Detonate. Disparo al alma (Bajo la máscara 2) 16. Maddie #2
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16. Maddie #2

—¡Feliz cumpleaños, David! —exclamo. No me doy cuenta de que todos sus amigos están también allí, observando nuestro saludo.

—Gracias —contesta, y me echa el humo en la cara al hablar.

—Vamos a tomarnos una copa —sugiere un amigo alto y rubio de David, tras tirar el cigarrillo a la carretera. Después entra al club.

—¿Dónde está Evie? Creía que iba a venir contigo —pregunta David. Noto que tiene cierto interés en mi alegre recepcionista.

—Va a venir luego. Ha tenido que llevar a su perro al veterinario. Me parece que hay aquí alguien interesado en cierta recepcionista con el pelo rosa. —Le guiño un ojo y le doy un empujoncito con el hombro, aunque no consigo moverlo ni un milímetro.

David es un hombre atlético, de uno ochenta, con unos buenos abdominales. Pero siempre he tenido la sospecha de que no le gustan solamente las mujeres.

Se sonroja.

—Cierra la boca, Maddie. —Se ríe, da una última calada y tira la colilla al suelo.

—Es broma. Vamos, el chico del cumpleaños necesita un tequila y yo también.

Él entrelaza su brazo con el mío y los dos nos dirigimos hacia los porteros. He venido tantas veces que ya me conocen.

—¿Me vas a contar lo que te pasa? —pregunta David cuando nos acercamos a las puertas dobles que dan al interior del club.

Niego con la cabeza, me quito la chaqueta y se la doy a la pelirroja con cara de aburrida del guardarropa.

—Luego —digo encogiéndome de hombros.

No sé si sabría explicarle la situación en la que me encuentro.

Estoy a punto de decirle a un hombre que no tiene nada de malo que no quiero seguir saliendo con él porque quiero que un exmarine y sicario de la mafia siga follándome hasta que pierda el conocimiento.

Después de todos los años que llevo buscando al hombre perfecto con el que casarme, David se va a reír de mí si le cuento esto. Y ahora mismo no creo que pueda soportarlo.

Él empuja las puertas interiores para entrar y enseguida nos encontramos con una música atronadora y un montón de gente.

El olor a sudor y a alcohol invade el aire.

Noto el calor en el cuerpo en cuanto ponemos un pie dentro.

Voy derecha a la barra. Rodeo la pista de baile, que está a reventar, sin apartar los ojos de la barra.

David me lleva cogida de la mano y se va abriendo paso entre el gentío.

Mis hombros chocan con la gente al pasar.

Reviso el local, por si veo a Grayson, aunque dudo que esté aquí fuera, con todo el mundo. Creo que nunca lo he visto fuera de la zona VIP. Pero sé que me estará observando. Los reservados tienen vistas de la zona de la barra y la pista.

Necesito una copa. Tengo la boca tan seca que me cuesta tragar.

Por fin alcanzamos la barra y yo apoyo ambos codos en la superficie pegajosa. El camarero joven de pelo oscuro me mira con una sonrisa sexy, se acerca y se inclina sobre la barra.

—¿Qué te sirvo? —Su aliento me roza la mejilla.

—Dos chupitos de tequila, un sex on the beach y un ron con Coca-Cola, por favor.

Asiente y se pone a preparar las bebidas, sin quitarme los ojos de encima.

Yo cambio el peso de un pie a otro, incómoda, mientras lo veo servir los chupitos y pasármelos por encima de la barra.

Cojo el mío y me lo bebo de un trago. El alcohol me quema la garganta.

Cuando intento pagarle con mi tarjeta, él me pone la mano sobre la mía.

—Esta noche invito yo —dice, y me guiña un ojo.

«Mierda, no».

—Gracias, pero no. Quiero pagar las copas, por favor.

Él se inclina de nuevo por encima de la barra.

—Se me ocurren otras formas de que me las pagues.

Doy un paso atrás, con los dientes apretados.

—Joder, ¿lo dices en serio? Pero ¿qué te hace pensar que voy a follar contigo por una copa? ¿Cómo se te ocurre siquiera pedirme algo así? Eres un puto cerdo.

David me agarra del brazo y me aparta.

Tengo las mejillas escarlata y veo que todo el mundo me está mirando.

—Y te aviso de que mañana por la mañana no vas a tener trabajo. Cuando le cuente esto a Keller, no vas a poder volver a poner un pie aquí.

—Nada de mañana por la mañana. Se larga ahora mismo. —Una voz profunda y sexy resuena detrás de mí.

El camarero se queda blanco cuando mira por encima de mi hombro y retrocede.

Mi Grayson.

Me giro hacia él. Está tan cerca que casi le rozo la camisa con la nariz.

—Un segundo, nena —me dice, y me da un beso rápido en los labios antes de agacharse sobre la barra, agarrar al camarero con cara de miedo por el cuello y levantarlo por encima de la barra.

Yo suelto un grito ahogado cuando lo tira bruscamente al suelo.

Ver a Grayson ponerse autoritario y troglodita me excita muchísimo. Se agacha y vuelve a rodearle la garganta con la mano.

—Sal de aquí antes de que te estrangule, capullo —amenaza Grayson.

El camarero sale corriendo, con las manos en el cuello, sin mirar atrás. Grayson me pone la mano en la mandíbula y acerca mi boca a la suya.

—Lo tenía controlado.

—Lo sé. Solo quería reiterar el mensaje. Sé muy bien que tú das mucho miedo cuando quieres, pero no puedo permitir que le claves uno de esos tacones en un ojo a un tío esta noche.

—Eso lo guardo para ti.

—No tienes ni idea de lo cachondo que me pones cuando te comportas así. —Me recorre la mandíbula con el dedo índice y después baja por el cuello.

Yo no puedo fijarme en nadie más que en Grayson. Se inclina y me roza la mejilla con los labios.

—Quiero hacerte cosas muy sucias, cielo. Por haberte portado tan bien.

Solo con oírlo, surge un deseo abrasador en mi interior que hace que casi no pueda controlarme. Si me tocara el clítoris justo ahora, eso ya me provocaría el orgasmo.

—¿Y si hubiera sido mala? —Atrapo su labio inferior entre los dientes y tiro de él.

—Entonces tendría que llevarte a casa ahora mismo y castigarte.

—Le he prometido a David celebrar su cumpleaños con él esta noche. Vuelve al reservado con Luca. Te veo allí a las once y nos vamos a casa juntos. Pero primero tengo que tomarme unas copas con ellos para celebrarlo.

No tengo intención de seguir con la fiesta, pero necesito salir de aquí sin que me vea. Sé que intentar engañar a un exmarine no es muy buena idea, pero es la única que se me ocurre. Tengo que acabar con esto, ya me enfrentaré a las consecuencias después.

—Vale. No puedo dejar a Luca hasta que aparezca Frankie, de todas formas.

Le doy otro beso en los labios. Solo necesito mantener a ese monstruo controlado durante un par de horas. Tal vez ni siquiera se dé cuenta de que me he ido. Eso espero.

—Te veo dentro de un rato, cielo. Y sigue portándote bien. Nadie puede tocar lo que es mío.