Detonate. Disparo al alma (Bajo la máscara 2) 31. Maddie
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31. Maddie

Maddie

El Bentley aparca delante de un pequeño pub que hay en una esquina. A la derecha está el London Eye iluminando el cielo de rojo.

Grayson sale del vehículo, le da la vuelta y viene a abrirme la puerta, tan sexy como siempre, aunque esta noche lo está un poco más con el traje negro, la camisa blanca inmaculada y corbata negra.

El vestido negro que llevo, que es como una segunda piel, me llega hasta la rodilla, lo que restringe un poco mi capacidad de movimiento.

Grayson, como es un caballero, me ayuda a salir y me ofrece el brazo para que me sostenga.

Hace mucho frío. Creía que haría mejor temperatura porque casi estamos en abril, pero me alegro de que metiera en la maleta mi chaqueta de cuero. Dejamos atrás el pub y cruzamos la calle hacia el césped que hay justo delante de la noria.

—Guau, mira qué bonita.

—Impresionante —responde, pero solo me mira a mí. Me ruborizo—. ¿Preparada para ver Londres desde el cielo?

—No es posible. Está cerrada, ¿no?

—Para nosotros no, cariño.

Me lleva hasta una barandilla metálica, donde nos espera un chico que nos abre el cordón rojo para darnos acceso a la plataforma. Las luces de los edificios cercanos se reflejan en la superficie del Támesis. Es precioso.

En la entrada, nos espera una de las cabinas de cristal abierta. Se me llenan los ojos de lágrimas al contemplar lo que tengo delante. La cabina está iluminada por la luz parpadeante de unas velas que han colocado en el interior de unos faroles. Hay pétalos de rosas rojas cubriendo el suelo.

—Grayson —exclamo llorando, y me tapo la cara con las manos.

Él me abraza con fuerza.

—¿Qué te pasa, cariño?

—Es que no me puedo creer que hayas preparado todo esto para mí —confieso con la voz entrecortada.

—Oye, mírame. —Se aparta un poco y me sujeta con fuerza por los hombros—. Te lo mereces todo, nada menos. Te he prometido que voy a hacer todo lo posible por dártelo. Y lo voy a hacer siempre. Así que ve acostumbrándote. No tengo intención de dejar de hacerlo.

Me abalanzo sobre él, le envuelvo el cuello con los brazos y él me agarra el culo para mantenerme pegada a él.

Todo lo que me rodea es maravilloso, pero yo solo tengo ojos para ese hombre. Un hombre lleno de oscuridad que es el único que trae luz a mi vida. Puede ser que me esté equivocando, que él no sea perfecto, pero es mío y lo quiero.

—Te quiero, Grayson —susurro contra su mejilla.

—Me has estropeado el plan.

—¿Qué quieres decir?

Se me acelera el corazón y me sudan las manos.

—Eso era lo que quería decirte ahí arriba —contesta señalando lo más alto de la noria.

—Bueno, me lo puedes decir ahora.

—Te quiero.

El corazón me da un vuelco. «Gracias a Dios».

—Te quiero más que a nada. Eres la luz de mi vida. Cuando te vi por primera vez, supe que estaba perdido. No sé por qué he intentado resistirme durante tanto tiempo. Pero me alegro mucho de que por fin hayamos decidido olvidarnos de eso.

—Entonces..., ¿ahora soy tu novia?

—Puedes ser lo que quieras. Eres mi todo. Y lo digo en serio: haría cualquier cosa por ti.

Mi corazón no puede soportar todo esto. Está a punto de explotar. De repente me siento completa. Es como si el universo acabara de entregarme la otra parte de mi alma. La pieza que me faltaba.

—Aunque no sé cómo se va a tomar esto tu madre —continúa riendo entre dientes—. No soy el príncipe que esperaba para su princesa.

—Pues es una suerte que yo no quiera un príncipe aburrido, sino al villano que me folla como a una puta mientras me dice que me quiere. Estoy harta de vivir para los demás. Te deseo a ti. Y solo a ti.

—Además, los villanos follan mucho mejor.

Joder, ¿cuánto tarda esto en dar una vuelta entera?

—Puedes volver a decirme eso luego —lo provoco.

—¿Por qué crees que he alquilado toda la puta noria?

—¿Cómo sabías que te iba a corresponder? —pregunto, mordiéndome el labio inferior.

—Porque no hay forma humana de que puedas negar lo que hay entre nosotros. —Me coge la mano y me lleva hacia la cabina.

—¿Ves? Hay un romántico ahí dentro, en el fondo. —Lo miro y le clavo un dedo en el pecho. Él me lo coge y se lo lleva a los labios. Las puertas se cierran y el suelo se sacude cuando la noria empieza a moverse.

Entonces se mete ese dedo en la boca. Yo aparto la vista del horizonte iluminado cuando él me lo chupa.

Se lo saco y lo voy bajando por su barbilla y después por el cuello.

Le aflojo la corbata y comienzo a desabotonarle la camisa, despacio, hasta llegar al cinturón.

Me excito solo de ver esos tatuajes asomar bajo la camisa abierta.

Me pongo de rodillas, le desabrocho el pantalón y le saco el enorme pene. Nunca he visto nada parecido. Le acaricio la punta con la lengua, saboreando el líquido salado.

Cuando me lo meto en la boca, hasta el fondo, cierro los ojos porque los tengo llenos de lágrimas.

—Si no estás a punto de asfixiarte es que no lo estás haciendo bien —dice con voz grave y yo lo empujo todavía más adentro, haciendo todo lo posible por evitar las arcadas—. Mírame, cielo. Quiero verte con la boca llena con mi polla, casi sin aire. Luego, tal vez te asfixie también con las manos.

Aprieto las piernas y empiezo a moverme; acerco la boca a la punta y después vuelvo a introducirla todo lo que puedo.

—Más profundo, cariño. Te aseguro que voy a hacer que merezca la pena. Te lo prometo —masculla con los dientes apretados. Me pone una mano en la cara y me limpia una lágrima con el pulgar—. Qué bien te portas.

Yo me agarro a su cadera cuándo él me embiste la boca unas cuantas veces antes de salir. Me limpio con el dorso de la mano.

Tengo todo el cuerpo ardiendo, a punto de explotar.

—Levántate. Quítate el vestido. Pon las palmas en el cristal. Pero déjate los tacones.

Asiento, me saco el vestido por la cabeza y lo tiro al suelo. Voy hasta la ventana y apoyo las manos en el frío cristal. Ya estamos casi en lo más alto de la noria, con la ciudad de Londres a nuestros pies, iluminada en medio de la noche. Es magnífico.

Noto el aliento cálido de Grayson en la parte de atrás del hombro. Me recorre con la lengua toda la columna y yo tengo que arquear la espalda, de forma que me quedan los pechos apretados contra el cristal y el culo pegado a él.

—Cada centímetro de ti es delicioso.

El suelo que tengo bajo los pies se sacude y él se arrodilla.

Me da un golpecito en la parte interior de la pantorrilla y yo abro más las piernas.

Me estremezco por la excitación cuando mete las manos entre mis muslos y tira hacia atrás, para que me agache aún más, sin apartar las manos del cristal.

—Mía —gruñe antes de llevar la boca a mi sexo.

Lame toda su extensión, desde la entrada hasta el clítoris, y luego repite, todo el tiempo con movimientos lentos.

—Joder, Grayson.

—Creo que puedes gritar un poco más, cariño.

Vuelve a poner la boca donde más la necesito. Aprieto los párpados cuando empieza a meter y sacar la lengua de mi interior y me agarra con fuerza los muslos. Es como si me estuviera follando con la lengua.

—Abre los ojos, cielo. Quiero que veas la ciudad a nuestros pies mientras te demuestro que eres toda mía.

Obedezco y me encuentro con nuestro reflejo.

Grayson se coloca detrás de mí y sus ojos se cruzan con los míos en el reflejo.

Llevado por el deseo abrasador, no aparta sus ojos de los míos mientras me acaricia las nalgas.

Me muerde una con fuerza. Eso me produce un relámpago de dolor, pero enseguida me da un beso con la boca abierta en ese mismo lugar.

Ya estaba mojada antes, pero ahora aún más.

Me rodea un pecho con la mano y lo muerde.

—¿Estás preparada para esto?

—Para ti, siempre.

Frota la punta del pene por toda mi extensión antes de hundirse en mí. Yo tengo que proyectar el cuerpo hacia delante.

—Joder. —Aprieto los dientes mientras mi cuerpo se acomoda a su alrededor.

—Hmm, qué bien te portas.

Grito cuando me da un azote en la nalga izquierda.

—¿Te gusta, cielo?

—¡Sí, otra vez!

—Mi putita viciosa —murmura, antes de que su palma se estrelle en el mismo lugar—. Quiero tus labios —dice con voz ronca, agarrándome por las caderas para levantarme y llevarme hasta un banco de madera redondo que hay en el centro.

Se sienta y yo me giro en su regazo para que quedemos cara a cara.

Me hundo sobre su pene y tengo que echar la cabeza atrás de puro placer.

—Muévete, cielo.

Me muerdo los labios hinchados.

—Sí, señor. —Le guiño un ojo antes de unir nuestros labios.

Empiezo a mover la cadera para conseguir algo de fricción en el clítoris mientras estoy encima de él.

Con una mano en mi culo, y la otra en mi mejilla, hace el beso más profundo y gime en mi boca. En este momento todo es perfecto. Interrumpe el beso, con una mirada salvaje, y me acerca dos dedos a la boca.

—Chupa —ordena.

Cierro los ojos, sin dejar de subir y bajar sobre su miembro, y le chupo los dedos a la vez. Los saca, y con la otra mano me abre las nalgas.

Sus dedos me rozan la entrada.

—Relájate, cielo —dice antes de besarme y meterme los dedos despacio.

Me quedo muy quieta mientras va entrando, concentrada en su boca junto a la mía y no en la sensación de incomodidad. Hace tiempo que no me han metido por ahí nada más que un dedo.

—Dios, Maddie. Qué sexy eres. —Baja por mi cuello dándome besos. Yo empiezo a subir y bajar de nuevo, porque quiero más, necesito más. Con esos dedos entrando y saliendo, lo necesito a él dentro también.

—Necesito más, Grayson. Fóllame más fuerte.

Antes de que entienda lo que está pasando, suelto una exclamación cuando me levanta de su regazo y me gira. Mis manos aterrizan en el banco de madera. Con una mano dirige su pene entre mis nalgas, pero se detiene justo delante del ano.

—Todos tus orificios son míos para follármelos cuando quiera —anuncia antes de entrar—. Pórtate bien y quédate quieta.

Acerca el pecho a mi espalda, me da un beso en la columna y noto un hormigueo por todo el cuerpo. Sus dedos encuentran de nuevo mi sexo.

—Abre más las piernas —me susurra contra la espalda.

Hago lo que me dice.

—Dios, eres increíble. Ábrete para mí.

Su aliento cálido me hace cosquillas en la espalda. Mete los dedos sin dejar de entrar y salir por detrás. Llenándome por las dos partes. La presión y el placer se mezclan y hacen que mi cuerpo se acerque rápidamente al orgasmo. Grayson aprieta las manos.

—Llevo mucho tiempo soñando con follarte el culo —dice jadeando, y acelera el ritmo.

Me cubre la garganta con la mano y me presiona la tráquea.

«Joder».

Empiezo a ver estrellas justo cuando le oigo susurrar:

—Córrete para mí, cielo.

No necesito más. Mi cuerpo arde y el clímax me consume. Un instante después, él llega también al orgasmo.

—Hostia puta.

Me dejo caer sobre el banco, intentando recuperar el aliento cuando afloja la mano que tiene en mi garganta. Sale de mi interior. Yo apoyo la cabeza en la madera.

—Te quiero, Maddie. Muchísimo. —Me recoge, me da la vuelta para que quede frente a él y me aprieta contra su pecho.

Levanto la cabeza para mirarlo. Veo admiración en sus ojos, que brillan como las luces de la ciudad que tenemos detrás.

—¿Me lo prometes? —pregunto, abrazándole el cuello.

—Con todo mi corazón. No me voy a ir a ninguna parte, ni tú vas a poder apartarme.

—Te quiero, Grayson. Tal y como eres. No lo olvides nunca.

—Sabes que te voy a proteger siempre, ¿verdad? Haré todo lo posible para no exponerte a ningún peligro. No puedo prometértelo, pero ten presente que daría mi vida por ti. Vivo en un mundo oscuro y peligroso. Tienes que ser consciente. Pero siempre te voy a poner a ti por delante de mí, ¿vale?

No me voy a resistir. Quiero que él esté a salvo y sentirme así yo también. Hasta ahora no me ha dado ninguna razón para no pensar otra cosa.

Asiento despacio.

—No quiero ni imaginarme que te pueda pasar algo malo, Grayson. No te voy a pedir que cambies de mundo por mí, solo que procures que los dos estemos a salvo. Es lo único que quiero. Tú eres muy importante para mí. Te necesito aquí conmigo.

Acerca mi cara a la suya y me besa.

—Me alegro de que acabaras con mi norma de no dar besos, pero ahora es que no puedo parar.

—¿Eso hice?

—Sí, no quería tener ningún tipo de intimidad. Después de lo que me hizo Amelia, quería seguir follando, sí, pero no soportaba la idea de tener a nadie en mi vida. Eso dejaba claros los límites. Y funcionó, hasta que apareciste tú.

Me encantaría darle un buen bofetón a esa mujer, pero también me alegro de que la cagara, porque así él ha podido llegar hasta mí.

—Pues me alegro de que mis labios te hayan sido tan útiles.

Grayson levanta una ceja, muy serio.

—¿Dice algo malo de mí que me haga sentir bien por dentro saber que soy la única persona a la que has besado desde hace tanto tiempo?

Él suelta una risita grave y ronca.

—No, me encanta que seas tan posesiva, porque yo me siento igual contigo. Estoy celoso de todos los hombres que te han besado.

—Vas a ser el único que lo haga a partir de ahora. Y ningún hombre me ha follado como tú —contesto con el tono más seductor que tengo y le doy un beso rápido. —Me acurruco contra él y apoyo la cabeza en su hombro.

—Será mejor que nos vistamos, porque, si no, ese chico se va a encontrar con mi trasero al aire cuando abra la cabina. —Me da un azote.

—Dios, Grayson, no puedes hacerme eso y esperar que después me ponga la ropa.

—Ese culo es mío ahora —gruñe junto a mi oreja, y me muerde el lóbulo.

En cuanto termino de ponerme la ropa, la noria para junto a la plataforma y las puertas se abren. Grayson le da las gracias al chico que nos ha abierto y los dos caminamos hacia el muro que hay junto al río.

—¿Lista para ir a cenar? —pregunta Grayson, y me atrae hacia su costado.

Al instante dejo de sentir frío.

—Estoy muerta de hambre, así que sí.

Felices y enamorados, seguimos paseando envueltos en la noche.