrás, me coge la mano y entramos en la suite. Se ríe al pasar por el salón y ver la montaña de bolsas.

—¡Menudo maratón de compras has cargado en esa tarjeta!

—Bueno, creo que me lo debe.

Él me persigue como un león a su presa. Se desabrocha el abrigo, se lo quita y lo deja caer al suelo.

Desliza los dedos por el vestido negro de punto hasta llegar al borde.

—¿Qué te he dicho sobre ponerte medias? —murmura, sacudiendo la cabeza.

Me quita el vestido por arriba y yo levanto los brazos para que le sea más fácil. Es como si mi vientre estuviera hinchado por la regla; todavía no parece una barriga de embarazada, sino más bien da la impresión de que he tomado demasiada comida basura.

No me siento especialmente sexy ahora mismo.

Un golpe seco me distrae de mis pensamientos. Grayson está de rodillas, bajándome las medias poco a poco.

—Preciosa —dice dándome un beso en el centro del vientre.

Sonrío. Con solo una palabra ha hecho que mejoren mucho mis inseguridades. Cuando me mira y sus ojos azul hielo se encuentran con los míos, vuelvo a sentirme sexy.

—Dios, mujer. Es que eres perfecta.

Comienza a besarme el interior del muslo mientras me va bajando las medias por las piernas.

Cada beso produce corrientes eléctricas por todo mi cuerpo.

Levanto una pierna y después la otra. Me quita las botas y luego las medias.

Las tira hacia atrás, por encima de su hombro, y sigue besándome, esta vez subiendo por la pierna.

Hasta que llega justo donde lo necesito.

—A la cama, con esas piernas lo más abiertas que puedas. Quiero ser el dueño de cada centímetro de tu cuerpo esta noche, cielo. Y voy a empezar por hacerte llegar al clímax con la lengua. Estoy famélico, Maddie. Y lo que más me apetece es comerte entera.

—Hmm, sí, por favor —digo mirándolo a los ojos—. Señor.

Él gruñe, se abalanza sobre mí, me agarra por la cintura, me levanta y los dos nos tiramos sobre la cama.

Yo le rodeo el cuerpo con las piernas y lo acerco más a mí.

Noto su aliento en la mejilla. Su traje me roza la piel desnuda.

En cuanto sus dedos tocan mi sexo empapado, no puedo evitar un fuerte gemido.

—Dios, sí que me has echado de menos. Me encanta que me mojes así los dedos —asegura mientras los mete en mi interior.

Yo apoyo la cabeza en el colchón y arqueo la espalda para que llegue mejor. Grayson me lame la mandíbula y baja por mi cuello, mientras mete y saca los dedos. Encuentro los botones de su camisa. Él se para y me agarra la mano.

—Nada de tocar.

Se sienta sobre los talones y se afloja la corbata. Yo suspiro de frustración cuando sale de mí. La entrepierna me late sin parar. Lo miro con una ceja levantada.

—No sé si voy a ser capaz de no tocarte.

Él sonríe y se quita la corbata.

—Sube las manos por encima de la cabeza —ordena.

Mis brazos se mueven, aunque mi cerebro no ha dado la instrucción. Él se inclina y me ata las muñecas con la corbata. La cama se mueve cuando se baja. Me agarra los muslos y me arrastra por la cama hacia él.

Apoyo las piernas en sus hombros y él se arrodilla.

—¡Dios! —chillo cuando me lame desde la entrada hasta el clítoris.

Vuelve a meter los dedos mientras me chupa el clítoris, pero acelera el ritmo de sus movimientos. Yo me retuerzo en la cama. Tengo todo el cuerpo a punto de explotar. Saca los dedos y los lleva a mi trasero.

«Joder, sí».

Sigue lamiéndome y con la otra mano me abre las nalgas.

Me acaricia despacio en el ano con el dedo y yo bajo las caderas para que pueda introducirlo.

Me escuece un momento, mientras me adapto, porque he perdido la costumbre.

Pero todo queda ahogado por el puro placer que siento cuando me levanta el culo y hunde la lengua en mi interior, sin dejar de meter y sacar el dedo que tiene atrás.

—¡Grayson! —grito apretando los dientes.

Las piernas no paran de temblarme. Intento soltarme las manos para tocarlo. Todas las células de mi cuerpo buscan la liberación.

—Córrete para mí, preciosa. Quiero que me empapes la cara.

No necesito más. Tengo un orgasmo como nunca, siento como si me desgarrara entera. Chillo su nombre y mi cuerpo se sacude mientras él me sigue chupando el clítoris, recogiendo todos los fluidos de mi orgasmo con la boca.

—Dios, cómo me ha puesto eso —dice antes de levantarse.

Le brilla la cara por mis fluidos. No se molesta en limpiárselos.

Se desabrocha la camisa y se la quita, a la vez que la chaqueta.

La visión de su cuerpo musculoso y tatuado hace que me humedezca los labios.

Aprieto los párpados cuando le veo la cicatriz bajo las costillas.

En mi mente aparecen imágenes de aquel día. El día que nos destrozó.

—No pasa nada, cariño. No es más que una cicatriz; un recordatorio de que moriría por ti, Maddie. Por ti y por nuestros hijos. Sufriría cualquier dolor por manteneros a salvo. Te lo prometo.

Hago una mueca cuando los recuerdos vuelven en una oleada. Es como una pesadilla hecha realidad. Cómo me sentí cuando sacaron su cuerpo inconsciente del coche; fue como si me arrancaran el corazón del pecho.

—No puedo perderte, Grayson. No podría vivir sin ti. Y tampoco quiero criar a este niño sin su padre. No te pido que dejes tu trabajo, solo que estés a salvo. Y que vuelvas con nosotros.

—Te lo prometo. ¿Ahora puedo hacerle el amor a mi prometida? Tengo que recuperar las seis semanas perdidas.

—No quiero que me hagas el amor. Quiero que me folles.

—A la princesa le gusta que su villano la folle fuerte y muy sucio. No lo he olvidado. —La punta del pene se acerca a mi entrada.

—Tú no eres mi villano. Eres mi todo. Me encanta tu oscuridad. Pero también adoro tu luz. Amo todo lo que hay en ti.

Con un movimiento brusco, entra en mi interior y yo suelto un gruñido.

Por fin estoy en casa, en el lugar al que pertenezco.

—Fóllame como la putita preciosa que soy, Grayson —le susurro, mordiéndome el labio.

Veo asomar la oscuridad en sus ojos. Se inclina, me atrapa los labios, me coloca una pierna rodeándole la cintura y se hunde hasta el fondo.

—Joder, Maddie. Casi se me había olvidado lo bien que se está dentro de ti.

Vuelve a besarme antes de que pueda responder.

Tengo la frente empapada de sudor mientras él me embiste, sin dejar de hacer círculos alrededor del clítoris al mismo tiempo.

Me agarra por la cadera y me da la vuelta, obligándome a pegar la cara al colchón y poner el culo en pompa.

Todavía tengo los brazos atados por encima de la cabeza.

Suelta el aire con los dientes apretados cuando se hunde de nuevo en mi interior y me clava los dedos en los muslos. Yo muerdo el colchón para acallar los gemidos.

—Quiero oírte gritar mi nombre, cariño.

Su voz profunda me produce un relámpago de placer que va directo a mi entrepierna. Continúa con los círculos alrededor del clítoris, con el dedo empapado en mis fluidos. Después acerca dos dedos al ano, mientras sigue embistiéndome con tanta fuerza que todo mi cuerpo se ve proyectado hacia delante.

Grito su nombre cuando empiezo a ver estrellas. Él suelta una maldición que logro oír por encima de mis latidos, que me retumban en los oídos.

Pego un salto hacia delante cuando me da un azote en la nalga izquierda. El dolor intensifica el placer que siento por todo el cuerpo. Un líquido caliente se derrama dentro de mí y me resbala por la cara interior de los muslos.

Se queda un rato dentro de mí. Es como si acabáramos de correr un maratón. Cuando al fin sale, me da un beso en la mitad de la espalda. Después me desata y me frota las muñecas.

Se deja caer en la cama a mi lado. Yo me acurruco contra su pecho y acaricio con suavidad la cicatriz roja.

—Estoy deseando casarme contigo —aseguro, jugueteando con el anillo de compromiso que tengo en el dedo—. Y ser la señora Ward.

—Encargué ese anillo aquí, en Londres, ¿sabes? A la vez que el collar que llevas.

—¿Ya querías casarte conmigo antes de saber lo del bebé? —No puedo evitar el tono de sorpresa. Había supuesto que esa era la razón de su proposición.

—Maddie, supe desde el momento en que me besaste que, si me iba a volver a casar con alguien en esta vida, sería contigo.

Por eso quise mantener las distancias y por lo que dejé que intentaras apartarme.

Sabía que, si lo probaba, no podría parar.

Así que sí, era inevitable que quisiera tratar de hacerte mía de todas las formas posibles.

Con bebé o sin él. Eso solo ha sido una grata sorpresa.

—Me preocupaba que lo último que te había dicho era que no quería casarme.

Lo siento, Grayson. Pensé que en el fondo no necesitaba una gran boda, porque ya no había nadie presionándome con lo de cumplir el sueño del cuento de hadas.

Pero la verdad es que sí la quiero. —Inspiro hondo—. Lo necesito contigo y solo contigo.

—Te daré todo lo que has soñado en tu vida, la boda, la casa y los hijos incluidos. No puedo volver a perderte.

—No lo harás.

—Entonces, ¿cuánto tengo que esperar para que te cases conmigo?

—Pues, o lo hacemos enseguida antes de que me ponga enorme, o esperamos a que llegue el bebé...

—No, tanto no. ¿Dentro de tres semanas? ¿Qué te parece? Disponemos de un presupuesto ilimitado. Quiero que tengas todo lo que desees, hasta el último detalle. Supongo que tendrás un álbum de novia o algo así preparado, ¿a que sí?

Le doy un golpe en el pecho.

—¡Oye! ¿Es que eso no lo tienen todas las mujeres?

—Ni idea. Tú eres la que está obsesionada con las bodas. Yo solo lo estoy contigo.

—Qué bonito. Cuando dices «presupuesto ilimitado», ¿de cuánto estamos hablando? —pregunto mordisqueándome un dedo y pestañeando coqueta.

—Te doy cinco millones. Y mi única petición es que quiero una luna de miel en algún lugar exótico y en la playa. Con una villa privada en la que pueda follarte donde y cuando quiera.

—¡Cinco millones es una exageración!

—Esa sonrisa tuya no tiene precio, cariño. Gástate lo que te dé la gana. Solo asegúrate de que podamos casarnos dentro de tres semanas, ¿vale?

—Vas a estar muy sexy con una alianza en el dedo.

—La verdad es que he pensado tatuarme el anillo. Yo he estado casado antes. Los anillos te los puedes quitar. Los tatuajes son más permanentes. Llevaré el anillo al cuello, colgado de una cadena.

—Me encanta.

Paso la pierna por encima de su cuerpo para ponerme a horcajadas sobre él. Sus ojos me recorren entera.

—Tres semanas más —murmuro.

—Lo estoy deseando, cielo. Pero tenemos que dormir un poco para poder volver mañana a casa, a nuestra casa. —Me agarra por la cintura y me aparta.

Yo le doy la espalda para que pueda acurrucarse contra mí, con el pene pegado a mi culo y abrazándome fuerte.

—Que duermas bien. Te quiero, cariño. —Me acaricia el vientre.

Nuestra familia.

—¿Podemos adoptar un perro?

Su risa reverbera contra mi espalda.

—Pero no uno pequeño y esponjoso. Quiero uno lo bastante masculino para poder llevármelo a trabajar conmigo. Sí, podemos buscar una enorme casa familiar cuando volvamos. El perro necesitará un jardín.

Sacudo la cabeza y contengo una sonrisa.

En este momento, la vida es perfecta. Resulta que estaba totalmente equivocada.

Nunca he sido una princesa a la espera de un príncipe que me robara el corazón.

No he leído los libros correctos. No buscaba un cuento de hadas; lo que yo anhelaba estaba en las novelas de dark romance .

Deseaba que me adorara un villano durante el resto de la eternidad.

¿Un príncipe quemaría el mundo hasta los cimientos por mantenerme a salvo? ¿O se dejaría disparar para salvarme? No.

Necesitaba esa oscuridad para hacerme arder el alma.

Por eso tratamos de resistirnos durante tanto tiempo. Nuestro amor estaba condenado a no ser fácil. Es intenso. Abrasador. Lo es todo.

Ese es nuestro final feliz.