Detonate. Disparo al alma (Bajo la máscara 2) 50. Grayson
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50. Grayson

Grayson

Aparcamos frente a Rico’s, el restaurante italiano, bastante descuidado, que regenta la familia de Marco. La i del cartel está a punto de caerse. El toldo que hay sobre el escaparate, que alguna vez fue verde, ahora es de un marrón desvaído.

Keller apaga el motor. Enzo está viendo las imágenes en directo de las cámaras de seguridad del restaurante. Estoy deseando estrangularlo. Estoy incluso impaciente por hacerlo.

—Qué ganas tengo de matar a ese hijo de puta —dice Luca con los dientes apretados y sin apartar la vista de la puerta del restaurante.

—Pues ya somos dos. Pero no te olvides de que, antes de matarlo, tenemos que averiguar dónde está Maddie, ¿eh?

Luca está a punto de perder la cabeza. Si hiciera falta, renunciaría a matar a esos dos por recuperar a Maddie. Me estoy aferrando a esa última brizna de esperanza.

El teléfono que tiene Luca en el regazo se ilumina.

—Frankie acaba de entrar por la puerta de atrás. Ya es hora del espectáculo. —Me sonríe, sale del coche y cierra la puerta. Yo suelto el aire despacio. Ha llegado el momento. Necesito mantener la cabeza fría para conseguir lo que quiero.

Keller, que está en el asiento del conductor, se gira para mirarme, sin soltar el volante.

—Que no le pase nada, Grayson. Está al límite ahora mismo. Yo lo estaré viendo todo en las imágenes de las cámaras con Enzo. Nuestros hombres tienen el edificio rodeado, esperando mi orden.

En unas pocas semanas, el número de miembros de la organización de Luca se ha duplicado y vamos a plantar batalla de verdad.

—Haré lo que pueda. —Asiento y salgo para reunirme con Luca, que ya cruza a toda prisa la calle hacia el local.

Joder, lo último que necesito es que entre ahí y les pegue un tiro a los dos antes de que podamos conseguir respuestas.

—Luca, espérame, joder —digo con los dientes apretados, corriendo tras él.

Llego a su altura y lo agarro por el hombro antes de que abra la puerta.

—No la cagues aquí, Luca. Esto es por Maddie, no lo olvides.

—Le clavo los dedos para retenerlo. Veo puro odio en sus ojos.

No puedo arriesgarme si está así—. Entro yo primero —afirmo, y cojo el picaporte metálico de la desconchada puerta roja.

Chirría cuando la abro. Coloco la pistola por delante y pongo un pie en el interior.

Marco y Frankie están sentados en el centro del comedor. Yo apunto directamente a Frankie, que parece relajado. Se limita a sonreírme y mantiene las dos manos apoyadas en la mesa, delante de él.

—Bienvenidos, pasad, sentaos. —Nos señala los dos asientos que tiene enfrente.

Marco me mira con el ceño fruncido, pero no se mueve. Tiene las manos atadas detrás de la silla. Mira a Frankie, pero no dice nada.

—Ni de coña. ¿Y si te pego un tiro mejor? —responde Luca, que pasa por mi lado, va directo hacia él y le pone la pistola en la sien.

Frankie se echa a reír y me mira. Joder, Luca.

—Yo no lo haría, si es que quieres volver a ver a tu preciada Maddie.

Se me acelera el corazón y necesito todo mi autocontrol para no disparar a ese desgraciado entre los ojos.

—¿Dónde coño está? —grito.

—¿Qué gracia tendría si te lo digo sin más? Vamos, sentaos. —Señala la mesa, que está puesta con esmero.

Yo miro a Luca con las cejas levantadas y le indico la silla con la cabeza.

Voy hasta donde están ellos, saco una silla y me siento delante de Frankie.

Está demasiado tranquilo, teniendo en cuenta que se encuentra en una sala con dos capos de la mafia rivales y un monstruo desatado a cuya novia ha secuestrado.

—Pégale un tiro a este cabrón —dice Marco con los dientes apretados.

Frankie lo fulmina con la mirada.

Luca aparta la pistola de la sien de su hombre y apunta a Marco.

—Aquí solo hay una persona que va a matar a mi hermano, y soy yo —masculla Frankie.

Luca se queda con la boca abierta. El otro saca una pistola del bolsillo interior de su traje azul marino, la coloca entre los ojos de Marco y aprieta el gatillo sin inmutarse.

«Joder».

La cabeza de Marco cae hacia atrás y la sangre salpica todo el mantel blanco. Con el arma todavía humeante en la mano de Frankie, Luca se lanza a por él.

—¡Serás hijo de puta! —le grita antes de darle un puñetazo en la mandíbula.

Un buen puñetazo, tengo que reconocerlo.

Frankie se frota el lugar del golpe y mira a Luca divertido.

—Me lo he ganado. Buen gancho —contesta, me mira y asiente—. Voy a tener que entrenar alguna vez contigo.

—Ni de coña.

—Siéntate, por favor —insiste Frankie—. Voy a explicároslo todo primero.

Luca saca la silla que hay a mi lado, reticente, se sienta y enciende un cigarrillo. Sigue teniendo el arma en la otra mano.

—Suéltalo —pide Luca, dejando escapar una bocanada de humo.

—Voy a empezar presentándome formalmente. —Se lleva una mano al pecho—. Soy Frankie Falcone. Y este de aquí —señala al cadáver de Marco, que está a mi otro lado— era mi hermano mayor.

Sabíamos que estaba trabajando para los Falcone, pero no que el capo era su puto hermano. Aprieto la culata de la pistola. Si no fuera por Maddie, los dos estarían muertos a estas alturas. La bestia que tengo dentro está deseando salir.

—Eres un cabrón mentiroso —dice Luca, y se pone en pie de golpe, pero yo lo agarro del brazo y lo obligo a volver a posar el culo en la silla.

—¿Esa te parece la forma correcta de hablarle al nuevo cabeza de la familia Falcone? —Frankie levanta una ceja, como si estuviera muy orgulloso de sí mismo.

A estas alturas ya me hierve la sangre.

—Tengo una ofrenda de paz para vosotros. —Sonríe, se abre la chaqueta y saca el teléfono—. ¿Qué os parece si las dos organizaciones empezamos de nuevo? Luca, creo que podemos trabajar juntos y dominar toda la ciudad.

—¿Qué te hace pensar que me haces falta para algo? No puedo confiar en ti —contesta Luca.

—Estás perdiendo el control, cada día un poco más.

La mitad de tus hombres son traidores, créeme.

¿Cómo piensas que he conseguido organizar todo esto y permanecer fuera de los radares de ambos?

Mi plan inicialmente era hacerme con el control de mi familia y después aniquilar tu organización.

Pero, con el paso de los meses, os he cogido cariño a los dos.

—Tanto como para secuestrar a Maddie —intervengo.

—Lo hice para protegeros. Puede que ahora no lo entiendas, pero lo harás.

Me he asegurado de que esté bien cuidada y a salvo.

Pero he tenido que utilizarla para conseguir lo que quería, lo siento.

Me hacías falta tú, Grayson. Que estuvieras lo bastante furioso como para acabar con la mayoría de los Falcone por mí.

No podía arriesgarme a que Maddie se interpusiera, y menos después de ver el estado en el que estaba en el hospital.

Me mira fijamente a los ojos y deja el arma en la mesa.

—Te juro que no le he hecho ningún daño, aunque se ha resistido de lo lindo. No me lo ha puesto fácil, eso te lo puedo asegurar.

—¡¿Dónde coño está?! —rujo, me pongo de pie y estrello el puño contra la mesa.

—En un lugar seguro. Tenemos que llegar a un acuerdo antes de que pueda liberarla, así que siéntate.

Contengo las ganas de matarlo con mis propias manos y aprieto los puños.

Frankie mira a Luca.

—Quiero que nuestras organizaciones se unan, Luca. Que esta ciudad se convierta en nuestro imperio. Y después expandirnos por Europa.

—Libera a Maddie y luego hablamos —contesta Luca muy serio.

Frankie pone los ojos en blanco.

—No lo voy a hacer hasta que no alcancemos un acuerdo. No soy idiota. En cuanto la suelte, alguno de los dos acabará conmigo. Maddie ya me ha avisado bastantes veces de que voy a terminar muerto pronto.

En eso no se equivoca.

Luca me mira. Si Frankie dice la verdad, podrían controlar la ciudad entre los dos. Tienen el cerebro y el poder para hacerlo. Lo cierto es que en estos últimos meses Frankie ha demostrado ser útil. ¿Podemos confiar en él? Sin duda no. Acaba de volarle la cabeza a su propio hermano.

—Nosotros podemos hablar del acuerdo en privado.

Grayson necesita ir con Maddie. Cuando la sueltes, quedaremos solo tú y yo.

Me interesa oír lo que tienes que decir.

Pero no olvides que la ventaja la tengo yo.

Así que te sugiero que empieces a compensarme por tus errores si quieres que vuelva a confiar en ti —advierte Luca, atravesándolo con la mirada.

Frankie asiente, riendo entre dientes.

—Grayson, llévate nuestras armas —ordena Luca.

Yo me acerco y los dos deslizan sus pistolas por encima de la mesa.

Me guardo una en la cintura y apunto con la otra a Frankie. Él levanta ambas manos al instante, en un gesto de rendición.

—Suéltala.

Señala el teléfono que tiene en la mesa.

—¿Puedo? —Acerca la mano despacio para coger el teléfono y se lo lleva a la oreja.

—Pon el altavoz.

Solo se oyen dos tonos y al otro lado cogen la llamada.

Por el altavoz se oye una voz italiana.

—¿Sí, jefe?

—Déjala ir, Theo —ordena Frankie antes de colgar.

El corazón me late como loco en el pecho. Maddie está libre. Suelto el aire despacio y hago todo lo posible para mantener a raya mis emociones.

—Grayson, ve a por tu mujer. Esto lo tengo controlado —dice Luca con una sonrisa tensa.

Bajo el arma con la mano temblorosa. Estoy muy cerca de recuperarla por fin.

—Te juro por Dios que, como tenga un solo pelo fuera de su sitio, te despellejo vivo, Frankie.

—No esperaba menos de ti, Grayson. Por cierto, te vendría bien coger el jet privado para ir a buscarla; Londres está bastante lejos.

Después de la muerte de Rosa, me pareció que sería mejor sacarla de la zona de guerra antes de matar a mi hermano.

Por si algo salía mal, ya sabes. —Mira el cadáver de su hermano, desmadejado en la silla.

Londres. Está a miles de kilómetros.

Luca me observa con una sonrisa comprensiva.

—Vete. —Señala la puerta—. Dile a Keller que salgo dentro de veinte minutos.

El teléfono me vibra en el bolsillo y me olvido durante un segundo de las ganas que tengo de retorcerle el pescuezo a Frankie. Lo saco y veo en la pantalla un número con el prefijo +44.

Lo cojo.

—¿Grayson? —La preciosa voz de Maddie resuena en mis oídos.

Se me escapa un sollozo.

—Cielo.

Me masajeo el puente de la nariz. Está viva y bien.

Mi corazón vuelve a estar completo.