Detonate. Disparo al alma (Bajo la máscara 2) 33. Grayson
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33. Grayson

Grayson

Toda la diversión se ha desvanecido, y se ve sustituida por la ira cuando doblo la esquina y encuentro a mi exmujer instalada tranquilamente en mi ático. Está buscando una taza en los armarios. Veo detrás de ella que ha encendido el hervidor de agua.

—No te vas a quedar mucho rato, así que no te molestes en prepararte un café.

Lo único que evita que le retuerza el cuello es Maddie.

—Vamos, Grayson, no seas idiota. Ve a librarte de la putita y después vuelve a hablar conmigo como es debido. —Se muerde el labio y me mira de arriba abajo.

¿Está colocada o algo?

Tengo la mandíbula muy tensa cuando me acerco a ella.

—Ni hablar. Y no se te ocurra volver a llamar así a mi novia. No te olvides de quién se estaba follando a mi mejor amigo a mis espaldas. Solo hay un putón en esta casa y esa eres tú.

—No lo dices en serio. Estabas enamorado de mí.

—¿Ah, sí? —exclamo. Se me está acabando la paciencia. Sé con total seguridad que solo he sentido amor por una mujer en mi vida y es la que está en mi cama.

—Sí, pasamos juntos cuatro años estupendos. ¿De verdad puedes olvidarlos? Te echo de menos. —Me apoya las uñas largas y rojas en el pecho. Yo hago una mueca y me aparto.

—¿Por qué has venido?

Ella se revuelve y fija la vista en el suelo.

—Me encontré con tu madre el otro día, en una cafetería al final de la calle de nuestro apartamento.

Me habló de tu maravillosa nueva vida en Nueva York.

Y el año pasado vi el combate de Keller.

Y pensé que tal vez había pasado ya el tiempo suficiente para que pudieras perdonarme.

Podemos volver a construir un hogar, una vida.

Se me dilatan las fosas nasales. Pero ¿a qué coño juega mi madre? Si casi no hablo con ella, ¿por qué se le ha ocurrido interferir ahora?

—Mañana sería el cumpleaños de Casper. —Le cae una lágrima por la mejilla y yo tengo ganas de vomitar.

—Será mejor que te vayas antes de que te estrangule. —La fulmino con la mirada para asegurarle que no lo digo en broma. Ya no soy el hombre con el que estuvo casada.

—Podemos ayudarnos. Tal vez lo que necesitas es sacarlo todo conmigo, follar como lo hacíamos antes —continúa.

Tengo que apretar los puños. Se me tensan todos los músculos del cuerpo. Una rabia incontrolable me emborrona la visión. Cuando la veo mirar mi casa, parece que le salieran en los ojos símbolos del dólar.

—¿Qué me dices? ¿Un polvo por los viejos tiempos? ¿Para ayudarnos a pasar el duelo? —Se acerca seductora, humedeciéndose los labios.

Yo pongo cara de asco y me alejo de ella.

Está delirando.

Algo pasa detrás de mí y yo giro bruscamente la cabeza. Lo que veo es la estela de una melena rubia.

—Ya he oído suficiente. A ver si pillas la indirecta, tía. No quiere follar contigo. Te odia con todas sus fuerzas. Así que vete de aquí antes de que te mate yo.

Maddie se lanza hacia delante rabiosa, agarra a Amelia del pelo y la lleva arrastrando hasta la puerta principal.

—¡Grayson, quítame a esta loca de encima! —chilla Amelia, sufriendo y clavándole las uñas en los brazos a Maddie.

Intento contener la risa. Abro la puerta y Maddie me mira un segundo.

—Gracias —dice.

Amelia cae desmadejada al suelo con un golpe seco cuando mi chica la saca de un empujón.

—¡Maldita zorra! —Se levanta y va a por Maddie, pero yo me pongo delante de ella de un salto y Amelia choca contra mí.

—¡Fuera! —grito—. Y no vuelvas a acercarte a mí, Amelia. No hay nada en este mundo que pudiera hacer que volviera contigo. —Abrazo a Maddie con fuerza contra mi costado—. Esta mujer es mi vida. Quiero que te largues de mi propiedad inmediatamente.

Con los ojos llenos de lágrimas, se va.

Madre de Dios.

—Gracias —digo con un suspiro.

Su cara se ilumina.

—Tus paredes son muy finas. Me preocupaba que terminaras matándola. Entonces oí lo que te proponía y me dieron ganas de matarla a mí. Además, no podrías seguir follándome si acabas en la cárcel.

La luz de mi vida tiene su lado oscuro.

—Eres perfecta, lo sabes, ¿no?

Ella se muerde el labio y me mira desde detrás de las pestañas, con los ojos entornados.

—Perfecta para ti, tal vez.

—Para mí, sí.

Esta mujer saca todas las emociones que tengo dentro.

Pero es a la que más deseo. Adoro su capacidad de verme y aceptarme.

Es algo que nunca tuve con Amelia. Estuve toda la relación ocultándome tras una máscara, fingiendo que una vida normal era suficiente para mí.

Ella nunca quiso oírme hablar de la gente a la que tuve que matar cuando estaba de servicio.

No se dio cuenta de que era la única manera de calmar al monstruo que tengo dentro.

Pero Maddie... Ella me comprende. No quiere que cambie, solo que esté a salvo. Solo desea que la amen.

—Era en serio lo de antes. Te quiero. —Le recorro con el dedo la cadena de oro con el colgante con forma de sol que le regalé en Londres.

—Y yo a ti, Grayson. Y ha sido genial oír que me llamabas «tu novia». Dímelo otra vez.

Por muy oscura que sea mi vida, voy a necesitar su luz en ella todos los días.

—Vas a ser algo más que mi novia algún día.

La sonrisita que asoma en su boca me demuestra que eso pasará. Que se convertirá en mi esposa.