Detonate. Disparo al alma (Bajo la máscara 2) 18. Maddie
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18. Maddie

Maddie

Saco el teléfono para escribirle a Grayson. El plan era irme de aquí para «cortar» con Gregory, pero después de ver a Grayson tan sexy con ese traje, mirándome como si quisiera comerme entera, no puedo resistirme.

Gregory no es una opción ahora mismo. Será mejor que deje de retrasarlo y lo haga ya, aprovechando la valentía que me da el alcohol.

Yo: Hola. Al final no voy a poder pasarme. La verdad es que he estado pensando y creo que mejor quedamos como amigos. Lo siento, quería decírtelo en persona luego, pero me ha surgido algo. Perdona que te haya hecho perder el tiempo.

Oigo un pitido del teléfono enseguida. Es un mensaje de Grayson.

Grayson: ¿Podemos irnos ya? No puedo seguir mirándote el culo, porque me dan ganas de llevarte a rastras al baño y follarte contra el lavabo. Me estás matando, mujer.

—¡Maddie!

«¡Mierda!».

Es Gregory.

¿Qué demonios está haciendo aquí?

Se me acerca con una gran sonrisa. Lleva el pelo peinado con una pequeña cresta en la parte superior. Está guapo, con vaqueros y un polo de color azul marino, pero él no hace que se me acelere el corazón ni que me lata la entrepierna.

—Hola, Gregory.

Me da un abrazo amistoso y unas palmaditas en la espalda.

—¿Qué haces aquí? —pregunto.

—Se me ha ocurrido venir a buscarte para llevarte a mi casa.

Lo miro son una sonrisa tensa y me muerdo el interior de la mejilla.

—¿No has leído mi mensaje?

«Qué incómodo». Coge el teléfono, que tenía en el bolsillo de atrás del pantalón.

No tengo que girarme para saber que Grayson está detrás de mí. Noto la electricidad en el aire cuando está cerca. Gregory está distraído con el teléfono y no se da cuenta de su llegada.

—En cuanto nuestros labios se tocaron, empezaste a ser mía —me susurra Grayson al oído y me aparta el pelo para dejarme el cuello al aire. Me estremezco con su contacto—. Ahora sé buena y explícale de quién eres antes de que acabe perdiendo las manos por atreverse a tocarte.

Me abraza por la cintura, colocando las manos en mi vientre y empujándome contra su cuerpo.

Gregory me mira a los ojos y después ve al tío enorme que tengo detrás, que está demostrando de todas las formas posibles que soy suya, y asiente.

—Vale, ya lo pillo —dice mostrándome mi mensaje en su teléfono—. Nos vemos, Maddie.

Se da la vuelta y se va. Yo me giro entre los brazos de Grayson y le pongo las manos en el pecho.

—Tengo que hablar con él. Se merece una explicación. Confía en mí, ¿vale?

—Confío en ti.

Le sonrío, atraigo su cara hacia mí y le doy un beso. Pero enseguida me vuelvo y salgo corriendo, antes de perder el valor.

—¡Gregory, espera! —grito.

Él se para. Dios, cómo sudo.

—¿Podemos hablar?

Asiente con la cabeza y los dos nos dirigimos a la salida. El aire helado me pone la carne de gallina en los brazos, que tengo descubiertos.

—Siento lo que ha pasado ahí dentro. Yo no soy así.

No quería hacerte daño, pero necesitaba decírtelo cuanto antes.

Sé que no estábamos juntos, pero te mereces una explicación.

Llevo un tiempo viéndome con Grayson y...

es complicado, pero creo que podría convertirse en algo serio.

Al menos tengo que intentarlo; si no, me voy a arrepentir toda la vida.

Espero que lo entiendas. Eres un tío genial.

Te mereces serlo todo para alguien, y yo no puedo darte eso.

—Tranquila, lo comprendo. Aunque me sorprende. Creía que lo odiabas.

—Sí, yo también. Pero me parece que no era odio..., más bien irritación, sí. Y también que me gustaba pero no podía tenerlo.

Él asiente, comprensivo.

—Sin rencores, ¿vale? Te deseo mucha suerte. Eres una mujer increíble. Te mereces encontrar la felicidad, esté donde esté.

—Gracias.

—Nos vemos, Maddie.

—Adiós.

Se aleja por la acera. Yo me vuelvo hacia la puerta y levanto una ceja. Cómo no, Grayson está ahí, tendiéndome la chaqueta de cuero negra. Me acerco y me giro para que me la ponga.

—¿Todo bien? —pregunta.

Asiento.

—Soy tuya, ¿no? —Lo miro y pestañeo coqueta.

—Eso es. —Se agacha y me cuelga de su hombro. El aire frío se cuela por debajo de mi vestido corto.

—¡Grayson!

Me agarra del culo y yo le doy un apretón en las nalgas cuando empieza a caminar. Madre mía, están durísimas. Vamos a un lateral del club, donde se encuentra el aparcamiento.

Me baja y me sujeta por la cintura.

—Gracias por el viaje.

—Cuando quieras. —Me guiña un ojo.

Me rodea para abrirme la puerta.

—Es hora de reclamar lo que es mío —anuncia con voz ronca, y me da un mordisco en la piel sensible de debajo de la mandíbula.

—¿Vamos a hacerlo de verdad?

Es lo que quiero. Lo quiero a él.

—Nena, no era broma lo que he dicho antes. Estoy obsesionado contigo, joder. Con cada parte de ti. No puedo seguir apartándote. Esto es lo que quiero. Todo. —Se queda callado un momento, mirándome fijamente a los ojos—. La pregunta es: ¿lo quieres tú?

Sin dudarlo ni un segundo, entierro la mano en su pelo y acerco su boca a la mía.

—Yo siempre te he querido a ti. Lo que tenemos... es especial. Algo que mucha gente no encuentra en toda su vida. ¿Por qué crees que te besé? —Le rozo el lóbulo de la oreja con los labios—. Venga, llévame a casa y hazme tuya. Me he portado muy bien, como tú me has pedido.