Detonate. Disparo al alma (Bajo la máscara 2) 17. Grayson
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17. Grayson

Grayson

Este reservado tiene muy buena vista de la pista de baile.

No puedo apartar los ojos de ella. Es como un imán, y no solo para mí, sino para todos los tíos que hay en el club.

Agarro con fuerza el vaso que tengo en la mano desde hace media hora, en la que mi estado de ánimo ha estado alternando entre contener la frustración sexual al verla mover ese culo al ritmo de la música y la ira cada vez que tiene que apartarse de un tío que se acerca demasiado a ella.

—Si sigues apretando, vas a hacer añicos el vaso —comenta Luca, riendo entre dientes—. Venga, no te cabrees. Todos sabemos que al final de la noche se va a ir contigo.

En algún momento se va a dar cuenta de que no soy el hombre que necesita, porque no puedo darle todo lo que quiere.

—¿Qué vas a hacer con Rosa? —pregunto.

—Está encerrada en el sótano. Está a salvo, por ahora. El plan es hacerlos salir utilizándola como cebo y después... ¡bum! —Hace un gesto con la mano que imita una explosión—. Adiós, Marco.

—¿Tu plan maestro es acordar un encuentro y hacer estallar el edificio?

En su cara aparece una sonrisa sádica y asiente.

—Solo tienes que decirme sitio y hora y allí estaré.

—Contad conmigo —dice Frankie antes de tomarse otro chupito.

Luca frunce el ceño mientras observa la pista de baile.

Maddie.

Está al borde de la pista, mirando su teléfono con el ceño fruncido.

«Las diez».

Saco mi móvil y le escribo un mensaje. Ya he aguantado dos horas mirándola; no tengo tanto autocontrol, sobre todo cuando está tan impresionante con ese vestido plateado.

Gira la cabeza hacia donde estoy yo. Veo el rojo de sus mejillas desde aquí. Está a puntito para mí. Dios, no me canso de esa mujer. Y tengo que dejarle claro que esto no es solo sexo, ni mucho menos. Me he dado cuenta de algo cuando ha intentado antes ponerme la excusa de que tiene la regla.

He echado de menos tenerla cerca. Solo han pasado veinticuatro horas. Y ni siquiera tenía en mente el sexo cuando la he llamado; solo quería oír su voz. Dicen que estoy encoñado, pero me da igual. Esa mujer puede hacer lo que quiera conmigo.

Soy todo suyo.

Y ya es hora de que se entere.