35. Grayson
Grayson
Le mando un mensaje a Maddie para decirle que llegaré tarde a casa.
Tras el incidente de la herida de la semana pasada, no puedo evitar ver el dolor de su cara cuando tengo que salir por las noches.
Y que intente ocultármelo me duele. No quiero causarle ningún dolor, pero ella sabía que se estaba metiendo en la cama con un monstruo.
Ahora, sin embargo, todo es diferente.
No está solo en mi cama. Ocupa toda mi vida, mi corazón y mi cabeza. Solo tengo que encontrar una forma de dejar de preocuparla.
Por eso Frankie y yo le hemos aconsejado a Luca que redoble los esfuerzos para acabar con los Falcone.
Cuanto antes desaparezcan, antes se terminarán las salidas nocturnas.
Tengo cientos de tíos apuntados al King’s Gym que están preparados y deseando derramar sangre.
Podría entrenarlos rápidamente para trabajar con Frankie y conmigo.
Luca ha intentado quitarme esa idea, pero no podemos negar que necesitamos más hombres y rápido.
Frankie y yo solos no podemos resistir indefinidamente. Somos buenos, pero no invencibles.
La última semana hemos detectado nuevos lugares de encuentro de los Falcone en las afueras de la ciudad.
Siguen prefiriendo almacenes viejos y abandonados.
Apago el motor y abro la guantera. Frankie se queja porque tiene que apartar la rodilla para dejarme espacio.
Casi se me salen los ojos de las órbitas cuando un par de tangas rojos de Maddie aparecen encima de la pistola.
Frankie suelta una carcajada.
—Joder, Grayson. ¿Dónde has encontrado una mujer así?
—Supongo que he tenido suerte —respondo con total sinceridad. Cojo el arma y guardo los tangas.
—¿Cómo lo vamos a hacer? —Sonríe al ver las granadas que tengo también en la guantera.
—Hace un par de semanas que no volamos nada por los aires. Me apetece una explosión. ¿Cuántos tíos hay dentro? —pregunto.
—Siete por lo menos. Están esperando la llegada de un cargamento, según ha dicho Carlo.
Coge una granada y me pasa a mí la otra mientras sube y baja las cejas varias veces.
—Vamos a hacerlos volar —digo, y él suelta una risita.
Cierro la puerta del coche y voy hacia el edificio, con la granada en una mano y el arma en la otra.
Cuando nos acercamos, uno de los hombres, vestido de negro, me apunta con su pistola. Aprieto el gatillo sin dudar y la bala le impacta el pecho. El tipo cae al suelo, con las manos sobre la herida. No puede respirar y le sale sangre por la boca.
Le doy una patada para quitarlo de en medio.
—Buen tiro —dice Frankie desde detrás de mí.
—Gracias. Ve a la puerta de atrás. —Miro el Rolex—. Voy a volar este sitio en sesenta segundos exactamente.
—Entendido, jefe.
Según van pasando los segundos, noto que aumenta mi adrenalina. Me encanta hacer estallar edificios y verlos convertirse en cenizas.
Diez segundos...
Abro la puerta metálica de un empujón, acciono el percutor y tiro de la anilla. Todas las cabezas que hay en el interior se giran y yo les sonrío justo antes de lanzar la granada dentro y volver a cerrar la puerta, para enseguida salir corriendo lo más rápido que puedo.
El edificio explota y queda envuelto en llamas. Me paro en mitad del aparcamiento y me doy la vuelta para admirar la vista.
—Es una mierda acabar hecho mil pedazos por una explosión. Aunque creo que lo prefiero a quemarme vivo —comenta Frankie con una cara muy seria.
—Lo tengo en cuenta, por si tengo que matarte algún día.
—Gracias, tío. Oye, menudo regalo de cumpleaños, ¿eh? —dice con una sonrisa traviesa.
No se me ocurre nada mejor.
Pero estoy deseando ver qué regalo tiene preparado Maddie para mí.
—Vamos, que tengo que darle unos azotes a mi chica por haber dejado las bragas en un sitio donde las puede ver alguien como tú. Habla con Luca e insístele en que necesitamos más hombres para seguir con nuestro plan. Yo intentaré que nos ayude Keller.
—Hecho, jefe.
El olor de una tarta recién horneada me llega en cuanto cruzo la puerta.
Busco en los bolsillos, saco el tanga rojo y enredo los dedos en él.
Cuando me acerco a la cocina, veo el moño rubio y descuidado de Maddie asomando por encima de la encimera.
Está de rodillas en el suelo, mirando fijamente el horno, comprobando que las tartas suben.
La encimera está cubierta de polvo blanco; mi cocina parece un narcopiso.
Estar con Maddie es así. Siempre es una sorpresa.
Nunca sé lo que me voy a encontrar cuando vuelva a casa.
El otro día estaba haciendo una postura de yoga muy extraña con unos leggings que se trasparentaban y el culo levantado.
Algunos días, cuando llego me la encuentro medio dormida en el sofá con un libro.
Y otros está tomándose una copa de vino y cantando al ritmo de rap de Eminem.
No he sonreído tanto en toda mi vida. En cuanto regreso a casa junto a ella, consigue alegrarme el día, por muy duro que haya sido el trabajo para Luca. Siempre lo hace. Creo que por eso estoy obsesionado por estar con ella todo el tiempo.
—Hola, preciosa —la saludo, con su ropa interior entre los dientes.
Maddie gira la cabeza.
—Hola, cumpleañero. —Da un salto y se lanza a mis brazos envolviéndome el cuello—. Ya veo que has encontrado tu primer regalo.
—¿Quién te ha dicho que era mi cumpleaños? —pregunto levantando una ceja.
No lo celebro nunca, al menos desde que murió Casper. Como los dos cumplíamos años en fechas cercanas, hacíamos la fiesta juntos. Siempre.
—Es posible que haya obligado a Keller a decírmelo. Me dijiste que eras tauro. Por cierto, eres todo lo típico de ese signo: muy testarudo y un gran amante. Por eso estuvimos un año sin poder soportarnos. —Suelta una risita—. Acuario no tiene muy buena compatibilidad con tu signo.
—Cielo, te has liado con un hombre que pertenece al signo más leal del zodiaco. Mientras que yo me he quedado con una impredecible y a veces un poco temperamental acuario.
—Querrás decir liberal y morbosa.
—Sí, eso lo tengo claro. A las acuario les gustan los cumplidos... —Le acerco la boca a la oreja—. Y el sexo anal.
Es cierto que encontré eso cuando estuve investigando. No entiendo cómo demonios pueden saberlo.
Le pongo las manos en el culo y le doy un apretón.
—Veo que se te ha ocurrido una idea para tu segundo regalo de cumpleaños —dice coqueta, con un brillo en los ojos.
El horno pita, ella escapa de entre mis brazos, va corriendo hasta allí y agita las manos para disipar el vapor que sale por la puerta al abrirlo. Saca las tartas con cuidado y las deja en la encimera.
—Joder, cómo quema.
Coge una cuchara de madera y empieza a remover la crema de mantequilla con mucha fuerza, sujetando el recipiente blanco bajo el brazo.
Cuando se enjuga la frente con el antebrazo, se deja un rastro de polvo blanco.
No paro de sonreír, tanto que me duelen las mejillas.
Este se ha convertido ya en el mejor cumpleaños que he tenido, que yo recuerde.
Voy hasta ella, me coloco a su espalda, la abrazo por la cintura y tiro de ella hacia mí. Mi pene se despierta cuando su culo se frota contra él.
—Grayson...
—Dime, cariño.
Espero que la siguiente palabra que salga de esos bonitos labios sea: «Fóllame». Es mi cumpleaños, ¿no?
—¿Preferirías sentarte encima de una tarta y comerte una polla, o sentarte en una polla y comerte una tarta?
—La segunda. ¿Cómo voy a desperdiciar una deliciosa tarta? —Me río por lo bajo—. Pero lo que quiero de verdad es que tú te sientes en mi polla y me des tarta para que yo me la coma. ¿Eso no es una opción? Es mi cumpleaños, cielo.
No le veo la cara, pero sé que esos ojos verdes estarán llenos de deseo y sus mejillas sonrosadas.
Meto las manos bajo la camiseta de tirantes que lleva, le acaricio el vientre plano y después le cubro las tetas con las manos y le toco los pezones duros con el pulgar.
Maddie echa la cabeza atrás para apoyarla en mi cuerpo, dándome acceso a su esbelto cuello.
No puedo resistirme a mordérselo al mismo tiempo que le pellizco los pezones. Ella gime y arquea la espalda.
—Eres perfecta, cielo.
Le lamo el cuello y noto el sabor de su perfume dulce en la lengua. Saco una mano, hundo el dedo índice en el recipiente de crema de mantequilla que todavía sostiene y lo mojo bien en ella.
—Abre la boca, cariño. —Su lengua caliente me lame todo el dedo y después se lo mete entero y chupa con fuerza.
—¡Grayson! —grita, y se zafa de mis manos—. Es posible que haya organizado una cena para celebrarlo. Que va a empezar enseguida.
Mierda.
No puedo. Esta noche tengo que ocuparme de una misión en el casino.
Dos de los principales asesores de Marco van a estar allí para una velada benéfica.
Luca ha acordado con el director que podremos llevarnos a dos de los Falcone de allí.
A cambio, blanquearemos nuestro dinero utilizando sus casinos.
—Tengo que trabajar esta noche, cielo.
—Pero si es tu cumpleaños. ¡Nadie debería trabajar en su día, Grayson! —se queja y hace un mohín.
—Sabes que tengo un trabajo en el que no me puedo pedir un día libre, ¿verdad? —Me echo a reír, pero me duele haberle estropeado los planes.
Aunque tal vez pueda hacer las dos cosas. Es una misión rápida y limpia. Luca y Frankie también estarán. Y es en un sitio público.
—¿Y si te vienes conmigo esta noche?
—No creo que te venga bien hacer de niñera. Y, además, soy bastante impresionable.
—Es en el casino. Ni siquiera tengo que ocuparme yo de la misión. Frankie también estará. Solo debo asegurarme de que no salga mal. Estaré contigo y podemos apostar un poco. Cuando terminemos la misión, ya quedaremos libres. ¿Qué te parece?
Creo que esta es una de las peores ideas de mi vida. No debería ponerla en peligro así. De ninguna manera. Perderla me mataría.
—¿Podemos quedar con Keller y Sienna en el End Zone después? No quiero ver a Keller metido en esas mierdas en las que andáis Luca y tú. No estaría bien. Ya ha abandonado esa vida.
Dios, esta mujer me alucina.
—Vale, cariño, gracias. —La abrazo y, al hacerlo, la levanto un poco del suelo.
—Voy a arreglarme. No puedes ir al casino con una mujer con el pelo grasiento cubierto de azúcar glas. Además, tengo que acabar esta tarta, para luego sentarme en tu polla y dártela para comer. Feliz cumpleaños. —Antes de que me dé tiempo a responder, me planta un beso en los labios.
Se escapa de entre mis brazos, todavía con el recipiente en la mano y una mirada traviesa en la cara. Yo me siento en el taburete de la cocina y contemplo cómo esa bomba de mujer se concentra en decorar mi tarta en la cocina de mi casa.
Tengo claro lo que quiero para mi cumpleaños.
Solo espero que ella acepte.