26. Maddie
Maddie
Tras pasar el fin de semana con Sienna, comiendo helado y viendo comedias románticas sin parar, me siento mejor.
No he dejado de buscar hombres que pensaba que mi madre aprobaría, que me hacían imaginarme una vida que ya no estoy segura de querer.
Ahora mismo estoy en un punto en el que me siento feliz sola.
Tengo un apartamento, un estudio y una carrera floreciente por delante.
¿Por qué estoy tan obsesionada con encontrar al hombre perfecto?
Me paso toda la semana muy ocupada con el trabajo. El estudio está reluciente. Tengo todos los productos organizados en cajas de almacenaje e incluso he ordenado los rotuladores de Evie por colores. Cualquier cosa para no pensar.
Mi madre me llamó ayer para decirme que mi prima, Masie, se va a casar a final de año. Me ha invitado a la boda con un acompañante. Más bien lo que quiere es obligarme a encontrar a ese acompañante. Pero el único hombre que quiero no es el adecuado para mí.
A veces las cosas no tienen que pasar.
Pero esta semana sin él se me ha hecho larguísima.
Sienna me sonríe cuando me acerco a la zona de los reservados del End Zone. Un Keller con actitud posesiva la tiene cogida por la cintura. La saludo con una mano y acelero el paso.
—Maddie. —Luca me hace un gesto con la cabeza y alza su vaso, lleno de un líquido ámbar, en dirección a mí.
Frankie saluda con un gesto de asentimiento. Sus ojos grises contrastan con su piel aceitunada. La verdad es que es muy atractivo. No es Grayson, pero tiene un aire de dios griego, irradiando poder y envuelto en la oscuridad.
Tal vez ese sea mi tipo.
Luca señala el asiento a su lado y yo me acomodo allí. Keller me sirve una copa de champán y me la pasa por encima de la mesa.
—¿Todo bien, Maddie? —pregunta, y me mira con las dos cejas levantadas.
Lo sabe.
—Sí. —Cojo la copa y le doy un buen trago.
Luca se ríe entre dientes. Genial. Todos lo saben.
Siento todas las miradas fijas en mí mientras sigo bebiendo. Entonces noto algo en el aire y se me eriza el vello de la nuca.
—Buenas noches. —Su voz me produce corrientes eléctricas que me recorren el cuerpo.
«Grayson».
Todo el mundo le da la bienvenida, pero yo no dejo de mirar al frente.
Él se sienta al lado de Sienna, delante de donde yo estoy.
—Cielo.
—Hola —contesto con una sonrisa tensa, intentando con todas mis fuerzas no revolverme en el asiento.
Una camarera muy poco vestida aparece y le coloca delante un vaso de whisky. Los dedos de ella le rozan la camisa negra, que se le pega al bíceps. Yo aprieto la copa. Sus ojos no se han apartado de los míos. Veo su nuez subir y bajar cuando traga y no puedo evitar humedecerme los labios.
—Oye, ten cuidado con esa copa —advierte Luca—. La vas a romper dentro de un segundo.
Aflojo de inmediato los dedos con los que sujeto la copa.
—Estás muy callada, Maddie. ¿Qué te pasa? —pregunta, y eso me desconcierta.
He estado muchas veces con Luca, pero nunca hemos tenido una conversación como tal. Pero siempre deja caer chistes y comentarios.
Y no para de observarlo todo, analizándolo.
—Tengo muchas cosas en la cabeza. No sé ni lo que hago, la verdad.
Siento los ojos de Grayson fijos en mi cara.
—Él lleva toda la semana igual... Insoportable. —Se echa a reír.
Los dos estamos hechos una mierda sin el otro.
—Estoy casi segura de que la he cagado de forma irreversible —le susurro a Luca al oído. El fuerte olor a sándalo de su aftershave , mezclado con el del tabaco, me llena la nariz.
—No creo que puedas alejarlo. Está obsesionado contigo.
Lleva así todo este último año. Pero le has hecho daño.
Piensa en lo que le ha pasado antes en su vida.
En el fondo, en lo más profundo, es un blandengue.
Y también demasiado impulsivo. —Sonríe y mira de reojo a Grayson—.
Si los dos aceptarais por fin que os queréis, nos haríais la vida mucho más fácil a los demás. Dejad de una vez de intentar alejaros.
«Amor...».
Nunca he sentido nada tan abrasador, tan apasionado y tan puro en los veintiséis años que llevo en este mundo.
—Tal vez. Habrá que ir viendo.
—Piénsalo —pide, y se encoge de hombros.
Me fijo en la cara atormentada de Grayson y me ruborizo. Dios, se pone muy sexy cuando está cabreado.
Cruzo las piernas bajo la mesa y le rozo intencionadamente la espinilla.
Su expresión pasa del cabreo al deseo y sus ojos ardientes conectan directamente con mi entrepierna.
Se levanta. Yo alzo la barbilla para mirarlo mientras me tiende la mano.
—¿Bailas conmigo?
Todos los que están en la mesa giran la cabeza para observarnos. Luca me empuja el muslo con el suyo para que acepte.
Le doy la mano a Grayson, y, en cuanto lo hago, me hierve la sangre en las venas. Vamos a la pista, abriéndonos paso entre la gente.
No dice una palabra, solo me hace dar vueltas delante de él, me envuelve el torso con los fuertes brazos y me apoya la cabeza en el hombro. Comienza a moverse al ritmo de la música y yo froto el culo contra él.
Todo lo que nos rodea se difumina. Solo estamos nosotros. Giro entre sus brazos y le rodeo el cuello con los míos. No decimos nada, solo nos miramos.
Tenía razón: una vez que empezamos esto, ya no había vuelta atrás.
—¿Te veo mañana? ¿En mi gimnasio? ¿A la una, por ejemplo?
—¿Te vas ya?
—He venido a por Frankie. Te prometí que te daría tiempo y quiero hacerlo, Maddie.
Lo del fin de semana pasado fue demasiado, incluso para nosotros.
Tienes que decidir qué es lo que quieres de verdad.
No quiero solo una parte de ti, lo quiero todo.
Cada centímetro. Sin faltar nada. Diviértete esta noche. Mañana será hora de decidir, ¿vale?
Noto las palabras en la punta de la lengua: quiero decirle que me lleve a casa. Yo también lo quiero todo. Pero algo me impide decírselo.
Tiene parte de razón, pero solo pensar en perderlo, en estar sin él como esta semana, me da todas las respuestas que necesito.
—Mañana. —Le pongo la mano en la mejilla cubierta por la barba. Este momento es muy intenso.
Me da un beso en el pelo y me suelta. Frankie se acerca adonde estamos.
—Pase lo que pase, siempre serás tú. —Grayson me coge la mano y le da un apretón antes de volverse para irse.
Frankie y él se dirigen a la salida y un segundo después noto que me abraza Sienna.
¿Puedo hacerlo? ¿Dárselo todo?
—Vamos a por una copa, Maddie. Me parece que te vendría bien.
—La verdad es que sí.